Relato 216.0


Revólver I


Levantó la vista al oír los pasos de su captor. Éste, al llegar la saludó irónicamente, y con una sonrisa maquiavélica introdujo su mano derecha en el interior de su cazadora semiabierta. Karen en ese momento se temió lo peor…


g-sayah


Relato 211.0


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Un despreciable ser acababa de comenzar su obra, así la llamaba. Un sociópata que con lo que le había hecho a Sarah alcanzó un nivel de éxtasis cercano al clímax. Lamentó no haber empezado antes aquellos actos que le habrían de reportar sensaciones inimaginables en el pasado, un pasado vacío, una vida superflua, un trabajo aburrido, una tormentosa relación maternal, ya que pasaba horas y horas cuidando de ella, postrada en la cama debido a una grave enfermedad. Todo conducía a una rutina tediosa, un día a día inapetente que le hacía encontrarse con frecuencia reflejado en el espejo a un ser cuya alma se deterioraba por momentos.

Aquella mañana decidió dar el paso y por fortuna todo salió bien, como lo había planeado. Lo sentía por la chica, pudo ser otra cualquiera pero así era la vida, le tocó a ella y lo que verdaderamente importaba era que él disfrutó de la experiencia, deleitándose como nunca, entrando en un estado de embriaguez mental que le hizo empezar a planear su siguiente acto macabro.

Saldría de caza esa noche, aunque antes, como buen depredador debía observar a su siguiente víctima. Acechar, analizar, meditar los pasos a dar, planear… todo, antes de consumar…


g-sayah


Relato 206.0


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Estaba recogiendo sus pocas y míseras pertenencias cuando Nick llegó a su altura.

– ¿Te vas? –

– Hola inspector. Si. Hoy la mañana no da para mucho más –

– ¿Un mal día? –

– Como otro cualquiera. Ni bueno ni malo, según se mire. La gente no es muy solidaria con tipos como yo. Pero bueno, no me quejo. ¿Y tú cómo lo llevas? –

– Ni bien ni mal, para que quejarse – 

Caracortada sonrió. Después se cercioró de lo que Nick traía en las manos.

– Toma. Es para tí. Esperaba que compartiéramos un rato de charla mientras almuerzas algo, a no ser que tengas otros planes –

– A dónde voy no creo que me echen en falta –

Indigente e inspector se sentaron en un banco de un parque cercano. Este le contaba lo que había estado haciendo durante la mañana, sin entrar en muchos detalles, por supuesto. Aquel asentía con la boca llena dando buena cuenta del arroz con verduras entre sorbo y sorbo de café.

– Se te ha olvidado el pan… –


g-sayah


Relato 157.0 #reload#


No era un día como otro cualquiera, era la nochevieja de 2017. Había sido un año duro en lo personal, y esperaba que este nuevo año fuera algo mejor, todo un tópico. 

Por el momento la guardia había sido relativamente tranquila, poco trabajo, y el que salió, de poca importancia, hasta que con la duodécima uva en la mano saltaron las alarmas.

La adrenalina invadía su organismo… 

Era algo inevitable, sólo la experiencia de varios lustros le hacía sentirse seguro, a pesar de no saber nunca lo que se iba a encontrar con exactitud y el haberse desecho de la inseguridad inherente de los primeros años como bombero.

El tren de salida ocupaba la calzada por entero y las trompetas sonaban estridentes llamando la atención de conductores y viandantes, derramando un ruido sobre la metrópoli que no auguraba nada bueno.


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La información llegó imprecisa a la central de emergencias, lo que no era algo extraño para los compañeros que intentaban descifrar algunas veces los mensajes que llegaban a través de pantallazos cual códigos espías de la Segunda Guerra Mundial. Esto preocupaba al equipo en general y al jefe de la guardia en particular, pero bueno, nada a lo que no estuvieran acostumbrados, aunque siempre era de agradecer cualquier dato sobre el siniestro que facilitara el hacerse una mejor composición de lugar mientras se dirigían a toda pastilla por unas calles caóticas por el tráfico y resbaladizas para neumáticos, ya que ese día estaba cayendo una incipiente lluvia que convertía el asfalto en una pista de patinaje.

Ethan, su admirado jefe, impartía unas mínimas instrucciones por el camino, advirtiendo del posible peligro y de que nos cubriéramos la espalda el uno al otro. Cientos fueron las intervenciones que habían compartido y estaba acostumbrado a ese ritual, se sentía responsable del grupo y repetía siempre los mismos consejos.

– ¡Estación 51 en el lugar del siniestro! Aquí vamos a necesitar la presencia de más efectivos. –

Las miradas hacia el cielo. El edificio, imponente, cortaba el aire con sus afiladas aristas conforme se elevaba majestuoso sobre sus cimientos, cincuenta y cuatro plantas, la situación que nunca queríamos que se diera, pero la realidad era otra. Las llamas ocupaban al menos tres plantas a la altura la cuarenta, era impresionante y espectacular para todos, a pesar de no ser el primer incendio al que nos enfrentábamos.

– ¡Vamos chicos, pongámonos las pilas! Me acaban de comunicar que tenemos al menos veinticinco personas atrapadas en las plantas que están justo por encima del incendio. –

– Esto va a ser una tarea ardua. – Pensaba Frank mientras terminaba de colocarse el verdugo y el casco sin poder dejar de observar el magnífico rascacielos entorchado…


g-sayah


Relato 105.0


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Apenas tres meses en el cuerpo, su primera intervención de envergadura, y en punta de lanza. – ¡No te preocupes! ¡No me voy a despegar de ti! – Le gritaba su compañero antes de ponerse la máscarilla para adentrarse en terreno hostil. 

Tumbados, arrastrándose por el pasillo del apartamento avanzavan con decisión. El plano neutro había bajado casi a ras de suelo, por lo que la visibillidad era ya prácticamente nula.

El corazón le latía con fuerza, rápido, bombeando sangre urgentemente por todo su organismo, el momento lo demandaba. La adrenalina por las nubes, sus músculos tensos y la respiración agitada, todo, en su conjunto, hacía que la complicada situación se llevara lo mejor posible.

Todo crujía, sonidos sibilinos alrededor, la temperatura bastante elevada y a cada centímetro que avanzaban se iban encontrando obstáculos inesperados, objetos inservibles en aquel contexto. Pero tenían que llegar.

La información entró clara y concisa: ‘Incendio en vivienda. Quinta planta. Dos personas atrapadas por el fuego, dos niños…’ 

Los padres por suerte o por desgracia, según se mire, habían conseguido salir, aunque algo afectados por inhalación de humo, y desconsolados por no poder ayudar a sus pequeños, bloqueados en el dormitorio donde en aquel fatídico momento se suponía que dormían plácidamente.

Ya, en la cama del hospital, Marco abrió los ojos y lo primero que vio fue una cara desconocida. Era el bombero que le había salvado la vida. Al lado sus padres, con lágrimas en los ojos, tras comprobar que su hijo se recuperaría.

– Me alegra que estés bien. Los médicos dicen que eres un chico fuerte y que pronto estarás pegándole patadas al balón de nuevo, porque me han dicho que juegas al fútbol…-

– ¿Y mi hermana…? –


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Relato 3.0


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Mirar un bosque nevado a través de una gran ventana, lejos del mundanal ruido y de gente despreciable, y si no era mucho pedir con una buena novela entre las manos. Ese era el sueño de Roberto. Un sueño que tendría que esperar a cumplir en otro momento de su vida, ya que su presente lo ocupaba un caso de asesinato. Como abogado penalista afrontaba un gran reto, antagónico a su sueño, eso sí, sueño y reto se había propuesto llevarlos a cabo, de una forma u otra, tarde o temprano… 


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Relato 2.0


Starbucks


Michael lo presentía, pero ni de lejos se imaginaba el día, que de manera inevitable y fatídica se le venía encima.

Hacía frío, un frío duro y chirriante. El sol lo intentaba, pero le era imposible, y si hubiese podido, habría desistido en el intento de calentar unas calles por las que corría un aire gélido, demasiado para sus rayos tenues y fugaces.

Hoy especialmente necesitaba ese café que tanto disfrutaba todas las mañanas a las seis en punto, y no tanto por su sabor  o por la cafeína, sino por tomar algo caliente que le confortara y a la vez impidiese que fuera medio encorvado y embutido en el anorak.

– Lo tomaré en el coche de camino a la oficina mientras escucho las noticias por la radio – pensó. Enfiló la avenida Pennsylvania en su Chevrolet negro una vez abandonó la cafetería donde Isaac, su barista favorito le sirvió el brebaje lo más caliente que pudo.

El primer sorbo fue reconfortante. Mientras ponía la calefacción, el segundo no pudo engullirlo. No  daba crédito a lo que oía en las noticias matinales, y tampoco hizo falta que el locutor las repitiera, ya que llegando a la altura del 935 casi desfallece. 

– ¿Dónde está el edificio? ¿Qué ha ocurrido? –

Su lugar de trabajo se había convertido en un amasijo de hierro y hormigón amontonados y con un desorden dantesco.

Su instinto le hizo consultar su iPhone – ¡Mierda! Está sin batería. Anoche se me pasó ponerlo en cargar… –


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Relato 201.0


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Después de casi cuatro meses la investigación entró en un callejón sin salida. Apenas si vio a Bryan en un par de ocasiones y como detective, había perdido la esperanza de encontrar al asesino de Javier.

Tomaba café en una tranquila y acogedora cafetería de Tribeca cuando su iPhone comenzó a vibrar. Su viejo amigo y compañero de la policía le dijo que estaban a punto de cerrar el caso, pero los acontecimientos se habían precipitado en las últimas horas.

El asesino, a pesar de que cometió el error de la sangre que les permitió localizar en su día el escenario principal del crimen y rastrear sus últimos pasos, había desaparecido, se había esfumado. Era como si no existiera, de ahí lo de archivar la historia, pero esa mañana apareció un cadáver en el Bronx que presentaba el mismo modus operandi…


g-sayah


#miprimerrelato# #13deoctubrede2018# #Relato 1.0#reload#



Aquella mañana no era diferente a las demás. Se había despertado temprano, el sueño la abandonaba como casi siempre. Se sentía cansada pero con ganas de afrontar la rutina diaria.

– Qué coño, hoy voy a romper la rutina – Introdujo en la cafetera una buena dosis de café en vez de descafeinado. Para Esther no era habitual, y de esa forma tan trivial pretendía empezar a cambiar cosas en su vida. Esta no le sonreía últimamente. Tanto en lo personal como en lo profesional no había tenido muy buenas experiencias.

Separada de su marido desde hacía ya varios meses, le echaba de menos. Era el hombre de su vida, al menos eso creía ella. Desde que lo conoció en lo que era el curso de orientación universitaria, no había tenido ojos para nadie más. Él, por lo visto sí. Había conocido a otra, más joven y también más rica. Buen partido y buena opción para dejarla en la estacada.

Todavía no lo había asumido y albergaba la esperanza de un futuro juntos. Ella lo perdonaría, por supuesto, ya que el amor que sentía estaba por encima de cualquier elección que Carlos hiciera en su día. No le cabía la menor duda, aunque posiblemente él no sentía ni pensaría lo mismo.

Se tomó una taza del café que previamente había subido por la cafetera emitiendo ese sonido que tanto le agradaba, no menos que el aroma, que casi la alimentaba para medio día.

Una vez se vistió, salió a la calle en busca de su automóvil, uno de los pocos objetos que le había tocado en el reparto al separarse. Desgraciadamente no se podía permitir el lujo de cambiarlo, viejo y desvencijado, también le recordaba a él.

De camino al trabajo y escuchando la radio pensó – ¡ Joder que raro, me he vestido a la primera! – Normalmente se cambiaba varias veces antes de salir, una lucha permanente con su vestidor, ¿inseguridad?, hoy no, algo estaba cambiando…


g-sayah


Relato 179.0


El statu quo del conflicto bélico era previsible. Tanto la igualdad en número de efectivos, como la inseguridad de las respectivas planas de mando, hacían que la tropa junto con sus oficiales y suboficiales se tomaran un respiro en aquella cruenta guerra. Como no podía ser de otra forma, cuál no lo es.


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Hacía un frío casi incompatible con la vida, del que se mete en los huesos calando hasta el tuétano. Pablo y Marco intentaban evadirse de la gélida realidad jugando a los dados en un rincón de su diminuta y enfangada trinchera.

Binomio inseparable desde hacía más de catorce años, aquella lucha armada no era ni más ni menos, que cualquier otra en la que habían estado a lo largo de su periplo militar.

Su amistad les llevaba a los mismos destinos, de manera voluntaria, por supuesto, con una complicidad obligada y una lealtad sobrenatural que utilizaban para cubrirse las espaldas mutuamente en cualquier ambiente, por muy hostil que fuera.

– ¿Un trabajo como otro cualquiera? – Es posible. Mercenarios del terror, así les llamaban. Cobraban por semana, lo pactado, cantidad generosa como para pagar la hipoteca, las facturas y mantener a sus familias. Lo que sobraba, para putas y alcohol.

Los trileros pensaban que su trabajo no era menos honrado que el llevado a cabo por los políticos contemporáneos, corruptos e ineficaces, aquellos que ni siquiera manejaban los hilos del poder, que jugaban a ser Dios e igual y a la vez disfrutaban con las sobras, más suculentas, para putas y alcohol. El verdadero Dios, miembro de un poder fáctico, estaba más arriba, cual titiritero manejándolos a su antojo.

Un disparo quebró el silencio, alcanzando a Marco en la cabeza. Un único disparo, a manos de un francotirador paciente que con ojos de águila atisbó que aquel no llevaba el casco puesto.

– No te quites el casco. – Le había dicho Pablo cinco minutos antes. Una señal inequívoca de la preocupación mutua que ambos profesaban. 

– Será sólo un momento, necesito que me de un poco el aire en la mollera. –

En estado de shock, impotente y abatido, y con el rostro salpicado de sangre y materia gris, a Pablo le empezaron a brotar unas lagrimas amargas y secas, a la vez que por su mente a modo de fotogramas, iban pasando todas y cada una de las vivencias que juntos habían tenido.

Las trincheras de la muerte, así denominaba la prensa internacional a aquel lugar cargado de mierda y desolación, aunque más que un medio donde refugiarse durante el combate, parecía más una fosa común, repleta de individuos anónimos de medio mundo, fallecidos en pos de una guerra sin sentido, que acababan olvidados de la memoria de los vivos.

Algunos de esos ‘vivos’ se frotarían las manos al ver como sus cuentas bancarias, situadas en paraísos fiscales, aumentan exponencialmente por cada bala disparada, por cada obus lanzado, por cada soldado caído. Dueños de empresas pantalla, miembros de lobbies armamentísticos, señores de la guerra, que de manera impune campan a sus anchas ante una legislación internacional redactada para ellos, pudiendo elevar sus beneficios económicos por encima del valor de la vida de un ser humano gracias a su criterio.

Vivos, también, que mientras almuerzan delante de las noticias que pasan por televisión, engullen ajenos a algo que está pasando, pero que les queda muy lejos y por suerte no les afecta. Vivos, ignorantes ante un mundo globalizado, borregos de una sociedad mediatizada que es arrastrada hacia una inevitable autodestrucción. Vivos que creen sentirse seguros en medio de un tablero de juego, donde la estrategia de los poderosos pasa por dominar mentes vacías y zafias.

Vivos que han perdido la memoria, la memoria de un pasado, la conciencia de un presente, un futuro encaminado hacia la autoaniquilación. Vivos que sostienen sobre sus hombros cabezas cuyo pabellón mental sólo retiene vanos y triviales pensamientos que convierten en problemas de fácil solución.

Hay que vivir el presente en ‘paz’, el pasado ya no está, pero no se puede construir un futuro si perdemos la memoria y no tomamos verdadera conciencia de dicho presente y de hacia donde queremos dirigirnos…


g-sayah


 

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