Microrrelato 71.0


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Yo no la he escrito, y apuesto lo que sea que quien lo haya hecho carece de escrúpulos. No, no fui yo quien negro sobre blanco trazó los designios de mi futuro, de mi destino, un destino que desalmado con poder para controlar los actos de un mortal, se jacta de manejar a su antojo. Un mortal que tiene que malvender su vida a precio de saldo, quizás por cansancio, quizás por sus vanos esfuerzos en mejorar una situación inaguantable, o a lo mejor, por su mala cabeza… El caso es que yo no fui, y si hubiera sido, otro gallo cantaría.


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Madrid 25.0


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– ¿Disfrutando del paisaje? –

Aquel desconocido individuo que se había convertido en su sombra, no pudo más que sorprenderse. Lo habían descubierto.

– Tranquilo. No te levantes y deja que te invite a un café, y si te parece bien me cuentas el por qué de la vigilancia a la que me estás sometiendo –

– ¿Desde cuándo lo sabes? –

– Desde hace varios días. No estaba seguro, pero al verte aquí en Sevilla…-

En la Alameda de Hércules, en un local que tenía dispuestas apenas tres mesas en la plaza, una plaza que a esa hora tomaba unos agradables rayos de sol, que más tarde se convertirían en insoportables, ambos sicarios compartieron café, pensamientos y algunas palabras…


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Poeta en Nueva York 47.0


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Relato 152.0


Un amigo de un amigo con el que coincidí en una de esas esporádicas tertulias literarias que teníamos en una agradable cafetería del SOHO me la había pasado. Mi curiosidad era doble. Por un lado, descubrir el lugar, me dijo que no vería algo parecido nunca, y por otro, la sibilina y silenciosa forma en la que me la dio. 

Un encuentro extraño, acababa de conocerlo, y una vez visitado aquel impresionante lugar, todavía me sigo preguntando por qué me eligió a mí.

Guardé la tarjeta en la que solo figuraba el nombre de la avenida junto con una especie de símbolo bastante enigmático, prometiéndole que no terminaría la semana sin que fuera a visitar aquel sitio que con tanto misterio y discreción me hablaba este peculiar personaje.

Pues bien, no dejé pasar ni un solo día, la curiosidad me venció como mató al gato, y la tarde siguiente al encuentro, una vez hube terminado el café que plácidamente tomaba en la terraza de un Starbucks de Broadway, apuré el cigarrillo y me aventuré.

– No me cabe la menor duda de que hará un buen uso de ella. – Me dijo guiñándome un ojo. – Tengo la sensación de que es usted un hombre de fiar. – Concluyó en su despedida aquella literaria tarde…


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Microrrelato 70.0


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‘Rebeca’


El nombre de mi hermana me viene a la mente como una evocación lejana, punzada en forma de recuerdo cual aguja que trata de zurcir un viejo abrigo.

Años ha que no la veo. Su olor impregna mis sueños y su rostro copa mis pensamientos. Se fue para no volver. Inmersa en la parte más oscura de lo que llamaron ‘la movida’, claudicó a la depravación más vil a las primeras de cambio.

El ambiente, las amistades peligrosas, una libertad añorada que abrazó de forma excesiva, lo nuevo por experimentar, el sexo, el alcohol, las drogas…se fue como tantos y tantas que no supieron regresar.


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Poema 9.0


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Encadeno pensamientos, 

atrapo un gesto.

Encadeno sentimientos,

atrapo un beso.

Siempre incorpórea

deseo inmortal.

En mi desdichada vida,

eres tangible y real,

para mí imprescindible,

te muestras leal.

¡Qué todos testigos sean!

Ayer, hoy, mañana,

no dejaré de amarte,

y al hacerlo

¡moriré en el intento!

mas no lo podrás dudar…


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Relato 140.0


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Caracortada siempre estaba en su lugar preferido, la esquina próxima a la tienda de conveniencia en la que yo solía pedir un café para llevar todas las mañanas de camino al trabajo. Me caía bien, y con el paso del tiempo hasta le había cogido cariño.

A diario intentaba pagar en metálico, y así repartir lo que me sobraba entre la dependienta y aquel, lo que ambos agradecían, sobre todo él, que no tardaba ni un segundo después de darme la vuelta en entrar a por un café bien caliente, para combatir las frías secuelas sufridas por haber dormido a la intemperie.

En ocasiones, cuando no llevaba efectivo y me veía obligado a pagar electrónicamente, le dejaba pagado el café y un bollo, y es que como ya he dicho antes, me caía bien…


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Madrid 24.0


Manhattan III


Eric llevaba pensando en el asunto de Robert más tiempo del que en realidad podía dedicarle. Tenía la obligación de acudir a otros menesteres, que sin duda para él eran mucho más importantes, y que ya no podían esperar más.

Había hecho un par de llamadas a sendos amigos que tenía en común con el matrimonio Fox, para ver si ellos podían saber algo sobre la historia de la esposa infiel. A estos le sorprendió la noticia, por lo que lógicamente le aportaron poco, eso sí, cayó en la cuenta de ser un tanto indiscreto, pero tampoco le preocupaba mucho, no tenía ganas de andarse con demasiadas tonterías.

Le apetecía un café y a la vez tomar un poco el aire, por lo que decidió no disfrutarlo en el despacho, como lo hacía normalmente. 

Salió del edificio, cruzó la avenida y entró en el Starbucks donde se daban cita todos sus compañeros y demás trabajadores de la zona, aunque a esas horas apenas si había alguien. – Mejor, así estaré más tranquilo. – Se dijo. 

Lo pidió ‘take away’, y al salir se sentó en la terraza del local y encendió un cigarrillo. Lentamente iba inhalando calada tras calada, dispuesto a tomar una decisión sobre qué tipo de ayuda le aportaría a Robert con respecto a su adúltera esposa…


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Poeta en Nueva York 46.0


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Relato 151.0


En Aquellos días de primavera hallé en la escritura una forma bastante placentera de evadirme de la realidad circundante. Escapar de mi tormentoso pasado no estaba siendo tarea fácil. Había puesto de por medio cientos de kilómetros con un gran océano incluido, pero hay ciertas cosas, pensamientos recuerdos… que te persiguen y que la distancia es incapaz de solucionar.

Intentar construir un presente sobre unos cimientos castigados no me estaba resultando sencillo, mi pretérita vida no era el material correcto, así que opté por empezar de nuevo, y no me cabe la menor duda que había elegido el camino adecuado. Un senda que me llevara al olvido, enterrar parte de la memoria, vivencias y recuerdos ingratos, gente que no me quiso nunca, aunque dijeran lo contrario.

Otro país, otra cultura, otro idioma, otra perspectiva, una ingente cantidad de hormigón y acero que rezuma caos pero que a la vez me sumerge en una reconfortante anonimia, necesaria para mí y para el destino que el diablo me tenga deparado…


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