Madrid 6.0


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Terminado el desayuno, ambos decidieron repetir con otro café y disfrutar tranquilamente de un pitillo.

María notaba a Vincent serio, pensativo, pero a la vez lo veía relajado, despreocupado, como si se hubiera quitado un gran peso de encima.

– ¿Qué piensas? Estás muy callado. –

– Oh! nada. Bueno, en realidad pienso en varias cosas a la vez, poco importantes. Nada que deba preocuparte. –

– No lo hago. Qué te has creído. – Contestó ella con un tono burlón. Vincent soltó una carcajada.

– ¿Te apetece hablar de ello? –

– Si, pero en otro momento. Ya te digo que es algo trivial, lo que no quita que te lo cuente. Ahora lo que me apetece es disfrutar de este instante, aquí, contigo, en esta ciudad, con mi cafecito, deleitándome con cada calada de mi cigarrillo, y este clima que tenemos, que es estupendo. –

Ella sonrió a la vez que exhalaba el humo del Marlboro que Vincent le ofreció de su cajetilla. – He pensado que podría apetecerte que diéramos un paseo por la Cuesta de Moyano. Creo que es de los pocos sitios que no conoces de Madrid, y merece la pena, es más, estoy segura de que te va a encantar. –


G. -Sayah


 

Relato 92.0


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Eric Larsson miraba incrédulo el dosier que Fox le había dejado el día antes. Lo estudió con detenimiento en poco tiempo, ya que era bastante escueto, lo que no quitaba que fuera muy conciso y revelador.

Sólo con algunas fotos aportadas por el autor del trabajo, se deducía de manera flagrante la infidelidad de la mujer de su viejo amigo. Datos de ella, de su amante. La primera lectura que hacía era que lo que pretendían era simplemente pasar un buen rato. -¿Y quién no? – Se dijo.

Al corrupto concejal no le cuadraba que las intenciones de Fox fueran que ‘desaparecieran del mapa’, palabras textuales que salieron de su boca, con un arranque de rabia e impotencia la mañana antes. No entendía cómo una, a simple vista, vulgar infidelidad, algo habitual hoy en día, provocara una reacción tan violenta y desmesurada para con la pareja en cuestión.

Larsson lo pensó fríamente. Presumía de ser un tipo pragmático, y lo que Fox le propuso como solución, desoyendo las primeras propuestas que le había sugerido él, distaba mucho de ser una alternativa lógica y práctica, más bien era harto complicada y extrema.

Había algo más, no sabría decir en ese momento qué podría ser, pero estaba completamente seguro que aquel marido despechado no estaba siendo del todo sincero. Nadie asesinaría a su mujer y a su amante sin un motivo poderoso, al menos eso era lo que él pensaba. – Demasiado arriesgado por un simple ataque de cuernos. –

Quedó en llamarlo en un par de días con un plan, hasta entonces intentaría averiguar que carajo era lo que en realidad había detrás de todo el asunto, ya que no estaba dispuesto a complicarse la vida sin que estuvieran todas las cartas sobre la mesa. Aquella historia apestaba…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 23.0


Relato 125.0


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Sus luces y sombras, el despertar dormido de los días, su amor truncado, atardeceres solitarios y auroras vacías, habían debilitado su ánimo, y la penumbra le comía terreno al resplandor que tiempo atrás envolvía su vida en la gran ciudad.

Sentado en mi carcomido banco

veo la vida pasar.

Inexorable, ella camina

hacia un crepúsculo,

universal senda,

travesía común que

todo viaje comparte…

Si, todos los caminos conducen a ella, la muerte inevitable del ser humano, y conforme va cumpliendo años y más cercana la siente, menos la teme, lo que no quita que una profunda aflicción ocupe parte de su espíritu…


G. Sayah


 

Madrid 5.0


Después de muchísimo tiempo, no lo recordaba exactamente, esa mañana se despertó bastante tarde. No era lo habitual, y si, un insomnio permanente. 

Pasadas las diez abandonó la cama para adentrarse en el baño dispuesto a hacerse una buena puesta a punto, como solía decirse a si mismo, cual turismo que pasa la inspección técnica anual.

Jeans azules, camiseta negra y zapatillas de un blanco galáctico que casi molestaba a la vista, metió el resto de sus pocas pertenencias en el reducido y práctico equipaje que lo acompañaba por todo el mundo, dispuesto a dejar el hotel.

Había aceptado la oferta de María, y pasaría unos días en su apartamento. Su negativa inicial basada en su indefinida estancia en la ciudad, junto con el no querer invadir su intimidad, se tornó positiva por la insistencia de la chica, a pesar de que Vincent le había repetido insistentemente que no pretendía causarle ninguna molestia y ser un incordio. María algo enfadada con la primera respuesta, se mostró encantada de que al final cambiara de opinión, al igual que él, aunque este no lo exteriorizó como ella.


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Una vez entregada la tarjeta magnética de la habitación y haber liquidado la cuenta, se colocó sus Ray-Ban en el mismo vestíbulo, antes de salir a la calle, con la intención de que el radiante sol de mediodía no acribillara sus delicadas pupilas. Extrajo su iPhone del bolsillo trasero izquierdo de sus vaqueros y marcó el número de María, que al tercer tono contestó con su dulce voz…

– Buenos días ‘bella durmiente’. –

– Hola, buenos días. – Contestó él riendo con sinceridad. – Te invito a un pincho de tortilla con una caña fresquita. –


G. Sayah