Relato 94.0


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Su mirada permanecía fija en el horizonte, húmeda, triste, transmitiendo una melancolía dolorosa. Sus ojos, clavados en aquel paisaje aparentemente idílico para quien lo fuera, intentaban escrutar una explicación lógica de cómo había llegado hasta allí, aún sabiendas de que aquella visión no le daría respuesta alguna a tan vil situación.

Lloraba como un imbécil por lo que no supo mantener durante tantos años y después de infinitas oportunidades… años en los que se había convertido en amigo inseparable de la heroína, compañera fatal y fiel de amargos momentos de inevitable depresión, y que con el paso del tiempo lo habían destrozado por completo. 

Todo perdido… trabajo, hogar, esposa, hijos, amigos… los había defraudado a todos. Tantos engaños, innumerables intentos de querer rehabilitarse, fracasadas terapias… pero su amarga vida no le daba tregua. Uno tras otro, los golpes y fracasos le eran díficiles de esquivar, y los astros se habían alineado para que su perspectiva solo viera lo que creía que sería la única solución…


G. Sayah


 

Relato 93.0


‘Una historia simple. Una vida complicada…’


Se había quedado sola después de cincuenta y cuatro años. Toda una vida en la que compartieron todo lo que se podía compartir… amor, felicidad, hijos, viajes, momentos inolvidables, también malos, algunos, aunque fueron pocos.


Versión 2


Rebeca no imaginaba cómo aprendería a estar sin él. Habían pasado más de diez meses y su olor permanecía en el ambiente del apartamento. Su impronta metafísica estaba en aquel lugar. Era como si no se hubiese ido. Todavía esperaba que saliera del baño con la toalla liada a la cintura, el pelo húmedo y con su permanente sonrisa dijera.. – Amor mío, ¿abres una botella y sirves un par de copas de vino mientras me pongo algo? –


G. Sayah


 

‘El tiempo lo cura todo’


Relato 212.0


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Memorias virtuales 23.0


 Es curioso que una frase tan utilizada en nuestro lenguaje no sea del todo cierta, al menos eso es lo que yo pienso, aunque claro está, puedo estar equivocado.

‘El tiempo lo cura todo’. Esta es la dichosa frase. Lo siento pero no comparto esta idea tan generalizada. Creo que el tiempo, lejos de curar, si que nos ayuda a que cualquier acontecimiento vivido, generalmente triste o trágico, poco a poco hace que lo vayas asimilando, nos va enseñando el camino de la gestión de una nueva situación, vamos aprendiendo a vivir con ello, en un contexto diferente.

En mi caso, el que ocupa ahora mismo esa parte del cerebro encargado de los recuerdos, se trata de una ausencia vital, una ausencia que en su día fue dolorosa, y que hoy, lejos de dejar de serla , si es verdad que el dichoso tiempo la ha hecho más llevadera.

Se van difuminando los malos momentos, van desapareciendo tormentosos detalles, quedando fuertes reminiscencias positivas y agradables, buenos recuerdos. A veces, algunos me hacen sonreir.

Lo echo de menos, si, el ausente es mi padre, y tengo que decir que en un pretérito no muy lejano, no estaba seguro de si podría vivir sin su presencia en una situación que no fuera de aflicción permanente. Transcurrido el jodido tiempo he aprendido a que no esté, y cada vez que lo recuerdo sonrío, él lo hubiera querido así…


G. Sayah


 

Relato 16.5


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Con la cabeza hundida entre los almohadones de la cama, Noelia pensaba qué sería de ella, qué le depararía el futuro, qué haría con el presente, qué consecuencias le acarrearía el error cometido en el pasado.

El embarazo la cogió por sorpresa y la había sumido en un mar de dudas y de intranquilidad. Sus padres, sus amigos, sus estudios, cómo viviría, dónde, todo eran incertidumbres que la hacían dirigirse hacia un estado de ansiedad que no quería sufrir.

No obstante, lo único que si tenía claro era con quién querría estar, con su bebé, y aunque no se imaginaba como podría ser su papel como joven mamá, si estaba segura de poder desempeñarlo.

Tantas eran las preguntas que le atoraban la mente, que intentó dejar de pensar un momento, focalizó sus pensamientos en un imaginario folio en blanco, respiró hondo e hizo por relajarse, hacer un paréntesis, para más tarde volver a realizar un esfuerzo en pos de aclarar algunas ideas con la cabeza algo más fría.

Tras darse una buena ducha, se enfundó unos vaqueros y una camiseta, se calzó sus cómodas Adidas y salió del dormitorio para encontrarse con su tío con el que había quedado el día antes para ir de shopping. Éste fumaba  plácidamente mientras leía una novela en el pequeño salón de su acogedor apartamento.

– Buenos días princesa mía, qué tal has dormido –

– Bien, muy bien – Mintió Noelia para no preocuparlo más de la cuenta.

Los dos, cogidos de la mano, encaminaron sus pasos por el barrio de Malasaña rumbo al centro para hacer dichas compras, no sin antes pasar por el Roca Blanca para desayunar. Un buen pincho de tortilla con un café bien calentito, iba pensando Noelia, mientras su tío le decía que la notaba seria y que él estaba junto a ella para lo que le hiciera falta, aunque solo fuera charlar.

– Gracias tito, contaba con ello. ¿Sabes que te quiero muchísimo? –


G. Sayah


 

Relato 92.0


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Eric Larsson miraba incrédulo el dosier que Fox le había dejado el día antes. Lo estudió con detenimiento en poco tiempo, ya que era bastante escueto, lo que no quitaba que fuera muy conciso y revelador.

Sólo con algunas fotos aportadas por el autor del trabajo, se deducía de manera flagrante la infidelidad de la mujer de su viejo amigo. Datos de ella, de su amante. La primera lectura que hacía era que lo que pretendían era simplemente pasar un buen rato. -¿Y quién no? – Se dijo.

Al corrupto concejal no le cuadraba que las intenciones de Fox fueran que ‘desaparecieran del mapa’, palabras textuales que salieron de su boca, con un arranque de rabia e impotencia la mañana antes. No entendía cómo una, a simple vista, vulgar infidelidad, algo habitual hoy en día, provocara una reacción tan violenta y desmesurada para con la pareja en cuestión.

Larsson lo pensó fríamente. Presumía de ser un tipo pragmático, y lo que Fox le propuso como solución, desoyendo las primeras propuestas que le había sugerido él, distaba mucho de ser una alternativa lógica y práctica, más bien era harto complicada y extrema.

Había algo más, no sabría decir en ese momento qué podría ser, pero estaba completamente seguro que aquel marido despechado no estaba siendo del todo sincero. Nadie asesinaría a su mujer y a su amante sin un motivo poderoso, al menos eso era lo que él pensaba. – Demasiado arriesgado por un simple ataque de cuernos. –

Quedó en llamarlo en un par de días con un plan, hasta entonces intentaría averiguar que carajo era lo que en realidad había detrás de todo el asunto, ya que no estaba dispuesto a complicarse la vida sin que estuvieran todas las cartas sobre la mesa. Aquella historia apestaba…


G. Sayah


 

Relato 100.0


Prisión


¿Justicia…?


De soslayo observaba a aquella pareja. Parecían estar bastante enamorados. Miradas, sonrisas, caricias, complicidad. Saltaba a la vista, y le hacía recordar un tiempo pasado en el que ella también lo estuvo, un pretérito sentimental perfecto, con el que fue su marido y padre de su hija, un ser humano encantador que supo cautivarla desde el primer encuentro, que la quiso, al menos eso creía ella y que supuestamente la cuidó. Ahora, un presente con dudas inundaba su mente, aunque posiblemente llegaría a la conclusión de que fuera casi una certidumbre.

Un amor marchito, un espejismo propio del desierto en el que un oasis ante nuestros ojos de repente desaparece, mostrándonos la cruda realidad.

Hoy desde prisión, se pregunta en qué preciso instante aquel hombre que deseó de manera incondicional e infinita se convirtió en una máquina de maltratar, por qué y cómo. No encontraba respuestas, pero lo que si tenía claro es que era la vida de él o la suya…


G. Sayah


 

Relato 91.0


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Un asesino implacable, meticuloso, concienzudo, limpio e insaciable. Consciente de lo que era, no podía evitar serlo, un psociópata elevado a la máxima potencia matemática, que había perfeccionado su método hasta límites insospechados a lo largo de los años.

Al principio, la necesidad de matar no era muy acuciante, pero cuantas más víctimas caían en su siniestra red mental, menor era el tiempo que transcurría entre un crimen y otro.

Y es que la sensación placentera que experimentaba una vez consumado tan sangriento acto, era inigualable, una rebosante emoción difícil de comparar con cualquier otro tipo de suceso vivido en su día a día rutinario.

Sabía que tarde o temprano lo descubrirían, pero no podía dejar de hacerlo, era superior a sus fuerzas, por lo que tenía claro que no pararía, y además, había algo que jugaba a su favor, estaba convencido sin ningún tipo de dudas, que lo que estaba haciendo era una ‘limpieza selectiva’. Sin escrúpulos y sin remordimientos, dormía cada noche como un bebé, con la conciencia muy tranquila.

Xenófobos, pederastas, políticos corruptos, maltratadores, violadores, extorsionadores… eran los que pasaban a mejor vida si se cruzaban en su camino.


G. Sayah


 

Relato 80.0


Sherlock Holmes


Fumaba en pipa, como aquel que residía en el 221 de Baker Street. Lo hacía por placer. A sabiendas de que no era un hábito saludable. De todas formas moriremos, tarde o temprano, de una forma u otra, pensaba cada vez que su hija le recordaba su nociva costumbre.

Es algo a lo que se atenía. Un destino escrito en letras mayúsculas que ningún ser humano podría alterar, pese a los ingentes esfuerzos que muchos realizaban combatiendo una realidad ineludible, el paso inexorable del tiempo. Cremas rejuvenecedoras, cirugía estética, procedimientos de criogenización, tratamientos anticaída de cabello…

La vejez llega, y con ella el paso de ese tiempo que no vuelve, salvo por los recuerdos que han quedado impregnando nuestra retina. Pero recuerdos que son sólo eso, recuerdos, vagas escenas nostálgicas, tristes, alegres otras, imágenes que seguramente puedan repetirse de manera parecida, pero nunca idénticas.

Y es que de aquellas escenas faltan protagonistas que ya no están entre nosotros, padres, madres, amigos… personajes de una obra de teatro vital que sucumbieron a ese paso temporal que se te escapa de entre las manos.

‘Carpe diem’, dicen algunos, y no les falta razón.


G. Sayah


 

 

Relato 89.0


Zahara de los Atunes


La realidad supera a la ficción…

Inmerso en la lectura, Alex decidió ese verano que las vacaciones serían diferentes a las de otros años. Por lo general aprovechaba el descanso estival, cuando su estresante trabajo se lo permitía, para viajar a grandes y cosmopolitas ciudades. Le apasionaba mimetizarse con los oriundos urbanitas, como uno más, zambullirse en cualquier capital mundial, sumergirse en su arquitectura, disfrutar de la gastronomía, patear sus barrios… por muy poco convencional que pareciera.

La agradable brisa marina acariciaba su rostro, aguas transparentes dejaban que el sol penetrase hasta un fondo coralino de una belleza espectacular, largas e inclinadas palmeras intentaban alcanzar la orilla de la playa con la intención de darse un baño, y desde el porche de aquella lejana y solitaria choza, en una cala perdida de una isla semi desierta, disfrutaba de una paz y una tranquilidad, cuanto menos extraña para lo que estaba acostumbrado.

Después de dejar a David con un tiro en el hombro, protagonista de la novela que en ese momento tenía entre manos, cerró el libro no sin antes colocar su fetiche e imprescindible marca páginas adquirido en el sueco Fotografiska Museet.

Levantó la vista, apreciando lo que bien podría ser el paraíso si este existiera, respiró hondo, – aire puro – se dijo, cuando de repente le pareció ver algo sobre la arena, próximo al agua, a unos cien metros a la izquierda de su morada veraniega.

Incrédulo, sorprendido, aunque a diario lo viera en las noticias, ahora lo tenía delante, boca arriba, con los ojos mirando hacia el cielo azul, sin vida, el cuerpo de una persona que seguro la marea había arrastrado hasta allí, a sus pies. Una víctima más de unos desplazamientos forzosos en busca de una vida mejor, alma desesperada que huye del horror que vive en su país de origen, y que se topó con todo lo contrario, con una temprana y desgraciada muerte, en el mar, en un mar que posiblemente habría engullido y truncado más de un sueño como el de aquel joven.

Si, joven. Alex pensaba que apenas tendría veinte años, mientras, en sus ojos afloraban unas lágrimas de pena e impotencia… la realidad superaba a lo que creemos ficción.


G. Sayah