Relato 93.0


‘Una historia simple. Una vida complicada…’


Se había quedado sola después de cincuenta y cuatro años. Toda una vida en la que compartieron todo lo que se podía compartir… amor, felicidad, hijos, viajes, momentos inolvidables, también malos, algunos, aunque fueron pocos.


Versión 2


Rebeca no imaginaba cómo aprendería a estar sin él. Habían pasado más de diez meses y su olor permanecía en el ambiente del apartamento. Su impronta metafísica estaba en aquel lugar. Era como si no se hubiese ido. Todavía esperaba que saliera del baño con la toalla liada a la cintura, el pelo húmedo y con su permanente sonrisa dijera.. – Amor mío, ¿abres una botella y sirves un par de copas de vino mientras me pongo algo? –


G. Sayah


 

Microrrelato 72.0


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Temblamos de manera inevitable, aunque sin percibirlo, cuando nos vemos allí plantados, delante de semejante arquitectura mastodóntica de cemento y acero, con líneas interminables y afiladas, monumento infame al desarrollo económico de algunos elegidos. Estructuras del siglo XX que definen los rasgos de una urbe devoradora de seres humanos, que se traga sin masticar la conciencia de individuos débiles y autómatas, víctimas de una alienación voraz que nos engulle sin advertirlo, haciendo que la vida no deje  de ser más que una anónima anécdota…


G. Sayah


 

Reflexión 11.0 – Reload… –


Gran pérdida…


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La meritocracia y el clima mediterráneo son incompatibles por necesidad. Es el precio que pagamos por tener el mejor aceite de oliva del mundo, imagino. Que un bibliotecario experimentado llegara a dirigir la Biblioteca Nacional de España, aunque solo fuese durante catorce meses, ha sido un accidente no premeditado… más cuando hay un sinfín de amiguitos y parientes con que cubrir el puesto.


El laberinto de los espíritus

Carlos Ruiz Zafón


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 28.0


Relato 130.0


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Cristales rotos, oscuridad, restos putrefactos de comida esparcidos por el suelo, hedor, sombras, cubos de basura, más sombras, grises ratas dándose un festín, poca luz, llueve, más oscuridad… rincón apartado de miradas.

Con los ojos abiertos y la mirada perdida, su cuerpo maltratado yacía sin vida apoyado sobre un contenedor, intentando retener desesperadamente su anónima alma. Un esfuerzo inútil. Ésta abandonaría en breve aquel oscuro lugar de la ciudad, a la que había llegado buscando algo nuevo, anhelando un futuro prometedor, experiencias diferentes, trabajo, amigos… éxito.

Pero el destino es caprichoso, y mientras en la otra punta del país unos padres echaban de menos a su hijita contemplando una foto de los tres, ella, la soñadora siempre optimista, valiente y decidida, se cruzó con un arrebatador de sueños en aquel negro y tenebroso callejón.


G. Sayah


 

‘El tiempo lo cura todo’


Relato 212.0


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Memorias virtuales 23.0


 Es curioso que una frase tan utilizada en nuestro lenguaje no sea del todo cierta, al menos eso es lo que yo pienso, aunque claro está, puedo estar equivocado.

‘El tiempo lo cura todo’. Esta es la dichosa frase. Lo siento pero no comparto esta idea tan generalizada. Creo que el tiempo, lejos de curar, si que nos ayuda a que cualquier acontecimiento vivido, generalmente triste o trágico, poco a poco hace que lo vayas asimilando, nos va enseñando el camino de la gestión de una nueva situación, vamos aprendiendo a vivir con ello, en un contexto diferente.

En mi caso, el que ocupa ahora mismo esa parte del cerebro encargado de los recuerdos, se trata de una ausencia vital, una ausencia que en su día fue dolorosa, y que hoy, lejos de dejar de serla , si es verdad que el dichoso tiempo la ha hecho más llevadera.

Se van difuminando los malos momentos, van desapareciendo tormentosos detalles, quedando fuertes reminiscencias positivas y agradables, buenos recuerdos. A veces, algunos me hacen sonreir.

Lo echo de menos, si, el ausente es mi padre, y tengo que decir que en un pretérito no muy lejano, no estaba seguro de si podría vivir sin su presencia en una situación que no fuera de aflicción permanente. Transcurrido el jodido tiempo he aprendido a que no esté, y cada vez que lo recuerdo sonrío, él lo hubiera querido así…


G. Sayah


 

Madrid 10.0


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Cansado, había dormido poco y se había despertado con un intenso dolor de cabeza. Apenas puso los pies en el suelo lo primero que hizo fue darle marcha a la cafetera, un detalle este que no solían tener las habitaciones hoteleras en España, por lo que se sintió afortunado.

Mientras subía lo que para él era un brebaje imprescindible en su día a día, buscó en su mini botiquín, que siempre le acompañaba en todos sus traslados a lo largo del mundo, un ibuprofeno. Necesitaba que aquella molestia desapareciera rápido para poder pensar con claridad, aunque le hubiese gustado no tener que tomarlo.

Su olfato percibió el aroma, se sirvió una generosa taza y sentado en el único sillón que la impersonal estancia le brindaba, encendió un cigarrillo y empezó a pensar como darle una salida a la situación en la que se encontraba.

Tenía que ordenar varias piezas, piezas que si no eran bien colocadas, no encajarían, y las consecuencias podrían ser bastante negativas.

Una cosa le preocupaba sobremanera: María. Deseaba contarle toda la verdad, sincerarse con ella, pero por otro lado, temía que al hacerlo pudiera poner su vida en peligro, aunque la verdad es que estaba convencido de que eran pocas las probabilidades. Más le inquietaba la reacción que pudiera tener, ya que el no encajar tan inusual modo de vida, no entenderlo, podría dar al traste con su incipiente aunque dulce relación…


G. Sayah


 

Microrrelato 54.0


La muerte en el espejo

Era lo único que podíamos hacer por él, dadas las circunstancias. La decisión era suya, sólo y exclusivamente suya. Poco más que consejo, y siempre el mismo… – deberías dejarlo antes de que te lleves un disgusto. No te hace ningún bien, ¿lo sabes verdad? – 

El caso es que no lo aceptaba, desoía cualquier comentario con respecto a su adicción, y de recibir ayuda ni hablamos.

También el médico se lo dijo en su día, pero ni caso. Tampoco imaginamos lo que sucedería, y ahora ya era demasiado tarde. En una revisión rutinaria, la noticia cayó como una bomba… Un tumor en su etapa tres.


G. Sayah