Microrrelato 46.0


Carabelas


Prefiero las ratas. Seguro que el tratamiento con semejantes alimañas, es más grato que con la mayoría de las personas que se hacen llamar políticos. Imagino que para ellos, el hacer política es llenarse los bolsillos cual corsario que gobierna una calavera en pos de un abordaje, para arrasar con lo puesto del primer marinerito que pase por allí. Aquellos malditos roedores serían capaces de pilotar esta nao que tenemos como país, con más dignidad y eficacia que los que nos gobiernan, no me cabe la menor duda. Cuadrúpedas con rabo son, más decentes que estos piratas yonquis de lo ajeno…


g-sayah


Poeta en Nueva York 36.0


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Relato 138.0


Hoy tengo un mal día. Cruzo el umbral de una oscura puerta y me adentro en un valle en el que el abismo denota una tónica general, depresión, característica aciaga de un relieve humano.

El cristal de la ventana

refleja mi sombrío rostro.

El cristal de mi alma

en otro tiempo opaco,

ahora la tristeza muestra.

Actúo como un bellaco,

lo sé, la vida voy desdeñando

y me arrepentiré,

más ahora no puedo evitarlo…

Me caigo y me levanto, me vuelvo a caer. Quiero pero no puedo. Estoy cansado…


G. Sayah


Madrid 14.0


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De pie, con la mirada fija y perdida a través del gran ventanal por el que se divisaba parte del downtown neoyorkino, Robert Fox se devanaba los sesos intentando poner en claro qué podría hacer ante lo que acababan de confirmarle.

Un detective privado, amigo de un amigo, eficaz y discreto según este, parco en palabras, abandonó su despacho dejándole un sobre con el material concerniente al encargo que le pidió que hiciera unos días antes. 

Algunas fotografías y un escueto informe. Las imágenes hablaban por sí solas y no dejaban lugar a dudas…


G. Sayah


 

Fragmento 3.0


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Extracto de la novela de Simon Scarrow, ‘Roma Vincit!’, en el que encontramos una conversación bastante didáctica, y cuya semántica bien podría aplicarse sutilmente a los tiempos que corren…


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g-sayah


Microrrelato 43.0


Puta mili


– Deberías ver las rozaduras de mis talones amor mío. – Le contaba a su novia por carta en un intento de desahogo. Aunque eso no era todo. Aquel sargento chusquero los hizo andar toda la noche. – Marcha nocturna. – Decía el muy imbécil.  – ¡Orden de combate! –

Se preguntaba para qué. Esta mili de mierda había truncado sus estudios, lo había alejado de su familia, de sus amigos… Cuanto tiempo perdido. No veía el momento en que aquello terminara, y mientras, allí estaba, maltratado por un suboficial de pacotilla que descargaba sus frustraciones con los reclutas después de emborracharse en la cantina del cuartel a costa del erario público.


g-sayah


‘El tiempo…’


Relato 99.0


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… Por qué siempre pendiente de él estamos. Creo que lo hacemos sin darnos cuenta. Nos marca el camino – ¿hacia dónde? – organizándonos el día a día, teniendo la virtud de controlar nuestras vidas… así es. 

Períodos, lapsos, momentos, fracciones interválicas… A qué hora nos levantamos, a qué hora nos acostamos, a qué hora empezamos en el trabajo, a qué hora podemos parar de trabajar, a qué hora nos deja tomarnos un respiro para disfrutar de un café y echar un cigarrillo, lo que por otro lado dicen que nos resta, quizás entre llevar a los niños a las actividades extraescolares y hacer la compra porque la nevera está vacía… ¿Qué hora es?, ¡rápido, rápido que no llegamos!, tengo que…

Inexorable, a la vez que supervisa mi rutina, pasa delante mí, y yo, ciego, no me estoy percatando, no me doy cuenta que nunca volverá. Pienso que es un puto reloj de arena en el que la que va cayendo no vuelve a subir, y una vez termine de caer todo habrá acabado…

 


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 35.0


Relato 137.0


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Paseador de perros, barredor en el metro, hacedor de hamburguesas en un puesto de comida callejera… cualquier trabajo era bueno si con él podía sobrevivir allí, en la ciudad de sus sueños, donde desde que era pequeño quiso estar. Aquel lugar gigantesco y afilado no le estaba dando de momento todo lo que en un principio esperaba, casi no llegaba a pagar el alquiler, apenas si tenía para comprar algún libro de vez en cuando, pero tendría paciencia.

Estaba seguro que el destino le tenía deparado algo mejor, nunca perdería la esperanza, seguiría luchando, ya que el paso más difícil lo había dado, dejarlo todo atrás, familia, amigos, lugar de nacimiento, un lugar por cierto que no echaba de menos en ningún aspecto, para nada, en absoluto.

– Tarde o temprano llegará mi oportunidad. – Se decía observando el metropolitano paisaje a través de la ventana de su minúsculo apartamento con la mirada perdida. 

Su ímpetu y su talento lo repartía en el poco tiempo libre que aquellos trabajos le dejaban, entregando en un sin fin de editoriales sus escritos, textos salidos desde su más profunda intimidad, creados con el alma, en lo que negro sobre blanco plasmaba sus sentimientos en relatos y poemas que esperaba algún día calaran en un público que seguro lo acogería con los brazos abiertos, compensando así la arriesgada apuesta en su vida y la pasión que ponía en sus modestas redacciones, repletas de palabras sinceras y sugerentes…


G. Sayah


 

Madrid 13.0


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Le sorprendió ver como su compañero de tan censurable profesión recogía a la chica del trabajo, y tras pasar por su casa, se dirigían a la estación de Atocha. 

– ¿A dónde coño iban? – Se preguntó. Tuvo que hilar fino para conseguir un billete con el mismo destino y así no perderlos de vista. Qué irían a hacer en Sevilla. No dejaba de ser desconcertante la actitud de aquel ‘profesional’. Aún así, sería paciente y no dejaría de observar sus movimientos, al fin y al cabo, para eso le pagaban.

A escasos veinte metros de la pareja, en uno de los andenes, antes de subirse al tren, informó telefónicamente a su cliente de los últimos pasos de Vincent.


G. Sayah


 

Relato 98.0


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Las siete de la mañana y el despertador cumplió con su función. A duras penas se incorporó, tenía el cuerpo dolorido, no se encontraba bien, pero había decidio que el trabajo la distraería.

Delante del espejo se topó de nuevo con su dura realidad: el ojo derecho morado, la ceja izquierda partida y el labio inferior algo inflamado. Intentaría hacer una obra de ingeniería con el maquillaje, aunque en su fuero interno se preguntaba que de dónde sacaría fuerzas para todo aquello.

Una vez se hubo vestido, cogió su bolso, su iPhone y se dirigió a la ventana para echar un vistazo. Lo que vio la hizo temblar. Su exmarido estaba en la acera de enfrente, seguramente esperando a que bajara, se había saltado de nuevo la orden de alejamiento.

– 016. Dígame… –


G. Sayah


Poeta en Nueva York 34.0


Relato 136.0


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Como sacado de un cuadro surrealista, algo cercano a lo que mi mente no sería capaz de procesar en condiciones normales, en mis pesadillas conviven misteriosamente vivos y muertos, entes concretos que comparten un espacio por el que parece que el tiempo no transcurre. Es como si dicho tiempo no tuviera nada que decir y por más que se empeñara, sus intentos por hacer mella en estos eternos personajes de esta onírica obra que mi subconsciente monta por las noches fueran inútiles.


– ‘¿Cómo está coronel?’ –

– ‘Aquí. Esperando que pase mi entierro’ –

G.G.M.


Mi razón los ve tal cual los vieron mis ojos la última vez en vida, y me despierto sobresaltado, y siempre a la misma hora, a las cinco de la madrugada, cuando la mayoría de los protagonistas insisten en contarme sus experiencias de cuando moraban por el mundo de los vivos, sus malas experiencias claro, como si buscaran el perdón de algo o de alguien, en un intento por redimirse de sus posibles malos actos para con los demás, en tanto en cuanto estuvieron aquí, con nosotros, conmigo, como si yo tuviera la facultad de expiar los pecados que dicen que cometieron…


G. Sayah