Relato 140.0


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Caracortada siempre estaba en su lugar preferido, la esquina próxima a la tienda de conveniencia en la que yo solía pedir un café para llevar todas las mañanas de camino al trabajo. Me caía bien, y con el paso del tiempo hasta le había cogido cariño.

A diario intentaba pagar en metálico, y así repartir lo que me sobraba entre la dependienta y aquel, lo que ambos agradecían, sobre todo él, que no tardaba ni un segundo después de darme la vuelta en entrar a por un café bien caliente, para combatir las frías secuelas sufridas por haber dormido a la intemperie.

En ocasiones, cuando no llevaba efectivo y me veía obligado a pagar electrónicamente, le dejaba pagado el café y un bollo, y es que como ya he dicho antes, me caía bien…


g-sayah


 

Relato 147.0


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Aquella senda era una de las más angostas que jamás habían transitado. Andrea y Marco, Marco y Andrea, descubrieron nada más conocerse que compartían la afición al senderismo, y ocho años después habían recorrido juntos casi medio mundo.

El estrecho camino jalonaba un espeso bosque en un perdido monte de una lejana cordillera de un desconocido país al que llegaron después de más de treinta y cinco horas de viajes y traslados en múltiples medios de transporte.

Hicieron una breve parada para reponer fuerzas, recuperar un poco la agotada musculatura e hidratarse, ya que el calor era sofocante a pesar de que en ningún momento la espesa vegetación dejaba que el sol llegara a sus cabezas.

Iniciado de nuevo el camino, este les obligó a ir separados, uno detrás de otro, incluso había momentos en que se perdían de vista por culpa de lo denso del follaje que acorralaba la ceñida vereda, por lo que decidieron no parar de hablar el uno con el otro, de esa forma se asegurarían de que ambos iban en perfecto estado, eso sí, con menos aliento para la práctica del trekking.

– ¡Andrea cómo vas! –

– Muy bien amor mío, ¿y tú? –

– Bastante bien. ¿Te acuerdas del año pasado en Venezuela cuando estuvimos en un lugar muy similar a este? Fueron unos días increíbles ¿verdad? –

– Marco no recibió respuesta de su mujer, por lo que la llamó en voz alta, con el mismo resultado, lo que le pareció muy extraño. Preocupado dio media vuelta, raudo volvió sobre sus pasos y sin saber exactamente cuanto había retrocedido, calculó que al menos quinientos metros, se paró con la respiración harto agitada, el corazón golpeándole fuertemente el pecho y la mente muy confundida. La piel se le erizó y empezaba a notar una sensación de ansiedad que aumentaba a cada grito que daba pronunciando el nombre del amor de su vida.

– ¡Andrea! ¡Andrea! –

Como por arte de magia, una magia oscura y siniestra, Andrea había desaparecido…


g-sayah


Relato 145.0


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Tuvo una sensación al llegar, como si la ciudad estuviera esperándola. Más luces que sombras deseaba encontrar en aquella desconocida urbe, un poco gris pero acogedora y algo caótica pero magnánima con los que aparecen por sus calles y habitan sus edificios buscando una oportunidad. Ora bulle rauda, ora se apacigua y te calma.

Convencida de que no se arrepentiría de haber dejado atrás su rancio pueblo en el que hacer realidad sus sueños era algo imposible, sentía mariposas en el estómago pensando qué le tendría deparado el destino…


g-sayah


 

Poeta en Nueva York 43.0


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Relato 148.0


El día que Moses murió recordaba que hacía muchísimo calor. El sol pegaba fuerte, caía a plomo sobre los acristalados edificios y su reflejo lo recogía el asfalto para transformar las calles de Manhattan en un auténtico horno.

El tráfico era intenso, lo que venía a ser normal en la metrópolis, aunque no excesivamente caótico, pero un ruido ensordecedor estaba colapsando mi mente y amenazaba con bloquear mis pensamientos, dejando solo lugar a que mis sentimientos fueran ganando terreno en lo más profundo de mi alma.

Todavía no afloraban muchos recuerdos, era demasiado pronto, pero si lágrimas, lágrimas y un enorme vacío junto con las primeras sensaciones de soledad…


g-sayah


Relato 86.0


Han Solo


Vivía solo. Después de un par de relaciones tormentosas, en las que se incluía un complicado divorcio, decidió que no compartiría su vida con ninguna otra persona. Se había rendido, estaba cansado de buscar ese amor ideal en el  que tanto había creído.

– Ni con un perro – Se decía cuando sus pensamientos se retrotraían a un pasado bastante oscuro desde el punto de vista sentimental. Estaba cansado de tolerar y respetar, no podía creer que la mayoría de las personas que habitaban este jodido mundo renegaran de estos dos conceptos tan básicos.

– Aunque un perro no sería una mala opción de compañía, por lo menos ellos si son capaces de respetar y tolerar, frecuentemente más y mejor que cualquier persona, y además siempre están ahí, meneando el rabo para mostrar su complicidad para con su dueño –

Se sirvió un café, muy caliente y bien cargado en una taza con la cara de Han Solo, regalo friki que su hija le hizo en su último cumpleaños, atrapó la novela que empezó anoche, se tumbó en su sofá con los pies apoyados en el alféizar de la ventana por la que entraba un tímido rayo de sol, y se dispuso a disfrutar de aquel momento. Qué más podía pedir, buen café, gran libro, silencio…


g-sayah


Relato 104.0


Eventos - 2567


Aquel chico era un imbécil, si, lo era, un verdadero idiota. Se había dejado convencer para quedar, y en principio a ella no le parecía mala idea, aunque tenía sus reticencias. Y es que en el instituto corrían rumores sobre él: que si era algo engreído, que si sus padres tenían mucha pasta, que si salía con muchas chicas… María decidió darle una oportunidad y respondio que sí al último WhatsApp que le envió aquella mañana. – ¿Te apetece entonces que nos tomemos un café esta tarde? –

Cuando recibió la respuesta afirmativa, se encontraba con los colegas haciendo novillos, y con una sibilina sonrisa se jactó enseñándoles el mensaje. – Os dije que estaba deseando… –


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Relato 102.0


Waterpear Trees on the Banks of the Kafua River, Zambia


Malherida, asustada, miraba ansiosa a su alrededor intentando atisbar algo en la oscuridad de aquel espeso bosque. 

Respiración agitada, rápida y corta. Al inspirar apenas si le llegaba el aire a los pulmones, por lo que su corazón, con abundantes pulsaciones, luchaba por llevar el poco oxígeno del que disponía para repartirlo a cada rincón de su organismo.

Manos doloridas, magulladas y sucias. Lo intuía por la sensación más que por la visión. La negra noche se lo impedía.

Los pies, descalzos, no sabía el por qué, ensangrentados, como si hubiera andado por una alfombra de cristales. Punzadas dañinas hacían que cada paso fuera una cruel tortura.

La memoria amnésica bloqueaba cualquier recuerdo pasado. – ¿Dónde estaba? ¿Qué le había ocurrido? ¿Cómo había llegado hasta allí?-

Aquel lugar que suponía inhóspito la estaba enguyendo. Tenía que pensar con premura, pues la sensación de estar en peligro era muy intensa, tenía el presentimiento de que todo iría peor. Algo oculto la observaba, la acechaba, el terror la atenazaba. 

– Piensa rápido. Echa a correr. Hacia dónde… –


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Relato 101.0


En su mente revoloteaban los pensamientos que no paraban de atormentar su ser. Intentaba buscar las palabras para explicarlo, traducir negro sobre blanco todos aquellos sentimientos encontrados.


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Aunque habían pasado ya más de diez años, la ruptura con quien había sido el gran amor de su vida no dejaba de quebrantar su corazón, roto en mil pedazos, desintegrado en pequeñas partículas que el tiempo no había sabido recomponer. Aún así, esa correspondencia epistolar, esporádica y un tanto superficial, mantenía en lo más profundo de su alma un mínimo de esperanza, una probabilidad superflua de volver a vivir lo vivido, antes de que su adicción a la heroína dinamitara lo que seguro fueron los mejores momentos de su vida…


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Relato 13.0


Adolescente con un iPhone


– Marco, buenos días. Anda. Levántate mientras te preparo el desayuno que es la hora –

Por primera vez en su vida que Marco recordara, no tenía ganas de ir a clase. Deseaba fingir que estaba enfermo, decirle a su madre que no se encontraba bien, es más, sentía un terrible deseo de que se lo tragase la tierra.

Cursaba tercero de ESO, le encantaba estudiar, leer, indagar por internet en busca de todo tipo de información a la hora de realizar los trabajos que le mandaban sus profesores, pero sobre todo, le fascinaba el cine. Tenía claro que su futuro iría relacionado con el séptimo arte, aunque también era consciente que para llegar a donde quería, no tenía más remedio que llevar un buen expediente académico en la ESO y el Bachillerato.

A pesar de su corta edad, tenía una mentalidad muy madura y se esforzaba en lo que hacía para que le sirviera a modo de trampolín.

– ¡Hasta el infinito y más allá! Se decía cuando no tenía ganas de estudiar.

– Mamá no tengo hambre. – dijo mientras se peleaba con unas enormes legañas producidas en su mayor parte por las lágrimas nocturnas.

– ¿De veras? Bueno, pues te lo preparo para que te lo lleves y te lo tomes en el recreo –

Estuvo a punto de confesarle en ese momento a su madre lo que le estaba ocurriendo en el instituto, pero contó hasta diez y lo sopesó. No quería preocuparla y decidió que él mismo lo solucionaría.

Había oído de pasada en las noticias cosas parecidas a lo que él estaba viviendo en clase. – Varios compañeros acosan a un alumno del colegio tal… – Un chico golpea a otro mientras un tercero lo graba con su móvil… –

Sus padres comentaban dichas noticias en voz alta con rostros preocupados y mirándolo de soslayo, deseando que nunca le sucediera a su querido hijo.

– Está bien, le haré frente a esos energúmenos y lo solucionaré de una vez por todas. – Se dijo.

Entró en el dormitorio de sus padres y cogió una navaja que su padre guardaba celosamente en un cajón de la mesita de noche, recuerdo de un servicio militar extinguido. La guardó en su mochila junto con el desayuno que previamente le había dado su madre.

Intentando que esta no se cerciorara de su gesto, se colocó rápidamente la pesada bolsa cargada de libros y cuadernos en la espalda y dándole un beso salió de casa.

– Hasta luego mamá – 

– Adiós cariño, que tengas un buen día –


g-sayah


Sniper 3.0


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Relato 155.0


Nadie creía en ella salvo su instructor, su mentor, él estaba completamente seguro de que lo conseguiría.

Decidió que su futuro sería ingresar en el ejército, deseaba que su destino la llevara a la élite militar y nunca encontró el apoyo que esperaba. Ni siquiera sus padres – es una temeridad – le decía su pareja de entonces con un tono algo machista. A María no le importaba lo que los demás pensaran, aunque anhelaba que las personas de su entorno la respaldaran, era consciente de que se dirigía hacia una vida profesional dominada por hombres, pero no iba a achantarse, y no permitiría que nada ni nadie se interpusiera entre ella y su sueño.

Quizás su exnovio tuviera razón y fuese una mala idea, pero era su decisión y asumiría de buen grado las consecuencias. Aquel día en el que le asaltaban esos pensamientos, afrontaba dichas consecuencias apostada en lo alto de un campanario, expuesta a ser alcanzada por la aviación enemiga, mientras pacientemente esperaba a que alguien asomara la cabeza para desde su dominante posición poder realizar su trabajo…


G. Sayah