mi primer relato_octubre_2018 relato_1.0_reload



 

Aquella mañana no era diferente a las demás. Se había despertado temprano, el sueño la abandonaba como casi siempre. Se sentía cansada pero con ganas de afrontar la rutina diaria.

– Qué coño, hoy voy a romper la rutina – Introdujo en la cafetera una buena dosis de café en vez de descafeinado. Para Esther no era habitual, y de esa forma tan trivial pretendía empezar a cambiar cosas en su vida. Esta no le sonreía últimamente. Tanto en lo personal como en lo profesional no había tenido muy buenas experiencias.

Separada de su marido desde hacía ya varios meses, le echaba de menos. Era el hombre de su vida, al menos eso creía ella. Desde que lo conoció en lo que era el curso de orientación universitaria, no había tenido ojos para nadie más. Él, por lo visto sí. Había conocido a otra, más joven y también más rica. Buen partido y buena opción para dejarla en la estacada.

Todavía no lo había asumido y albergaba la esperanza de un futuro juntos. Ella lo perdonaría, por supuesto, ya que el amor que sentía estaba por encima de cualquier elección que Carlos hiciera en su día. No le cabía la menor duda, aunque posiblemente él no sentía ni pensaría lo mismo.

Se tomó una taza del café que previamente había subido por la cafetera emitiendo ese sonido que tanto le agradaba, no menos que el aroma, que casi la alimentaba para medio día.

Una vez se vistió, salió a la calle en busca de su automóvil, uno de los pocos objetos que le había tocado en el reparto al separarse. Desgraciadamente no se podía permitir el lujo de cambiarlo, viejo y desvencijado, también le recordaba a él.

De camino al trabajo y escuchando la radio pensó – ¡ Joder que raro, me he vestido a la primera! – Normalmente se cambiaba varias veces antes de salir, una lucha permanente con su vestidor, ¿inseguridad?, hoy no, algo estaba cambiando…


g_sayah


 

Relato 9.0


#excalibur#


– Buenos días Carla, ¿lo de siempre? –

– Buenos días Armando. Si por favor 

Leía el periódico mientras esperaba impaciente el desayuno, aunque más sumida en sus pensamientos que en las páginas del diario, el cual apenas si contenía hoy noticias relevantes.

Devoró el plato número siete de la carta acompañado de dos buenas tazas de café. Tras pagar dejando una generosa propina se despidió de Armando hasta el día siguiente y salió del restaurante.

– ¡Oh Dios que frío hace! –

Eran las seis y cuarto de la mañana cuando pidió un taxi – Al 750 de la 1st por favor – El taxista giró en la octava hacia la 34 dirección este mientras Carla se acomodaba en el asiento trasero para terminar de leer la prensa.

– ¡Arturo detrás de ti! – Este empuñó su Excalibur y se dirigió al individuo que le venía por la espalda – ni se te ocurra sarraceno, esas reliquias nos pertenecen – le dijo con cara de ferocidad. Tras una dura contienda pocos quedaban ya en pie, pero los Caballeros de la mesa redonda no cejaban en el empeño de recuperar lo que era suyo. El infiel miró a su alrededor, y viendo su desventaja soltó lo que el Rey reclamaba y salió despavorido.

Tristán observó a Perceval recoger el objeto del suelo embarrado y este esgrimiendo una sonrisa se dirigió a su líder.

– Por fin Arturo, con esta casi hemos acabado –

– Cierto mi fiel amigo, cierto –

Estaba siendo un invierno duro y frío, sus hombres lo estaban notando, pero la fe se imponía sobre todos los acontecimientos mundanos.

– ¡Oiga señora! Se ha quedado  dormida mientras leía – Le decía el taxista conforme paraba en doble fila.

– Lo siento – Carla se recompuso rápidamente y pagó el taxi mientras intentaba despegar los párpados, reflexionando en lo extraño y misterioso de los sueños – Quédese con el cambio 

Salió del vehículo amarillo y subió las escalinatas que jalonaban el  edificio en el que trabajaba a escasos metros del East River – Estoy segura de que hoy será un día crucial para el futuro del planeta – pensó…


g_sayah


relato_10.0


Eventos - 2107


Estaba completamente seguro de que sucedería. Tarde o temprano ese amor icástico y puro que sentían el uno por el otro llegaría a su fin. Se fue marchitando cual flor de otoño, como diría el poeta.

Marco sentía una intensa tristeza y en ese momento no podría describir con palabras los sentimientos que le golpeaban en lo más profundo de alma     – ¿Melancolía? – Posiblemente se quedaría corto.

Se afanaba por pensar en lo bueno que había vivido junto a Javier, intentaría quedarse con eso, pero desgraciadamente no era el momento, le era muy difícil deshacerse de ese tormento que le albergaba.

Fue un flechazo mutuo a primera vista. Desde aquel veintiocho de junio del noventa y siete no se habían perdido de vista ni un instante, unidos, hasta un fatídico momento imposible de fechar en el que su idilio se convirtió en algo vacío y sin sustancia.

Tras casi quince años de relación, intensa y apasionada, tendrían que rehacer sus vidas cada uno por un lado, separados, maldita palabra. Tan solo quedaría el recuerdo…


g_sayah


relato_8.0


FullSizeRender


Mudarnos al campo creo que ha sido lo mejor – ¿no lo crees tú así cariño? –

– Pues no lo sé Carlos. Conforme vaya pasando el tiempo te lo diré. Aunque pienso que huir de la realidad y de los problemas sea la solución –

– ¡Pero es que el día a día ya era imposible de llevar! – De todas formas, si a ti te parece bien, nos damos un tiempo y una vez te recuperes, lo sopesamos detenidamente y vemos que nos apetece hacer, si volver al pueblo o mudarnos a una ciudad más grande donde la gente sea menos indiscreta y pasemos inadvertidos. Me trae sin cuidado el lugar, estando contigo me siento bien y soy feliz. Por cierto Javi, espero que nunca se te olvide…

– Que no se me olvide qué…

– Que te quiero… –


g_sayah


relato_7.0


9924683A-E8F9-4716-AD40-718D4383369D_1_201_a


El día que Marco murió era un día como otro cualquiera, pero llovía intensamente. Salió del garaje de casa en su Renault Clio camino de la oficina y con el pensamiento ocupado con el dibujo que su hija de cuatro años, Alba, le había regalado por el día del padre.

En otra parte de la ciudad, Paula estaba nerviosa y estresada. Llegaba tarde a una importante reunión de trabajo. Sin apenas maquillar y a medio vestir, tampoco le daba tiempo de terminarse el café que su encantador marido le había preparado como cada mañana – Cariño, nos vemos para almorzar – le dijo mientras corría hacia el ascensor.

El limpiaparabrisas de su coche luchaba por evacuar el agua que se acumulaba de manera rápida y abundante. No paraba de mirar su reloj y Paula pensaba que su jefe le reprocharía el retraso, ya que el dosier de la presentación lo llevaba ella, pues había estado ultimándolo en casa hasta última hora de la noche. Se imaginaba a esos importantes clientes orientales, impacientes y puntuales, esperando a que una insignificante publicista llegara con una propuesta profesional carente de atractivo.

Le faltaban dos kilómetros escasos para llegar cuando se topó con un tráiler que circulaba a una velocidad anormalmente reducida. Pensó en adelantarlo, pero la vía y las condiciones meteorológicas no invitaban a ello. Miró de nuevo su reloj – ¡mierda, que tarde es! – Otra vez pensó en la cara que tendría su jefe y la bronca que le caería, por lo que decidió adelantar al lento vehículo cuya longitud no era precisamente corta.

En décimas de segundos se dio cuenta que dicha decisión no fue la correcta. Un automóvil negro chocó frontalmente con el suyo. Era lo último que recordaba cuando hablaba con un teniente de la Guardia Civil en el hospital.

– Agente ¿y la gente que iba en el vehículo con el que he tenido el accidente? – le preguntó Paula al teniente Vila con lágrimas en los ojos – Marco, señora, se llamaba Marco… 


g_sayah


Relato 6.2


6F338797-B90F-4A3F-A3D4-6C932A23AB47_1_201_a


El francotirador descolgó el teléfono de su despacho y llamó al equipo de limpieza.

– Hola Jordi. Soy Mario. Cómo va eso. Yo bien ¿Y tú? Me alegro. Bueno, te llamo porque tengo un trabajito para ti y tu grupo –

El jefe de Silvia ordenó a Jordi que buscaran cualquier vestigio de quién o quiénes habían pasado por el piso franco que en ese momento estaba utilizando aquella. Huellas, restos de ADN, residuos de cualquier tipo… algo que sirviera para identificar a los que estaban detrás de ese registro inesperado, repentino y posiblemente con consecuencias negativas para la agencia.

Mario era consciente de la gravedad del asunto, y su preocupación no era tanto por averiguar la identidad de los autores, que era importante y crucial , por supuesto, sino por el qué iban buscando, y sobre todo, cómo habían descubierto la presencia de una de sus mejores agentes.

Podía suponer que la vida de Silvia corría peligro, pero no quería precipitarse a la hora de tomar una decisión dentro del contexto en el que se encontraban ahora mismo. Esperaría a que Jordi le informara de sus pesquisas.

Hasta ese momento confiaba en que su discípula sabría cuidarse solita y pasaría inadvertida durante un tiempo prudencial.

Tampoco quería precipitarse a la hora de informar a sus superiores ni levantar demasiada polvareda, ya que su experiencia, autonomía y capacidad de trabajo hacían que la situación la tuviera bajo control y sin temor a que se le escapara de las manos – En muchas peores me he visto – De momento disponía de recursos suficientes para hacer frente a esta historia. Contaba con esa ventaja y tendría paciencia, a la vez que albergaba la esperanza de que se tratase de un vulgar robo o un simple allanamiento de cualquier caco de poca monta, lo que sería un mal menor, aunque se le antojaba altamente improbable…

Se disponía a decirle a su secretaria que le encargara algo para almorzar, comería en el despacho mientras cerraba un par de asuntos que tenía pendientes, cuando recibió la llamada de Jordi.

– Hola jefe. Ya hemos terminado. Si. Hemos sido rápidos, como siempre, pero sobre todo discretos y pulcros, aunque esta vez creo que no te va a gustar lo que tengo que decirte…


g-sayah


relato 6.1


starbucks


Tras un rápido repaso, en principio no notó que le faltara nada, y se preguntó quién había estado allí y qué buscaba…  

Por mucho que lo intentaba no podía encontrar la relación de un registro así con cualquier acontecimiento, lugar o persona que tuviese que ver con ella. Seguro que habría motivos y alguna conexión, pero en ese momento no se le ocurría nada.

Lo que si se le ocurrió fue llamar a su jefe, mejor que a la policía. El sabría qué hacer en estos casos mejor que nadie, sin ninguna duda, él actuaría sin vacilar ni equivocarse, ya que Silvia se temía que aquí no habría margen para el error. – Si, ¿jefe? Creo que tenemos un problema. Si, al llegar del viaje me he encontrado mi apartamento patas arriba, todo revuelto. No lo sé. En principio no parece faltar nada, sabes que yo no suelo traerme el trabajo aquí y tampoco tengo cosas de valor. Está bien, perfecto. Estamos en contacto.

Mario, su jefe, apodado ‘el francotirador’, debido a su pasado como agente de campo en diferentes países y multitud de conflictos bélicos, le ordenó a Silvia que cogiera lo imprescindible y se perdiera unos días, que él se encargaría de todo.

Metió en su mochila Kanken una muda limpia, su Mac y un par de novelas junto con su 9 mm. Llamaría a Rubén que seguro estaría encantado de volver a verla, al igual que ella a él. Le diría que se cogiera unos días libres para estar juntos y recuperar el tiempo que habían estado sin verse.

Rubén trabajaba como freelance para diferentes periódicos. Se conocieron en el Líbano, donde él cubría las noticias sobre el conflicto armado que se estaba produciendo en esos momentos, mientras ella cumplía uno de esos encargos clandestinos que su agencia le mandaba. Evidentemente, aquel desconocía realmente a que se dedicaba esa chica tan dulce y simpática, y hasta ahora su tapadera le había funcionado. Silvia para Rubén y el resto del mundo era una tratante de arte que viajaba constantemente por motivos de trabajo.

Le saltó el contestador y decidió no dejarle ningún mensaje – Bueno, me tomaré un café por la Gran Vía mientras leo un rato, a ver si consigo despejarme y relajarme un poco, y más tarde lo vuelvo a intentar… 


g_sayah


relato_6.0


C1322978-F307-46F0-B8BA-828D8DEBED29_4_5005_c


– agente J –


– Me encanta viajar en tren – pensaba Silvia mientras oía el típico traqueteo que hacían los boggies al contacto con el camino de hierro.

Volvía de Israel, donde tuvo que realizar un trabajo bastante especial. No era la primera vez que iba al país hebreo, aunque siempre había sido por temas profesionales.

Su jefe de sección le había dado unos días libres, por lo que decidió hacer una parada en París, donde intentó relajarse un poco durante unos días después de realizar la misión que se le encargó.

En la estación de Chamartín cogió un taxi una vez abandonó el tren en el que viajó desde la capital francesa. El taxista la dejó a escasos metros del edificio de apartamentos donde residía temporalmente. Un apartamento reducido pero acogedor, confortable y decorado con buen gusto.

Extrajo las llaves del bolso y abrió la puerta. Lo que vio no le gustó nada, es más, le tocó muchísimo las narices. Todo estaba patas arriba. Alguien había estado allí en su ausencia.

Tras un rápido repaso, en principio no notó que le faltara nada, y se preguntó quién había estado allí y qué buscaba…  


g_sayah


relato_5.3


8fd4c4a1-cac3-43d2-83e0-e547af48b384_1_201_a


– Buenos días Armando. Como va eso 

– Hola Mike. Va bien. Empezando la jornada como siempre, con ánimo y optimismo, esperando a que no venga nadie a joderte lo que puede ser un bonito día – Ironizó – ¿Lo de siempre? –

– Sí. Por favor –

Huevos revueltos con patatas a la plancha y un supercafé bien cargado que le diera la chispa que le faltaba para arrancar la suya, su jornada. Una necesidad imperante de cafeína, como casisiempre.

– Eso se soluciona rápido. Aquí tienes.

Armando le sirvió un gran vaso de café de la melita que transportaba en su mano izquierda y que no tardaba en vaciar constantemente entre su clientela habitual y ávida de ese brebaje negro de aroma característico.

Se tomó el primer vaso leyendo el periódico mientras esperaba el desayuno. 

Al mismo tiempo que comía y leía, pensaba que lo de tomarse el día libre iba a ser relativo. Se le ocurrió que se acercaría al despacho al terminar lo que armando le sirvió para indagar un poco en la desaparición de Alex. Consultaría la hemeroteca que ofrece ese inmenso portal al mundo llamado internet y haría también un par de llamadas, a ver que podía ir averiguando, antes de que el Sr. Smith le pasara su material sobre el caso.

– Todo exquisito amigo mío, como siempre. Te dejo. Que tengas un buen día –

– Igualmente Mike. Muchas gracias. No tardes en volver –

– No podría – dijo sonriendo.

Salió del local y volvió a coger el metro, esta vez para dirigirse a su lugar de trabajo, cuando no estaba pateando las calles, claro, que era la mayoría del tiempo que ocupaban sus investigaciones.

Una vez sentado en su mesa abrió el Mac y empezó una búsqueda tranquila pero exhaustiva de noticias relacionadas con el caso del hijo de David.

A la vez que navegaba por la red descolgó el teléfono para llamar a un viejo amigo que trabajaba en el FBI. Tras comentarle la historia que tenía entre manos le pidió por favor que se sumergiera en los archivos federales a ver si encontraba algún hilo del que tirar con respecto a la desaparición del chico acaecida hace unos dos años. El agente le comentó que estaba desbordado de trabajo y que le sería complicado, pero le prometió intentarlo cuando tuviese un momento libre.

– Con una condición Mike. Que me invites a cenar. Tú, yo y un buen vino para recordar viejos tiempos –

– Dalo por hecho amigo –

Cuando se vino a dar cuenta había caído la noche. Después de varias horas consiguió recopilar bastante información y noticias que probablemente le ayudarían a su socia y a él a empezar el nuevo encargo con el pie derecho.

Decidió marcharse a casa. Necesitaba descansar y había quedado temprano al día siguiente.

Una vez en el apartamento, encendió la televisión, jugaban los Knicks. Descorchó una botella de vino californiano y abrió una lata de anchoas del cantábrico. Sentado en su viejo pero cómodo sofá donde acostumbraba a comer, estaba a punto de dar buena cuenta de la delicatessen importada de España cuando llamaron a la puerta…


g_sayah


Relato 5.2


cajafuerte


El Sr. Smith entró en el ascensor haciendo un ademán con la mano a modo de despedida y con una tímida sonrisa en los labios. posiblemente dicha sonrisa, lejos de tener un fondo de bienestar,  albergaba un halo de esperanza.

– Está bien Penny, me da en la nariz que este caso no va a ser nada fácil y que requerirá más atención y más recursos que cualquier otro ¿Te parece si nos tomamos el resto del día libre? Yo por lo menos necesito descansar, de lo contrario no tendré la mente al cien por cien para empezar mañana con esta historia –

– No lo veo mal. Aprovecharé la tarde para cerrar un par de asuntos personales que tengo pendientes desde hace tiempo antes de meternos de lleno con la investigación –

– Estupendo. Pues no se hable más. Te veo mañana entonces –

Mike cambió de opinión con respecto a su aseo personal y en vez de hacerlo en el despacho, lo haría en casa tranquilamente, aunque eso sí, sin demorarlo más, porque a la vez que retrasaba la ducha, aumentaban sus olores corporales.

Salió del baño, y medio mojado aún, se dirigió a su reducido vestidor. Bien afeitado, embadurnado en bodymilk y con un agradable aroma a Egoist Platinum, uno de los pocos lujos que sus esmirriados ingresos como investigador privado se permitía.

Encendió un cigarrillo mientras cogía la ropa: jeans azules con rotos a la altura de las rodillas, camiseta y perfecto negro, zapatillas casual color mostaza y su gorra de los Yankees.

Terminó de vestirse a la vez que le daba la última calada al Marlboro y se cepilló los dientes como marcan los cánones odontológicos antes de dirigirse de nuevo a su estómago – Amiguito, nos vamos a deleitar con un gran desayuno –

Utilizó el metro para ir a la 34th, donde su amigo Armando, mejicano de nacimiento pero nacionalizado estadounidense desde hacía más de veinte años, regentaba un restaurante en el que Mike se sentía como en casa, no solo por la comida, que era exquisita, sino también por el trato que recibía, familiar y cálido, en un ambiente tranquilo y acogedor.

– Buenos días Armando. Cómo va eso… –


g-sayah


A %d blogueros les gusta esto: