madrid_55.0


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La relación entre los dos llegó a ser algo más sólida. Una situación favorecida por lo sucedido en sus respectivas vidas anteriores. A ninguno se le hubiera pasado por la cabeza tiempo atrás, que empezarían de nuevo en un lugar apartado de la urbe, solos, compartiendo momentos de reparación social y sentimental, mientras daban largos paseos por la playa y disfrutaban de los placeres de la anonimia.

Rachel y Eric albergaban la posibilidad de que poco a poco, aquello se fuera haciendo cada vez más firme y estable, ya que aunque a lo mejor no eran plenamente conscientes, se necesitaban el uno al otro. Una necesidad mutua de reconstruir unas vidas bastante dañadas, no más que cualquier otra vida, de cualquier otro individuo, por supuesto, pero la fortuna hizo que el destino se mostrara caprichoso, artífice, creador preciso de un cambio sustancial en sus respectivos presentes…


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relato_7.0


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El día que Marco murió era un día como otro cualquiera, pero llovía intensamente. Salió del garaje de casa en su Renault Clio camino de la oficina y con el pensamiento ocupado con el dibujo que su hija de cuatro años, Alba, le había regalado por el día del padre.

En otra parte de la ciudad, Paula estaba nerviosa y estresada. Llegaba tarde a una importante reunión de trabajo. Sin apenas maquillar y a medio vestir, tampoco le daba tiempo de terminarse el café que su encantador marido le había preparado como cada mañana – Cariño, nos vemos para almorzar – le dijo mientras corría hacia el ascensor.

El limpiaparabrisas de su coche luchaba por evacuar el agua que se acumulaba de manera rápida y abundante. No paraba de mirar su reloj y Paula pensaba que su jefe le reprocharía el retraso, ya que el dosier de la presentación lo llevaba ella, pues había estado ultimándolo en casa hasta última hora de la noche. Se imaginaba a esos importantes clientes orientales, impacientes y puntuales, esperando a que una insignificante publicista llegara con una propuesta profesional carente de atractivo.

Le faltaban dos kilómetros escasos para llegar cuando se topó con un tráiler que circulaba a una velocidad anormalmente reducida. Pensó en adelantarlo, pero la vía y las condiciones meteorológicas no invitaban a ello. Miró de nuevo su reloj – ¡mierda, que tarde es! – Otra vez pensó en la cara que tendría su jefe y la bronca que le caería, por lo que decidió adelantar al lento vehículo cuya longitud no era precisamente corta.

En décimas de segundos se dio cuenta que dicha decisión no fue la correcta. Un automóvil negro chocó frontalmente con el suyo. Era lo último que recordaba cuando hablaba con un teniente de la Guardia Civil en el hospital.

– Agente ¿y la gente que iba en el vehículo con el que he tenido el accidente? – le preguntó Paula al teniente Vila con lágrimas en los ojos – Marco, señora, se llamaba Marco… 


g_sayah


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Tumbado bocarriba en la cama, se resistía a abandonarla. Estaba despierto desde que María se fuera al trabajo, pero tranquilo y relajado, no le apetecía levantarse de aquel lecho impregnado de su aroma, aunque su necesidad de cafeína y nicotina le pudo al final.

Completamente desnudo, puso la radio para oír las noticias matinales, y mientras el café subía se dio una ducha fría, no sin antes dejar preparado el traje y la camisa que se pondría esa mañana, negro y blanca respectivamente. – Tengo que causar una buena impresión – Se dijo. Pensaba en las dos entrevistas de trabajo que tenía concertadas para ese día.

Una vez se hubo vestido, se sentó en la cocina para tomar tranquilamente el café y echar un cigarrillo, mirando fijamente debajo del sillón donde el día antes había deslizado aquel sobre, el cual asomaba ligeramente una de sus esquinas.

– Qué coño será y quién lo habría dejado mientras estuvieron en Fjälbacka – Pensó. No le gustaba, y se temía que al abrirlo y leerlo, sus pretéritos asuntos volvieran en forma de problemas…


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Relato 6.2


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El francotirador descolgó el teléfono de su despacho y llamó al equipo de limpieza.

– Hola Jordi. Soy Mario. Cómo va eso. Yo bien ¿Y tú? Me alegro. Bueno, te llamo porque tengo un trabajito para ti y tu grupo –

El jefe de Silvia ordenó a Jordi que buscaran cualquier vestigio de quién o quiénes habían pasado por el piso franco que en ese momento estaba utilizando aquella. Huellas, restos de ADN, residuos de cualquier tipo… algo que sirviera para identificar a los que estaban detrás de ese registro inesperado, repentino y posiblemente con consecuencias negativas para la agencia.

Mario era consciente de la gravedad del asunto, y su preocupación no era tanto por averiguar la identidad de los autores, que era importante y crucial , por supuesto, sino por el qué iban buscando, y sobre todo, cómo habían descubierto la presencia de una de sus mejores agentes.

Podía suponer que la vida de Silvia corría peligro, pero no quería precipitarse a la hora de tomar una decisión dentro del contexto en el que se encontraban ahora mismo. Esperaría a que Jordi le informara de sus pesquisas.

Hasta ese momento confiaba en que su discípula sabría cuidarse solita y pasaría inadvertida durante un tiempo prudencial.

Tampoco quería precipitarse a la hora de informar a sus superiores ni levantar demasiada polvareda, ya que su experiencia, autonomía y capacidad de trabajo hacían que la situación la tuviera bajo control y sin temor a que se le escapara de las manos – En muchas peores me he visto – De momento disponía de recursos suficientes para hacer frente a esta historia. Contaba con esa ventaja y tendría paciencia, a la vez que albergaba la esperanza de que se tratase de un vulgar robo o un simple allanamiento de cualquier caco de poca monta, lo que sería un mal menor, aunque se le antojaba altamente improbable…

Se disponía a decirle a su secretaria que le encargara algo para almorzar, comería en el despacho mientras cerraba un par de asuntos que tenía pendientes, cuando recibió la llamada de Jordi.

– Hola jefe. Ya hemos terminado. Si. Hemos sido rápidos, como siempre, pero sobre todo discretos y pulcros, aunque esta vez creo que no te va a gustar lo que tengo que decirte…


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María no reparó en el sobre que había en el suelo, justo detrás de la puerta. Por suerte, fue Vincent quien entró primero, y con gran habilidad, de un sutil puntapié lo deslizó bajo el sillón que tenía a su izquierda.

Dejaron el exiguo equipaje en la entrada a la espera de ser deshechos más tarde.

– Voy a darme una ducha rápida. La necesito – Dijo María conforme se iba despojando de la ropa por el camino.

– Me parece perfecto. Yo voy a preparar café, o te apetece que bajemos a tomarlo –

– Nos lo tomamos aquí mejor, si no te importa, descansamos un poco y si tú quieres salimos a cenar –

– No se hable más, tus deseos y mi necesidad de complacerlos son pura sinergia para mi felicidad –

Después de que María saliera del baño, disfrutaron de dicho café. Vincent también quiso ducharse, pero no lo hizo hasta que terminaron de hacer el amor…


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Rachel y Eric compartían postre acompañado con sendas copas de vino, las cuales apuraban la segunda botella. La velada estaba siendo agradable y a ella se la veía relajada y muy animosa, posiblemente gracias al magnífico Burdeos.

Sonreía casi de manera permanente ante las anécdotas que Eric no paraba de contarle de su pasado, de esa parte de su vida en la que no se había visto amarrado por su trabajo o sus quehaceres pseudocorruptos. Se limitaba a recordar momentos de su infancia, de donde había crecido, de la universidad…

Una vez acabaron con la dulce sobremesa y el rojo brebaje pidieron un par de cafés, y prolongaron un poco más aquel momento que no dejaba de ser harto placentero. 

– Rachel, me gustaría aprovechar este momento para pedirte disculpas –

– ¿Disculpas? – Preguntó un tanto sorprendida y sin dejar a que éste pudiera terminar de explicarle el motivo. – Por qué has de pedirme disculpas. No tienes que hacerlo. Para nada. No veo causa alguna. Todo lo contrario, soy yo quien te agradece lo que has hecho por mí.

– En absoluto. Lo hice encantado, y lo volvería a hacer, pero déjame explicarte. Pienso que a lo mejor mi presencia aquí, además de cogerte por sorpresa, te ha podido dejar un tanto descolocada –

– Bueno, la verdad es que sí, un poco tal vez – Respondió Rachel sin dejar de esbozar una sonrisa irresistible.

– Pues a eso voy. No es mi intención incomodarte por haber venido. Lo pensé en el último momento, y aunque es cierto que mi escapada la había estado planeando desde hacía tiempo, me quedaba por decidir el destino para ir dando los primeros pasos de mi nueva vida. No quiero invadir tu intimidad, y a pesar de los años que hace que nos conocemos, mi comportamiento puede ser demasiado atrevido para contigo –

Rachel no entendía muy bien a dónde quería llegar Eric, por lo que fue directa al grano. – ¿Qué me estás intentando decir? –

– He pensado que no sería mala idea que compartamos estos momentos. Momentos en que los dos, por diferentes circunstancias, nos vemos obligados a empezar de nuevo… –


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relato 6.1


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Tras un rápido repaso, en principio no notó que le faltara nada, y se preguntó quién había estado allí y qué buscaba…  

Por mucho que lo intentaba no podía encontrar la relación de un registro así con cualquier acontecimiento, lugar o persona que tuviese que ver con ella. Seguro que habría motivos y alguna conexión, pero en ese momento no se le ocurría nada.

Lo que si se le ocurrió fue llamar a su jefe, mejor que a la policía. El sabría qué hacer en estos casos mejor que nadie, sin ninguna duda, él actuaría sin vacilar ni equivocarse, ya que Silvia se temía que aquí no habría margen para el error. – Si, ¿jefe? Creo que tenemos un problema. Si, al llegar del viaje me he encontrado mi apartamento patas arriba, todo revuelto. No lo sé. En principio no parece faltar nada, sabes que yo no suelo traerme el trabajo aquí y tampoco tengo cosas de valor. Está bien, perfecto. Estamos en contacto.

Mario, su jefe, apodado ‘el francotirador’, debido a su pasado como agente de campo en diferentes países y multitud de conflictos bélicos, le ordenó a Silvia que cogiera lo imprescindible y se perdiera unos días, que él se encargaría de todo.

Metió en su mochila Kanken una muda limpia, su Mac y un par de novelas junto con su 9 mm. Llamaría a Rubén que seguro estaría encantado de volver a verla, al igual que ella a él. Le diría que se cogiera unos días libres para estar juntos y recuperar el tiempo que habían estado sin verse.

Rubén trabajaba como freelance para diferentes periódicos. Se conocieron en el Líbano, donde él cubría las noticias sobre el conflicto armado que se estaba produciendo en esos momentos, mientras ella cumplía uno de esos encargos clandestinos que su agencia le mandaba. Evidentemente, aquel desconocía realmente a que se dedicaba esa chica tan dulce y simpática, y hasta ahora su tapadera le había funcionado. Silvia para Rubén y el resto del mundo era una tratante de arte que viajaba constantemente por motivos de trabajo.

Le saltó el contestador y decidió no dejarle ningún mensaje – Bueno, me tomaré un café por la Gran Vía mientras leo un rato, a ver si consigo despejarme y relajarme un poco, y más tarde lo vuelvo a intentar… 


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microrrelato_11.0


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La coge con sus propias manos y la parte en dos. La misiva procedente de Roma era clara y concisa, la IV Legión del Imperio tenía orden de resistir un año más.

El legado no pudo esconder su furia, otro invierno más lejos de su hogar en aquellas tierras inhóspitas, donde sus hombres iban cayendo frente a las embestidas de un motivado enemigo, mejor adaptado a aquel ambiente frío y hostil donde los hubiera.

Antes de comunicar a sus tribunos la mala nueva, se dispuso a contestar negro sobre blanco, reclamando con urgencia se reforzaran sus huestes, si de veras el decadente César pretendía mantener aquella plaza…


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relato_6.0


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– agente J –


– Me encanta viajar en tren – pensaba Silvia mientras oía el típico traqueteo que hacían los boggies al contacto con el camino de hierro.

Volvía de Israel, donde tuvo que realizar un trabajo bastante especial. No era la primera vez que iba al país hebreo, aunque siempre había sido por temas profesionales.

Su jefe de sección le había dado unos días libres, por lo que decidió hacer una parada en París, donde intentó relajarse un poco durante unos días después de realizar la misión que se le encargó.

En la estación de Chamartín cogió un taxi una vez abandonó el tren en el que viajó desde la capital francesa. El taxista la dejó a escasos metros del edificio de apartamentos donde residía temporalmente. Un apartamento reducido pero acogedor, confortable y decorado con buen gusto.

Extrajo las llaves del bolso y abrió la puerta. Lo que vio no le gustó nada, es más, le tocó muchísimo las narices. Todo estaba patas arriba. Alguien había estado allí en su ausencia.

Tras un rápido repaso, en principio no notó que le faltara nada, y se preguntó quién había estado allí y qué buscaba…  


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relato_5.3


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– Buenos días Armando. Como va eso 

– Hola Mike. Va bien. Empezando la jornada como siempre, con ánimo y optimismo, esperando a que no venga nadie a joderte lo que puede ser un bonito día – Ironizó – ¿Lo de siempre? –

– Sí. Por favor –

Huevos revueltos con patatas a la plancha y un supercafé bien cargado que le diera la chispa que le faltaba para arrancar la suya, su jornada. Una necesidad imperante de cafeína, como casisiempre.

– Eso se soluciona rápido. Aquí tienes.

Armando le sirvió un gran vaso de café de la melita que transportaba en su mano izquierda y que no tardaba en vaciar constantemente entre su clientela habitual y ávida de ese brebaje negro de aroma característico.

Se tomó el primer vaso leyendo el periódico mientras esperaba el desayuno. 

Al mismo tiempo que comía y leía, pensaba que lo de tomarse el día libre iba a ser relativo. Se le ocurrió que se acercaría al despacho al terminar lo que armando le sirvió para indagar un poco en la desaparición de Alex. Consultaría la hemeroteca que ofrece ese inmenso portal al mundo llamado internet y haría también un par de llamadas, a ver que podía ir averiguando, antes de que el Sr. Smith le pasara su material sobre el caso.

– Todo exquisito amigo mío, como siempre. Te dejo. Que tengas un buen día –

– Igualmente Mike. Muchas gracias. No tardes en volver –

– No podría – dijo sonriendo.

Salió del local y volvió a coger el metro, esta vez para dirigirse a su lugar de trabajo, cuando no estaba pateando las calles, claro, que era la mayoría del tiempo que ocupaban sus investigaciones.

Una vez sentado en su mesa abrió el Mac y empezó una búsqueda tranquila pero exhaustiva de noticias relacionadas con el caso del hijo de David.

A la vez que navegaba por la red descolgó el teléfono para llamar a un viejo amigo que trabajaba en el FBI. Tras comentarle la historia que tenía entre manos le pidió por favor que se sumergiera en los archivos federales a ver si encontraba algún hilo del que tirar con respecto a la desaparición del chico acaecida hace unos dos años. El agente le comentó que estaba desbordado de trabajo y que le sería complicado, pero le prometió intentarlo cuando tuviese un momento libre.

– Con una condición Mike. Que me invites a cenar. Tú, yo y un buen vino para recordar viejos tiempos –

– Dalo por hecho amigo –

Cuando se vino a dar cuenta había caído la noche. Después de varias horas consiguió recopilar bastante información y noticias que probablemente le ayudarían a su socia y a él a empezar el nuevo encargo con el pie derecho.

Decidió marcharse a casa. Necesitaba descansar y había quedado temprano al día siguiente.

Una vez en el apartamento, encendió la televisión, jugaban los Knicks. Descorchó una botella de vino californiano y abrió una lata de anchoas del cantábrico. Sentado en su viejo pero cómodo sofá donde acostumbraba a comer, estaba a punto de dar buena cuenta de la delicatessen importada de España cuando llamaron a la puerta…


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