Poeta en Nueva York 27.0


Relato 129.0


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Si, soy su esposa, al menos en teoría. El muy canalla se fue hace más de un año, aunque no se lo reprocho. 

Hundida en la miseria

y roto mi presente,

lloro su ausencia,

me arrepentiré por siempre…

Me dijo que necesitaba espacio, que en este pueblo de mierda se ahogaba, que su ambiente rancio y encorsetado y su gente entrometida y zafia, le estaban restando días a su vida, y que su vida, como la de cualquier mortal, era corta y tenía que saborearla de otra manera. Me dijo que lo acompañara, para empezar de nuevo, en otro lugar, pero tuve miedo, y además, nunca creí que fuera capaz de irse…


G. Sayah


 

Madrid 9.0


Eventos - 2542


¿Podría huir de su pasado? Un pasado al margen de la ley, violento, clandestino…

Las sensaciones que había tenido el día anterior en el restaurante, mientras almorzaba con María, no podía obviarlas, y debía asegurarse que nadie estuviera tras sus pasos.

Era consciente que le costaría enormemente romper con su anterior vida, una vida paralela a la que la gente corriente identificaría como real, dimensión que transcurría en la oscuridad, delinquiendo sin el menor tipo de escrúpulos.

Un presentimiento más o menos claro, le hacía intuir que, habría alguien ahí afuera, dispuesto a cobrarse alguna deuda. Por supuesto, en ese momento no sabría clarificar quién y por qué, tendría que esforzarse. Siempre lo había hecho, perdía el pellejo por no dejar cabos sueltos, y sus servicios como asesino a sueldo nunca habían sido destapados por nadie.

Su anonimato era prácticamente total en ese oscuro mundo, un mundo de sicarios y gente poderosa capaz de pagar ingentes cantidades de dinero por conseguir unos objetivos inimaginables.

Se afanaría por borrar sus huellas, si es que aún quedaban algunas en aquella parte de su pasado, e intentaría empezar de nuevo, a ser posible con María, aunque no tenía ninguna duda de que no le sería fácil…


G. Sayah


 

Microrrelato 50.0


El Gran Cañón


Acercándose un poquito más al borde del barranco, donde se esconde lo que ella creía que podía ser su liberación existencial, empezó a sentir mariposas en el estómago.

Lo había planeado a conciencia, sopesado una y mil veces, se dio infinitas oportunidades y fue paciente consigo misma y con el resto del mundo, pero no lo consiguió.

No encajaba. Acosada, agobiada, triste, infeliz… eran más las ganas que tenía de abandonarlo todo que de seguir luchando por vivir…


G. Sayah