Madrid 39.0


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Sentada en una hamaca, diseñada para estar tumbada y que el entregarse a los brazos de Hypnos fuera muy fácil, debajo de un viejo y frondoso cocotero, Rachel se relajaba mirando el mar, mientras la brisa tahitiana le acariciaba su hermoso rostro.

Habían pasado varios días desde que abandonó La Gran Manzana y a pesar de lo radical del cambio: en su vida, en su día a día, el entorno, la gente… no le estaba siendo demasiado difícil el adaptarse, aunque era consciente que todavía estaba lejos de conseguirlo.. era demasiado pronto.

Pudo alquilar una pequeña casa, bastante coqueta y funcional, con lo básico para ir tirando, nada de lujos, ya lo era el que la mismísima entrada, estuviera a escasos cinco metros de la playa, o al menos eso pensaba ella.

A pesar de que llevaba poco tiempo en aquel paraíso, empezaba a preciar ciertas cosas que en la caótica Manhattan sería harto difícil.

Leía plácidamente una de las dos novelas que pudo guardar antes de salir pitando de su casa, con la amenaza de muerte pisándole los talones, en el exiguo y ligero equipaje en el que también metió lo que ahora eran sus únicas pertenencias. 

No obstante, a penas si podía concentrarse en la lectura, ya que cierta intranquilidad e inseguridad le podía. Había abandonado una lugar en el que se defendía bien, una rutina que más o menos le hacía sentirse cómoda… 


g-sayah


Madrid 38.0


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Después de sincerarse el uno con el otro, compartían sin saberlo la sensación de haberse quitado un peso de encima. Una liberación que daría paso a una situación normal,  si pudiéramos caracterizar así esta relación.

Vincent había pedido un gymtonic y María un blanco espumoso, que a modo de aperitivo tomaban en la terraza del restaurante en el que en su interior, le estaban preparando una mesa.

Otra vez, un plácido momento de silencio, disfrutando de cada trago, de cada calada de un cigarrillo que volvían a compartir, contemplando un cielo plagado de estrellas, sobre un fondo oscuro que no dejaba lugar a una luna que andaba desaparecida.

Un simpático camarero, amablemente les invitó a entrar comunicándole que la mesa estaba lista, y que él llevaría las bebidas.

– Muchas gracias. – Dijeron al unísono, lo que arrancó unas ligeras risas en los tres.

Una vez dentro, sentados, uno frente al otro, María alzó su copa y propuso un brindis – Por nosotros Vinc. Enterremos el pasado y ‘carpe diem’ –

– No podría estar más de acuerdo. Y ahora echémosle un vistazo a la carta, estoy hambriento –


g-sayah


Madrid 37.0


#bosquerojo#


Seguro que iría al infierno, pero por motivos de otra índole…

Tanto su pasado como su día a día estaban repletos de actos que traspasaban los límites impuestos por la ley.

Sobornos, corrupción urbanística, tráfico de influencias, prevaricación, estafa, blanqueo de capitales… un largo etcétera, pero nunca, bajo ninguna circunstancia, había incurrido en ningún delito en el que el derramamiento de sangre tuviera un atisbo de aparecer.

No hace tanto que tuvo la oportunidad de emprender un atractivo negocio relacionado con la compra-venta de armamento. Atractivo en lo económico, claro. Sencillo, sin complicaciones, poca inversión y suculentos beneficios, aunque la paupérrima parte de conciencia que le quedaba medio decente se lo impidió. Hubiese multiplicado su ya ingente fortuna, a buen recaudo en diferentes paraísos fiscales a lo largo y ancho de todo el mundo, pero decidió seguir con lo que tenía, que tampoco estaba nada mal.

Con respecto a Rachel, su plan estaba saliendo bien. El supuesto matón que en teoría había contratado para cumplir los deseos de Robert, le pasaría un hipotético informe en el que dejaría claro que de la señora Fox no había ni rastro, y no por su trabajo de sicario precisamente. Era la idea, idea que Eric esperaba que calara en la mente de Robert, de manera que este cambiara de actitud, cejara en su empeño y no siguiera adelante con aquella turbia historia, y así, su viaja amiga, disfrutara de su anónimo retiro, fuera de todo peligro.


g-sayah


Madrid 36.0


Espacio exterior


– Pienso que deberíamos darnos una oportunidad –

María rompió los minutos de silencio que acompañaban a la pareja mientras fumaban plácidamente sendos cigarrillos. Le dijo a Vincent que no le importaba su pasado, que le era difícil entenderlo, y aunque no sabía si llegaría a hacerlo, de lo que si estaba segura era que el presente no tenía mala pinta, y en el fondo era lo que quería, seguir viviendo el presente. Junto a él se sentía bien, lo pasaba genial, le gustaba de verdad…  se estaba enamorando.

Vincent encajó aquello con sorpresa y una sensación de euforia lo invadió interiormente, ya que el sentía lo mismo y le hubiese jodido bastante otra reacción por parte de ella. Le prometió que haría todo lo posible por hacerla feliz y que su intención era permanecer a su lado para siempre.

El rostro de María se torno rojo, cual llama que arde en la morada de Lucifer, por culpa de la maldita ruborización sobrevenida, pero le daba igual. Le aumentaron las pulsaciones y empezó a sentir mariposas en el estómago…


g-sayah


Madrid 35.0


NYC


Le saltó el buzón de voz – Hola Robert. Soy Eric. Cuando puedas te pasas por mi despacho. Tengo novedades. Un abrazo – Su intención era decírselo por teléfono, pero no le agradaba la idea de dejar grabado ningún mensaje referente al asunto de su esposa, por lo que decidió en el último momento que sería mejor hablarlo cara a cara. 

– Señor Larsson, el señor Fox acaba de llegar –

– Dile que pase, por favor, y no me pases llamadas en media hora –

– Entendido señor Larsson –

– Gracias Mary –

Robert entró sentándose directamente si tan siquiera dar los buenos días. Estaba alterado, e impaciente por lo que Eric tendría que decirle. Éste servía un par de bourbones de espaldas a su viejo amigo.

– Tu mensaje decía que tenías algo –

– Hola Robert, yo también me alegro e verte. Te noto un tanto nervioso –

– Es que esto se está dilatando más de la cuenta. Esperaba que se solucionara rápido. Supongo que se me nota –

– Así es, y lo que tengo que decirte me temo que no te va a gustar –

Robert se bebió el bourbon de un trago dispuesto a digerir lo que Eric le contara.

– Mi hombre me dice que le ha perdido el rastro a tu mujer –

– ¿Cómo? Eso no es posible –

– Cuándo la viste por última vez –

– Ayer me dijo que iría a visitar a su hermana a Washington, y que estaría fuera un par de días, por lo que entiendo que seguro andará por aquí con ese amiguito suyo –

– Pues por lo visto ni aquí, ni en Washington… De todas formas, le he dicho que le dedique un par de días más al asunto, y creí que debías saber lo que tenemos por el momento –

El corazón de Robert empezó a latir más deprisa. Ni siquiera las ultimas palabras de Eric lo tranquilizaban. – ¿Se ha centrado tu hombre en los lugares que te dije que frecuentaba Rachel, además de los que mi detective descubrió? –

– En efecto. – Y nada, pero ya te digo, démosle unas horas a ver que puede hacer y con lo que sea damos el siguiente paso –

– ¡No me jodas Eric! ¡Sólo acepto una situación… que desaparezca de una vez por todas! –


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Madrid 34.0


Versión 2


Vincent salió del baño con el pelo húmedo aún y con la toalla liada entorno a la cintura.

– Bueno, qué es eso que te traes entre manos con tanto misterio. –

María había servido dos copas de vino, ofreciéndole una a Vinc. – Brindemos por nosotros, y porque lo pasemos bien hoy. – Dijo sonriendo irresistiblemente.

– Estoy contigo. –

– ¿Lo compartimos? –

Vincent observó que María le enseñaba un pitillo algo deforme para ser un Marlboro, y enseguida cayó en la cuenta a lo que se refería antes.

– ¿Es marihuana? –

– Exacto, ¿te animas? –

– Claro, por qué no. Hace años que no la pruebo y creo que un par de caladas no me vendrán mal. Podría haberme imaginado cualquier cosa menos esto. –

– Me alegra haberte sorprendido. No todas las sorpresas van a venir por tu parte… – Dijo María con un tono de sarcasmo. – Me hace romper con la rutina pero de manera diferente. Yo tampoco suelo fumar, y la verdad es que no se cómo se me ha ocurrido, pero en fin, aprovechemos el momento. –

Dieron, tumbados en la cama, buena cuenta de la botella y del canuto, charlando de cosas triviales y soltando carcajadas a costa de simpáticas anécdotas que María contaba de su vida…


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Madrid 33.0


isla


Habían quedado en la misma cafetería dos días más tarde. Esta vez fue ella la que llegó antes, posiblemente por el estado de nerviosismo e inseguridad que la embargaba. Miró su reloj y ya pasaban más de veinte minutos, por lo que avisó al camarero con un gesto educado para que se acercara.

– Hola, ¿le sirvo algo? –

En ese preciso instante Eric entraba en el local, cerciorándose donde Rachel estaba sentada y que le estaban tomando nota.

– Un café sólo, bien cargado –

– Hola. Lo mismo para mí – Dijo a la vez que tomaba asiento – Gracias –

– No hay de que. Enseguida estarán –

– Siento el retraso, pero tenía que cerrar un asunto antes de venir y se me ha echado el tiempo encima 

– No te preocupes –

– ¿Cómo estás? ¿Has pensado en lo que estuvimos hablando? –

– Como para no hacerlo. Por lo visto, mi vida está en juego – Dijo Rachel sarcásticamente.

– Perdona. Que pregunta más idiota –

– No he parado de darle vueltas, la cabeza me va a estallar y no consigo centrarme. No puedo creer lo que me está pasando –

– Es lógico 

– Creo que llevas razón, lo mejor sería que me fuera. Estas últimas horas he notado a Robert algo distinto, bastante raro en su comportamiento, y no me gusta nada 

– Entiendo. Ayer me llamó muy excitado e impaciente. Quería una respuesta inmediata por mi parte a lo que me ha pedido sobre ti  – Dijo Eric eufemísticamente para no hacer más sangre en la herida emocional de Rachel.

– ¿Y qué le dijiste? –

– Poco. Le di largas argumentando que estaba a la espera de que la persona que íbamos a contratar para el encargo nos hiciera un hueco. Hipotéticamente claro, ya que esa persona no existe en medio de todo esto 

– ¡Joder! Esto es muy fuerte 

– Lo sé. Bueno, tranquila. Te traigo algo tangible. Tengo preparados un pasaporte y un billete de avión sólo de ida, más unos cuantos dólares en una cuenta que te he abierto. Todo para que puedas empezar de nuevo 

– No se que decir 

– Pues di que sí, es lo mejor para ti. Por cierto, ¿qué hay de tu ‘amiguito’? –

– No sabe nada, y creo que no sería buena idea que se enterara 

– Vale, estoy de acuerdo. ¿Que te parece Tahití? 


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Madrid 32.0


hotel


Cuando volvió, Vincent seguía tumbado en la cama. No sabía exactamente cuanto tiempo había estado fuera, ya que sus pensamientos hicieron que perdiera la noción de aquel.

– Lo de que no te movieras veo que te lo has tomado al pie de la letra – Le dijo María sonriendo.

– La verdad es que no veía un lugar mejor en el que esperarte ansiosamente. Me has dejado en ascuas y rebosante de curiosidad al irte –

– Pues eso lo vamos a solucionar enseguida – María dejó la bolsa que cargaba sobre un antiguo secreter que había en un rincón de aquella bonita habitación del Petit Palace. Lo decidió unilateralmente, le apetecía pasar el día tirados en la cama. Para ello compro algo de comer y una botella de vino en el 7-Eleven de la esquina.

A Vincent le pareció una idea genial – Salimos por la noche a cenar si te apetece –

– Vale, lo vamos viendo –

– Mientras vas sacando lo que has traído, voy a darme una ducha –

– Perfecto. Voy abriendo el vino. Por cierto, el recepcionista ha sido muy amable. Cuando subía, se cercioró de la botella, que sobresalía ligeramente de la bolsa, y con un tono algo sarcástico me dijo que nos sería difícil bebernos tan rico brebaje –

– ¿Y eso? –

– Entendí el sarcasmo cuando me tendió un sacacorchos   

Ambos rieron sonoramente – ¡Qué bueno! – dijo Vinc.

– Cuando lo hizo me guiñó un ojo en un ademán de simpatía, y en un impulso de atrevimiento le pregunté si sabía donde podía hacerme con lo que traigo en el bolsillo de los vaqueros 

– ¿de qué se trata? –

– Ahora lo verás cuando salgas del baño. Pero no me preguntes de donde lo he sacado, porque le he prometido que quedaría entre los dos –


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Madrid 31.0


coffee


– Robert me ha pedido ayuda para deshacerse de ti –

– ¿Cómo dices? – La cara de asombro de Rachel superaba lo imaginable. – Pero… –

Eric hizo un ademán con la mano a modo de ruego para que le dejara terminar lo que empezaba a decir. Tenía intención de ir suavizando las primeras palabras y a la vez la situación, aunque no tenía más remedio que ser claro y conciso al principio.

– Quiere que utilice mis contactos para contratar los servicios de un sicario para matarte –

Rachel tuvo que llevarse las manos a la boca para ahogar un grito de terror y al mismo tiempo sintió una punzada en el estómago que casi la hace vomitar, pero en vez de eso, empezaron a asomarle unas incipientes lágrimas en los ojos. No podía imaginar que su marido fuera capaz de algo así.

– Por muy miserable que la gente piense que puedo ser, y la cantidad de cosas que haya podido hacer a lo largo de mi vida, de las que en su mayoría no me vanaglorio, tengo mis límites. Es complicado, intenta tomártelo con calma. Entiendo que es muy difícil, pero estoy aquí para ayudarte, y creo que lo que tengo pensado puede ser una solución factible –

Con un llanto silencioso pero más pronunciado, apenas si pudo preguntar… – ¿Y qué has pensado? –

Eric le ofreció el pañuelo que siempre llevaba en el bolsillo de su americana, blanco, personalizado con un bordado – Mi idea es que desaparezcas. Si no soy yo el que le ayuda a llevar a cabo sus planes, lo intentará por otro lado o de otra forma. Si no eres feliz con él y no te importa romper con todo, haré uso de mis ‘recursos’ para ayudarte. Saldrías del país, empezarías de cero. Una nueva vida, fuera de todo peligro. Creo que es lo mejor, y te aprecio lo suficiente como para ser cómplice de algo que pueda ir en tu contra. Pienso que el cornudo de tu marido, mi amigo, ha perdido la cabeza, y no pienso complacer a un loco por mucho que nuestra amistad venga desde la niñez. Además, te repito, mi aprecio por ti roza el cariño y no se me pasa por la mente algo así. Te considero mi amiga, aunque te conozca por ser su esposa –

– Pero cómo. Esto es una locura. No tengo dinero para hacer lo que me dices, es precipitado, y ademas, ¿a dónde iría? – Rachel no encontraba consuelo a pesar de las palabras de Eric y sus afectuosos gestos –

– El lugar es lo de menos siempre que él no pueda encontrarte. No tienes mucho tiempo para decidirte, pero piensa que es cuestión de vida o muerte…  –


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Madrid 30.0


maría


Después de hacer el amor, apuraron los cafés, semi sentados en la cama, en silencio, disfrutando del momento.

Encendieron un cigarrillo que compartieron, sin hablar, a la espera de que alguno se decidiera, aunque dicho silencio fuera de lo más reconfortante y placentero.

La decisión no llegó en forma de mutismo roto, fue volver a entregarse a la pasión desenfrenada del sexo. Vincent tomó esta vez la iniciativa, una iniciativa que a María le estaba leyendo el pensamiento.

Se entregó como si de su primera vez se tratara, lo que para él no paso inadvertido durante los más de veinte minutos en los que ella alcanzó tres espectaculares orgasmos.

Exhaustos, ya no quedaba café que apurar, pero si otro cigarrillo que compartir. De nuevo, silencio, se gustaron, saboreando el momento, viviendo un presente que desconoce un pasado que a lo mejor no existía, e ignora  un futuro que poco importaba.

María se incorporó y le dio un cariñoso beso en los labios a Vincent. – No te muevas de aquí. He tenido una idea 

Salió de la cama, se enfundo sus 501, se calzó sus zapatillas y se puso la camiseta que Vinc había dejado a la mano la noche antes – Salgo un momento. No tardo 

– ¿A dónde vas? –

No había terminado de preguntar cuando María ya había abandonado la habitación…


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