‘Sniper 2.0’


Francotirador


Relato 108.0


…Esperó pacientemente durante más de tres horas antes de que empezara a detectar movimiento, abajo, en el valle. Los vehículos, todos negros, blindados y con los cristales oscuros, iban llegando, por lo que se colocó posición: tumbado boca abajo, piernas separadas, arma sobre el bípode y ojo derecho oteando a través de la mira telescópica.

En apenas dos minutos llegó el todoterreno en el que iba su objetivo, puntual a la cita, una discreta reunión entre personas influyentes, en aquel lugar, una mansión de dos plantas, grande, vetusta, apartada de la civilización y miradas indiscretas.

Toda la información recabada era correcta, no dejando margen a la improvisación.

Se abrió la puerta trasera derecha del vehículo y aquel hombre, joven, alto, elegantemente vestido con traje azul y gafas de sol, le dio las gracias a su chófer mientras se abotonaba la americana. Fueron sus últimas palabras, antes de que el sicario cumpliera con su cometido, y llevara a cabo el magnicidio…

 


G. Sayah


 

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‘Sniper 1.0’


Francotirador


Relato 103.0


La manía de trabajar solo le hacía que sus esfuerzos, tanto físicos como mentales tuvieran que duplicarse, y aquel era uno de los casos.

El equipo que llevaba encima, la indumentaria camuflada que ocultaba cada centímetro de su piel, el sol que lo abrasaría literalmente si no fuera porque la zona en la que se encontraba presentaba un poco de vegetación, y para colmo la pendiente del terreno, que aunque de manera disimulada, era ascendente, sin darle una pizca de tregua. 

Por fin llegó a la cima de la modesta colina y no tardó en encontrar el puesto en el que fijaría su posición, previamente tanteada vía satélite gracias a uno de sus múltiples contactos.

Soltó con cuidado los casi veinticuatro kilos de mochila y extrajo de la funda en la que celosamente guardaba, su herramienta principal de trabajo, su fusil, personal e intransferible, compañero inseparable en innumerables encargos. – Otro más, amigo mío. – También sacó una manta de dos por tres metros, mimetizada con el paraje, se cubrió por completo y comenzó a montar el arma…


G. Sayah


 

Spin-off 17.0 / Capítulo 38


Francotirador


Apostado en un lugar elevado y a unos cuatrocientos metros de su futurible objetivo, se encontraba Paul. Completamente mimetizado con el entorno, ropa de camuflaje, algunos víveres y su herramienta imprescindible para ese tipo de trabajo: rifle con mira telescópica, silenciador y anemómetro.

Ya pasaban más de veinte horas de plantón y vigilancia en aquel escarpado lugar, sin moverse, haciendo sus necesidades en un bote, recibiendo el calor del día y el frío de la noche. Se acercaba el momento pensando en que todo aquello venía con el encargo del cliente y el precio que le exigía a este como francotirador-mercenario.

Esta vez se trataba de algo más complicado. Un trabajo que le imponía la elaboración de un plan meticuloso, sobre todo a la hora de salir del lugar, la ruta de escape, lo que en este caso para él era más importante incluso que el blanco humano, si no quería perder el pellejo. Una vez pertrechado el magnicidio, cogería un Jeep que a poca distancia tenía escondido, también perfectamente mimetizado, y que le permitiría abandonar el lugar con suficientes garantías.

Todo bien planificado y bajo control, a la espera de que los mandatarios árabe y judío, llegaran al lugar donde, según la información que tenía por parte de su pagador, iban a encontrarse para mantener una reunión ultra secreta y de alta trascendencia mundial. Un modesto chalet, eso sí, con excepcionales medidas de seguridad y presencia de números agentes secretos de ambas delegaciones, ubicado en la parte baja de un pequeño valle al que sólo se podía acceder por un camino de tierra, que dejaba atrás y a más de una hora de ruta la carretera que unía Jerusalén con Tel Avid.


G. Sayah


 

Relato 85.0


Francotirador


Apostado en un lugar elevado y a unos cuatrocientos metros de su futurible objetivo, se encontraba Paul. Completamente mimetizado con el entorno, ropa de camuflaje, algunos víveres y su herramienta imprescindible para ese tipo de trabajo: rifle con mira telescópica, silenciador y anemómetro.

Ya pasaban más de veinte horas de plantón y vigilancia en aquel escarpado lugar, sin moverse, haciendo sus necesidades en un bote, recibiendo el calor del día y el frío de la noche. Se acercaba el momento pensando en que todo aquello venía con el encargo del cliente y el precio que le exigía a este como francotirador-mercenario.

Esta vez se trataba de algo más complicado. Un trabajo que le imponía la elaboración de un plan meticuloso, sobre todo a la hora de salir del lugar, la ruta de escape, lo que en este caso para él era más importante incluso que el blanco humano, si no quería perder el pellejo. Una vez pertrechado el magnicidio, cogería un Jeep que a poca distancia tenía escondido, también perfectamente mimetizado, y que le permitiría abandonar el lugar con suficientes garantías.

Todo bien planificado y bajo control, a la espera de que los mandatarios árabe y judío, llegaran al lugar donde, según la información que tenía por parte de su pagador, iban a encontrarse para mantener una reunión ultra secreta y de alta trascendencia mundial. Un modesto chalet, eso sí, con excepcionales medidas de seguridad y presencia de números agentes secretos de ambas delegaciones, ubicado en la parte baja de un pequeño valle al que sólo se podía acceder por un camino de tierra, que dejaba atrás y a más de una hora de ruta la carretera que unía Jerusalén con Tel Avid.


G. Sayah


 

Relato 78.0

Pesadilla

El miedo la atenazaba. Sus músculos se contrajeron, en un acto reflejo imposible de controlar. En posición fetal sudaba en la cama cuando el reloj digital, vigilante y testigo desde la mesita de noche marcaba las cuatro y cuarto de la madrugada.

Intentó moverse y no podía, entre despierta y dormida, entre sueño y realidad, a medio camino de encontrarse con Hipnos, no recordaba la pesadilla, aunque si tenía la certeza de que había sido terrible y espantosa.

Cómo podría abrir los ojos y sin embargo no podía mover el resto del cuerpo. Volvió a intentarlo y nada. Una sensación de impotencia empezó a embargarla, sensación que se mezcló con aquel miedo, provocando un efecto sinérgico que hizo que su mente llegara a un clímax fatal.

De repente percibió sonidos provenientes de la cocina, en la planta baja, como si alguien hubiera abierto la puerta trasera de la casa que daba al jardín. Intentó gritar pero enseguida notó que el sonido se ahogaba en su interior. Pasaron segundos que le parecieron minutos cuando por fin su brazo izquierdo respondió a los estímulos de su asustado cerebro, alcanzó su iPhone y comenzó a marcar.

– 112 Madrid, ¿en qué puedo ayudarle?

– ¡Creo que alguien ha entrado en mi casa!

G. Sayah

Relato 88.0


La muerte en el espejo


Inclinado sobre la barra de un bar, la cara sobre las palmas de sus manos y los codos apoyados en aquella, lloraba como un niño lo que no supo mantener como un hombre.

Había perdido la cuenta de las copas bebidas, de las lágrimas caídas…

Esa mañana cuando se levantó, apático, cansado, más desanimado que nunca, terminó por no reconocer lo que vio al mirarse al espejo.

Un terrible sentimiento lo atormentaba, una afección de culpabilidad profunda y oscura fluía por las venas de su cuerpo, castigado y abandonado con la excusa evitable de la situación que vivía.

Más de un año cumplía su soledad, una soledad triste y absoluta. Su mujer y sus dos hijas lo abandonaron, sus tres soles, sus tres partes que por igual dividían su corazón, ahora negro y carcomido por una ponzoña que él mismo se había inyectado.

Con el tiempo llegó a la conclusión lógica de que fue culpa suya. No supo cuidarlas, no hizo nada por quererlas como se merecían, había sido un mal padre y un esposo lamentable, y cuando vino a darse cuenta de lo que estaba haciendo, era demasiado tarde…

G. Sayah


 

Relato 87.0

Vaticano

En lo más recóndito de su mente albergaba un ligero pensamiento que alimentaba su fe. Una fe quebrantada por actos en impulsos que se acercaban peligrosamente al incumplimiento del sexto mandamiento. ¿Se imaginaría Moisés el hebreo, después de la conversación que mantuviera con su amado dios en el monte Sinaí, y posteriormente bajara con aquellas grabadas tablas, cómo de corrupta podría a llegar a ser la humanidad en el futuro?

Dicha humanidad, incluyéndose él mismo, el Padre Juan, habían retorcido aquel ‘mandamiento sagrado’ hasta tal punto que muchos eclesiásticos no se conformaban con transgredir la frontera de lo carnal para con sus semejantes, hombres y mujeres en plenas facultades adultas, si no que invadían cruel y salvajemente la inocencia de niños y niñas al amparo de la religión profesada. Maldita palabra, religión, testigo y cómplice de conductas delictivas que merecían el peor de los castigos. Maldita palabra encubridora y cobarde…

No se rendiría. Hurgaría en el fondo de su alma para que aquella fe que estaba abandonándole, volviera, y lo que hasta ese momento había hecho, dios supiera perdonárselo.


G. Sayah

Relato 84.0

Kevin Bacon

‘El bien y el mal’

Lucio siempre se mantuvo reacio a escribir aquel artículo, pero su jefe le insistió encarecidamente. Sería responsable de cubrir aquella noticia para el periódico de mayor tirada del país, y es que la expectación era máxima después de la última reforma del código penal que el gobierno de turno había realizado, gracias a su aplastante mayoría parlamentaria. No estaba seguro de cómo abordaría el tema, era harto complicado. La primera condena a muerte de la democracia.

Fue difícil, pero al final, gracias a un amigo de un amigo e innumerables llamadas telefónicas, pudo conseguir una entrevista exclusiva con Rafael, el condenado que sucumbiría a la recién implantada inyección letal.

Muchos y enfrentados, eran los pensamientos que se aglutinaban en su cabeza mientras recorría el largo pasillo que llegaba a la celda donde se encontraba el reo en cuestión. Pensamientos contradictorios que podrían dinamitar cualquier principio ético y moral.

La sociedad demandaba una justicia llevada a sus últimas consecuencias. Clamaba la máxima pena para sociópatas como aquel, el protagonista de su historia, al que no le tembló el pulso en su día, a la hora de cometer varios delitos de sangre, una sangre ajena, inocente, derramada sin motivo aparente.

Llegó al final del corredor, lo estaba esperando, sentado detrás de un doble acristalamiento reforzado. Rostro anguloso, tez morena, tatuada, pelo largo, ojos verdes y profundos que miraban inmisericordes a su entrevistador mientras este sacaba lápiz y papel para tomar notas.

Sólo traía una pregunta preparada, el resto lo dejaría a la improvisación y a lo que el sentenciado quisiera contarle…

G. Sayah

‘No uno cualquiera 4.0’

Keanu Reeves

No pudo evitar que se le erizara el vello de su piel cuando percibió que el pomo de la puerta de su confortable morada se giraba lenta y silenciosamente…

Raudo, Carlos saltó a correr una cadena de seguridad que aquella tenía, al igual que hizo con un pestillo de una ventana próxima.

Quién quiera que fuese, no traería buenas intenciones, pensó Carlos con el pulso ya por las nubes.

Seguidamente, se le ocurrió hablar en voz alta simulando estar acompañado, al mismo tiempo que cargaba una repetidora que utilizaba esporádicamente para la caza de ciervos, afición heredada de su padre.

Tras un par de intentos, el supuesto individuo se retiró, Carlos consiguió oír como se alejaban unos pasos rápidos y largos, por lo que respiró más tranquilo, aguardando un buen rato para echar un vistazo fuera con el arma repleta de cartuchos, por supuesto, a la vez que su corazón paulatinamente volvía a latir con normalidad.

Carlos desconocía que aquella no sería la última vez que recibiría la visita de aquel intruso. Había sido una toma de contacto que formaba parte del procedimiento que este seguía cuando le encargaban neutralizar un objetivo.

G. Sayah