Y hablando de clásicos…

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…próximamente tendremos la secuela.

Spin-off 17.0 Capítulo 3

     Juliette ofrecía a su reducida pero selecta clientela una oferta gastronómica exquisita, acompañada con una buena y amplia carta de vinos, pero sobre todo, unas magníficas vistas de la isla, que gracias a su espléndida terraza parcialmente acristalada, permitía a sus comensales poder disfrutarlas casi todos los días del año.

     David no lo pasó por alto y nada más le sirvieron el vino, un Burdeos del ochenta y tres, le trasladó su grata impresión por dichas vistas y la elección del local por parte de Mark, para pasar un rato juntos de manera íntima y personal.

    Mark no cabía en sí y pensó que había empezado con buen pie. Contento y optimista alzó su copa para brindar por ese momento y el comienzo de algo nuevo, una amistad diferente, deseada tiempo ha y con vistas a largo plazo. David también alzó la suya respondiendo a dicho brindis con una sonrisa y mirando a los ojos a su atractivo acompañante .

   – Bueno que te parece si pedimos algo para comer, estoy hambriento. –

   – Me parece una idea estupenda, yo también tengo hambre. – Contestó David. – ¿Quieres elegir tú que has venido otras veces? Me dejaré llevar por tus gustos culinarios.

   De camino a su apartamento mientras conducía, Mark escuchaba a Michael Franks, un cantante neoyorkino de jazz que le fascinaba. Sumido en sus pensamientos y henchido de emoción, estaba convencido de que su compañero se lo había pasado al menos igual de bien que él.

    La velada, romántica y divertida a la vez, había ocupado un espacio en sus vidas necesario de ser cubierto, con cariño, amistad, buenas conversaciones sobre temas que no tratasen estrictamente de trabajo y una complicidad lejos de lo profesional.

    Quedaron en mantener aquello en secreto, lo que se supone que había comenzado esa noche. Serían discretos hasta ver si la cosa funcionaba, a lo que ninguno renunciaría de ninguna de las maneras, y es que en la despedida, sin ningún acercamiento físico por cierto, y no por falta de ganas y deseo, manifestaron sus intenciones de que se fueran repitiendo las citas con frecuencia.

    Mientras Mark iba de camino a casa, ya David se había desnudado y se encontraba bajo su cálido edredón. – ¡Que coño, mañana le propondré “al inspector” que nos veamos el sábado!…

Spin-off 17.0 Capítulo 2

            – Si estás listo podemos irnos.

            – Me lavo las manos, cojo el abrigo y soy todo tuyo.

            Mark volvió a sonrojarse pensando en la habilidad que tenía David para provocar esa sensación en él con una simple frase.

            Abandonaron la sala de autopsias y tomaron el ascensor que estaba al fondo del largo pasillo del sótano.

            – David he reservado mesa en un pequeño restaurante de Brooklyn, espero que no te importe. –

            – En absoluto, me parece perfecto, con una condición: yo invito y tú conduces.

            Mark esbozando una sonrisa cariñosa le dijo: – lo segundo sin problemas, pero con respecto a lo primero, ya veremos.

            Hacía tiempo que se conocían, un par de años. Mark, pese a estar rozando ya los cuarenta, era todo un veterano inspector de homicidios cuando a David le adjudicaron el puesto de médico forense en los bajos del edificio que albergaba la comisaría 47. Desde entonces había existido cierta complicidad entre los dos, cruces de miradas, algún que otro tropiezo cariñoso, conscientes ambos de sus preferencias a la hora de tener una relación de pareja.

            Saldrían de la isla por el Manhattan bridge. Mientras Mark conducía aprovechó el agradable silencio en el que iban inmersos para preguntarse por qué había tardado tanto en decidir invitar a David, aunque por otro lado pensaba que por qué David tampoco lo había hecho, – quizás es aún más tímido que yo. –

            Lo cierto era que el forense no había superado del todo su anterior relación y no atravesaba un buen momento en el plano sentimental, por lo que dar el primer paso para empezar algo así le era muy difícil. Se sorprendió a sí mismo cuando aceptó la invitación de Mark. Corresponder afirmativamente al ofrecimiento le resultó agradable y divertido, de manera que intentaría que esa primera cita después de tanto tiempo fuera el inicio de una bonita y dulce relación…

Pensamiento

“¿No ves las cosas que pasan…? ¡Mejor llamarlas novelas…!”

Miguel Ángel Asturias

Spin-off 17.0 Capítulo 1

            – ¿Te apetece que quedemos algún día para cenar? –

            – ¿Me estás pidiendo una cita? –

            Mark se sonrojó un poco a la vez que se le quedaban las palabras atascadas en la boca, siendo incapaz de responder algo con sentido a la pregunta de David. Este se percató y decidió echarle un cable diciéndole que estaría encantado.

            – Estupendo, yo termino en una hora, me queda algo de papeleo y si quieres te espero. –

            Ahora era David el que empezó a sonrojarse. – Me parece bien, termino con la autopsia que tengo entre manos y salimos pitando, necesito una copa. –

            Mark se despidió del forense con un hasta luego, pensando en el restaurante al que podían ir para causarle buena impresión a David fuera del ámbito profesional, y disfrutar de un rato de intimidad. – Eso es, iremos al Juliette. –

            Juliette era un pequeño local que disponía de una bonita terraza, situado en la planta 45 de uno de los edificios más altos de Brooklyn. Con un ambiente personal, cálido y afrancesado desde donde se podían disfrutar de unas vistas espectaculares de Manhattan.

            Mark creía que era una buena elección y estaba seguro que a su compañero le agradaría. Antes de sentarse en su mesa para liquidar el informe del caso que acababa de cerrar llamó para reservar mesa.

            – Si a las siete por favor. Para dos. Exacto. Gracias. – Colgó el teléfono tras confirmar la reserva y empezó a sentir mariposas en el estómago…

Un clásico como garantía

El golpe

     Si tuviera que establecer un “top ten” en lo que a películas favoritas se refiere tendría que hacer un gran esfuerzo, y seguro que muchas se quedarían fuera de la lista. En tal caso esta sería una que entraría sin ninguna duda.

   Ahora en esta época estival que la cartelera es más pobre en estrenos, siempre podemos echar mano de un clásico. Este que os recomiendo, podríamos calificarlo como una obra maestra sin ningún temor a equivocarnos, y aunque seguro que lo habréis visto, siempre es un placer volver a verlo.

     La cinta no tiene desperdicio. Estamos ante una película magistral con un excepcional reparto, que nos lleva en volandas sobre una historia donde la amistad, la intriga, la picaresca, el humor… y un desenlace intrépido con interpretaciones brillantes de una pareja de actores (Robert Redford y Paul Newman)  que destacan de manera bestial sobre dicho reparto, como no podía ser de otra forma.

     La peculiar pareja, que trabajarían juntos en otros títulos (Dos hombres y un destino por ejemplo), corren una insólita aventura en torno a las apuestas hípicas. Engaños, incertidumbres, relaciones interpersonales, tensiones entre personajes, situaciones cómicas… Todo ello junto con un argumento casi perfecto y con una banda sonora simplemente impresionante.

 

 

“El corredor de la muerte”

            Allí estaba, justo en frente, detrás de la blindada mampara, después de enésimas misivas y otras tantas llamadas telefónicas había accedido a entrevistarme con él, un persistente periodista que durante meses mostró tener una increíble paciencia.

            Yo, un reo esperando mi muerte. Mi destino estaba escrito hacía tiempo ya. La inyección letal me esperaba a la vuelta de la esquina, y el caso es que no me preocupaba demasiado, todo lo contrario, era algo lógico después de mi trayectoria criminal. Veintitrés atroces asesinatos, y porque aquellos dos incansables detectives que durante dos años me fueron pisando los talones hasta que me detuvieron, consiguiendo así detener mis terribles actos. Terribles a ojos de la sociedad claro, desde mi punto de vista mis actos estaban justificados, en contraposición a dicha sociedad hipócrita y corrupta.

            Mi conducta delictiva, reprobable, pues sí, aunque no me arrepiento en absoluto, ya que la mayoría se lo merecían, el resto, una minoría acuñada en la recurrente frase de aquellos que practican terrorismo de estado, daños colaterales. Lástima, pero estaban en el lugar equivocado y en un momento poco propicio para con sus vidas.

            La verdad es que no, que no me arrepiento de haberlo hecho. Creo que si volviera atrás en el tiempo, lo haría de nuevo, quizás de otra forma, pero sí, buscando el mismo fin, acabar con aquellos indeseables que no merecen vivir.

            ¿Qué sentía cuando lo hacía? Fue una de las preguntas del curioso periodista que pretendía escribir una biografía sobre mi vida. Pues no sé, una especie de satisfacción del deber cumplido, una sensación de haber hecho algo bueno, de haber contribuido positivamente en conseguir tener un mundo mejor en el que vivir, nada de placer tipo sádico ni nada por el estilo, que gracia.

            El fin de mis días. Es posible que aquel reportero y sus lectores queden algo decepcionados, ya que no tenía la intención de dar muchos detalles, estos me los llevaría conmigo al infierno.

“Después de la guerra”

     “Contra el silencio y el bullicio invento la palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día. El hombre es palabra y la palabra es fundamento de todo lo creado”.

                                                                                                         Octavio Paz