Madrid 26.0


fika


– Hola Rachel. Soy Eric –

– ¡Eric! ¡Cuánto tiempo!

– Si. La verdad es que hace mucho. Cómo estás –

– Bien. No me quejo. ¿Y Tú? ¿A qué debo tu llamada? –

– Bueno. Yo tampoco me quejo. Me preguntaba si tendrías un momento esta tarde, me gustaría hablar contigo –

– ¿De qué se trata? –

– Creo que sería mejor decírtelo en persona, y de paso nos vemos y nos ponemos al día –

– Joder… cuanto menos me sorprende –

– No te preocupes. No es algo que no puedas gestionar con facilidad –

– Está bien –

Se citaron en un céntrico café, pequeño, coqueto, donde los oriundos suecos residentes en Manhattan disfrutaban de su momento ‘Fika’.

Erik Larsson llegó pronto, cogió mesa y esperó a la mujer de Fox para pedir. Mientras, pensaba en cómo afrontaría la conversación para decirle a lo que se enfrentaba, por mor a su infidelidad. Una consecuencia que ella seguro que no esperaría jamás cuando decidió de divertirse un rato fuera del matrimonio, pensando en que su marido no se enteraría.

Rachel apenas si se retrasó. Entró en el local quitándose el abrigo y una vez lo hubo apoyado en el respaldo de la silla, le dio un fuerte abrazo a Eric antes de sentarse.

– Me alegro de verte. Estás guapísima. ¿Qué haces para mantenerte tan radiante? Parece que los años no pasan por ti –

– Tan adulador y cumplido como siempre. No has cambiado nada ¿verdad?. Muchas gracias. Yo también te veo muy bien –

– Gracias. Sabes que lo digo con sinceridad –

Rachel le dedicó una linda sonrisa, y con un ademán del brazo avisó al camarero…


g-sayah


Madrid 25.0


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– ¿Disfrutando del paisaje? –

Aquel desconocido individuo que se había convertido en su sombra, no pudo más que sorprenderse. Lo habían descubierto.

– Tranquilo. No te levantes y deja que te invite a un café, y si te parece bien me cuentas el por qué de la vigilancia a la que me estás sometiendo –

– ¿Desde cuándo lo sabes? –

– Desde hace varios días. No estaba seguro, pero al verte aquí en Sevilla…-

En la Alameda de Hércules, en un local que tenía dispuestas apenas tres mesas en la plaza, una plaza que a esa hora tomaba unos agradables rayos de sol, que más tarde se convertirían en insoportables, ambos sicarios compartieron café, pensamientos y algunas palabras…


g-sayah


Madrid 24.0


Manhattan III


Eric llevaba pensando en el asunto de Robert más tiempo del que en realidad podía dedicarle. Tenía la obligación de acudir a otros menesteres, que sin duda para él eran mucho más importantes, y que ya no podían esperar más.

Había hecho un par de llamadas a sendos amigos que tenía en común con el matrimonio Fox, para ver si ellos podían saber algo sobre la historia de la esposa infiel. A estos le sorprendió la noticia, por lo que lógicamente le aportaron poco, eso sí, cayó en la cuenta de ser un tanto indiscreto, pero tampoco le preocupaba mucho, no tenía ganas de andarse con demasiadas tonterías.

Le apetecía un café y a la vez tomar un poco el aire, por lo que decidió no disfrutarlo en el despacho, como lo hacía normalmente. 

Salió del edificio, cruzó la avenida y entró en el Starbucks donde se daban cita todos sus compañeros y demás trabajadores de la zona, aunque a esas horas apenas si había alguien. – Mejor, así estaré más tranquilo. – Se dijo. 

Lo pidió ‘take away’, y al salir se sentó en la terraza del local y encendió un cigarrillo. Lentamente iba inhalando calada tras calada, dispuesto a tomar una decisión sobre qué tipo de ayuda le aportaría a Robert con respecto a su adúltera esposa…


g-sayah


Madrid 23.0


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Fue todo lo sincero que pudo, y sin entrar en detalles demasiado escabrosos que poco bueno podrían aportar, le contó a María esa oscura y turbia vida paralela que hasta ese momento había llevado, y cuáles eran sus intenciones para el día de mañana.

Conforme daba buena cuenta de lo que hacía para ganarse el pan, la cara de ella iba adoptando diferentes expresiones: sorpresa, horror, incredulidad, miedo, lástima… eso sí, durante el tiempo que transcurrió la disertación de Vincent fue incapaz de articular una sola palabra.

Él insistía en su arrepentimiento una y otra vez, en lo que se refería a la mayoría de los trabajos que contrataba. Que antes de abandonar ese lado tan siniestro, daba vueltas alrededor de un círculo vicioso, que más bien parecía un laberinto sin salida, y que la cantidad de dinero que ganaba, le hacía estar ciego ante la realidad.

No intentó justificar todo aquello que había hecho mal, pues cada uno de los encargos que le hacían se sostenían sobre una elección en la que la última palabra la tenía él, autónomo para ejecutar o no.

También insistió que no habría marcha atrás, que estaba dispuesto a cambiar, y que junto a ella pretendía empezar de nuevo. Estaba ilusionado, con ganar de vivir en el lado de la ley en la que la mayoría de la gente suele estar.

Poco a poco había tomado conciencia de que era otro, un hombre que necesitaba renovarse en todos los aspectos, y para ello, la necesitaba.

– Déjame que asimile todo lo que me has contado. Necesito tiempo. Entenderás que no es nada fácil, y que en ningún momento me imaginaba esto de ti. Tengo que pensar. ¡Joder Vinc, me has dejado…! no sabría decirte cómo me siento… ¡Joder! –


g-sayah


Madrid 22.0


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Eric Larsson miraba incrédulo el dosier que Fox le había dejado el día antes. Lo estudió con detenimiento en poco tiempo, ya que era bastante escueto, lo que no quitaba que fuera muy conciso y revelador.

Sólo con algunas fotos aportadas por el autor del trabajo, se deducía de manera flagrante la infidelidad de la mujer de su viejo amigo. Datos de ella, de su amante. La primera lectura que hacía era que lo que pretendían era simplemente pasar un buen rato. -¿Y quién no? – Se dijo.

Al corrupto concejal no le cuadraba que las intenciones de Fox fueran que ‘desaparecieran del mapa’, palabras textuales que salieron de su boca, con un arranque de rabia e impotencia la mañana antes. No entendía cómo una, a simple vista, vulgar infidelidad, algo habitual hoy en día, provocara una reacción tan violenta y desmesurada para con la pareja en cuestión.

Larsson lo pensó fríamente. Presumía de ser un tipo pragmático, y lo que Fox le propuso como solución, desoyendo las primeras propuestas que le había sugerido él, distaba mucho de ser una alternativa lógica y práctica, más bien era harto complicada y extrema.

Había algo más, no sabría decir en ese momento qué podría ser, pero estaba completamente seguro que aquel marido despechado no estaba siendo del todo sincero. Nadie asesinaría a su mujer y a su amante sin un motivo poderoso, al menos eso era lo que él pensaba. – Demasiado arriesgado por un simple ataque de cuernos. –

Quedó en llamarlo en un par de días con un plan, hasta entonces intentaría averiguar que carajo era lo que en realidad había detrás de todo el asunto, ya que no estaba dispuesto a complicarse la vida sin que estuvieran todas las cartas sobre la mesa. Aquella historia apestaba…


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Madrid 21.0


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Un asesino implacable, meticuloso, concienzudo, limpio e insaciable. Consciente de lo que era, no podía evitar serlo, un psociópata elevado a la máxima potencia matemática, que había perfeccionado su método hasta límites insospechados a lo largo de los años.

Al principio, la necesidad de matar no era muy acuciante, pero cuantas más víctimas caían en su siniestra red mental, menor era el tiempo que transcurría entre un crimen y otro.

Y es que la sensación placentera que experimentaba una vez consumado tan sangriento acto, era inigualable, una rebosante emoción difícil de comparar con cualquier otro tipo de suceso vivido en su día a día rutinario.

Sabía que tarde o temprano lo descubrirían, pero no podía dejar de hacerlo, era superior a sus fuerzas, por lo que tenía claro que no pararía, y además, había algo que jugaba a su favor, estaba convencido sin ningún tipo de dudas, que lo que estaba haciendo era una ‘limpieza selectiva’. Sin escrúpulos y sin remordimientos, dormía cada noche como un bebé, con la conciencia muy tranquila.

Xenófobos, pederastas, políticos corruptos, maltratadores, violadores, extorsionadores… eran los que pasaban a mejor vida si se cruzaban en su camino.

– ¿Qué lees Vinc? –

– Ah! Hola María, qué tal. Pues es una especie de relato que he encontrado aquí en la mesa al llegar. –

Vincent dobló ‘el manuscrito’ y lo guardó entre las páginas de su novela, a la vez que ella tomaba asiento.

– ¿llevas mucho rato esperando? –

– No que va. –

– ¿Pedimos un par de cafés?


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Madrid 20.0


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– Espero que te haya gustado. –

– Ha estado bastante bien. Si quieres volvemos otro día, antes de regresar a Madrid. –

Como Vincent le había prometido, fue María la que eligió donde cenar, una especie de pseudogastrobar de los que están de moda, y la verdad es que no fue como para tirar cohetes, pero no quería herir la sensibilidad de su chica, y aun menos volver…

– ¿Otro día? ¿Hasta cuándo piensas que estemos por aquí? – Preguntó ella un tanto sorprendida.

– Bueno, me gustaría alargar el ‘weekend’ unos días, ¿qué te parece la idea? –

– A mí me parece genial, pero yo me tengo que incorporar al trabajo. Hablamos de regresar el lunes y no creo que mi jefe acepte un retraso. –

– Podrías llamarlo a ver que te dice. Pídele unos días de esos que te debe. No pierdes nada. –

– No sé. Posiblemente me diga que no, pero bueno, como tú dices, no perdemos nada. Mañana lo llamo a su número particular, no creo que se moleste, y con un poco de suerte lo cojo de buenas y accede. –

Dieron un paseo por la orilla del río que lindaba con el barrio de Triana. El cielo, oscuro pero estrellado, miraba coqueto al Guadalquivir como si de un espejo se tratara. El suelo adoquinado y húmedo reflejaba el tono amarillento de las farolas.

Decidieron hacer una parada en la terraza del Café de la Prensa. Necesitaban reposar la suculenta cena y descansar las piernas, agotadas después de un largo día de patear las calles sevillanas.

El camarero les tomó nota, dos cafés, solos, y María encendió un cigarrillo, con la idea de compartirlo con Vinc mientras venían las bebidas.

Él tomó el Marlboro entre sus dedos de manos de ella, se lo llevó a los labios y le dio un honda calada. Expiró el humo lentamente, un humo que precedió el inicio de una confesión.

– María, tengo que decirte algo importante. Llevo días intentándolo, mereces saberlo y no encuentro el momento, pero ya no puedo postergarlo más. –

– Joder! que serio te has puesto. Me estás asustando. ¿Es que ocurre algo malo? –

– Depende de cómo se mire. Si es verdad que es para ponerse serio, y me preocupa tu reacción. No voy a pedirte que me prometas nada, ni que no te enfades, o algo parecido, sólo me gustaría que hicieras un esfuerzo por ser comprensiva en la medida de lo posible. –

– Vale. Está bien. Lo intentaré al menos. – Respondió ella esbozando una media sonrisa.

El camarero dejó las tazas en la mesa, María encendió otro cigarrillo y Vincent rebuscó en su mente cuáles serían las palabras más apropiadas…


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Madrid 19.0


Calle Betis


La noche había caído fresca, una temperatura agradable que invitaba a pasear y disfrutar de la ciudad. Hasta el momento el famoso calor soporífero de Sevilla no estaba imponiéndose, como era lo normal en esa época del año, sin embargo, Vincent notaba el cambio respecto al que hacía en su residencia habitual. Aún así era una persona capaz de adaptarse rápidamente a cualquier tipo de clima, lo que por otra parte, no podía ser de otra forma, ya que su actividad profesional le obligaba a veces soportar duras condiciones meteorológicas.

Precisamente, de su trabajo quería hablarle a María de una vez por todas, aunque tenía dudas. No las tenía todas consigo y albergaba un serio temor por la reacción que ella pudiera experimentar ante su verdad, ante su otra vida, esa parte de él que ella desconocía por completo, lo que por otro lado, entraba dentro de lo normal.

La lógica le hacía pensar que lo que tenía que decirle, tendría una reacción negativa, aunque fuese escasa, pero el miedo a esa mínima posibilidad era, lo que hasta ahora le impedía sincerarse, y no quería esperar mucho más.

El intentar rehacer su vida, pasaba por esa sinceridad, ser franco con la persona que le gustaba, con la que se sentía bien, y de la que sin esperarlo, se estaba enamorando.

Aquel temor, luchaba fuertemente contra la verdad, y la idea de tener esta oculta por más tiempo perdía terreno. Una lucha titánica que se estaba dando en su mente, una mente que poca ayuda podría recibir de un corazón que partía por su cuenta hacia un camino de sentimientos y emociones nuevas. 

Vincent soñaba con un futuro tranquilo, repleto de buenas experiencias, pasar el tiempo como una persona normal, planeando momentos gratos, a ser posible junto a María, esperando y deseando que su pasado no lo jodiera…


g-sayah


Madrid 18.0


Brooklyn III


Robert Fox entró en el despacho de su amigo, concejal por el partido republicano desde no hacía mucho, según se había ido informado por la prensa, aunque le constaba que el salto a la política lo había dado bastante antes.

Una gran mesa presidía ostentosamente la estancia, lo que  ponía tierra de por medio entre quien se sentaba al otro lado de aquel ‘servidor público’. Eso unido a lo bajo de los sillones que ofrecía a sus visitas, acusaba más la sensación de estar siempre un peldaño inferior a la hora de tratar cualquier tema. – Es una estrategia psicológicamente demostrada. – Le explicó en su día uno de sus asesores políticos.

– Cuanto tiempo amigo mío. – Dijo Eric a la vez que le tendía la mano.

– Cierto. Hace mucho que no nos veíamos. Intuyo que al igual que yo, los compromisos profesionales te ocupan gran parte de tu vida. No recuerdo el último día que tuve un rato libre. Trabajo incluso los fines de semana. Como siga así, voy a ser el mas rico del cementerio. – Bromeó Robert.

Eric correspondió al comentario con una leve sonrisa y lo invitó a que se sentara. – Bueno, y qué te trae por aquí. –

– Pues sin ánimo de ser grosero, si te parece voy a ir directamente al grano. Tampoco quiero robarte mucho tiempo, ya que entiendo que estés muy ocupado. –

– En absoluto Robert. Tómate el que necesites. – Contestó Eric tratando de ser cortés, a pesar de que en el fondo aquel tenía razón, el dios Cronos apretaba su agenda de manera incesante. Se levantó dirigiéndose a un lujoso mueble bar de caoba que tenía en un lateral del despacho, mientras escucha lo que su viejo amigo le decía. Sin consultarle, sirvió un par de Jack Daniels con hielo y se volvió a sentar poniéndole a Robert el vaso por delante. Este se tomó el gesto con naturalidad, y entre trago y trago, puso a Eric en antecedentes sobre lo que había descubierto gracias a los servicios del detective privado.

– Lo siento de veras Robert. Eso es siempre una mala noticia, por no decir una putada, y entiendo que nos has venido buscando un hombro sobre el que llorar, aunque si lo necesitas aquí lo tienes. Dime, ¿cómo te puedo ayudar?. – 


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Madrid 17.0


Catedral I


A la hora del almuerzo, optaron por un italiano con el que tropezaron en un sombrío callejón perpendicular a la comercial calle Tetuán.

– A mí me apetece, ¿y a ti? – Tanteó Vincent a María.

– No mucho, pero con el hambre que tengo me comería hasta las piedras. – Exageró guiñándole un ojo. – Aunque accedería a tu propuesta con dos condiciones. – Dijo con una sonrisa picarona.

– ¿Dos? ¿No te conformas con una? –

– Pues no. La primera, que para la cena elijo yo el lugar. –

– ¿Y la segunda? –

– No seas impaciente. La segunda… que me acompañes a hacer unas compras esta tarde. –

– ¿Ir de ‘shopping’? Por supuesto. Me encanta. Me parece que vas a ser tú la que tengas que tener paciencia. Soy un vicioso de los escaparates. Me atrevería a decir que voy a aburrirte, y además tendrás que ayudarme a cargar con las bolsas de todo lo que compremos. – Dijo Vinc entre sonoras y contagiosas carcajadas, arrancando también las risas de ella.

De nuevo María se quedó algo perpleja. No esperaba , ni de lejos esa respuesta. Que a Vincent le fuera uno de sus entretenimientos favoritos, y a la vez una de la mejores formas que tenía para desestresarse cuando se sentía agobiada.

Sentados en la terraza del restaurante, uno frente al otro, brindaron con un tinto, Lambrusco, como no podía ser de otra forma. El lugar inigualable, el clima acompañaba y la mutua compañía, grata y placentera. 

– Por nosotros, nuestra pequeña sociedad, llamémosla así, y la magnífica escapada que te has inventado. Gracias, muchas gracias. Estoy muy contenta de haber venido, claro, que si no me hubieses invitado… –

– No seas tonta. Con quien iba a venir si no. Soy yo el que te da las gracias por acompañarme. Eres un encanto. –

María se sonrojó levemente, por lo que intentó aprovechar la carta para taparse la cara e impedir que Vinc se diera cuenta.

– De paso, elige que te apetece comer. – Bromeó.

– ¡Mierda! – Lo ha notado…


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