Poeta en Nueva York 50.0


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Relato 156.0


Sabemos que la vida concluye tarde o temprano, pero lo que no sabemos es qué nos vamos a encontrar una vez exhalado el último aliento, una vez crucemos ese umbral. 

Con esta premisa, la mayoría de los mortales nos aferramos a ideas muy dispares sobre lo que podría o no podría ser lo que hay más allá, y mientras estamos vivos coqueteamos con ciertas creencias, aferrándonos a lo que llamamos fe, una fe individual y característica según la cultura o arquetipo al que miremos, siendo estos generalmente bastante extremos, nada sencillo, ya que lo que deberíamos hacer es vivir intensamente el presente y que se joda el infierno, o el cielo, o lo que sea que exista.

Supongo que lo ideal sería esperar lo mejor posible algo que para el ser humano es difícil de aceptar y para lo que en absoluto está preparado… la llegada de ‘La Parca’.

Vamos, venimos

por este valle de lágrimas,

y lloramos y reímos

y salvar queremos nuestras almas.

Nos odiamos, nos amamos,

intenciones buenas y malas,

no nos faltan…

Yo me debato en múltiples dicotomías buscando un punto de equilibrio. Luces y sombras, querer y no querer, ser o no ser, conocer o ignorar, llorar o reír, y a lo largo de los años la balanza se ha ido inclinando hacia el lado más tormentoso, una negativa y sombría pendiente debida a un desamor sufrido, también por haber sido objeto de inexplicables envidias, por no conocer aquello que algunos llaman suerte en la vida, anhelando una anonimia imposible de alcanzar, y cuando pienso en el final del camino andado, un fuerte sentimiento oscuro me estremece, me hace temblar, y brota de lo más profundo de mí una terrible sensación de vacío, un vacío que nunca quise, un vacío que nunca pude ocupar…


g-sayah


#últimaentregadelaserie#


Relato 201.0


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Después de casi cuatro meses la investigación entró en un callejón sin salida. Apenas si vio a Bryan en un par de ocasiones y como detective, había perdido la esperanza de encontrar al asesino de Javier.

Tomaba café en una tranquila y acogedora cafetería de Tribeca cuando su iPhone comenzó a vibrar. Su viejo amigo y compañero de la policía le dijo que estaban a punto de cerrar el caso, pero los acontecimientos se habían precipitado en las últimas horas.

El asesino, a pesar de que cometió el error de la sangre que les permitió localizar en su día el escenario principal del crimen y rastrear sus últimos pasos, había desaparecido, se había esfumado. Era como si no existiera, de ahí lo de archivar la historia, pero esa mañana apareció un cadáver en el Bronx que presentaba el mismo modus operandi…


g-sayah


Microrrelato 74.0


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Me queda un regusto amargo en la boca cuando miro a mi alrededor y veo este lugar, tan desigual, insolidario y bastante cruel. Un lugar repleto de infames puebluchos que te hipnotizan, haciéndote deambular sin conciencia, hacia no sabemos donde, de manera autómata, sumiéndonos en una rutina circular, viciosa. Una zafia sociedad envilecida por el egoísmo y un sálvese quien pueda, deposición de un país gobernado por villanos que, con los bolsillos repletos, proclaman hipócritamente que todo va bien. Como diría el poeta, ‘si fuese joven me iría a vivir a otro sitio.’


g-sayah


Madrid 27.0


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– No puedo darte nombres. Seguro que lo entiendes, pero me encargaron que siguiera tus pasos –

– Pues no, no entiendo por qué. Ilumíname por favor – Dijo Vincent con sarcasmo.

– Mi jefe desea contratar tus servicios, pero me ha pedido que le entregue un informe completo sobre tus actividades. Quiere conocerte mejor, desea un perfil más detallado de tu persona y de tu forma de hacer las cosas –

– Sigo sin comprenderlo. Podía haberme preguntado directamente, y si sabe de mi existencia, es porque alguien le ha informado, tú ya sabes como funciona esto, y ese alguien le habrá dicho que mi reputación me precede, y además, me precio de ser bastante eficaz y juicioso en los encargos que me hacen –

– No me cabe la menor duda Vinc. ¿Puedo llamarte Vinc? –

– No te pases –

– Bueno, el caso es que si tú rebosas profesionalidad, él es un hombre cauto y muy discreto, no suele mezclarse directamente en asuntos de esta índole, para eso estamos nosotros, y  le gusta conocer bien a la gente con la que trabaja. No te lo tomes a mal, y tampoco me gustaría que mi presencia te violentara, como te digo, mi intención dista bastante de intentar causarte algún daño, ni a ti ni a tu chica –

A Vincent no le gustó mucho el último comentario, se quedó callado, pensativo, elaborando una respuesta para cerrar aquella conversación, y de paso quitarse de encima al tipo que hacía días lo estaba siguiendo…


g-sayah


Poeta en Nueva York 49.0


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Relato 154.0


Como si a mí me importara lo que los demás me tengan que decir. Lo siento por ser algo grosero, pero al igual que no me gusta que nadie se meta en mi vida, yo soy incapaz de vivir la de nadie. Este es un concepto que poca gente entiende. Creo que hay que compartir vivencias, enamorarse, estar con quien nos aprecia en momentos sombríos, sentarnos aunque sea a tomar  un café de vez en cuando con aquel amigo que hace meses que no vemos… pero siempre respetando los límites que cada individuo quiera marcarse. 

En honor a la verdad tengo que decir que hubo un tiempo que ‘el qué dirán’ me atormentaba, posiblemente porque ni yo mismo me aceptaba, pero ese tiempo ha pasado. Ha llegado el tiempo de quererme, de mirar por mí, ya que estoy convencido de que en mi felicidad estará las de los que me quieren, aunque cada vez me van quedando menos de estos.

Desde mi retiro en la gran ciudad, observo desde la distancia un pretérito que fue algo desolador para conmigo, un tiempo pasado en el que albergaba pocas esperanzas, pero afortunadamente el presente está siendo distinto y presiento que el destino me tiene deparado algo mejor.

Y volviendo a hacer referencia al respeto, me gustaría señalar que vivimos en una sociedad en la que por lo general éste brilla por su ausencia, pese a ser una espléndida virtud que deberíamos de tener grabada a fuego en el cerebro, y no precisamente en el desván, sino en la planta baja, donde la tengamos continuamente a la mano. Por cierto hablando de cerebro, no hago más que darle vueltas a lo mismo y me parece que la inmensa mayoría lo tenemos hecho de una mierda inservible, una mierda que ni para abonar la tierra…


g-sayah


#miprimerrelato# #13deoctubrede2018# #Relato 1.0#reload#



Aquella mañana no era diferente a las demás. Se había despertado temprano, el sueño la abandonaba como casi siempre. Se sentía cansada pero con ganas de afrontar la rutina diaria.

– Qué coño, hoy voy a romper la rutina – Introdujo en la cafetera una buena dosis de café en vez de descafeinado. Para Esther no era habitual, y de esa forma tan trivial pretendía empezar a cambiar cosas en su vida. Esta no le sonreía últimamente. Tanto en lo personal como en lo profesional no había tenido muy buenas experiencias.

Separada de su marido desde hacía ya varios meses, le echaba de menos. Era el hombre de su vida, al menos eso creía ella. Desde que lo conoció en lo que era el curso de orientación universitaria, no había tenido ojos para nadie más. Él, por lo visto sí. Había conocido a otra, más joven y también más rica. Buen partido y buena opción para dejarla en la estacada.

Todavía no lo había asumido y albergaba la esperanza de un futuro juntos. Ella lo perdonaría, por supuesto, ya que el amor que sentía estaba por encima de cualquier elección que Carlos hiciera en su día. No le cabía la menor duda, aunque posiblemente él no sentía ni pensaría lo mismo.

Se tomó una taza del café que previamente había subido por la cafetera emitiendo ese sonido que tanto le agradaba, no menos que el aroma, que casi la alimentaba para medio día.

Una vez se vistió, salió a la calle en busca de su automóvil, uno de los pocos objetos que le había tocado en el reparto al separarse. Desgraciadamente no se podía permitir el lujo de cambiarlo, viejo y desvencijado, también le recordaba a él.

De camino al trabajo y escuchando la radio pensó – ¡ Joder que raro, me he vestido a la primera! – Normalmente se cambiaba varias veces antes de salir, una lucha permanente con su vestidor, ¿inseguridad?, hoy no, algo estaba cambiando…


g-sayah


Poema 11.0


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Ayer lo recordaba.

Un ayer que hoy nostálgico es.

Ayer lo recordaba.

Ayer pude sentirlo mientras lloraba.

 

Ayer lo recordaba, ¡ayer estaba!

Hoy dudo, ¿ayer estaba?

Tu amor que tanto necesito hoy,

ayer, estaba…


g-sayah


 

Relato 179.0


El statu quo del conflicto bélico era previsible. Tanto la igualdad en número de efectivos, como la inseguridad de las respectivas planas de mando, hacían que la tropa junto con sus oficiales y suboficiales se tomaran un respiro en aquella cruenta guerra. Como no podía ser de otra forma, cuál no lo es.


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Hacía un frío casi incompatible con la vida, del que se mete en los huesos calando hasta el tuétano. Pablo y Marco intentaban evadirse de la gélida realidad jugando a los dados en un rincón de su diminuta y enfangada trinchera.

Binomio inseparable desde hacía más de catorce años, aquella lucha armada no era ni más ni menos, que cualquier otra en la que habían estado a lo largo de su periplo militar.

Su amistad les llevaba a los mismos destinos, de manera voluntaria, por supuesto, con una complicidad obligada y una lealtad sobrenatural que utilizaban para cubrirse las espaldas mutuamente en cualquier ambiente, por muy hostil que fuera.

– ¿Un trabajo como otro cualquiera? – Es posible. Mercenarios del terror, así les llamaban. Cobraban por semana, lo pactado, cantidad generosa como para pagar la hipoteca, las facturas y mantener a sus familias. Lo que sobraba, para putas y alcohol.

Los trileros pensaban que su trabajo no era menos honrado que el llevado a cabo por los políticos contemporáneos, corruptos e ineficaces, aquellos que ni siquiera manejaban los hilos del poder, que jugaban a ser Dios e igual y a la vez disfrutaban con las sobras, más suculentas, para putas y alcohol. El verdadero Dios, miembro de un poder fáctico, estaba más arriba, cual titiritero manejándolos a su antojo.

Un disparo quebró el silencio, alcanzando a Marco en la cabeza. Un único disparo, a manos de un francotirador paciente que con ojos de águila atisbó que aquel no llevaba el casco puesto.

– No te quites el casco. – Le había dicho Pablo cinco minutos antes. Una señal inequívoca de la preocupación mutua que ambos profesaban. 

– Será sólo un momento, necesito que me de un poco el aire en la mollera. –

En estado de shock, impotente y abatido, y con el rostro salpicado de sangre y materia gris, a Pablo le empezaron a brotar unas lagrimas amargas y secas, a la vez que por su mente a modo de fotogramas, iban pasando todas y cada una de las vivencias que juntos habían tenido.

Las trincheras de la muerte, así denominaba la prensa internacional a aquel lugar cargado de mierda y desolación, aunque más que un medio donde refugiarse durante el combate, parecía más una fosa común, repleta de individuos anónimos de medio mundo, fallecidos en pos de una guerra sin sentido, que acababan olvidados de la memoria de los vivos.

Algunos de esos ‘vivos’ se frotarían las manos al ver como sus cuentas bancarias, situadas en paraísos fiscales, aumentan exponencialmente por cada bala disparada, por cada obus lanzado, por cada soldado caído. Dueños de empresas pantalla, miembros de lobbies armamentísticos, señores de la guerra, que de manera impune campan a sus anchas ante una legislación internacional redactada para ellos, pudiendo elevar sus beneficios económicos por encima del valor de la vida de un ser humano gracias a su criterio.

Vivos, también, que mientras almuerzan delante de las noticias que pasan por televisión, engullen ajenos a algo que está pasando, pero que les queda muy lejos y por suerte no les afecta. Vivos, ignorantes ante un mundo globalizado, borregos de una sociedad mediatizada que es arrastrada hacia una inevitable autodestrucción. Vivos que creen sentirse seguros en medio de un tablero de juego, donde la estrategia de los poderosos pasa por dominar mentes vacías y zafias.

Vivos que han perdido la memoria, la memoria de un pasado, la conciencia de un presente, un futuro encaminado hacia la autoaniquilación. Vivos que sostienen sobre sus hombros cabezas cuyo pabellón mental sólo retiene vanos y triviales pensamientos que convierten en problemas de fácil solución.

Hay que vivir el presente en ‘paz’, el pasado ya no está, pero no se puede construir un futuro si perdemos la memoria y no tomamos verdadera conciencia de dicho presente y de hacia donde queremos dirigirnos…


g-sayah


 

Microrrelato 55.0


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Para que luego digan que los monstruos somos nosotros. Fue el primer pensamiento que asaltó la mente de Mark, cuando un guardia le dijo que se había consumado la última ejecución.  No sabía si aquel desgraciado al que le habían aplicado la letal inyección fuese culpable, pero si estaba seguro de que él no lo era. Nadie creyó nunca en su inocencia, y el sistema se lo iba a llevar por delante. Fallos en el procedimiento, una defensa incapaz y la sociedad ávida de ‘justicia’, lo arrastrarían sin remedio a una habitación, donde la muerte daría  también buena cuenta de él. Siguiente reo que dejaría de pernoctar el corredor…


g-sayah


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