Microrrelatoser 61.0


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Ordenó sin pestañear sus ideas. Los astros se habían alineado para que su perspectiva solo pudiera ver una única solución… las dudas cesaron después de años de mentiras, de promesas incumplidas, amagos de una rehabilitación siempre abandonada antes de tiempo. 

La vida no le había dado tregua, uno tras otro, duros golpes infinitos, imposibles de gestionar. Perdido el trabajo, el hogar, su esposa e hijos, los amigos… ya nada merecía la pena, ya nada lo unía a este lugar, lo tenía claro, la decisión estaba tomada…


g-sayah


Madrid 18.0


Brooklyn III


Robert Fox entró en el despacho de su amigo, concejal por el partido republicano desde no hacía mucho, según se había ido informado por la prensa, aunque le constaba que el salto a la política lo había dado bastante antes.

Una gran mesa presidía ostentosamente la estancia, lo que  ponía tierra de por medio entre quien se sentaba al otro lado de aquel ‘servidor público’. Eso unido a lo bajo de los sillones que ofrecía a sus visitas, acusaba más la sensación de estar siempre un peldaño inferior a la hora de tratar cualquier tema. – Es una estrategia psicológicamente demostrada. – Le explicó en su día uno de sus asesores políticos.

– Cuanto tiempo amigo mío. – Dijo Eric a la vez que le tendía la mano.

– Cierto. Hace mucho que no nos veíamos. Intuyo que al igual que yo, los compromisos profesionales te ocupan gran parte de tu vida. No recuerdo el último día que tuve un rato libre. Trabajo incluso los fines de semana. Como siga así, voy a ser el mas rico del cementerio. – Bromeó Robert.

Eric correspondió al comentario con una leve sonrisa y lo invitó a que se sentara. – Bueno, y qué te trae por aquí. –

– Pues sin ánimo de ser grosero, si te parece voy a ir directamente al grano. Tampoco quiero robarte mucho tiempo, ya que entiendo que estés muy ocupado. –

– En absoluto Robert. Tómate el que necesites. – Contestó Eric tratando de ser cortés, a pesar de que en el fondo aquel tenía razón, el dios Cronos apretaba su agenda de manera incesante. Se levantó dirigiéndose a un lujoso mueble bar de caoba que tenía en un lateral del despacho, mientras escucha lo que su viejo amigo le decía. Sin consultarle, sirvió un par de Jack Daniels con hielo y se volvió a sentar poniéndole a Robert el vaso por delante. Este se tomó el gesto con naturalidad, y entre trago y trago, puso a Eric en antecedentes sobre lo que había descubierto gracias a los servicios del detective privado.

– Lo siento de veras Robert. Eso es siempre una mala noticia, por no decir una putada, y entiendo que nos has venido buscando un hombro sobre el que llorar, aunque si lo necesitas aquí lo tienes. Dime, ¿cómo te puedo ayudar?. – 


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Poema 10.0


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Nos espera paciente y serena.

Abyecta, no guarece de furor.

Cuchilla en mano, sentada,

calcula cómo procederá.

Conmigo que obre como quiera,

pues a esa hora mi alma preparada estará.

Temor no albergo, tampoco premura,

sólo curiosidad…


g-sayah


Relato 101.0


En su mente revoloteaban los pensamientos que no paraban de atormentar su ser. Intentaba buscar las palabras para explicarlo, traducir negro sobre blanco todos aquellos sentimientos encontrados.


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Aunque habían pasado ya más de diez años, la ruptura con quien había sido el gran amor de su vida no dejaba de quebrantar su corazón, roto en mil pedazos, desintegrado en pequeñas partículas que el tiempo no había sabido recomponer. Aún así, esa correspondencia epistolar, esporádica y un tanto superficial, mantenía en lo más profundo de su alma un mínimo de esperanza, una probabilidad superflua de volver a vivir lo vivido, antes de que su adicción a la heroína dinamitara lo que seguro fueron los mejores momentos de su vida…


g-sayah


Poeta en Nueva York 39.0


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Relato 142.0


Caracortada siempre está en la esquina próxima a la tienda de conveniencia en la que suelo pedir un café para llevar todas las mañanas. Me caía bien, y con el paso del tiempo hasta le había cogido cariño. Siempre que podía intentaba pagar en metálico, y así repartir lo que me sobraba entre la dependienta y aquel, lo que ambos agradecían, sobre todo él, que no tardaba ni un segundo después de darme la vuelta en entrar a por un café bien caliente, para combatir las frías secuelas sufridas por haber dormido a la intemperie.

Puede ser cruel y despiadada,

con un ejército perdido.

Puede ser dura y desalmada

con unos seres ignorados.

Unos seres sin nombre, cuanto más con pertenencias materiales, pero que tienen una vida, una vida que les pertenece. Personas con un pasado, un pasado que desconocemos y que con demasiada frecuencia juzgamos sumidos en la más completa ignorancia. Individuos todos engullidos por una sociedad ciega e implacable, y que merecen una oportunidad.

En ocasiones, cuando no llevo efectivo y me veo obligado a pagar electrónicamente, le dejo pagado el café y un bollo, y es que como ya he dicho antes, me cae bien…


g-sayah


Madrid 17.0


Catedral I


A la hora del almuerzo, optaron por un italiano con el que tropezaron en un sombrío callejón perpendicular a la comercial calle Tetuán.

– A mí me apetece, ¿y a ti? – Tanteó Vincent a María.

– No mucho, pero con el hambre que tengo me comería hasta las piedras. – Exageró guiñándole un ojo. – Aunque accedería a tu propuesta con dos condiciones. – Dijo con una sonrisa picarona.

– ¿Dos? ¿No te conformas con una? –

– Pues no. La primera, que para la cena elijo yo el lugar. –

– ¿Y la segunda? –

– No seas impaciente. La segunda… que me acompañes a hacer unas compras esta tarde. –

– ¿Ir de ‘shopping’? Por supuesto. Me encanta. Me parece que vas a ser tú la que tengas que tener paciencia. Soy un vicioso de los escaparates. Me atrevería a decir que voy a aburrirte, y además tendrás que ayudarme a cargar con las bolsas de todo lo que compremos. – Dijo Vinc entre sonoras y contagiosas carcajadas, arrancando también las risas de ella.

De nuevo María se quedó algo perpleja. No esperaba , ni de lejos esa respuesta. Que a Vincent le fuera uno de sus entretenimientos favoritos, y a la vez una de la mejores formas que tenía para desestresarse cuando se sentía agobiada.

Sentados en la terraza del restaurante, uno frente al otro, brindaron con un tinto, Lambrusco, como no podía ser de otra forma. El lugar inigualable, el clima acompañaba y la mutua compañía, grata y placentera. 

– Por nosotros, nuestra pequeña sociedad, llamémosla así, y la magnífica escapada que te has inventado. Gracias, muchas gracias. Estoy muy contenta de haber venido, claro, que si no me hubieses invitado… –

– No seas tonta. Con quien iba a venir si no. Soy yo el que te da las gracias por acompañarme. Eres un encanto. –

María se sonrojó levemente, por lo que intentó aprovechar la carta para taparse la cara e impedir que Vinc se diera cuenta.

– De paso, elige que te apetece comer. – Bromeó.

– ¡Mierda! – Lo ha notado…


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Microrrelatoser 49.0


Adolescente con un iPhone


– ¿Me oyes? – Ni caso. Nueve de cada diez veces que me dirijo a él, es como si estuviera hablándole a una pared.

Los cinco sentidos puestos en el puto iPhone, con sus grupos de Whatsapp, Facebook, Instagram… Aunque posiblemente la culpa era mía por habérselo regalado en las últimas navidades, claro, que se lo prometí si sacaba buenas notas, y rompiendo una lanza a favor de mi hijo adolescente, fueron insuperables.

Son cosas de la edad, me decía mi mujer, ya cambiará…


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Relato 13.0


Adolescente con un iPhone


– Marco, buenos días. Anda. Levántate mientras te preparo el desayuno que es la hora –

Por primera vez en su vida que Marco recordara, no tenía ganas de ir a clase. Deseaba fingir que estaba enfermo, decirle a su madre que no se encontraba bien, es más, sentía un terrible deseo de que se lo tragase la tierra.

Cursaba tercero de ESO, le encantaba estudiar, leer, indagar por internet en busca de todo tipo de información a la hora de realizar los trabajos que le mandaban sus profesores, pero sobre todo, le fascinaba el cine. Tenía claro que su futuro iría relacionado con el séptimo arte, aunque también era consciente que para llegar a donde quería, no tenía más remedio que llevar un buen expediente académico en la ESO y el Bachillerato.

A pesar de su corta edad, tenía una mentalidad muy madura y se esforzaba en lo que hacía para que le sirviera a modo de trampolín.

– ¡Hasta el infinito y más allá! Se decía cuando no tenía ganas de estudiar.

– Mamá no tengo hambre. – dijo mientras se peleaba con unas enormes legañas producidas en su mayor parte por las lágrimas nocturnas.

– ¿De veras? Bueno, pues te lo preparo para que te lo lleves y te lo tomes en el recreo –

Estuvo a punto de confesarle en ese momento a su madre lo que le estaba ocurriendo en el instituto, pero contó hasta diez y lo sopesó. No quería preocuparla y decidió que él mismo lo solucionaría.

Había oído de pasada en las noticias cosas parecidas a lo que él estaba viviendo en clase. – Varios compañeros acosan a un alumno del colegio tal… – Un chico golpea a otro mientras un tercero lo graba con su móvil… –

Sus padres comentaban dichas noticias en voz alta con rostros preocupados y mirándolo de soslayo, deseando que nunca le sucediera a su querido hijo.

– Está bien, le haré frente a esos energúmenos y lo solucionaré de una vez por todas. – Se dijo.

Entró en el dormitorio de sus padres y cogió una navaja que su padre guardaba celosamente en un cajón de la mesita de noche, recuerdo de un servicio militar extinguido. La guardó en su mochila junto con el desayuno que previamente le había dado su madre.

Intentando que esta no se cerciorara de su gesto, se colocó rápidamente la pesada bolsa cargada de libros y cuadernos en la espalda y dándole un beso salió de casa.

– Hasta luego mamá – 

– Adiós cariño, que tengas un buen día –


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Poeta en Nueva York 38.0


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Relato 141.0


Regresé a Manhattan en el ferry. En mi rutinario deambular había incorporado esporádicas visitas a otros barrios, buscando no sé qué. En Staten Island tampoco lo encontré aquel día. Compañía, soledad. En realidad no estoy muy seguro de lo que quiero. Cuando vivía en el pueblo si tenía claro que lo que ansiaba con todas mis fuerzas era huir, salir de aquel apestado lugar, y ahora las dudas son dueñas de mi ser. Espero que sea cuestión de tiempo que mi mente se aclare y así transitar por una senda menos sombría.

Es efímero, no lo percibimos

pero lo es.

Transcurre inexorable,

marcando con arrugas

nuestro rostro,

líneas de una vida

imperfecta y pretérita,

trazos de un destino incierto,

Quizás sea un canalla por intentar ser feliz, alcanzar un estado de bienestar interior que supongo merecer y que vaya apaciguando los deseos de no querer vivir…


g-sayah