Poeta en Nueva York 18.0


Relato 120.0


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Todavía hay esperanza. Una sociedad por recuperar, perdida en el egoísmo, sumergida en un lodo que está pudriendo un presente, hipotecando un futuro.

Prima la economía, el consumo, la opulencia, el tener más que el otro, y por supuesto, la moda de aparentar, porque lógicamente, no todo el mundo puede tener tanto, un concepto este, muy de aquí, ruedo ibérico de tambor y pandereta.

¡Al carajo lo espiritual!

A la mierda las emociones.

No importa hoy, 

menos importa mañana, 

solo importa lo material.

Costumbre muy ufana.

Corpóreo o abstracto, podrido o atildado, bello o innoble, real o ficticio, posible o utópico, blanco o negro, luces y sombras de un planeta al que llevamos hacia una inevitable autodestrucción. Cuestión de tiempo, un tiempo que inexorable, se agota con la compañía permanente de antítesis concatenadas…


G. Sayah


 

Evident World#Epílogo#Reload


Viajar I


Pasaron los días, y a la falta de pruebas fehacientes se unió que el implacable homicida, había dejado de actuar, o al menos eso parecía.

Mark y Jones empezaron a trabajar en otros casos, y todo lo que rodeaba al de International Security se fue enfriando, quedando en un segundo plano.

Los esfuerzos realizados tanto por parte de los inspectores de la 47, como por el FBI, que en el último momento se había unido a la investigación, fueron infructuosos, e incluso podría decirse que inútiles. 

Nuestro forense y su prometido, hicieron realidad su sueño. Tuvieron su ceremonia matrimonial, sencilla, romántica, discreta, inigualable. Un feliz momento que deseaban que fuera la continuación de una serie de experiencias compartidas, una ventana temporal en una vida de la que querían extraer lo mejor.

El frío y calculador mercenario decidió tomarse un descanso, necesitaba pensar sobre su pasado, presente y futuro. Inmerso en una vorágine de sentimientos enfrentados, decidió poner tierra de por medio. Pasaría unos días en Madrid donde intentaría aclarar las ideas…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 17.0


Relato 119.0


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El país de las oportunidades, o al menos, eso dicen. Un lugar de trasiego, vorágine profesional, colmena social y refugio de la contaminación. Una ciudad infame pero inocua para algunos, con espacio en el que todo brilla, se muestra exultante, divina, presumida. Una tierra prometida, donde puede que esté ‘la mía’, mi oportunidad, porque…

Me canso.

Me canso de respirar este aire,

de pisar las mismas sucias calles

una y otra vez, 

un día tras otro.

Me canso de ver a la misma gente,

de mirar a los mismo rostros,

semblantes vulgares que juzgan.

Los espejos llorarían 

si pudieran ver sus almas.

Me canso de ser como soy,

de pensar lo que pienso,

de hacer lo que hago.

Amo este sitio

pero también lo odio.

Me canso de esto.

La oportunidad se busca, la oportunidad se encuentra, también se anhela. Puedo dejar atrás el lastre que me atenaza, rompiendo las gruesas cadenas que me oprimen y me retienen aquí, un mundo al que no pertenezco…


G. Sayah


 

Reflexión 1.0


El pasado no está, el futuro no existe, el presente es efímero. La vida es efímera, si, por mucho que nos empeñemos en planificar el momento que viene. Cierto es que no podemos evitarlo, y al hacerlo nos sentimos más seguro de nosotros mismos.

Vigilar el tiempo, calcular el espacio, controlar con quién compartimos dicho tiempo y dicho espacio, dirigir nuestros pasos hacia un destino que pensamos vivir lo mejor posible, con ilusión y sin problemas, si pudiera ser.


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Si es verdad que reconforta y motiva, pero cierto es también que nuestro “sino” está escrito, nos aferramos a un pensamiento, a un halo de esperanza, a una fe religiosa…

El mencionado “sino” marca la meta insondable de lo que hay más allá de la vida, es decir después de la muerte.

¿Alternativa? Vivir el presente, el ahora, el minuto que se cumple con el paso de los segundos, el tiempo que podemos tocar, respirar, ver, saborear, oler… en definitiva, disfrutar de todo cuanto nos rodea.

¿Cómo? Saliendo siempre a explorar fuera de la “zona de confort”. Es allí donde encontraremos lo nuevo, el conocimiento de lo no rutinario, lo desconocido, esa “fe”, que hará del tiempo transcurrido, es decir, del pasado que se fue, un recuerdo grato, inmaterial, y muestra de enormes sensaciones, que seguro proyectará una sonrisa tonta y feliz en nuestro rostro.

¿Con quién? Preferiblemente con alguien que te quiera, alguien con quien compartir el espacio, el tiempo, ese recuerdo que se escapa del pasado para formar parte del presente.


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 16.0


Relato 118.0


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Me ahogo,

quiero escapar.

Pesimista y melancólico, 

busco la necesidad…

‘La ciudad’ me ofrece la anonimia, fría pero amable para quienes como yo conciben la vida de una forma diferente. Lejos de lo mundano, reñido con los vulgares clichés establecidos, ajeno al ‘qué dirán’…

Mi condición sexual condiciona mis relaciones con lo demás, individuos todos, o casi todos, intolerantes. Creen estar en posesión de la verdad absoluta, una verdad que llega a ser un vulgar dogma, que propugna el ‘no respeto’, y muestra una falta de empatía hacia alguien como yo por el mero hecho de ser distinto, aunque no hace falta serlo, simplemente basta con ver las cosas de manera diferente, ya que por lo visto, lo diferente molesta.

Lo siento, aunque

no lo siento.

Soy así, lo siento,

mas que moleste,

lo seguiré siendo…

Atormentado por mi última relación infructuosa y fracasada, viajo hasta aquí para sumergirme en el anonimato, convertirme en un desconocido, lejos de miradas inquisidoras y comportamientos xenófobos. La sociedad todavía no está preparada…


G. Sayah


 

Microrrelatoser 85.0


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A seguir viendo la tele coño, dijo mi abuela con la alpargata en la mano, y si no queríamos recibir una ristra de mamporros con aquella tradicional arma de destrucción masiva de cabezas huecas, más nos valía quedarnos sentaditos, en el suelo claro, ya que en casa no había sillones para todos. Lo hacíamos protestando por lo bajo, no fuera a ser que mi abuelo se enterase, allí, sentado en el único sofá encontrado en la basura que con algunas puntillas y agua de la paloma había quedado como nuevo, viendo en aquella caja luminosa, herencia de un vecino, lo único que ponían… toros.


G. Sayah