Sniper 3.0


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Relato 155.0


Nadie creía en ella salvo su instructor, su mentor, él estaba completamente seguro de que lo conseguiría.

Decidió que su futuro sería ingresar en el ejército, deseaba que su destino la llevara a la élite militar y nunca encontró el apoyo que esperaba. Ni siquiera sus padres – es una temeridad – le decía su pareja de entonces con un tono algo machista. A María no le importaba lo que los demás pensaran, aunque anhelaba que las personas de su entorno la respaldaran, era consciente de que se dirigía hacia una vida profesional dominada por hombres, pero no iba a achantarse, y no permitiría que nada ni nadie se interpusiera entre ella y su sueño.

Quizás su exnovio tuviera razón y fuese una mala idea, pero era su decisión y asumiría de buen grado las consecuencias. Aquel día en el que le asaltaban esos pensamientos, afrontaba dichas consecuencias apostada en lo alto de un campanario, expuesta a ser alcanzada por la aviación enemiga, mientras pacientemente esperaba a que alguien asomara la cabeza para desde su dominante posición poder realizar su trabajo…


G. Sayah


‘El tiempo…’


Relato 99.0


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… Por qué siempre pendiente de él estamos. Creo que lo hacemos sin darnos cuenta. Nos marca el camino – ¿hacia dónde? – organizándonos el día a día, teniendo la virtud de controlar nuestras vidas… así es. 

Períodos, lapsos, momentos, fracciones interválicas… A qué hora nos levantamos, a qué hora nos acostamos, a qué hora empezamos en el trabajo, a qué hora podemos parar de trabajar, a qué hora nos deja tomarnos un respiro para disfrutar de un café y echar un cigarrillo, lo que por otro lado dicen que nos resta, quizás entre llevar a los niños a las actividades extraescolares y hacer la compra porque la nevera está vacía… ¿Qué hora es?, ¡rápido, rápido que no llegamos!, tengo que…

Inexorable, a la vez que supervisa mi rutina, pasa delante mí, y yo, ciego, no me estoy percatando, no me doy cuenta que nunca volverá. Pienso que es un puto reloj de arena en el que la que va cayendo no vuelve a subir, y una vez termine de caer todo habrá acabado…

 


G. Sayah


 

Relato 98.0


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Las siete de la mañana y el despertador cumplió con su función. A duras penas se incorporó, tenía el cuerpo dolorido, no se encontraba bien, pero había decidio que el trabajo la distraería.

Delante del espejo se topó de nuevo con su dura realidad: el ojo derecho morado, la ceja izquierda partida y el labio inferior algo inflamado. Intentaría hacer una obra de ingeniería con el maquillaje, aunque en su fuero interno se preguntaba que de dónde sacaría fuerzas para todo aquello.

Una vez se hubo vestido, cogió su bolso, su iPhone y se dirigió a la ventana para echar un vistazo. Lo que vio la hizo temblar. Su exmarido estaba en la acera de enfrente, seguramente esperando a que bajara, se había saltado de nuevo la orden de alejamiento.

– 016. Dígame… –


G. Sayah


Relato 97.0


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Una mañana como otra cualquiera… A Nick no le hizo falta que sonara el despertador que como cada noche había puesto a las seis en punto, ya llevaba un par de horas despierto. Tumbado bocarriba, con los ojos cerrados, la respiración pausada, intentó conciliar el sueño en un inutil acto de relajación que nunca le funcionaba. El recuerdo de su compañero se lo impedía.

Se levantó por fin, puso la cafetera y se metió en la ducha mientras subía el café.

Sorbo a sorbo, disfrutaba del caliente brevaje y de unos minutos de silencio y tranquilidad, ya que conforme avanzara el día, difícilmente se repetirían momentos como ese. 

Terminó de repasar unas notas y el expediente del caso que había caído en sus manos el día anterior, y decidió que volvería a pasar por el lugar del crimen antes de dirigirse a comisaría…


G. Sayah


 

Relato 96.0


No era la primera vez que lo sentía, una presencia invisible que la observaba, hacía días, estaba segura. La sensación era fuerte, sobre todo cuando andaba por la calle, a pesar de las miles de almas que deambulaban por las calles de Manhattan, esa sombra estaba cerca y no tenía ni puta idea del por qué.


People walk along a pedestrian street in downtown Shanghai


Últimamente había tomado precauciones, no salía sola por la noche, intentaba llegar temprano a casa después del trabajo y normalmente le pedía a algún compañero que la acompañara, aunque sin decir el motivo real, aducía que no se encontraba bien, que se sentía algo mareada, excusa que hacía siempre que alguien se ofreciera.

Sentada en la mesa de la cocina, daba buena cuenta de unos tortellinis rellenos de parmesano con una buena copa de tinto, mientras pensaba que mañana llamaría a un cerrajero para cambiar la cerradura de su apartamento, es más, pondría dos. También aseguraría las ventanas, aunque vivía en una octaba planta, así se quedaría más tranquila. Igual, hasta instalaría una alarma.

Se levantó para coger la Moleskine de su mochila y anotarlo todo para que no se le olvidara nada, cuando de repente un extraño ruido la acojonó un poco. Dirigió su mirada al pomo de la puerta y notó que estaba girando lentamente, y no pudo evitar que el grito que quiso dar se le ahogara en su interior a la vez que se le erizaban todos los bellos de su tembloroso cuerpo…


G. Sayah


Relato 94.0


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Su mirada permanecía fija en el horizonte, húmeda, triste, transmitiendo una melancolía dolorosa. Sus ojos, clavados en aquel paisaje aparentemente idílico para quien lo fuera, intentaban escrutar una explicación lógica de cómo había llegado hasta allí, aún sabiendas de que aquella visión no le daría respuesta alguna a tan vil situación.

Lloraba como un imbécil por lo que no supo mantener durante tantos años y después de infinitas oportunidades… años en los que se había convertido en amigo inseparable de la heroína, compañera fatal y fiel de amargos momentos de inevitable depresión, y que con el paso del tiempo lo habían destrozado por completo. 

Todo perdido… trabajo, hogar, esposa, hijos, amigos… los había defraudado a todos. Tantos engaños, innumerables intentos de querer rehabilitarse, fracasadas terapias… pero su amarga vida no le daba tregua. Uno tras otro, los golpes y fracasos le eran díficiles de esquivar, y los astros se habían alineado para que su perspectiva solo viera lo que creía que sería la única solución…


G. Sayah


 

Relato 93.0


‘Una historia simple. Una vida complicada…’


Se había quedado sola después de cincuenta y cuatro años. Toda una vida en la que compartieron todo lo que se podía compartir… amor, felicidad, hijos, viajes, momentos inolvidables, también malos, algunos, aunque fueron pocos.


Versión 2


Rebeca no imaginaba cómo aprendería a estar sin él. Habían pasado más de diez meses y su olor permanecía en el ambiente del apartamento. Su impronta metafísica estaba en aquel lugar. Era como si no se hubiese ido. Todavía esperaba que saliera del baño con la toalla liada a la cintura, el pelo húmedo y con su permanente sonrisa dijera.. – Amor mío, ¿abres una botella y sirves un par de copas de vino mientras me pongo algo? –


G. Sayah


 

‘El tiempo lo cura todo’


Relato 212.0


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Memorias virtuales 23.0


 Es curioso que una frase tan utilizada en nuestro lenguaje no sea del todo cierta, al menos eso es lo que yo pienso, aunque claro está, puedo estar equivocado.

‘El tiempo lo cura todo’. Esta es la dichosa frase. Lo siento pero no comparto esta idea tan generalizada. Creo que el tiempo, lejos de curar, si que nos ayuda a que cualquier acontecimiento vivido, generalmente triste o trágico, poco a poco hace que lo vayas asimilando, nos va enseñando el camino de la gestión de una nueva situación, vamos aprendiendo a vivir con ello, en un contexto diferente.

En mi caso, el que ocupa ahora mismo esa parte del cerebro encargado de los recuerdos, se trata de una ausencia vital, una ausencia que en su día fue dolorosa, y que hoy, lejos de dejar de serla , si es verdad que el dichoso tiempo la ha hecho más llevadera.

Se van difuminando los malos momentos, van desapareciendo tormentosos detalles, quedando fuertes reminiscencias positivas y agradables, buenos recuerdos. A veces, algunos me hacen sonreir.

Lo echo de menos, si, el ausente es mi padre, y tengo que decir que en un pretérito no muy lejano, no estaba seguro de si podría vivir sin su presencia en una situación que no fuera de aflicción permanente. Transcurrido el jodido tiempo he aprendido a que no esté, y cada vez que lo recuerdo sonrío, él lo hubiera querido así…


G. Sayah


 

Relato 16.5


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Con la cabeza hundida entre los almohadones de la cama, Noelia pensaba qué sería de ella, qué le depararía el futuro, qué haría con el presente, qué consecuencias le acarrearía el error cometido en el pasado.

El embarazo la cogió por sorpresa y la había sumido en un mar de dudas y de intranquilidad. Sus padres, sus amigos, sus estudios, cómo viviría, dónde, todo eran incertidumbres que la hacían dirigirse hacia un estado de ansiedad que no quería sufrir.

No obstante, lo único que si tenía claro era con quién querría estar, con su bebé, y aunque no se imaginaba como podría ser su papel como joven mamá, si estaba segura de poder desempeñarlo.

Tantas eran las preguntas que le atoraban la mente, que intentó dejar de pensar un momento, focalizó sus pensamientos en un imaginario folio en blanco, respiró hondo e hizo por relajarse, hacer un paréntesis, para más tarde volver a realizar un esfuerzo en pos de aclarar algunas ideas con la cabeza algo más fría.

Tras darse una buena ducha, se enfundó unos vaqueros y una camiseta, se calzó sus cómodas Adidas y salió del dormitorio para encontrarse con su tío con el que había quedado el día antes para ir de shopping. Éste fumaba  plácidamente mientras leía una novela en el pequeño salón de su acogedor apartamento.

– Buenos días princesa mía, qué tal has dormido –

– Bien, muy bien – Mintió Noelia para no preocuparlo más de la cuenta.

Los dos, cogidos de la mano, encaminaron sus pasos por el barrio de Malasaña rumbo al centro para hacer dichas compras, no sin antes pasar por el Roca Blanca para desayunar. Un buen pincho de tortilla con un café bien calentito, iba pensando Noelia, mientras su tío le decía que la notaba seria y que él estaba junto a ella para lo que le hiciera falta, aunque solo fuera charlar.

– Gracias tito, contaba con ello. ¿Sabes que te quiero muchísimo? –


G. Sayah


 

Relato 92.0


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Eric Larsson miraba incrédulo el dosier que Fox le había dejado el día antes. Lo estudió con detenimiento en poco tiempo, ya que era bastante escueto, lo que no quitaba que fuera muy conciso y revelador.

Sólo con algunas fotos aportadas por el autor del trabajo, se deducía de manera flagrante la infidelidad de la mujer de su viejo amigo. Datos de ella, de su amante. La primera lectura que hacía era que lo que pretendían era simplemente pasar un buen rato. -¿Y quién no? – Se dijo.

Al corrupto concejal no le cuadraba que las intenciones de Fox fueran que ‘desaparecieran del mapa’, palabras textuales que salieron de su boca, con un arranque de rabia e impotencia la mañana antes. No entendía cómo una, a simple vista, vulgar infidelidad, algo habitual hoy en día, provocara una reacción tan violenta y desmesurada para con la pareja en cuestión.

Larsson lo pensó fríamente. Presumía de ser un tipo pragmático, y lo que Fox le propuso como solución, desoyendo las primeras propuestas que le había sugerido él, distaba mucho de ser una alternativa lógica y práctica, más bien era harto complicada y extrema.

Había algo más, no sabría decir en ese momento qué podría ser, pero estaba completamente seguro que aquel marido despechado no estaba siendo del todo sincero. Nadie asesinaría a su mujer y a su amante sin un motivo poderoso, al menos eso era lo que él pensaba. – Demasiado arriesgado por un simple ataque de cuernos. –

Quedó en llamarlo en un par de días con un plan, hasta entonces intentaría averiguar que carajo era lo que en realidad había detrás de todo el asunto, ya que no estaba dispuesto a complicarse la vida sin que estuvieran todas las cartas sobre la mesa. Aquella historia apestaba…


G. Sayah