‘Hasta siempre amigo…’

 


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Un corazón de lana y acero comenzó a latir rítmicamente y una sonrisa iluminadora abarcó todo un curtido rostro. Ocurría cuando se giraba hacia su nieta. Su vida, su pasión, su razón de ser, la personita que con su inocente mirada y sus cariñosos abrazos le había hecho olvidar su tormentoso y silente pasado, un pasado repleto de efermedades desde muy joven, marcado por la disidencia política y la carencia de recursos afectivos necesarios. Nada de eso le importaba, es más, casi ni se acordaba cuando henchido de amor la miraba…


Microrrelatoser 67.0


G. Sayah


 

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Microrrelatoser 35.0


La muerte I


Con los pies a remojo mientras pescaban, madre e hija compartían un silencio embriagador, roto solamente por el zumbar de las cigarras. El calor sofocante y pegajoso no daba tregua en aquel verano del noventa y tres, y gracias a la sombra de un pinsapo y el agua fresca que bajaba tintineante de la serranía, podían aguantar el tipo mientras esperaban pacientes que alguna trucha picara.

– Mamá. –

– Dime amor mío. –

– ¿Te acuerdas de la primera vez que papá nos trajo aquí…? –


G. Sayah

Microrrelatoser 36.0

Desierto II

‘Reflexión’

Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado, Pensaba aquel franciscano. De haber existido seguro que también anduvo por allí. Un lugar árido, yermo, caluroso, de un solo desértico inigualable que soportaba un calor tórrido, como si el sol tuviera prisa por derretirlo.

– Habrá que ser gilipollas para elegir un lugar de retiro tan inhóspito y desagradecido. Me pregunto que experimentó él en su huida a Egipto. Podría haberme ido a las Bahamas, o a Tahití, o a las Bermudas… –

– Allí donde fuera, los pensamientos y sus conclusiones me hubiesen perseguido… –

 

G. Sayah

Microrrelatoser 34.0

Fotografía 34.0

Se quedaban discutiendo donde pondrían el sofá.

– Que te parece si seguimos mañana. –

– Estoy de acuerdo.-

Sentados en el suelo compartieron una pizza sonriendo ante la situación. El apartamento estaba vacío, no había ni un sólo mueble, ni siquiera el dichoso sofá, que ironía. Lo que si había era mucha ilusión, bastante amor, y cantidad de expectativas puestas en un futuro compartido. Al fin y al cabo era su hogar, un poco desangelado, pero su hogar. Un hogar donde formarían una familia…

– ¿A dónde te gustaría ir de luna de miel cuando des a luz? –

G. Sayah

Microrrelatoser 32.0


High school


Ya recogerían la mesa mañana. Ahora tocaba hablar con su hijo. Llevaban meses harto preocupados y cuando le preguntaban qué le pasaba, la respuesta era siempre la misma: ‘no me pasa nada’, lo que chocaba con su actitud y semblante.

Percibían su angustia, como si el mundo se hubiera puesto de acuerdo en su contra, y es que los catorce años habían llegado cargados de incertidumbres: su preocupación por un futuro profesional, su poca integración en las costumbres típicas de la edad, beber, fumar… – todos mis amigos lo hacen – decía. También el sexo, se sentía perdido, ¿homosexual? ¿heterosexual? ¿bisexual?…


G. Sayah

Microrrelatoser 33.0

Microrrelatoser 33.0

Los rincones vacíos de la casa ya desmantelada, las típicas sábanas tapando los antiguos y apolillados muebles, las cortinas inexistentes, el ambiente vacío y silencioso. En otro tiempo un hogar vivo y acogedor, sonoro, testigo directo de una familia hoy rota por los designios de un destino, un destino cruel que de un plumazo hizo desaparecer a sus padres en un mortal accidente de tráfico. Sumida en una profunda tristeza, con lágrimas en los ojos, Laura tenía en su alma un hueco imposible de volver a llenar, a la vez que albergaba la esperanza de que el tiempo la enseñara a sobrellevarlo.

G. Sayah

Microrrelatoser 27.0

Cañón del colorado

No pudo salir adelante sin ella pese a todos los esfuerzos realizados. Visitas al psiquiatra, grupos de apoyo, sesiones con la psicóloga…

Ya iban para dos los años que aquel agradable oncólogo les dio la terrible noticia: – metástasis, el tumor está muy avanzado y me temo que es cuestión de semanas. –

Efectivamente, fueron veintiún días. Desde entonces ya no fue lo mismo. No pudo concebir la vida sin ella, sin su cariño, sin su compañía, su sonoro silencio, su sonrisa…

Cumpliría con su cita. Acudiría a su encuentro, se enfrentaría a su destino, que no era otro que reunirse con el amor de su vida…

G .Sayah

Microrrelatoser 30.0

Naturbyn

Bucear en el lago que había al lado de la casa. Ese era el propósito por el cual toda la familia había hecho el curso de buceo recreativo un par de meses antes. Sin embargo, los planes no salieron.

En aquel lugar idílico y apacible querían pasar unos días de vacaciones, disfrutando de la naturaleza que el paraje les ofrecía. Nada mas lejos de la realidad. Se vieron todos sentados en la comisaría del cercano pueblo de Ortceps, frente al detective Luap y en estado de shock, describiendo lo que encontraron al llegar… tres cadáveres, tres, apuñalados con saña, en su idílico refugio de verano…

G. Sayah

Microrrelatoser 31.0

Cámara acorazada noruega

Pestañeó dos veces para decir que sí, código del escaneo obligatorio para poder entrar. El interior de un búnker, con paredes de más de dos metros de grosor a base de hormigón armado y con una única puerta, acorazada e inexpugnable. Ironías de la vida, que fuera aquel aparato minúsculo, extensión de un sistema de inteligencia artificial que no auguraba nada bueno para con la humanidad, el que le permitiera acceder a un lugar repleto de secretos, misteriosos y delicados. Una humanidad que dependía de algunos de ellos, y era ella una de las pocas personas que conocía de su existencia.

G. Sayah

Microrrelatoser 29.0

Mafia I

Su padre también le dejaba conducir la furgoneta, – me estoy volviendo viejo, – comentaba de vez en cuando. Michael no lo veía así, pero lo aceptaba.

Tras cargar el fardo, se dirigieron a las afueras de la ciudad, donde con nocturnidad y sin remordimiento, enterrarían el cadáver de su última victima. – Se había retrasado en los pagos. – le dijo ‘el viejo’ con una mueca a lo Joe Pesci, por lo que le descerrajó un tiro entre las cejas.

Ahora le tocaría cavar, puesto que si no estaba para conducir, menos lo estaría para coger la pala…

G. Sayah