Relato 91.0


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Un asesino implacable, meticuloso, concienzudo, limpio e insaciable. Consciente de lo que era, no podía evitar serlo, un psociópata elevado a la máxima potencia matemática, que había perfeccionado su método hasta límites insospechados a lo largo de los años.

Al principio, la necesidad de matar no era muy acuciante, pero cuantas más víctimas caían en su siniestra red mental, menor era el tiempo que transcurría entre un crimen y otro.

Y es que la sensación placentera que experimentaba una vez consumado tan sangriento acto, era inigualable, una rebosante emoción difícil de comparar con cualquier otro tipo de suceso vivido en su día a día rutinario.

Sabía que tarde o temprano lo descubrirían, pero no podía dejar de hacerlo, era superior a sus fuerzas, por lo que tenía claro que no pararía, y además, había algo que jugaba a su favor, estaba convencido sin ningún tipo de dudas, que lo que estaba haciendo era una ‘limpieza selectiva’. Sin escrúpulos y sin remordimientos, dormía cada noche como un bebé, con la conciencia muy tranquila.

Xenófobos, pederastas, políticos corruptos, maltratadores, violadores, extorsionadores… eran los que pasaban a mejor vida si se cruzaban en su camino.


G. Sayah


 

Relato 80.0


Sherlock Holmes


Fumaba en pipa, como aquel que residía en el 221 de Baker Street. Lo hacía por placer. A sabiendas de que no era un hábito saludable. De todas formas moriremos, tarde o temprano, de una forma u otra, pensaba cada vez que su hija le recordaba su nociva costumbre.

Es algo a lo que se atenía. Un destino escrito en letras mayúsculas que ningún ser humano podría alterar, pese a los ingentes esfuerzos que muchos realizaban combatiendo una realidad ineludible, el paso inexorable del tiempo. Cremas rejuvenecedoras, cirugía estética, procedimientos de criogenización, tratamientos anticaída de cabello…

La vejez llega, y con ella el paso de ese tiempo que no vuelve, salvo por los recuerdos que han quedado impregnando nuestra retina. Pero recuerdos que son sólo eso, recuerdos, vagas escenas nostálgicas, tristes, alegres otras, imágenes que seguramente puedan repetirse de manera parecida, pero nunca idénticas.

Y es que de aquellas escenas faltan protagonistas que ya no están entre nosotros, padres, madres, amigos… personajes de una obra de teatro vital que sucumbieron a ese paso temporal que se te escapa de entre las manos.

‘Carpe diem’, dicen algunos, y no les falta razón.


G. Sayah


 

 

Relato 89.0


Zahara de los Atunes


La realidad supera a la ficción…

Inmerso en la lectura, Alex decidió ese verano que las vacaciones serían diferentes a las de otros años. Por lo general aprovechaba el descanso estival, cuando su estresante trabajo se lo permitía, para viajar a grandes y cosmopolitas ciudades. Le apasionaba mimetizarse con los oriundos urbanitas, como uno más, zambullirse en cualquier capital mundial, sumergirse en su arquitectura, disfrutar de la gastronomía, patear sus barrios… por muy poco convencional que pareciera.

La agradable brisa marina acariciaba su rostro, aguas transparentes dejaban que el sol penetrase hasta un fondo coralino de una belleza espectacular, largas e inclinadas palmeras intentaban alcanzar la orilla de la playa con la intención de darse un baño, y desde el porche de aquella lejana y solitaria choza, en una cala perdida de una isla semi desierta, disfrutaba de una paz y una tranquilidad, cuanto menos extraña para lo que estaba acostumbrado.

Después de dejar a David con un tiro en el hombro, protagonista de la novela que en ese momento tenía entre manos, cerró el libro no sin antes colocar su fetiche e imprescindible marca páginas adquirido en el sueco Fotografiska Museet.

Levantó la vista, apreciando lo que bien podría ser el paraíso si este existiera, respiró hondo, – aire puro – se dijo, cuando de repente le pareció ver algo sobre la arena, próximo al agua, a unos cien metros a la izquierda de su morada veraniega.

Incrédulo, sorprendido, aunque a diario lo viera en las noticias, ahora lo tenía delante, boca arriba, con los ojos mirando hacia el cielo azul, sin vida, el cuerpo de una persona que seguro la marea había arrastrado hasta allí, a sus pies. Una víctima más de unos desplazamientos forzosos en busca de una vida mejor, alma desesperada que huye del horror que vive en su país de origen, y que se topó con todo lo contrario, con una temprana y desgraciada muerte, en el mar, en un mar que posiblemente habría engullido y truncado más de un sueño como el de aquel joven.

Si, joven. Alex pensaba que apenas tendría veinte años, mientras, en sus ojos afloraban unas lágrimas de pena e impotencia… la realidad superaba a lo que creemos ficción.


G. Sayah

Relato 90.0


Taxi NYC


´La huída’

Poco a poco, sorbo a sorbo, disfrutaba de su humeante y deliciosa taza de café, al tiempo que escuchaba las primeras noticias de la mañana por la radio. ‘El parte’… como decía su padre.

– Parece que hoy no todo es malo. – Pensó cuando el comunicador radiofónico anunció que el gobierno de turno tenía la intención de subir las pensiones, a la vista claro está de unas elecciones cercanas. El resto fue una tirada de titulares sobre violencia machista, inmigrantes que perdían la vidas en el mar intentado buscar un lugar mejor donde vivir, catástrofes naturales al otro lado del mundo, pobreza extrema que cercenaba vidas infantiles en países del tercer mundo, políticos imputados por corrupción… una negra y macabra lista interminable.

Aquello era lo normal al despertarse cada mañana, aunque no lo era que su teléfono fijo sonara, y menos, tan temprano.

– Dígame. –

Una voz desconocida y en un susurro apenas imperceptible, le soltó un par de frases que hicieron que se le helara la sangre.

Se le cayó el auricular de la mano que lo sostenía y tardó al menos un minuto en reaccionar, y cuando lo hizo, rápidamente atrapó su abrigo que colgaba del perchero que tenía en la entrada de su apartamento, como un relámpago abrió la puerta y se precipitó escaleras abajo sin cerciorarse de que la dejaba abierta.

Ya en la calle, paró el primer taxi que vio libre y se lanzó de cabeza en el asiento de atrás.

– Buenos días. ¿A dónde la llevo? –

– Sólo conduzca, y rápido por favor… –


G. Sayah

Relato 21.0


Reload 21.0


Libreria-Tribeca - Versión 2


…Y la mesa estaba llena de libros. Así terminaba la última novela que cayó en mis manos. Ésta versaba sobre la relación apasionada y adicta de Adrián por la lectura, refugio del protagonista de ficción en el que no podía evitar verse reflejado. Experimentaba una sensación de cierto paralelismo entre lo real de su existencia y la de Adrián, personaje libro-dependiente que como él, encontraba en cualquier escrito, ensayo, poema, artículo… una excusa para trasladarse a mundos diferentes y lejanos.

Sorpresa le causó hallar en páginas trazadas de tinta, cual obra pictórica escrita en lienzo, a un cómplice con el que se identificaba, llegando incluso a sentir una inevitable angustia por no poder establecer un diálogo presencial con aquel chico, cuya alma era casi gemela a la suya.

Se preguntaba si tendría la suerte de encontrar algún día a alguien como él, ¿o era él?, quién había saltado de entre las páginas de un libro para caer en las calles de una ciudad que poco le aportaba, ciudad de un país indigno y mísero, país de un mundo egoísta y cutre, cruel y despiadado, hipócrita e insolidario…

¿Podría algún día volver al interior de esas páginas de las que un día salió para no volver nunca jamás?


G. Sayah


 

‘Sniper 2.0’


Francotirador


Relato 108.0


…Esperó pacientemente durante más de tres horas antes de que empezara a detectar movimiento, abajo, en el valle. Los vehículos, todos negros, blindados y con los cristales oscuros, iban llegando, por lo que se colocó posición: tumbado boca abajo, piernas separadas, arma sobre el bípode y ojo derecho oteando a través de la mira telescópica.

En apenas dos minutos llegó el todoterreno en el que iba su objetivo, puntual a la cita, una discreta reunión entre personas influyentes, en aquel lugar, una mansión de dos plantas, grande, vetusta, apartada de la civilización y miradas indiscretas.

Toda la información recabada era correcta, no dejando margen a la improvisación.

Se abrió la puerta trasera derecha del vehículo y aquel hombre, joven, alto, elegantemente vestido con traje azul y gafas de sol, le dio las gracias a su chófer mientras se abotonaba la americana. Fueron sus últimas palabras, antes de que el sicario cumpliera con su cometido, y llevara a cabo el magnicidio…

 


G. Sayah


 

‘Sniper 1.0’


Francotirador


Relato 103.0


La manía de trabajar solo le hacía que sus esfuerzos, tanto físicos como mentales tuvieran que duplicarse, y aquel era uno de los casos.

El equipo que llevaba encima, la indumentaria camuflada que ocultaba cada centímetro de su piel, el sol que lo abrasaría literalmente si no fuera porque la zona en la que se encontraba presentaba un poco de vegetación, y para colmo la pendiente del terreno, que aunque de manera disimulada, era ascendente, sin darle una pizca de tregua. 

Por fin llegó a la cima de la modesta colina y no tardó en encontrar el puesto en el que fijaría su posición, previamente tanteada vía satélite gracias a uno de sus múltiples contactos.

Soltó con cuidado los casi veinticuatro kilos de mochila y extrajo de la funda en la que celosamente guardaba, su herramienta principal de trabajo, su fusil, personal e intransferible, compañero inseparable en innumerables encargos. – Otro más, amigo mío. – También sacó una manta de dos por tres metros, mimetizada con el paraje, se cubrió por completo y comenzó a montar el arma…


G. Sayah


 

Relato 85.0


Francotirador


Apostado en un lugar elevado y a unos cuatrocientos metros de su futurible objetivo, se encontraba Paul. Completamente mimetizado con el entorno, ropa de camuflaje, algunos víveres y su herramienta imprescindible para ese tipo de trabajo: rifle con mira telescópica, silenciador y anemómetro.

Ya pasaban más de veinte horas de plantón y vigilancia en aquel escarpado lugar, sin moverse, haciendo sus necesidades en un bote, recibiendo el calor del día y el frío de la noche. Se acercaba el momento pensando en que todo aquello venía con el encargo del cliente y el precio que le exigía a este como francotirador-mercenario.

Esta vez se trataba de algo más complicado. Un trabajo que le imponía la elaboración de un plan meticuloso, sobre todo a la hora de salir del lugar, la ruta de escape, lo que en este caso para él era más importante incluso que el blanco humano, si no quería perder el pellejo. Una vez pertrechado el magnicidio, cogería un Jeep que a poca distancia tenía escondido, también perfectamente mimetizado, y que le permitiría abandonar el lugar con suficientes garantías.

Todo bien planificado y bajo control, a la espera de que los mandatarios árabe y judío, llegaran al lugar donde, según la información que tenía por parte de su pagador, iban a encontrarse para mantener una reunión ultra secreta y de alta trascendencia mundial. Un modesto chalet, eso sí, con excepcionales medidas de seguridad y presencia de números agentes secretos de ambas delegaciones, ubicado en la parte baja de un pequeño valle al que sólo se podía acceder por un camino de tierra, que dejaba atrás y a más de una hora de ruta la carretera que unía Jerusalén con Tel Avid.


G. Sayah


 

Relato 78.0

Pesadilla

El miedo la atenazaba. Sus músculos se contrajeron, en un acto reflejo imposible de controlar. En posición fetal sudaba en la cama cuando el reloj digital, vigilante y testigo desde la mesita de noche marcaba las cuatro y cuarto de la madrugada.

Intentó moverse y no podía, entre despierta y dormida, entre sueño y realidad, a medio camino de encontrarse con Hipnos, no recordaba la pesadilla, aunque si tenía la certeza de que había sido terrible y espantosa.

Cómo podría abrir los ojos y sin embargo no podía mover el resto del cuerpo. Volvió a intentarlo y nada. Una sensación de impotencia empezó a embargarla, sensación que se mezcló con aquel miedo, provocando un efecto sinérgico que hizo que su mente llegara a un clímax fatal.

De repente percibió sonidos provenientes de la cocina, en la planta baja, como si alguien hubiera abierto la puerta trasera de la casa que daba al jardín. Intentó gritar pero enseguida notó que el sonido se ahogaba en su interior. Pasaron segundos que le parecieron minutos cuando por fin su brazo izquierdo respondió a los estímulos de su asustado cerebro, alcanzó su iPhone y comenzó a marcar.

– 112 Madrid, ¿en qué puedo ayudarle?

– ¡Creo que alguien ha entrado en mi casa!

G. Sayah

Relato 88.0


La muerte en el espejo


Inclinado sobre la barra de un bar, la cara sobre las palmas de sus manos y los codos apoyados en aquella, lloraba como un niño lo que no supo mantener como un hombre.

Había perdido la cuenta de las copas bebidas, de las lágrimas caídas…

Esa mañana cuando se levantó, apático, cansado, más desanimado que nunca, terminó por no reconocer lo que vio al mirarse al espejo.

Un terrible sentimiento lo atormentaba, una afección de culpabilidad profunda y oscura fluía por las venas de su cuerpo, castigado y abandonado con la excusa evitable de la situación que vivía.

Más de un año cumplía su soledad, una soledad triste y absoluta. Su mujer y sus dos hijas lo abandonaron, sus tres soles, sus tres partes que por igual dividían su corazón, ahora negro y carcomido por una ponzoña que él mismo se había inyectado.

Con el tiempo llegó a la conclusión lógica de que fue culpa suya. No supo cuidarlas, no hizo nada por quererlas como se merecían, había sido un mal padre y un esposo lamentable, y cuando vino a darse cuenta de lo que estaba haciendo, era demasiado tarde…

G. Sayah