Madrid 13.0


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Le sorprendió ver como su compañero de tan censurable profesión recogía a la chica del trabajo, y tras pasar por su casa, se dirigían a la estación de Atocha. 

– ¿A dónde coño iban? – Se preguntó. Tuvo que hilar fino para conseguir un billete con el mismo destino y así no perderlos de vista. Qué irían a hacer en Sevilla. No dejaba de ser desconcertante la actitud de aquel ‘profesional’. Aún así, sería paciente y no dejaría de observar sus movimientos, al fin y al cabo, para eso le pagaban.

A escasos veinte metros de la pareja, en uno de los andenes, antes de subirse al tren, informó telefónicamente a su cliente de los últimos pasos de Vincent.


G. Sayah


 

Madrid 12.0



Una regresión en sus pensamientos se mezclaba con una inquietud del presente, cierta inseguridad, dudas, el hecho de empezar a cuestionarse ciertas cosas en lo que a su trabajo respecta lo tenían ensimismado, con la mirada fija en la pantalla del ordenador, pero claro, sin estar viendo nada concreto.

Si dijera que no sentía dolor estaría mintiendo, aunque a veces pudiera parecer algo frío y distante. Podía presumir de soportar situaciones difíciles, se quejaba poco… aún así la inesperada pérdida de su compañero supuso para Nick un auténtico revés. 

El detective Brian nos esperaba apostado en su coche en la esquina del inmueble que vigilaban desde hacía varios días con la idea de ponernos en antecedentes sobre la situación, de manera breve pero concisa, por supuesto.

Un bonito bloque de apartamentos de un barrio noble de la Isla, contrastaba con el escándalo que en ese momento se oía a través de una de las ventanas abiertas del apartamento en cuestión. La supuesta joven pareja del sospechoso gritaba en medio de lo que podía ser una discusión doméstica. Subimos con premura a la tercera planta, nos identificamos antes de proceder a abrir la puerta, por si los moradores abrían voluntariamente. No fue el caso, de repente dos disparos atravesaron la delgada pared que daba al pasillo, alojándose una en la opuesta, la otra en el corazón de mi amigo…


G. Sayah


Madrid 11.0


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El intento de poner orden en sus pensamientos le hizo perder la noción del tiempo, y si no fuera porque su iPhone empezó a sonar, no hubiera salido de aquel trance.

Apuró la taza de café, frío ya después de casi dos horas, se levantó y atendió la llamada. Era María.

– Hola guapísima. Buenos días. –

– Hola Vinc. Gracias por el piropo, aunque si me vieras ahora mismo no me lo dirías. –

– No lo creo. Qué ocurre, te noto seria. ¿Te has levantado con el pie izquierdo o es que llevas un mal día en el trabajo? –

– Pues yo diría que ambas cosas. El teléfono no deja de sonar y además tengo una montaña de papeles en mi mesa que casi no se me ve, como si estuviera enterrada en vida. – Bromeó María intentando quitarle hierro al asunto. – Estoy deseando que den las tres y poder largarme. –

– Entiendo. Pues se me acaba de ocurrir algo que a lo mejor te anime un poco. ¿Qué te parece si te recojo de la oficina, te acompaño a casa, metes unas cuantas cosas en ‘una bolsa’ y nos vamos para Atocha? –

– ¿Atocha? – Respondió María un tanto descolocada – ¿Te refieres a la estación de trenes– 

– Exacto. Si no tienes planes para este fin de semana, podríamos coger el primer AVE con plazas disponibles y perdernos por Sevilla. –

– Vaya, que propuesta más inesperada. ¿Y cómo qué te ha dado por ahí? – Dijo ella intentado encajar el ofrecimiento.

– Pues no se. Es una ciudad que siempre he querido conocer y me apetece, aún más si vienes conmigo. Pero también te digo que mi invitación no pretende causar ninguna alteración a tus posibles compromisos. Si tienes cosas que hacer, no te viene bien o simplemente no te apetece lo dejamos para otra ocasión. –

– ¡Para nada! Claro que me apetece, me parece una idea genial, lo que pasa es que no me lo esperaba. La verdad es que me vendría de perlas alejarme un poco de la capital, y Sevilla es una buenísima opción. Aunque otra cosa si te digo, y es que no podré hacer de cicerone, ya que sólo he estado una vez y hace ya bastantes años. –

– ¿Hacer de qué? – Ahora era Vincent el que se había quedado descolocado. –

– De cicerone. – María soltó una carcajada y le explicó que aquel era un antiguo término que se empleaba para definir a un guía turístico.

– Interesante. – Respondió él. – No te preocupes, ya nos apañaremos. Te recojo a las tres. –

– Deseando estoy… –


G. Sayah


Madrid 10.0


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Cansado, había dormido poco y se había despertado con un intenso dolor de cabeza. Apenas puso los pies en el suelo lo primero que hizo fue darle marcha a la cafetera, un detalle este que no solían tener las habitaciones hoteleras en España, por lo que se sintió afortunado.

Mientras subía lo que para él era un brebaje imprescindible en su día a día, buscó en su mini botiquín, que siempre le acompañaba en todos sus traslados a lo largo del mundo, un ibuprofeno. Necesitaba que aquella molestia desapareciera rápido para poder pensar con claridad, aunque le hubiese gustado no tener que tomarlo.

Su olfato percibió el aroma, se sirvió una generosa taza y sentado en el único sillón que la impersonal estancia le brindaba, encendió un cigarrillo y empezó a pensar como darle una salida a la situación en la que se encontraba.

Tenía que ordenar varias piezas, piezas que si no eran bien colocadas, no encajarían, y las consecuencias podrían ser bastante negativas.

Una cosa le preocupaba sobremanera: María. Deseaba contarle toda la verdad, sincerarse con ella, pero por otro lado, temía que al hacerlo pudiera poner su vida en peligro, aunque la verdad es que estaba convencido de que eran pocas las probabilidades. Más le inquietaba la reacción que pudiera tener, ya que el no encajar tan inusual modo de vida, no entenderlo, podría dar al traste con su incipiente aunque dulce relación…


G. Sayah


 

Madrid 9.0


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¿Podría huir de su pasado? Un pasado al margen de la ley, violento, clandestino…

Las sensaciones que había tenido el día anterior en el restaurante, mientras almorzaba con María, no podía obviarlas, y debía asegurarse que nadie estuviera tras sus pasos.

Era consciente que le costaría enormemente romper con su anterior vida, una vida paralela a la que la gente corriente identificaría como real, dimensión que transcurría en la oscuridad, delinquiendo sin el menor tipo de escrúpulos.

Un presentimiento más o menos claro, le hacía intuir que, habría alguien ahí afuera, dispuesto a cobrarse alguna deuda. Por supuesto, en ese momento no sabría clarificar quién y por qué, tendría que esforzarse. Siempre lo había hecho, perdía el pellejo por no dejar cabos sueltos, y sus servicios como asesino a sueldo nunca habían sido destapados por nadie.

Su anonimato era prácticamente total en ese oscuro mundo, un mundo de sicarios y gente poderosa capaz de pagar ingentes cantidades de dinero por conseguir unos objetivos inimaginables.

Se afanaría por borrar sus huellas, si es que aún quedaban algunas en aquella parte de su pasado, e intentaría empezar de nuevo, a ser posible con María, aunque no tenía ninguna duda de que no le sería fácil…


G. Sayah


 

Madrid 8.0


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Inmersos en la lectura, aguardaban a que le sirvieran el almuerzo. Optaron por un italiano bastante decente al que María ya había ido un par de veces, y aunque bastante escueta, la carta que ofrecía era deliciosa.

Ella pidió rigatoni a la putanesca, mientras que Vincent no pudo resistirse a unos buenos spaghetti con albóndigas. Todo regado con un buen tinto siciliano que provocaba un efecto sinérgico con las respectivas salsas, multiplicando el deleite culinario de ambos. 

Tampoco pudieron resistirse en mitad del ágape a compartir parte de las viandas, entre miradas cómplices y sugerentes roces de manos y labios a la hora de un coqueto intercambio, ‘yo te doy a ti y tú me das a mi’.

María, por supuesto, no se había cerciorado, pero la experiencia que Vincent atesoraba, le hacía tener la certeza de que alguien los observaba. Intentando disimular su preocupación, sentía aquello como un mal presagio… 


G. Sayah


 

Madrid 7.0


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Adquirió varios ejemplares: un par de novelas y algunos poemarios. Le encantaba la literatura española. La consideraba rica y apasionante, por lo que no dejó escapar aquella oportunidad que María le brindó esa mañana.

– Gracias por traerme a este lugar, ha sido una grata sorpresa. Me parece algo mágico, como extraído de un libro. Me encanta. –

– No hay de que. Sabía que iba a gustarte. En ese sentido eres un poco predecible y no me ha costado acertar, además, me constaba que no habías venido nunca. –

– Toma, este lo he comprado para ti. –

Le obsequió con una edición bastante antigua de una de las obras más célebres de Pablo Neruda, ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada.


G. Sayah


 

Madrid 6.0


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Terminado el desayuno, ambos decidieron repetir con otro café y disfrutar tranquilamente de un pitillo.

María notaba a Vincent serio, pensativo, pero a la vez lo veía relajado, despreocupado, como si se hubiera quitado un gran peso de encima.

– ¿Qué piensas? Estás muy callado. –

– Oh! nada. Bueno, en realidad pienso en varias cosas a la vez, poco importantes. Nada que deba preocuparte. –

– No lo hago. Qué te has creído. – Contestó ella con un tono burlón. Vincent soltó una carcajada.

– ¿Te apetece hablar de ello? –

– Si, pero en otro momento. Ya te digo que es algo trivial, lo que no quita que te lo cuente. Ahora lo que me apetece es disfrutar de este instante, aquí, contigo, en esta ciudad, con mi cafecito, deleitándome con cada calada de mi cigarrillo, y este clima que tenemos, que es estupendo. –

Ella sonrió a la vez que exhalaba el humo del Marlboro que Vincent le ofreció de su cajetilla. – He pensado que podría apetecerte que diéramos un paseo por la Cuesta de Moyano. Creo que es de los pocos sitios que no conoces de Madrid, y merece la pena, es más, estoy segura de que te va a encantar. –


G. -Sayah


 

Madrid 5.0


Después de muchísimo tiempo, no lo recordaba exactamente, esa mañana se despertó bastante tarde. No era lo habitual, y si, un insomnio permanente. 

Pasadas las diez abandonó la cama para adentrarse en el baño dispuesto a hacerse una buena puesta a punto, como solía decirse a si mismo, cual turismo que pasa la inspección técnica anual.

Jeans azules, camiseta negra y zapatillas de un blanco galáctico que casi molestaba a la vista, metió el resto de sus pocas pertenencias en el reducido y práctico equipaje que lo acompañaba por todo el mundo, dispuesto a dejar el hotel.

Había aceptado la oferta de María, y pasaría unos días en su apartamento. Su negativa inicial basada en su indefinida estancia en la ciudad, junto con el no querer invadir su intimidad, se tornó positiva por la insistencia de la chica, a pesar de que Vincent le había repetido insistentemente que no pretendía causarle ninguna molestia y ser un incordio. María algo enfadada con la primera respuesta, se mostró encantada de que al final cambiara de opinión, al igual que él, aunque este no lo exteriorizó como ella.


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Una vez entregada la tarjeta magnética de la habitación y haber liquidado la cuenta, se colocó sus Ray-Ban en el mismo vestíbulo, antes de salir a la calle, con la intención de que el radiante sol de mediodía no acribillara sus delicadas pupilas. Extrajo su iPhone del bolsillo trasero izquierdo de sus vaqueros y marcó el número de María, que al tercer tono contestó con su dulce voz…

– Buenos días ‘bella durmiente’. –

– Hola, buenos días. – Contestó él riendo con sinceridad. – Te invito a un pincho de tortilla con una caña fresquita. –


G. Sayah


 

Madrid 4.0


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Sentados en la terraza de un bar en los alrededores de la plaza de Oriente, disfrutaban de una agradable brisa y unos vinos.

Desde que salieron del Reina Sofía y después de la reflexión expresada por Vincent en voz alta con respecto a su trabajo, apenas si habían cruzado un par de frases.

– No sé a lo que te dedicas, tampoco me importa, aunque siento cierta curiosidad, sobretodo al pensar lo que harás a partir de ahora. Sea lo que sea, cuenta conmigo… –


G. Sayah