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Las tenues olas acariciaban sus pies mientras disfrutaba de un sol reconfortante y de una lectura digamos, entretenida, y es que aunque leer era una de sus pasiones, la rutina se había transformado en monótona y su día a día empezaba a poder calificarse de tedioso en algunos momentos.

Se esforzaba por ver las cosas con perspectiva, y era consciente de que debía considerarse muy afortunada a tenor de las circunstancias que se habían dado hasta el momento, y aunque estaba en un idílico y seguramente inmejorable lugar, paradójicamente sentía la necesidad de un cambio, un abandonar intermitente de aquella ‘zona de confort’ que la estaba agobiando un poco. 

No le ocurría lo mismo al protagonista de la novela que estaba leyendo, un investigador de la Guardia Civil española, al que le habían encargado que resolviera el asesinato de un militar del ejército en una base de Afganistan, hasta donde se había tenido que desplazar junto con su inseparable compañera…

Hizo una pausa aprovechando que había terminado un capítulo, levantó la vista y se deleitó con aquel magnífico horizonte que se presentaba ante sus ojos cual pintura de Van Gogh, cuando de soslayo, percibió a lo lejos la figura de un hombre trajeado que se acercaba por la orilla. Aquella no era una playa especialmente concurrida, pero no faltaban turistas que esporádicamente aparecían para disfrutar de un sencillo paseo.

La distancia hizo que Rachel dejara de prestarle atención, pero al cabo de unos minutos, cuando dicho individuo estuvo más cerca, le embargó la sensación de que le era un tanto familiar…


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Fjallbacka III


– He pensado que podríamos coger unos días de vacaciones. –

– Tiene gracia que me digas eso. –

– ¿Por qué? ¿Que tiene de gracioso?

– Porque sería yo quien tendría que coger los días, tú estás siempre de vacas. – María dijo aquello con un tono cariñoso y guiñándole un ojo.

– Bueno, entiéndeme. Lo que en realidad quiero decir es que me gustaría que hiciéramos un viaje, una escapadita como la que hicimos a Sevilla, aunque esta vez saldríamos de España, a un pueblecito en el que he estado un par de veces y que echo de menos. Me haría mucha ilusión que lo conocieras conmigo. Por cierto, mi jefa eres tú. – Vincent le devolvió el guiño. 

María sonrió, se acercó a él y se colocó a horcajadas sobre sus piernas, obligándolo a apartar la novela que tenía en sus manos y que leía sentado en el ‘acogedor rincón de lectura’ del apartamento. 

– Eres un sol, y me muero por ir a donde sea contigo, y que me enseñes ese sitio tan especial para ti, pero dudo que en el trabajo me faciliten la historia.-

– No tiene por que ser ahora. Habla con tu jefe y le dices que quieres una semanita, para cuando a él le venga bien, y en el momento que pueda ser nos largamos. Yo me encargo. 

– Tú te encargas de… –

– Pues de sacar los billetes y de buscar alojamiento, tontita mía. –

– Me parece un plan muy atractivo y además me está picando la curiosidad y estás despertando mi gen viajero, que estaba algo aletargado últimamente. Está bien, se lo comentaré a ver que me dice. ¿Y qué lugar es ese? Me tienes un poco intrigada. –

Vinc, en principio, quería darle la sorpresa, pero al ver la cara de ella y sus continuos gestos de cariño con la intención de convencerlo de que le dijera a donde quería llevarla, se lo dijo.

– Iremos a Fjälbacka, un pequeño pueblo costero al oeste de Suecia…


g-sayah


Madrid 44.0


Eventos - 2278


Los días transcurrían rápidos, señal inequívoca de que todo iba sobre ruedas. La convivencia era casi perfecta, estaban bien el uno con el otro, no tenían problemas a la hora de repartir las tareas que demandaba el hecho de compartir un hogar, y cada vez que tenían la oportunidad, hacían el amor como locos.

Mientras María hacía frente a su rutina diaria en la oficina, Vincent ponía en orden el apartamento, hacía la compra y preparaba el almuerzo, la cena era cosa de ella, y el resto del tiempo se dedicaba a buscar trabajo.

Su currículum era bastante bueno, aunque no reflejaba una laguna temporal en el apartado de ‘experiencia profesional’. No quedaría muy ortodoxo reflejar que durante varios años había sido un asesino a sueldo, por lo que dicha laguna la suplía con un hipotético empleo en el que habría ejercido como abogado en un prestigioso bufete de abogados neoyorquino. Uno de los socios fundadores, era un viejo amigo, y si se diera el caso de que llamaran pidiendo referencias, le cubriría las espaldas. 

Podría ser un aspirante perfecto para cualquier puesto que le propusieran. Conocía varios idiomas, poseía un par de másteres y se graduó ‘cum laude’ en la Universidad de Harvard, un hecho este último que le otorgaba un aceptable prestigio a la hora de afrontar cualquier entrevista, que hasta ese momento habían sido escasas, aún así, era optimista y estaba seguro que no tardaría en emplearse.

Todavía, cuando se para a pensar y echa la mirada atrás, no encuentra una explicación de cómo se dejó captar por la CIA. Cursaba el último año cuando alguien se le acercó mientras repasaba unos apuntes sentado en un banco del campus, y dirigiéndose a él por su nombre de pila le tendió una tarjeta… 

– Llámanos si estás interesado. Nosotros lo estamos, y por favor, sé discreto –

Aquel individuo se fue tal como vino y nunca volvió a verlo. Seis meses después, una vez terminó el curso y habiéndose tomado un tiempo sabático, la curiosidad pudo con él y decidió hacer esa llamada, lo que propició el inicio de su etapa en La Agencia, casi cuatro años, antes de establecerse por su cuenta, viviendo una segunda etapa profesional menos arriesgada y mucho más lucrativa, aunque no fácil, ni la transición – dejar Langley – ni la serie de trabajos que tuvo que realizar.

Deseaba que su tercera experiencia en el mundo laboral encajara con los cánones que la ley imponía a la sociedad, y que mejor forma de hacerlo, en la medida de lo posible, que aplicando sus conocimientos en derecho.

Esperaba tener suerte…


g-sayah


Madrid 43.0


MADRID DESTINAR¡ PROGRESIVAMENTE M¡S ESPACIO AL PEAT”N EN GRAN VÕA


El apartamento de María no era muy grande. Un dormitorio con un coqueto vestidor, una cama de matrimonio flanqueada por dos mesitas de noche de diferente diseño, y debajo de un gran ventanal, un antiguo secreter junto a una librería rebosante de ejemplares policíacos. La estancia presumía de luminosidad, una luz natural que venía de la Gran Vía Madrileña, a la que el sol no dudaba en castigar en aquella época del año y cuyas vistas eran perfectas desde allí. Era seguro que aquello podía alegrar los ojos de quienes como ella, se declaraban urbanitas incondicionales. Como no podía ser de otra forma, la vivienda disponía de un baño, pero en este caso bastante completo, es decir con ducha y bañera independiente, todo un lujo para los escasos 50 metros cuadrados de aquella. Su decoración distaba bastante de la vulgaridad, era original y te podía hacer olvidar que te encontrabas en un escusado.

La cocina formaba parte del salón, el lugar más amplio del apartamento, separada de este por una moderna y funcional isla en la que se insertaban tres fogones de gas, en los que María daba rienda suelta a su afición culinaria. Una afición que había heredado de su madre, la cual consiguió que su hija fuera también una estupenda repostera.

A Vinc le sorprendió cómo en tan reducido espacio María había sido capaz de colocar un frigorífico de dos puertas, de esos que salen en las pelis americanas y que tanto le gustaban, por no hablar de un lavavajillas y un horno, elemento imprescindible para su hobby, del que disfrutaba enormemente en sus ratos libres.

Solía tomar una copa de vino, a la vez que elaboraba exquisitas recetas, con las que obsequiaba a sus compañeros de trabajo cada dos por tres con generosos táper, lógicamente, ya que ella sola era incapaz de comerse todo lo que cocinaba, y su congelador, aunque era enorme, no daba para tanto.

Una considerable pantalla de televisión le hacía compañía permanentemente, cuando no escuchaba música del antiguo tocadiscos, regalo de un antiguo novio, que le permitía reproducir su rica colección de vinilos. Todo, aquí, también estaba presidido por una gran ventana que dejaba pasar los rayos del sol que le daban la vida, y que se hacían cómplices de una lectura esporádica de su biblioteca particular, en un bonito y cómodo sillón ‘made in Ikea’ que pasaba desapercibido en un acogedor rincón del habitáculo, en el que no podía faltar una gran alfombra persa, que culminaba la imagen de confort y la sensación de placer, cuando le apetecía quedarse en su ‘hogar’.

– Me encanta tu apartamento. Si tuviera una chimenea creo que tendría un orgasmo de inmediato – dijo Vincent con una rotunda y clara sinceridad.

María no pudo más que soltar una sonora carcajada al mismo tiempo que le tomaba el equipaje para dejarlo en el dormitorio. Cuando volvió se colocó enfrente de él, se puso de puntillas, le rodeó tiernamente el cuello con los brazos y le obsequió con un cariñoso beso – Considéralo tuyo, bueno, nuestro… –


g-sayah


Madrid 42.0


#madrid#


El AVE, dirección Madrid, discurría a la altura de Puertollano cuando María interrumpió la lectura que Vincent hacía de su novela, para contarle lo que había pensado. Estaba convencida de que sería una buena idea, siempre y cuando él estuviera en la misma onda. 

– ¿Te está resultando interesante? –

– ¿Qué? –

– Tu libro, tonto, qué si te está gustando.

– Ah! Si, perdona. Estaba un poco ensimismado. La verdad es que no es de los mejores que he leído, pero no está mal. Va de un policía retirado… –

– ¿Qué te parece que vivamos juntos?

– ¡Joder! ¿Cómo dices? Vinc se quedó petrificado, a medio camino entre lo que leía y la respuesta que le estaba dando a María. No se lo esperaba, y tuvo que recapacitar unos segundos antes de articular palabra. – Pues no sé, me coges un poco desprevenido, y si te soy sincero… ¿puedo serlo? –

– Por favor –

– …Si te soy sincero, no se me había pasado por la cabeza –

– Oh, vaya. Me temo que a lo mejor he metido la pata –

– No, en absoluto! En realidad, quería decir que lo nuestro va tan rápido, y estoy tan bien, que no me lo había planteado. No he tenido tiempo de pensarlo. Lo que no quita que se me hubiese ocurrido mañana mismo –

María sonrió ante la última frase de Vinc. – Si, vamos. No quieras arreglarlo ahora – Dijo con sarcasmo.

– De veras. Créeme. Puede ser lo mejor que me hayan propuesto en mi vida, y no tengo ninguna duda de que deberíamos hacerlo –

– ¿Me hablas en serio? No quisiera que te sientas presionado –

– No seas tonta ¿Crees qué tu idea podría hacerme sentir así, con todo lo que llevo vivido? Ojalá hubiesen sido como esta todas las presiones que he tenido que soportar a lo largo de mi vida… –

– Entonces que te parece si de momento te vienes a mi apartamento, lo compartimos un tiempo y vemos cómo nos va. Me vendría bien alguien que afloje la guita para los gastos – Bromeó María.

– Genial! En cuanto lleguemos me pongo las pilas, aunque tardaré poco. Mis pocas pertenencias van ahí – Señaló con un ademán de los ojos el portaequipajes en el que estaba su inseparable trolley negro de veintinueve litros de capacidad. Lo que no entraba en él, no iba a ningún sitio – Además, creo que será más interesante y divertido vivir contigo, que el pernoctar solo en un hotel. Estoy deseando de dejarlo –

Lo inesperado de la propuesta, el sí de la respuesta y las mutuas miradas que se lanzaron, cargadas de cariño y complicidad, hicieron que ambos, al unísono, llegando ya a la estación de Santa Justa, volvieran a sentir ‘mariposas en el estómago…’


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Madrid 41.0


#paraíso#


Era el móvil de prepago que Eric le había proporcionado junto con el billete de avión y el pasaporte. El único y débil hilo que la unía a su reciente pasado.

– Hola Rachel, cómo te va –

A pesar de que sólo él conocía el número, y por ende, la única persona que podía llamarla, fue toda una sorpresa.

– ¡Hola Eric! ¡Qué alegría escucharte! Llevo días sin hablar con nadie y me encanta que te hayas acordado de mi –

– La verdad es que desde que te fuiste pienso en tí a menudo. Imagino que no te estará siendo fácil el cambio y me gustaría que supieras que puedes contar conmigo para lo que te haga falta, que si está en mi mano… –

– Muchas gracias Eric. No sabes cuanto me ayuda saber que estás ahí, aunque sea en la distancia, y no lo llevo muy mal, pero es grato saber que puedo contar con alguien como tú – 

– Sé que ha pasado poco tiempo y que la situación es complicada, pero creo que lo peor ha pasado. Ahora céntrate en ti y no mires atrás. Tanto mi experiencia como mi intuición, me dicen que todo irá a mejor, así que ánimo y lucha por ser feliz –

– Gracias Eric, no sé cómo voy a pagarte todo lo que estás haciendo por mí. No imagino cómo podría compensarte –

– No pienses en eso ahora y deja de una vez de darme las gracias. No podría hacer otra cosa –

– Es que…

– No se hable más del tema. Lo dicho, cuídate todo lo que puedas y ‘carpe diem’. ¿No se dice así? –

– Creo que si –

– Pues eso. Si te parece bien te llamo en un par de días –

– Me parece genial –

– Perfecto. Repito: cuídate y un beso fuerte –

– Otro para ti. Hablamos entonces –

– Ok. Adiós –

– Adios Eric –


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Madrid 40.0


#cabina#


Desde una cabina y utilizando una línea segura, la sombra de Vincent durante los últimos días le daba a su misterioso y anónimo jefe las últimas novedades sobre la vigilancia que le había encargado.

El aeropuerto Adolfo Suárez mostraba un trasiego evidente en esas fechas estivales, señal inequívoca de la atracción que ejercía el país para los turistas.

Aquel poderoso individuo que sentía predilección por contar con los servicios de Vinc, empezaba a resignarse. Tendría que acudir a otro sicario para que se hiciera cargo de la brecha que, en oriente próximo se había abierto en lo que concernía a sus oscuros negocios, lo que en principio no le contentaba.

– Ha decidido retirarse – Le dijo su informante, decisión que no compartía, en absoluto, pero que estaba dispuesto a respetar, por ahora.

– Está bien, déjalo estar. Me reuniré con mis socios y veremos cual será el siguiente paso antes de que todo se complique aún más. El pago final, como siempre. Ya te llamaré –

Se dirigió a la puerta de embarque precisamente cuando estaban anunciando la última llamada del vuelo que le llevaría de regreso a casa.También él necesitaba un descanso, aunque no fuera permanente.


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Madrid 39.0


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Sentada en una hamaca, diseñada para estar tumbada y que el entregarse a los brazos de Hypnos fuera muy fácil, debajo de un viejo y frondoso cocotero, Rachel se relajaba mirando el mar, mientras la brisa tahitiana le acariciaba su hermoso rostro.

Habían pasado varios días desde que abandonó La Gran Manzana y a pesar de lo radical del cambio: en su vida, en su día a día, el entorno, la gente… no le estaba siendo demasiado difícil el adaptarse, aunque era consciente que todavía estaba lejos de conseguirlo.. era demasiado pronto.

Pudo alquilar una pequeña casa, bastante coqueta y funcional, con lo básico para ir tirando, nada de lujos, ya lo era el que la mismísima entrada, estuviera a escasos cinco metros de la playa, o al menos eso pensaba ella.

A pesar de que llevaba poco tiempo en aquel paraíso, empezaba a preciar ciertas cosas que en la caótica Manhattan sería harto difícil.

Leía plácidamente una de las dos novelas que pudo guardar antes de salir pitando de su casa, con la amenaza de muerte pisándole los talones, en el exiguo y ligero equipaje en el que también metió lo que ahora eran sus únicas pertenencias. 

No obstante, a penas si podía concentrarse en la lectura, ya que cierta intranquilidad e inseguridad le podía. Había abandonado una lugar en el que se defendía bien, una rutina que más o menos le hacía sentirse cómoda… 


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Madrid 38.0


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Después de sincerarse el uno con el otro, compartían sin saberlo la sensación de haberse quitado un peso de encima. Una liberación que daría paso a una situación normal,  si pudiéramos caracterizar así esta relación.

Vincent había pedido un gymtonic y María un blanco espumoso, que a modo de aperitivo tomaban en la terraza del restaurante en el que en su interior, le estaban preparando una mesa.

Otra vez, un plácido momento de silencio, disfrutando de cada trago, de cada calada de un cigarrillo que volvían a compartir, contemplando un cielo plagado de estrellas, sobre un fondo oscuro que no dejaba lugar a una luna que andaba desaparecida.

Un simpático camarero, amablemente les invitó a entrar comunicándole que la mesa estaba lista, y que él llevaría las bebidas.

– Muchas gracias. – Dijeron al unísono, lo que arrancó unas ligeras risas en los tres.

Una vez dentro, sentados, uno frente al otro, María alzó su copa y propuso un brindis – Por nosotros Vinc. Enterremos el pasado y ‘carpe diem’ –

– No podría estar más de acuerdo. Y ahora echémosle un vistazo a la carta, estoy hambriento –


g-sayah


Madrid 37.0


#bosquerojo#


Seguro que iría al infierno, pero por motivos de otra índole…

Tanto su pasado como su día a día estaban repletos de actos que traspasaban los límites impuestos por la ley.

Sobornos, corrupción urbanística, tráfico de influencias, prevaricación, estafa, blanqueo de capitales… un largo etcétera, pero nunca, bajo ninguna circunstancia, había incurrido en ningún delito en el que el derramamiento de sangre tuviera un atisbo de aparecer.

No hace tanto que tuvo la oportunidad de emprender un atractivo negocio relacionado con la compra-venta de armamento. Atractivo en lo económico, claro. Sencillo, sin complicaciones, poca inversión y suculentos beneficios, aunque la paupérrima parte de conciencia que le quedaba medio decente se lo impidió. Hubiese multiplicado su ya ingente fortuna, a buen recaudo en diferentes paraísos fiscales a lo largo y ancho de todo el mundo, pero decidió seguir con lo que tenía, que tampoco estaba nada mal.

Con respecto a Rachel, su plan estaba saliendo bien. El supuesto matón que en teoría había contratado para cumplir los deseos de Robert, le pasaría un hipotético informe en el que dejaría claro que de la señora Fox no había ni rastro, y no por su trabajo de sicario precisamente. Era la idea, idea que Eric esperaba que calara en la mente de Robert, de manera que este cambiara de actitud, cejara en su empeño y no siguiera adelante con aquella turbia historia, y así, su viaja amiga, disfrutara de su anónimo retiro, fuera de todo peligro.


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