Poeta en Nueva York 26.0


Relato 128.0


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Todavía estás, si, te tengo en la memoria, recuerdos evocados, recuerdos tuyos, pero también míos, nuestros.

Las sábanas están impregnadas con tu olor, aquel perfume que tanto te gustaba sobrevuela el apartamento que un día compartimos, siento tu presencia, a veces creo verte sentado leyendo mientras te preparaba un café…

Todavía estás, 

todavía te tengo, 

te aferro con fuerza.

¡No te vayas!

Aún no puedo,

no soy capaz,

no quiero.

Soportar la soledad

¡aún no puedo!

Todavía te tengo…

Esta misiva es testigo de que todavía te amo, y no hay un solo día que no derrame lágrimas echándote de menos…


G. Sayah


 

Relato 16.5


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Con la cabeza hundida entre los almohadones de la cama, Noelia pensaba qué sería de ella, qué le depararía el futuro, qué haría con el presente, qué consecuencias le acarrearía el error cometido en el pasado.

El embarazo la cogió por sorpresa y la había sumido en un mar de dudas y de intranquilidad. Sus padres, sus amigos, sus estudios, cómo viviría, dónde, todo eran incertidumbres que la hacían dirigirse hacia un estado de ansiedad que no quería sufrir.

No obstante, lo único que si tenía claro era con quién querría estar, con su bebé, y aunque no se imaginaba como podría ser su papel como joven mamá, si estaba segura de poder desempeñarlo.

Tantas eran las preguntas que le atoraban la mente, que intentó dejar de pensar un momento, focalizó sus pensamientos en un imaginario folio en blanco, respiró hondo e hizo por relajarse, hacer un paréntesis, para más tarde volver a realizar un esfuerzo en pos de aclarar algunas ideas con la cabeza algo más fría.

Tras darse una buena ducha, se enfundó unos vaqueros y una camiseta, se calzó sus cómodas Adidas y salió del dormitorio para encontrarse con su tío con el que había quedado el día antes para ir de shopping. Éste fumaba  plácidamente mientras leía una novela en el pequeño salón de su acogedor apartamento.

– Buenos días princesa mía, qué tal has dormido –

– Bien, muy bien – Mintió Noelia para no preocuparlo más de la cuenta.

Los dos, cogidos de la mano, encaminaron sus pasos por el barrio de Malasaña rumbo al centro para hacer dichas compras, no sin antes pasar por el Roca Blanca para desayunar. Un buen pincho de tortilla con un café bien calentito, iba pensando Noelia, mientras su tío le decía que la notaba seria y que él estaba junto a ella para lo que le hiciera falta, aunque solo fuera charlar.

– Gracias tito, contaba con ello. ¿Sabes que te quiero muchísimo? –


G. Sayah


 

Madrid 8.0


Eventos - 2285


Inmersos en la lectura, aguardaban a que le sirvieran el almuerzo. Optaron por un italiano bastante decente al que María ya había ido un par de veces, y aunque bastante escueta, la carta que ofrecía era deliciosa.

Ella pidió rigatoni a la putanesca, mientras que Vincent no pudo resistirse a unos buenos spaghetti con albóndigas. Todo regado con un buen tinto siciliano que provocaba un efecto sinérgico con las respectivas salsas, multiplicando el deleite culinario de ambos. 

Tampoco pudieron resistirse en mitad del ágape a compartir parte de las viandas, entre miradas cómplices y sugerentes roces de manos y labios a la hora de un coqueto intercambio, ‘yo te doy a ti y tú me das a mi’.

María, por supuesto, no se había cerciorado, pero la experiencia que Vincent atesoraba, le hacía tener la certeza de que alguien los observaba. Intentando disimular su preocupación, sentía aquello como un mal presagio… 


G. Sayah


 

Microrrelatoser 53.0


MI Touring Nike's Factories


Como un enjambre después de recibir la pedrada de un niño, a las ocho de la tarde, abejas obreras bajo el yugo de su reina, salíamos de aquella oscura fábrica.

Individuos de semblante serio y miradas perdidas, automatizados por el trabajo, mileuristas, como no podía ser de otra forma, y gracias, ya que en pocos meses seguro que seríamos sustituidos por máquinas, también automatizadas pero inteligentes, algunas más que algunos de los que dirigíamos nuestros pasos a la parada de metro más cercana, con la cabeza gacha, buscando en nuestro realquilado ‘hogar’ un momento de desconexión, que ironía, desconexión…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 25.0


Relato 127.0


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Sus piernas algo torpes y cansadas, y es que la edad no era tolerante con el paso del tiempo, obligaban a sus pies rumbo al norte de la isla.

Ese día se levantó temprano, como era costumbre en él, y tras tomar un café bien cargado, sintió unas irreprimibles ganas de escuchar música en directo, por lo que no lo dudó… Harlem, misa gospel. Hacía años, no recordaba cuantos, de la última vez. 

Casi veinticinco, eran los que llevaba viviendo en Nueva York. Su memoria le traía recuerdos imborrables, sueños conquistados, aventuras fascinantes, imposibles de experimentar en su tierra natal, un lugar estrujado por una sociedad arcaica y retrógrada, zafia, que juzga lo diferente, cuestiona lo novedoso, y que se aferra a una tradición muy ibérica, el aparentar. Él nunca quiso aparentar, siempre deseó mostrarse tal y como era, con sus virtudes y no virtudes, aunque eso le acarreara siempre bastantes problemas. Para poder hacerlo sin ser víctima constante de los chandalas de su pueblo, tuvo que marchar. 

La gran urbe le mostró el camino, le dio la ocasión de desarrollarse como ser humano, de mostrarse transparente, con sus defectos y no defectos, logrando que su yo interior floreciera cual azahar de primavera.

Ya, en el ocaso de su vida, evocaba aquellos recuerdos que no hubiese   vivido de no haber arriesgado…


G. Sayah