Microrrelato 56.0


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Nos comimos a unos cuantos vecinos para no defraudar. A la vez que se lo confesaba a su párroco, pensaba… No defraudar, ¿a quién?

Muchas eran las dudas, aunque pocos los remordimientos, pero allí estaba, de rodillas, intentando explicarle a la persona que estaba dentro del confesionario el por qué de sus actos. Este asentía con monosílabos, sin embargo, ella tenía la certeza de que no la entendía, un cero en empatía, seguro que no tenía ni puta idea de cómo se sentía. En fin, acataría la penitencia impuesta y posiblemente lo volvería a hacer…


G. Sayah


 

Microrrelato 73.0


People walk along a pedestrian street in downtown Shanghai


Me queda un regusto amargo en la boca cuando miro a mi alrededor y veo este lugar, tan desigual, insolidario y bastante cruel. Un lugar repleto de infames puebluchos que te hipnotizan, haciéndote deambular sin conciencia, hacia no sabemos donde, de manera autómata, sumiéndonos en una rutina circular, viciosa. Una zafia sociedad envilecida por el egoísmo y un sálvese quien pueda, deposición de un país gobernado por villanos que, con los bolsillos repletos, proclaman hipócritamente que todo va bien. Como diría el poeta, ‘si fuese joven me iría a vivir a otro sitio.’


G. Sayah


 

Microrrelato 72.0


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Temblamos de manera inevitable, aunque sin percibirlo, cuando nos vemos allí plantados, delante de semejante arquitectura mastodóntica de cemento y acero, con líneas interminables y afiladas, monumento infame al desarrollo económico de algunos elegidos. Estructuras del siglo XX que definen los rasgos de una urbe devoradora de seres humanos, que se traga sin masticar la conciencia de individuos débiles y autómatas, víctimas de una alienación voraz que nos engulle sin advertirlo, haciendo que la vida no deje  de ser más que una anónima anécdota…


G. Sayah


 

Microrrelato 54.0


La muerte en el espejo

Era lo único que podíamos hacer por él, dadas las circunstancias. La decisión era suya, sólo y exclusivamente suya. Poco más que consejo, y siempre el mismo… – deberías dejarlo antes de que te lleves un disgusto. No te hace ningún bien, ¿lo sabes verdad? – 

El caso es que no lo aceptaba, desoía cualquier comentario con respecto a su adicción, y de recibir ayuda ni hablamos.

También el médico se lo dijo en su día, pero ni caso. Tampoco imaginamos lo que sucedería, y ahora ya era demasiado tarde. En una revisión rutinaria, la noticia cayó como una bomba… Un tumor en su etapa tres.


G. Sayah


Microrrelato 50.0


El Gran Cañón


Acercándose un poquito más al borde del barranco, donde se esconde lo que ella creía que podía ser su liberación existencial, empezó a sentir mariposas en el estómago.

Lo había planeado a conciencia, sopesado una y mil veces, se dio infinitas oportunidades y fue paciente consigo misma y con el resto del mundo, pero no lo consiguió.

No encajaba. Acosada, agobiada, triste, infeliz… eran más las ganas que tenía de abandonarlo todo que de seguir luchando por vivir…


G. Sayah


 

Microrrelatoser 53.0


MI Touring Nike's Factories


Como un enjambre después de recibir la pedrada de un niño, a las ocho de la tarde, abejas obreras bajo el yugo de su reina, salíamos de aquella oscura fábrica.

Individuos de semblante serio y miradas perdidas, automatizados por el trabajo, mileuristas, como no podía ser de otra forma, y gracias, ya que en pocos meses seguro que seríamos sustituidos por máquinas, también automatizadas pero inteligentes, algunas más que algunos de los que dirigíamos nuestros pasos a la parada de metro más cercana, con la cabeza gacha, buscando en nuestro realquilado ‘hogar’ un momento de desconexión, que ironía, desconexión…


G. Sayah


 

Microrrelato 52.0


Eventos - 2773


Tan misteriosamente como apareció, se cierra, y sin lugar a dudas era lo que corroía por dentro a Gabrielle. No tenía una explicación lógica, un argumento plausible para que el sentido común se impusiera a tan descabellada imagen proyectada en su mente. Cada vez que cerraba los ojos aparecía, impertérrita, clara, contundente, casi palpable…

A veces, tenía la sensación de percibir su aroma, una mezcla de azufre y canela que hacía que la situación se tornara aún más surrealista, y es que, para bien o para mal, y como decía aquel gran autor, los sueños, sueños son…


G. Sayah


 

Microrrelatoser 51.0


Eventos - 2108


Comienzan a acumularse en la superficie del planeta ideas malavenidas para con la solidaridad… Un náufrago, cuerpo inerte en la orilla de una playa cualquiera, clama en silencio por una vida mejor, que aquella acumulación de xenofobia ‘primermundista’, por cierto, lucha por impedírsela.

Turba hipócrita que, dándose golpes en el pecho y con cinismo argumenta la igualdad de cara a la galería, pero por detrás, con nocturnidad y alevosía, levanta muros en todas las fronteras.

Por cierto, qué es una frontera, quién las inventó, para qué sirven…


G. Sayah


 

Microrrelatoser 85.0


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A seguir viendo la tele coño, dijo mi abuela con la alpargata en la mano, y si no queríamos recibir una ristra de mamporros con aquella tradicional arma de destrucción masiva de cabezas huecas, más nos valía quedarnos sentaditos, en el suelo claro, ya que en casa no había sillones para todos. Lo hacíamos protestando por lo bajo, no fuera a ser que mi abuelo se enterase, allí, sentado en el único sofá encontrado en la basura que con algunas puntillas y agua de la paloma había quedado como nuevo, viendo en aquella caja luminosa, herencia de un vecino, lo único que ponían… toros.


G. Sayah


 

Microrrelatoser 39.0


11S


Bombero abatido


Pesaban muy poco pero aplastaban sueños, figuras como salidas de un cuadro de Dalí, imágenes alegóricas agolpadas en su mente, mente repleta de imágenes incapaz de gestionar aquella situación. Un sistema neurológico colapsado por lo real, por lo sobrevenido, una realidad presente y palpable alejada de lo onírico, que destruía cualquier atisbo de razón, la razón necesaria que no podría abrirse paso en ese preciso momento donde un gran amasijo de hierro y acero se mostraba cruelmente adornado de sangre y dolor…


G. Sayah