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Abrió los ojos y dejó que la claridad matutina que entraba por la ventana le dilatara las pupilas. No miró el reloj pero supuso que sería más tarde que temprano, lo que no le importó en absoluto, no tenía nada importante que hacer hasta la hora del almuerzo, que había quedado con Eric, por lo que volvió a cerrar los ojos placenteramente y pasó un rato más retozando entre las sábanas.

La noche anterior se demoró en quedarse dormida, pensando en la conversación con Eric. Estuvo dándole vueltas, sopesando los pros y los contras, y las posibles consecuencias que una relación más íntima y comprometida supondría para su vida y sus sentimientos.

Tenía la certeza de que Eric sería comprensivo y que le daría el tiempo que necesitara, aunque no le haría falta, le diría lo que sentía en cuanto se vieran hoy…


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No era muy hablador, pero en los últimos días se había mostrado más hermético de lo normal. María lo achacaba a la incertidumbre que podría tener en su futuro profesional y su inquietud por querer estar ocupado, trabajando, así que decidió darle espacio y tiempo.

Llegó de la oficina algo cansada, quemada más bien, y encontró a Vincent sentado en ‘el sillón de leer’ con una novela en las manos y una copa de vino en la mesita auxiliar, lo que despertó en ella un sentimiento de envidia, sana, por supuesto.

– Hola Vinc. No te veo nada mal. Te lo montas de miedo – Bromeó.

Vincent sonrió y se levantó para darle un beso y servirle una copa – La verdad es que no me quejo. ¿Cómo te ha ido el día? –

– ¡Puf! Agotador. Ha sido intenso, muy ajetreado, con muchísimas llamadas de clientes que atender, dos reuniones con lo jefazos… en fin, tampoco voy a aburrirte. Estaba deseando de llegar y desconectar hasta el lunes –

– Me parece perfecto. Empecemos con un brindis. Por nosotros y nuestro ‘weekend’ –

– Por ti – Dijo María alzando la copa – Y gracias por todo –

– ¿Gracias? ¿Por qué? –

– Pues por estar a mi lado. Mi reencuentro contigo ha sido de lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, y hacía bastante que no me sentía tan bien, tan feliz, y mucha culpa la tienes tú –

– Vale, lo siento, te pido perdón – Bromeó Vincent.

– Perdonado –

– El sentimiento es mutuo – Dijo él al tiempo que le quitaba la copa de las manos para darle un apasionado beso. De ahí pasaron a gestos más desenfrenados, lo que convirtió el momento en un frenético e intenso acto erótico-amoroso que culminaron en la cama por dos veces…


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Rachel no esperaba aquello. La proposición de Eric la cogió algo desprevenida. Era cierto que después de recibir la fatídica noticia sobre las intenciones de su marido y el tener que empezar desde cero en su vida, con lo que suponía tanto lo uno como lo otro, su compañía le estaba facilitando enormemente esta transición temporal.

En su interior no tenía que rebuscar demasiado para reconocer que poco a poco aquella relación traspasaba los límites de una simple amistad, y que sus sentimientos estaban a flor de piel. Todo ello, claro está, no quitaba que se hallara reticente, que albergara temores, miedo a que por cualquier motivo una situación así no saliera bien, por otro lado, algo lógico también en condiciones normales, pensaba.

No se precipitó, y antes de darle una respuesta, le rogó que le diera algo de tiempo. Le dijo que estaba encantada con su propuesta de futuro para ambos, pero también sorprendida, y que tenía que hacerse algunas preguntas. También le dijo que la decisión que tomara sería de todo menos acelerada y considerando todas las posibles variables y sus consecuencias, de tal forma que lo que tuviera que ser construido entre los dos, se hiciera sobre unos sólidos cimientos, y sobre todo, teniendo en cuenta los sentimientos de él, aunque tenía claro que fuera como fuese, nada ni nadie le ofrecería la seguridad que buscaba…


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  En lo concerniente a las entrevistas de trabajo, se le había quedado un buen sabor de boca. Tenía esperanzas de que en poco tiempo estaría trabajando. Necesitaba el empleo, no ya tanto por el dinero, que también, sino por el hecho de mantener la mente ocupada en algo diferente, en una tarea a la que no estaría acostumbrado, ya que nunca había tenido un trabajo al uso, lo que por otro lado le parecía un reto importante.

Ya en el apartamento, mientras seguía dándole vueltas a las conversaciones que tuvo con los respectivos responsables de las empresas que visitó, y conjeturando sobre los posibles derroteros, se acordó del maldito sobre. Lo extrajo del porta documentos, pero antes de abrirlo y comenzar a leerlo, se sirvió una copa. 

– ‘Estimado amigo. Imagino que ya sabe quién soy, o al menos, se hace una idea. Antes que nada, quisiera disculparme por mi primer intento a la hora de contactar con usted, creo que no fue de su agrado, y lo siento, mas no era mi intención causarle ninguna molestia. 

Usted, mejor que nadie entenderá la discreción de mis pasos, aún así le doy mi palabra que de aquí en adelante prescindiré de intermediarios.

Me comentaron que se había retirado, lo que entiendo y respeto, pero me gustaría que hiciera una excepción conmigo y llevara a cabo un último trabajo. Sé que es reticente, pero al menos estudie el caso y mi oferta cuando llegue el momento, se lo ruego. Estaremos en contacto.

Sin más, reciba un cordial saludo’ –


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Fue Eric quien rompió aquel apacible silencio con un tierno gesto. Uno frente al otro, sentados en una de las pequeñas mesas de aquella terraza donde compartían café y lectura, se miraron fijamente cuando él posó su mano sobre la de ella, para seguidamente, adoptando un semblante sibilino comentarle:

– Quisiera decirte algo. Es una idea que me ronda la cabeza hace algunos días –

– ¿De qué se trata? – Dijo Rachel con curiosidad.

– A lo mejor te parece algo precipitado, por lo que te ruego de antemano que disculpes mi atrevimiento, y además, puede despertar en ti algún sentimiento contradictorio, pero creo que tengo que decir lo que siento y afrontar tu respuesta. Respuesta que por otro lado, me gustaría que sopesaras con tranquilidad, con tiempo y sin ningún tipo de presión –

Rachel empezó a sentir un ligero cosquilleo en el estómago y le dijo a Eric impaciente que soltara ya lo que fuera a decirle.

Eric sonrió. – Me gustas Rachel, y estos días están siendo maravillosos, por lo que me gustaría continuar así. Pienso que debíamos tomarnos esto algo más en serio, que compartamos juntos de manera indefinida el tiempo que se nos está presentando. Sé que puede parecer una locura, pero si no lo intentamos, jamás sabremos que puede pasar. No te estoy diciendo que te cases conmigo, obviamente no podemos, pero si que pensemos en un futuro juntos… –


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El poco tiempo que María tenía de descanso en la oficina, lo emplearon en tomar café plácidamente en un local que albergaba el mismo edificio.

– Cómo te ha ido –

– Creo que bastante bien. He salido con buenas sensaciones. En ambas empresas me han emplazado a mantener una segunda entrevista, supongo que con alguien diferente, tendrán que ir descartando candidatos, ya que yo no era el único. Ya sabes como va este tipo de historias –

– Claro, pero verás como a ti te va a ir bien. No me cabe la menor duda de que estás capacitado. No hace falta ni que te desee suerte –

– Gracias María, eres un encanto. Esperemos que tengas razón y que pronto empiece a trabajar. Todo sea por llegar a fin de mes – Bromeó Vincent.

María sonrió al tiempo que miraba su reloj – Tengo que volver a mis obligaciones. Después te veo –

– Que corto se me ha hecho –

– Lo siento cariño. A mi también –

María se despidió con un cariñoso beso y se dirigió a los ascensores. Vincent esperó desde la distancia a que ella subiera a uno de ellos, y con un ademán del brazo también se despidió antes de que se cerraran las puertas, salió del edificio y una vez en la calle, se adentró ‘bajo tierra’ para coger el metro…


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Después de un paseo por el pueblo, en el que en poco tiempo recorrieron sus escasas pero encantadoras calles, tomaron asiento en la terraza de un coqueto café para descansar y leer un rato.

A Rachel le sorprendía, a la vez que le agradaba enormemente poder compartir con alguien un silencio tan reparador como aquel. Siempre había sentido aquella situación un tanto incómoda, como si uno de los dos protagonistas del callado momento tuviese la obligación de decir algo para romper lo que se suponía embarazoso.

Con Eric era distinto. Podían estar juntos durante un tiempo infinito, que la sensación placentera no desparecía, lo que le llevaba a pensar si él sentiría lo mismo…


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Alcanzó el sobre y lo guardó en el porta documentos que había preparado para las entrevistas de trabajo que tendría esa mañana, ya que después de sopesarlo durante unos intensos minutos decidió que lo abriría más tarde. 

Le daba muy mala espina, por lo que si el tema realmente era jodido, lo sería en cualquier momento, así que esperaría a cerrar sus citas con los responsables de recursos humanos de las empresas en las que un par de semanas antes había entregado su currículum. 

Antes de salir del apartamento, le sonó el iPhone, era María desde el trabajo. Quería saber como le iba, si se había quedado dormido o si estaba ya de camino a sus encuentros. Le comentó que se disponía a salir en ese mismo momento y le propuso que si acababa pronto la llamaría para hacerle una rápida visita, tomar un cafecito y de paso contarle como le había ido, aprovechando su descanso en la oficina. María se mostró encantada con la idea. 

– Vale. Espero tu llamada. Que tengas muchísima suerte. Seguro que te va a ir bien. Luego hablamos –

– Muchas gracias María. Un beso –

– Un besado Vinc –


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La relación entre los dos llegó a ser algo más sólida. Una situación favorecida por lo sucedido en sus respectivas vidas anteriores. A ninguno se le hubiera pasado por la cabeza tiempo atrás, que empezarían de nuevo en un lugar apartado de la urbe, solos, compartiendo momentos de reparación social y sentimental, mientras daban largos paseos por la playa y disfrutaban de los placeres de la anonimia.

Rachel y Eric albergaban la posibilidad de que poco a poco, aquello se fuera haciendo cada vez más firme y estable, ya que aunque a lo mejor no eran plenamente conscientes, se necesitaban el uno al otro. Una necesidad mutua de reconstruir unas vidas bastante dañadas, no más que cualquier otra vida, de cualquier otro individuo, por supuesto, pero la fortuna hizo que el destino se mostrara caprichoso, artífice, creador preciso de un cambio sustancial en sus respectivos presentes…


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Tumbado bocarriba en la cama, se resistía a abandonarla. Estaba despierto desde que María se fuera al trabajo, pero tranquilo y relajado, no le apetecía levantarse de aquel lecho impregnado de su aroma, aunque su necesidad de cafeína y nicotina le pudo al final.

Completamente desnudo, puso la radio para oír las noticias matinales, y mientras el café subía se dio una ducha fría, no sin antes dejar preparado el traje y la camisa que se pondría esa mañana, negro y blanca respectivamente. – Tengo que causar una buena impresión – Se dijo. Pensaba en las dos entrevistas de trabajo que tenía concertadas para ese día.

Una vez se hubo vestido, se sentó en la cocina para tomar tranquilamente el café y echar un cigarrillo, mirando fijamente debajo del sillón donde el día antes había deslizado aquel sobre, el cual asomaba ligeramente una de sus esquinas.

– Qué coño será y quién lo habría dejado mientras estuvieron en Fjälbacka – Pensó. No le gustaba, y se temía que al abrirlo y leerlo, sus pretéritos asuntos volvieran en forma de problemas…


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