Poeta en Nueva York 14.0


Relato 116.0


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Clara y opaca, diabólica y benévola, indulgente y vengativa, tierna pero dura, es una concatenación infinita de rasgos personales que se atribuye a sí misma sin reparos, adoptando una profunda identidad capaz de marcarte a fuego, de manera bestial e inigualable.

Cautivo de la realidad que me circunda,

soltaré amarras,

para explorar dársenas lejanas

donde hallar ‘la felicidad…’

La mastodóntica ciudad sustentará con su frenética vida la mía propia, que tan melancólica y cansada está. Reforzará mi alma, protegerá mi espíritu, iluminará mi oscuro interior, que, cual Ave Fénix resurgirá de sus cenizas, para recomponer un presente que hasta ahora se muestra sombrío, carente, alineado, vacío…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 15.0


Relato 117.0


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Temblamos de manera inevitable, aunque sin percibirlo, cuando nos vemos allí plantados, delante de semejante arquitectura mastodóntica de cemento y acero, con líneas interminables y afiladas, monumento infame al desarrollo económico de algunos elegidos. Estructuras del siglo XX que definen los rasgos de una urbe devoradora de seres humanos, que se traga sin masticar la conciencia de individuos débiles y autómatas, víctimas de una alienación voraz que nos engulle sin advertirlo, haciendo que la vida no deje  de ser más que una anónima anécdota…


G. Sayah


 

Artículo 1.0


ACNUR


“…En busca de un mundo mejor…”

¿Refugiados? ¿Desplazados? ¿Exiliados? Eufemismos acuñados por burócratas sin escrúpulos. Más bien desgraciados, ignorados, olvidados, repudiados, víctimas en una sociedad ajena a noticias y acontecimientos que le quedan lejos, noticias que llegan a sus oídos  impermeables.

Pues sí, son personas, de carne y hueso. Hombres, mujeres, niños, ancianos… Obligados a abandonar sus hogares debido a unos conflictos que no les atañen en origen, pero que si les toca soportar sus consecuencias.

Conflictos creados por señores de la guerra, gente de personalidad malvada, cruel y despiadada que sólo buscan un fin económico. El dinero, no puede ser otra cosa, no existe otra explicación, que invento más vil y ponzoñoso para la humanidad.

“…En busca de un mundo mejor…”


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 13.0


Relato 115.0


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Pero la culpa no era suya. Ella, la gran urbe, te adopta, acogiéndote en sus brazos de acero y cemento, te amamanta sin cesar para que tus ritmos sensoriales no desaparezcan después de cualquier frustración. Para que tus humores fluyan con total normalidad. Te enseña a que puedas confiar en algo tangible y te muestra oportunidades reales, próximas, factibles…

De un profundo pozo,

oscuro y deshumanizado

conseguiré salir pronto,

buscando un destino

visible y claro…

Amanece. Dejaré de ser el sicario de la noche, la bala perdida, el alma descarriada que deambula. Huiré de la depravación en la que estoy inmerso, envilecido a causa de mis fracasos.

Encontraré el destello que me guíe hacia la salida, y aunque desorientado, abandonaré el inmundo cieno que me cubre y ahoga, para aferrarme a la vida con fuerza, fijándome a su parte más real y superando el hado al que estoy sometido…


G. Sayah


 

Acróstico 32.0


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Miradas anónimas,

almas vacías e impías.

Noches calladas y sombrías

huérfanas, derraman lágrimas

aguardando la luz del día.

Tengo un nuevo amanecer,

tesoro al que no renunciaré.

No sé cómo, pero lo conseguiré…


G. Sayah


 

Relato 80.0


Sherlock Holmes


Fumaba en pipa, como aquel que residía en el 221 de Baker Street. Lo hacía por placer. A sabiendas de que no era un hábito saludable. De todas formas moriremos, tarde o temprano, de una forma u otra, pensaba cada vez que su hija le recordaba su nociva costumbre.

Es algo a lo que se atenía. Un destino escrito en letras mayúsculas que ningún ser humano podría alterar, pese a los ingentes esfuerzos que muchos realizaban combatiendo una realidad ineludible, el paso inexorable del tiempo. Cremas rejuvenecedoras, cirugía estética, procedimientos de criogenización, tratamientos anticaída de cabello…

La vejez llega, y con ella el paso de ese tiempo que no vuelve, salvo por los recuerdos que han quedado impregnando nuestra retina. Pero recuerdos que son sólo eso, recuerdos, vagas escenas nostálgicas, tristes, alegres otras, imágenes que seguramente puedan repetirse de manera parecida, pero nunca idénticas.

Y es que de aquellas escenas faltan protagonistas que ya no están entre nosotros, padres, madres, amigos… personajes de una obra de teatro vital que sucumbieron a ese paso temporal que se te escapa de entre las manos.

‘Carpe diem’, dicen algunos, y no les falta razón.


G. Sayah


 

 

Poeta en Nueva York 12.0


Relato 114.0


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Auténticos personajes de guiñol, aunque sin ser conscientes de ello. Pura poética empresarial que hipnotiza a todos de manera subliminal, haciendo que el río de la vida fluya automáticamente sin el menor atisbo de cambio.

Un cambio, por otro lado, que propiciaría un acercamiento a la libertad, a una emancipación mental de la que solemos carecer por la dominación social y los prejuicios intrínsecos que albergamos, y que nos mantienen encerrados en nuestra ‘zona de confort’.

Maldita franja obligada,

efímero abandono.

¡Regreso rápido

y experiencia frustrada!

La ciudad me ofrece correr el riesgo, la posibilidad de alcanzar un mágico objetivo… la felicidad, pero esta se encuentra por debajo del umbral de mi conciencia. Mi cerebro carece de estímulos necesarios para tan sencilla experiencia, ignorante de lo que puede conseguir, despreciando lo breve de la realidad, mientras el reloj de arena no ceja en su empeño de agotar un tiempo que nunca regresará, un tiempo pretérito reducido a unos cuantos recuerdos perdidos en la memoria…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 11.0


Relato 113.0


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Día y noche, blanco y negro, calor… frío, hetero-homo, tempestad y calma… ambigua, turbia, mezcla soluble en la que la ciudad se mantiene sumergida, rebosante de conceptos antagónicos a jornada completa. Amanecer, crepúsculo…

Un resultado incierto de la vorágine acumulada durante décadas. Un vórtice de individuos adictos a la polución, yonquis del trabajo sin descanso, con mentes antisociales obligadas y autómatas.

Me acoge y me destierra,

me ama y me odia,

me miente y se sincera,

me ilumina, para mas tarde,

mostrarse sombría.

Sin embargo me atrapa de manera seductora, con una erótica urbana que solo ‘La Metrópolis’ es capaz lograr, que me hace ser incondicional de sus formas rectas y afiladas, dueña de una personalidad oscura pero irresistible…


G. Sayah