Madrid 26.0


fika


– Hola Rachel. Soy Eric –

– ¡Eric! ¡Cuánto tiempo!

– Si. La verdad es que hace mucho. Cómo estás –

– Bien. No me quejo. ¿Y Tú? ¿A qué debo tu llamada? –

– Bueno. Yo tampoco me quejo. Me preguntaba si tendrías un momento esta tarde, me gustaría hablar contigo –

– ¿De qué se trata? –

– Creo que sería mejor decírtelo en persona, y de paso nos vemos y nos ponemos al día –

– Joder… cuanto menos me sorprende –

– No te preocupes. No es algo que no puedas gestionar con facilidad –

– Está bien –

Se citaron en un céntrico café, pequeño, coqueto, donde los oriundos suecos residentes en Manhattan disfrutaban de su momento ‘Fika’.

Erik Larsson llegó pronto, cogió mesa y esperó a la mujer de Fox para pedir. Mientras, pensaba en cómo afrontaría la conversación para decirle a lo que se enfrentaba, por mor a su infidelidad. Una consecuencia que ella seguro que no esperaría jamás cuando decidió de divertirse un rato fuera del matrimonio, pensando en que su marido no se enteraría.

Rachel apenas si se retrasó. Entró en el local quitándose el abrigo y una vez lo hubo apoyado en el respaldo de la silla, le dio un fuerte abrazo a Eric antes de sentarse.

– Me alegro de verte. Estás guapísima. ¿Qué haces para mantenerte tan radiante? Parece que los años no pasan por ti –

– Tan adulador y cumplido como siempre. No has cambiado nada ¿verdad?. Muchas gracias. Yo también te veo muy bien –

– Gracias. Sabes que lo digo con sinceridad –

Rachel le dedicó una linda sonrisa, y con un ademán del brazo avisó al camarero…


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Poeta en Nueva York 48.0


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Relato 153.0


Tarjeta en mano me planté delante de la hilera de escalones que jalonaban el imponente pórtico que presidía vetusto el edificio que aquel curioso personaje me había incitado a visitar.

Levanté con esfuerzo el gran aldabón que colgaba de la puerta a una altura que casi no alcanzaba y con solo dejarlo caer sonó como un trueno, seguido de un suave y misterioso eco. Esperé pacientemente antes de repetir la operación, pero no hizo falta, unos inconfundibles sonidos de cerrojos abriéndose se oían desde el otro lado. Se abrió una mirilla relativamente grande por la que se podía ver casi la mitad del rostro de la persona que con un solo ojo me empezó a estudiar detenidamente.

– Qué desea –

– Buenas tardes. Mi nombre es Javier, y un amigo mío me dio esta tarjeta diciéndome que con ella podía visitar este lugar. –

– ¿Le dijo algo más? –

– No, bueno sí, que no me arrepentiría y que fuera discreto –

– Está bien, pase. Espero no ser yo el que me arrepienta – dijo aquella media cara mientras cerraba la pequeña compuerta. El comentario, sonó un tanto áspero, pero lejos de tenerlo en cuenta, me lo tomé como otro signo más hacia donde me estaba llevando mi curiosidad…


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Microrrelato 71.0


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Yo no la he escrito, y apuesto lo que sea que quien lo haya hecho carece de escrúpulos. No, no fui yo quien negro sobre blanco trazó los designios de mi futuro, de mi destino, un destino que desalmado con poder para controlar los actos de un mortal, se jacta de manejar a su antojo. Un mortal que tiene que malvender su vida a precio de saldo, quizás por cansancio, quizás por sus vanos esfuerzos en mejorar una situación inaguantable, o a lo mejor, por su mala cabeza… El caso es que yo no fui, y si hubiera sido, otro gallo cantaría.


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Madrid 25.0


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– ¿Disfrutando del paisaje? –

Aquel desconocido individuo que se había convertido en su sombra, no pudo más que sorprenderse. Lo habían descubierto.

– Tranquilo. No te levantes y deja que te invite a un café, y si te parece bien me cuentas el por qué de la vigilancia a la que me estás sometiendo –

– ¿Desde cuándo lo sabes? –

– Desde hace varios días. No estaba seguro, pero al verte aquí en Sevilla…-

En la Alameda de Hércules, en un local que tenía dispuestas apenas tres mesas en la plaza, una plaza que a esa hora tomaba unos agradables rayos de sol, que más tarde se convertirían en insoportables, ambos sicarios compartieron café, pensamientos y algunas palabras…


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Poeta en Nueva York 47.0


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Relato 152.0


Un amigo de un amigo con el que coincidí en una de esas esporádicas tertulias literarias que teníamos en una agradable cafetería del SOHO me la había pasado. Mi curiosidad era doble. Por un lado, descubrir el lugar, me dijo que no vería algo parecido nunca, y por otro, la sibilina y silenciosa forma en la que me la dio. 

Un encuentro extraño, acababa de conocerlo, y una vez visitado aquel impresionante lugar, todavía me sigo preguntando por qué me eligió a mí.

Guardé la tarjeta en la que solo figuraba el nombre de la avenida junto con una especie de símbolo bastante enigmático, prometiéndole que no terminaría la semana sin que fuera a visitar aquel sitio que con tanto misterio y discreción me hablaba este peculiar personaje.

Pues bien, no dejé pasar ni un solo día, la curiosidad me venció como mató al gato, y la tarde siguiente al encuentro, una vez hube terminado el café que plácidamente tomaba en la terraza de un Starbucks de Broadway, apuré el cigarrillo y me aventuré.

– No me cabe la menor duda de que hará un buen uso de ella. – Me dijo guiñándome un ojo. – Tengo la sensación de que es usted un hombre de fiar. – Concluyó en su despedida aquella literaria tarde…


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Microrrelato 70.0


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‘Rebeca’


El nombre de mi hermana me viene a la mente como una evocación lejana, punzada en forma de recuerdo cual aguja que trata de zurcir un viejo abrigo.

Años ha que no la veo. Su olor impregna mis sueños y su rostro copa mis pensamientos. Se fue para no volver. Inmersa en la parte más oscura de lo que llamaron ‘la movida’, claudicó a la depravación más vil a las primeras de cambio.

El ambiente, las amistades peligrosas, una libertad añorada que abrazó de forma excesiva, lo nuevo por experimentar, el sexo, el alcohol, las drogas…se fue como tantos y tantas que no supieron regresar.


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