Relato 78.0

Pesadilla

El miedo la atenazaba. Sus músculos se contrajeron, en un acto reflejo imposible de controlar. En posición fetal sudaba en la cama cuando el reloj digital, vigilante y testigo desde la mesita de noche marcaba las cuatro y cuarto de la madrugada.

Intentó moverse y no podía, entre despierta y dormida, entre sueño y realidad, a medio camino de encontrarse con Hipnos, no recordaba la pesadilla, aunque si tenía la certeza de que había sido terrible y espantosa.

Cómo podría abrir los ojos y sin embargo no podía mover el resto del cuerpo. Volvió a intentarlo y nada. Una sensación de impotencia empezó a embargarla, sensación que se mezcló con aquel miedo, provocando un efecto sinérgico que hizo que su mente llegara a un clímax fatal.

De repente percibió sonidos provenientes de la cocina, en la planta baja, como si alguien hubiera abierto la puerta trasera de la casa que daba al jardín. Intentó gritar pero enseguida notó que el sonido se ahogaba en su interior. Pasaron segundos que le parecieron minutos cuando por fin su brazo izquierdo respondió a los estímulos de su asustado cerebro, alcanzó su iPhone y comenzó a marcar.

– 112 Madrid, ¿en qué puedo ayudarle?

– ¡Creo que alguien ha entrado en mi casa!

G. Sayah

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Coming soon…



G. Sayah

Relato 88.0


La muerte en el espejo


Inclinado sobre la barra de un bar, la cara sobre las palmas de sus manos y los codos apoyados en aquella, lloraba como un niño lo que no supo mantener como un hombre.

Había perdido la cuenta de las copas bebidas, de las lágrimas caídas…

Esa mañana cuando se levantó, apático, cansado, más desanimado que nunca, terminó por no reconocer lo que vio al mirarse al espejo.

Un terrible sentimiento lo atormentaba, una afección de culpabilidad profunda y oscura fluía por las venas de su cuerpo, castigado y abandonado con la excusa evitable de la situación que vivía.

Más de un año cumplía su soledad, una soledad triste y absoluta. Su mujer y sus dos hijas lo abandonaron, sus tres soles, sus tres partes que por igual dividían su corazón, ahora negro y carcomido por una ponzoña que él mismo se había inyectado.

Con el tiempo llegó a la conclusión lógica de que fue culpa suya. No supo cuidarlas, no hizo nada por quererlas como se merecían, había sido un mal padre y un esposo lamentable, y cuando vino a darse cuenta de lo que estaba haciendo, era demasiado tarde…

G. Sayah


 

Relato 87.0

Vaticano

En lo más recóndito de su mente albergaba un ligero pensamiento que alimentaba su fe. Una fe quebrantada por actos en impulsos que se acercaban peligrosamente al incumplimiento del sexto mandamiento. ¿Se imaginaría Moisés el hebreo, después de la conversación que mantuviera con su amado dios en el monte Sinaí, y posteriormente bajara con aquellas grabadas tablas, cómo de corrupta podría a llegar a ser la humanidad en el futuro?

Dicha humanidad, incluyéndose él mismo, el Padre Juan, habían retorcido aquel ‘mandamiento sagrado’ hasta tal punto que muchos eclesiásticos no se conformaban con transgredir la frontera de lo carnal para con sus semejantes, hombres y mujeres en plenas facultades adultas, si no que invadían cruel y salvajemente la inocencia de niños y niñas al amparo de la religión profesada. Maldita palabra, religión, testigo y cómplice de conductas delictivas que merecían el peor de los castigos. Maldita palabra encubridora y cobarde…

No se rendiría. Hurgaría en el fondo de su alma para que aquella fe que estaba abandonándole, volviera, y lo que hasta ese momento había hecho, dios supiera perdonárselo.


G. Sayah

Relato 84.0

Kevin Bacon

‘El bien y el mal’

Lucio siempre se mantuvo reacio a escribir aquel artículo, pero su jefe le insistió encarecidamente. Sería responsable de cubrir aquella noticia para el periódico de mayor tirada del país, y es que la expectación era máxima después de la última reforma del código penal que el gobierno de turno había realizado, gracias a su aplastante mayoría parlamentaria. No estaba seguro de cómo abordaría el tema, era harto complicado. La primera condena a muerte de la democracia.

Fue difícil, pero al final, gracias a un amigo de un amigo e innumerables llamadas telefónicas, pudo conseguir una entrevista exclusiva con Rafael, el condenado que sucumbiría a la recién implantada inyección letal.

Muchos y enfrentados, eran los pensamientos que se aglutinaban en su cabeza mientras recorría el largo pasillo que llegaba a la celda donde se encontraba el reo en cuestión. Pensamientos contradictorios que podrían dinamitar cualquier principio ético y moral.

La sociedad demandaba una justicia llevada a sus últimas consecuencias. Clamaba la máxima pena para sociópatas como aquel, el protagonista de su historia, al que no le tembló el pulso en su día, a la hora de cometer varios delitos de sangre, una sangre ajena, inocente, derramada sin motivo aparente.

Llegó al final del corredor, lo estaba esperando, sentado detrás de un doble acristalamiento reforzado. Rostro anguloso, tez morena, tatuada, pelo largo, ojos verdes y profundos que miraban inmisericordes a su entrevistador mientras este sacaba lápiz y papel para tomar notas.

Sólo traía una pregunta preparada, el resto lo dejaría a la improvisación y a lo que el sentenciado quisiera contarle…

G. Sayah

‘No uno cualquiera 4.0’

Keanu Reeves

No pudo evitar que se le erizara el vello de su piel cuando percibió que el pomo de la puerta de su confortable morada se giraba lenta y silenciosamente…

Raudo, Carlos saltó a correr una cadena de seguridad que aquella tenía, al igual que hizo con un pestillo de una ventana próxima.

Quién quiera que fuese, no traería buenas intenciones, pensó Carlos con el pulso ya por las nubes.

Seguidamente, se le ocurrió hablar en voz alta simulando estar acompañado, al mismo tiempo que cargaba una repetidora que utilizaba esporádicamente para la caza de ciervos, afición heredada de su padre.

Tras un par de intentos, el supuesto individuo se retiró, Carlos consiguió oír como se alejaban unos pasos rápidos y largos, por lo que respiró más tranquilo, aguardando un buen rato para echar un vistazo fuera con el arma repleta de cartuchos, por supuesto, a la vez que su corazón paulatinamente volvía a latir con normalidad.

Carlos desconocía que aquella no sería la última vez que recibiría la visita de aquel intruso. Había sido una toma de contacto que formaba parte del procedimiento que este seguía cuando le encargaban neutralizar un objetivo.

G. Sayah

Acróstico 21.0

Macondo

Mundo paralelo de Gabriel.

Arcadia de una mente, que

camina hacia lo irreal.

¿O es real al final?

Nada o todo cabe pensar,

donde aprendemos a soñar.

O simplemente, realidad.

 

G. Sayah

Microrrelatoser 40.0

CORRECTION Spain Financial Crisis

‘Una historia real’

Nos enviaban de una patada a las duras calles. Los sindicatos está claro que no quisieron hacer su trabajo, defender nuestros intereses, con la mayoría de dirigentes untados. La empresa, esta si que supo hacerlo bien. Con una reforma laboral harto beneficiosa para con sus dueños, aplicándola duramente y sin el más mínimo sentimiento de culpabilidad, una culpabilidad manifiesta y derivada de una nefasta e ineficaz gestión que condujo a una evitable suspensión de pagos, eso sí, previamente se habían beneficiado de cuantiosas ayudas públicas. Por cierto, los amigos de los que aprobaron la reforma laboral y concedieron las ayudas, están sentados en el consejo de administración. Que ironía…

G. Sayah

“Ojo por ojo”

Sosegada, tranquila, con respiraciones largas y hondas esperaba pacientemente sentada en su desvencijado SEAT a la espera de que su ex marido saliera del trabajo.

En apenas cinco minutos sus vidas cambiarían, radicalmente, ella tenía la certeza y estaba preparada, él desconocía su destino.

Acompañado por unos compañeros, bajaba sonriente los cuatro escalones que jalonaban el edificio de oficinas donde, en otro tiempo el gran amor de su vida, desarrollaba su oficio de engaño y fraude, aquel individuo, un maltratador doméstico, un castigador familiar, disfrazado de alto ejecutivo con traje de novecientos euros, sin escrúpulos, ora engaña a clientes ricos, ora utiliza los puños para agredir a la que era su mujer, y a su hija.

Abrió la guantera, extrajo el revólver, se aseguró que las seis balas cargaban el tambor de este, y sin molestarse en disimular que lo empuñaba, bajó del coche y se enfrentó a aquel monstruo.

– Hola Rebeca, ¿qué haces tu aquí? – Preguntó un tanto desconcertado y con brusquedad, sin esconder que le incordiaba su presencia.

– Hola Juan, quería darte una sorpresa. –

Levantó el brazo que empuñaba el arma y le descerrajó cinco tiros en el pecho…

Relato 76.0

Juzgados NYC

 

 

 

 

Bajaba las escaleras como si tal cosa, elegantemente vestido, zapatos italianos, porta documentos de piel. Abogado sin escrúpulos defensor de grandes criminales. Criminales que no escatimaban en gastos para comprar jueces, fiscales y policías. Un hampa oficial con togas y uniformes que escondían su corruptela detrás de blancos sobres rebosantes de billetes de quinientos euros, y paraísos fiscales sostenidos por políticos que seguían el mismo patrón, cortado con las mismas tijeras, aún con menos escrúpulos si cave. Me enfrenté a él, para que me viera la cara, y lo miré a los ojos fijamente antes de descerrajarle un disparo en la frente. – Nos vemos en el infierno, abogado. –

G. Sayah