Madrid 20.0


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– Espero que te haya gustado. –

– Ha estado bastante bien. Si quieres volvemos otro día, antes de regresar a Madrid. –

Como Vincent le había prometido, fue María la que eligió donde cenar, una especie de pseudogastrobar de los que están de moda, y la verdad es que no fue como para tirar cohetes, pero no quería herir la sensibilidad de su chica, y aun menos volver…

– ¿Otro día? ¿Hasta cuándo piensas que estemos por aquí? – Preguntó ella un tanto sorprendida.

– Bueno, me gustaría alargar el ‘weekend’ unos días, ¿qué te parece la idea? –

– A mí me parece genial, pero yo me tengo que incorporar al trabajo. Hablamos de regresar el lunes y no creo que mi jefe acepte un retraso. –

– Podrías llamarlo a ver que te dice. Pídele unos días de esos que te debe. No pierdes nada. –

– No sé. Posiblemente me diga que no, pero bueno, como tú dices, no perdemos nada. Mañana lo llamo a su número particular, no creo que se moleste, y con un poco de suerte lo cojo de buenas y accede. –

Dieron un paseo por la orilla del río que lindaba con el barrio de Triana. El cielo, oscuro pero estrellado, miraba coqueto al Guadalquivir como si de un espejo se tratara. El suelo adoquinado y húmedo reflejaba el tono amarillento de las farolas.

Decidieron hacer una parada en la terraza del Café de la Prensa. Necesitaban reposar la suculenta cena y descansar las piernas, agotadas después de un largo día de patear las calles sevillanas.

El camarero les tomó nota, dos cafés, solos, y María encendió un cigarrillo, con la idea de compartirlo con Vinc mientras venían las bebidas.

Él tomó el Marlboro entre sus dedos de manos de ella, se lo llevó a los labios y le dio un honda calada. Expiró el humo lentamente, un humo que precedió el inicio de una confesión.

– María, tengo que decirte algo importante. Llevo días intentándolo, mereces saberlo y no encuentro el momento, pero ya no puedo postergarlo más. –

– Joder! que serio te has puesto. Me estás asustando. ¿Es que ocurre algo malo? –

– Depende de cómo se mire. Si es verdad que es para ponerse serio, y me preocupa tu reacción. No voy a pedirte que me prometas nada, ni que no te enfades, o algo parecido, sólo me gustaría que hicieras un esfuerzo por ser comprensiva en la medida de lo posible. –

– Vale. Está bien. Lo intentaré al menos. – Respondió ella esbozando una media sonrisa.

El camarero dejó las tazas en la mesa, María encendió otro cigarrillo y Vincent rebuscó en su mente cuáles serían las palabras más apropiadas…


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Microrrelato 62.0


Versión 3


Me quedé dormido hilvanando constelaciones sin saber por que. Todo aquello que se aleja de mi entorno más cercano nunca me ha interesado. Quizás porque desde pequeño me tocó vivir con los pies en el suelo, sin tener la oportunidad de soñar y poder hacerme de vez en cuando alguna paja mental. Demasiado pragmático, realista, adicto a una rutina obligada que me enjaulaba en una zona bastante pobre en lo que a sueños se refiere. Es posible que en los últimos meses se estén rompiendo algunas ataduras pretéritas, y aunque sin alas, podría volar un poco, abrir la mente, conseguir ver la vida con otra perspectiva…


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Relato 104.0


Eventos - 2567


Aquel chico era un imbécil, si, lo era, un verdadero idiota. Se había dejado convencer para quedar, y en principio a ella no le parecía mala idea, aunque tenía sus reticencias. Y es que en el instituto corrían rumores sobre él: que si era algo engreído, que si sus padres tenían mucha pasta, que si salía con muchas chicas… María decidió darle una oportunidad y respondio que sí al último WhatsApp que le envió aquella mañana. – ¿Te apetece entonces que nos tomemos un café esta tarde? –

Cuando recibió la respuesta afirmativa, se encontraba con los colegas haciendo novillos, y con una sibilina sonrisa se jactó enseñándoles el mensaje. – Os dije que estaba deseando… –


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Poeta en Nueva York 41.0


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Relato 144.0


Sentado en mi carcomido banco…

Por la regularidad con la que lo visito podría tomarme la licencia de apropiármelo, figuradamente al menos. Son cuantiosos los ratos desde que llegué los que paso sentado en él y con quien comparto sueños y reflexiones, también dudas, dudas sobre quién soy, que estoy haciendo aquí y qué me tiene deparado el destino.

Miradas anónimas,

almas vacías e impías.

Noches calladas y sombrías

huérfanas, derraman lágrimas,

aguardando la luz del día.

Tengo un nuevo amanecer,

tesoro al que no renunciaré.

No sé cómo pero lo conseguiré…

Echando la vista atrás, no me cabe la menor duda de que el abandono de mi antigua zona de confort fue un acierto. En mi particular huída hacia un territorio más arriesgado, la experiencia me hizo soltar bastante lastre, superando multitud de prejuicios al instante, venciendo tabúes, saliendo por fin del maldito armario, y ahora, sentado en mi carcomido banco, navego en un mar de incertidumbre…


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Reflexión 9.0


Hace tiempo publiqué unas palabras que Antonio Machado plasmó negro sobre blanco en el año 1913. Permitidme la licencia de recordarlas…


-antonio1.jpg de Redaccion ABC-


Tengo un gran amor a España y una idea de España completamente negativa. Todo lo español me encanta y me indigna al mismo tiempo. Mi vida está hecha más de resignación que de rebeldía. 

Mi gran pasión son los viajes.

Creo que la mujer española alcanza una virtud insuperable y que la decadencia de España depende del predominio de la mujer y de su enorme superioridad sobre el varón.

Me repugna la política.

Detesto el clero mundano.

El problema nacional me parece irresoluble, pero creo que se debe luchar por el porvenir y crear una fe que no tenemos. Creo más útil la verdad que condena el presente, que la prudencia que salva lo actual a costa de lo venidero.

Estimo oportuno combatir a la iglesia católica y proclamar el derecho del pueblo a la conciencia.

No hay más obstáculos que la hipocresía y la timidez. No es cuestión de cultura, sino de conciencia. Se puede ser culto y respetar lo inmoral. La conciencia es anterior al alfabeto y al pan.


Antonio Machado

Autobiografía, 1913.


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Microrrelato 84.0


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Tampoco hoy encontré trabajo, lógico, si aplico la norma impuesta en este puto país. Experiencia, treinta tres años, licenciado, cuatro idiomas, cincuenta y cuatro años de edad… aparentemente buenos argumentos curriculares, pero en realidad todos son inconvenientes para conseguir un puesto medio decente, qué digo, ni eso, y creo que por fin me he dado cuenta del por qué: Se me olvidó señalar en mi currículum que conozco a mengano, o que soy hijo de setano, o mejor, el marido de fulana, la concejala de… ¿no te lo crees? pues así es. Demasiada experiencia, demasiado mayor, demasiados idiomas… Valiente mierda!


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Madrid 19.0


Calle Betis


La noche había caído fresca, una temperatura agradable que invitaba a pasear y disfrutar de la ciudad. Hasta el momento el famoso calor soporífero de Sevilla no estaba imponiéndose, como era lo normal en esa época del año, sin embargo, Vincent notaba el cambio respecto al que hacía en su residencia habitual. Aún así era una persona capaz de adaptarse rápidamente a cualquier tipo de clima, lo que por otra parte, no podía ser de otra forma, ya que su actividad profesional le obligaba a veces soportar duras condiciones meteorológicas.

Precisamente, de su trabajo quería hablarle a María de una vez por todas, aunque tenía dudas. No las tenía todas consigo y albergaba un serio temor por la reacción que ella pudiera experimentar ante su verdad, ante su otra vida, esa parte de él que ella desconocía por completo, lo que por otro lado, entraba dentro de lo normal.

La lógica le hacía pensar que lo que tenía que decirle, tendría una reacción negativa, aunque fuese escasa, pero el miedo a esa mínima posibilidad era, lo que hasta ahora le impedía sincerarse, y no quería esperar mucho más.

El intentar rehacer su vida, pasaba por esa sinceridad, ser franco con la persona que le gustaba, con la que se sentía bien, y de la que sin esperarlo, se estaba enamorando.

Aquel temor, luchaba fuertemente contra la verdad, y la idea de tener esta oculta por más tiempo perdía terreno. Una lucha titánica que se estaba dando en su mente, una mente que poca ayuda podría recibir de un corazón que partía por su cuenta hacia un camino de sentimientos y emociones nuevas. 

Vincent soñaba con un futuro tranquilo, repleto de buenas experiencias, pasar el tiempo como una persona normal, planeando momentos gratos, a ser posible junto a María, esperando y deseando que su pasado no lo jodiera…


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Relato 102.0


Waterpear Trees on the Banks of the Kafua River, Zambia


Malherida, asustada, miraba ansiosa a su alrededor intentando atisbar algo en la oscuridad de aquel espeso bosque. 

Respiración agitada, rápida y corta. Al inspirar apenas si le llegaba el aire a los pulmones, por lo que su corazón, con abundantes pulsaciones, luchaba por llevar el poco oxígeno del que disponía para repartirlo a cada rincón de su organismo.

Manos doloridas, magulladas y sucias. Lo intuía por la sensación más que por la visión. La negra noche se lo impedía.

Los pies, descalzos, no sabía el por qué, ensangrentados, como si hubiera andado por una alfombra de cristales. Punzadas dañinas hacían que cada paso fuera una cruel tortura.

La memoria amnésica bloqueaba cualquier recuerdo pasado. – ¿Dónde estaba? ¿Qué le había ocurrido? ¿Cómo había llegado hasta allí?-

Aquel lugar que suponía inhóspito la estaba enguyendo. Tenía que pensar con premura, pues la sensación de estar en peligro era muy intensa, tenía el presentimiento de que todo iría peor. Algo oculto la observaba, la acechaba, el terror la atenazaba. 

– Piensa rápido. Echa a correr. Hacia dónde… –


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Poeta en Nueva York 40.0


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Relato 143.0


Esta dualidad que me invade, a veces me castiga fuertemente el alma, y no sé por qué. Puesto a razonarlo, podría tener sentido una injustificable cobardía por el miedo al que dirán, o una probable aprensión al fracaso amoroso. Debería creer más en mí mismo, intentar ser feliz, vivir la vida… pero en el fondo hay algo que me lo impide, un motivo invisible que cobra forma de monstruo, algo que complica mi desarrollo pleno y anula mis deseos.

Una dicotomía sexual que me inunda,

una atracción fatal que es derramada,

una inevitable sensación que vine dada,

ora él, ora ella, decisión complicada.

Quizás deba escuchar más lo que me dicta el corazón y no tener en cuenta lo que el cerebro me recuerda constantemente. Debería olvidar aquellos años traumáticos de juventud, dejar atrás infaustos recuerdos, pasar página y lanzarme a un vacío en el que temores y prejuicios no me hostiguen de manera persistente. Entre otras cosas, para eso vine a la gran ciudad…


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