Madrid 16.0


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Aquella mañana Robert Fox hizo un paréntesis en el trabajo para hacerle una visita a un viejo amigo. Una visita que podría calificar de urgente y obligada, dada la intranquilidad que le embargaba, y la falta de ideas que tenía ante su actual situación personal.

– Él sabrá qué hacer. – Se decía mientras subía los peldaños que jalonaban aquel edificio de oficinas municipales. – Y además, me debe un par de favores, por lo que no podrá negarse a prestarme ayuda. –

Eric Larsson lo esperaba en su despacho. De padres suecos, no tenía nada en común con ellos. Amantes de las buenas formas, educados a más no poder, comprometidos con el medio ambiente y adelantados a su tiempo, trabajadores y a la vez hábiles en disfrutar del tiempo libre, poseedores del aquel gen viajero que pocas personas tienen y que hasta poco antes de morir, lo exprimieron al máximo. Se fueron con una espina clavada, y es que no supieron o no pudieron que todos estos valores calaran en su único hijo, el cual, desde muy temprana edad, se desvió, sumergiéndose en turbios negocios que lo hicieron rico de la noche a la mañana, para finalmente recalar en política, terreno que le era más propicio aún para seguir enriqueciéndose, ilícitamente, por supuesto.

Su secretaria le anunció la visita. – Señor Larsson, el señor Fox acaba de llegar. –

– Gracias Mary, dile que pase. –


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Poema 2.0


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‘mi musa’


De soslayo la miró.

Ahí estaba, hermosa,

su amor, su vida, su esposa.

Derramaba una pasión

cual manantial de primavera

testigo de la más pura relación.

Yo, entregaré la mía entera, 

por ella, la más bella creación.

Dije si, por siempre,

ella me correspondió.

¡Hasta la muerte!

Contigo, sentenció…


g-sayah


Poeta en Nueva York 37.0


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Relato 139.0


Hoy es un mal día. Cruzo el umbral de una oscura puerta y me adentro en un valle en el que el abismo denota una tónica general: depresión, característica aciaga de un relieve humano intrínseco al mío.

El cristal de la ventana,

refleja mi sombrío rostro.

El cristal de mi alma,

en otro tiempo opaco,

ahora la tristeza muestra.

Actúo como un bellaco,

lo sé, la vida voy desdeñando,

me arrepentiré, 

y por más que estoy luchando

creo que nunca lo conseguiré.

Quiero pero no puedo, me caigo y me levanto. Me vuelvo a caer y me vuelvo a levantar. Me desplomo, me incorporo, tropiezo, vuelvo a incorporarme… estoy cansado.


g-sayah


Madrid 15.0


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Apenas si llevaban dos horas en la ciudad, y después del café con el siempre imprescindible acompañamiento de un cigarrillo, colmando así las necesidades de cafeína y nicotina respectivamente, se adentraron en pleno casco antiguo, dispuestos a encontrar un lugar donde pernoctar los próximos días.

Dicho y hecho, sin pensarlo dos veces, se decidieron por el primer hotel con el que se toparon, el Petit Marqués Santa Ana, sin esperar a ver una segunda opción, lo que a la larga reconocieron que fue una elección acertadísima.

Muy coqueto, con detalles muy cuidados, tranquilo y acogedor, todo presagiaba una estancia agradable.

Dejaron el pseudoequipaje que llevaban en la habitación y bajaron a recorrer la zona de los alrededores, dispuestos a disfrutar de sus calles, su gente, el buen clima… no sin antes darse una buena ducha y cambiarse de ropa, más cómoda y fresca.

Buscarían un lugar donde almorzar, aunque decidieron, a pesar de que tenían un hambre atroz, pasar por la catedral, ya que Vincent se moría de ganas por contemplarla, por lo menos los exteriores, otro día entrarían. Le fascinaba tan magna construcción, no en vano aquel templo gótico era el de mayor superficie del mundo, y su admiración desde el punto de vista arquitectónico se reflejó en su rostro nada más llegar a la Puerta de Palos, situada en la fachada este. 

María, sorprendida, observó la reacción de Vinc. – Era una caja de sorpresas este amigo mío. – Se dijo recordando también, la insistencia que en su día mostró por visitar ‘El Guernica’ en el Reina Sofía. Ella no desaprovechó la ocasión y tomo algunas fotografías, ya que de la vez anterior no guardaba ninguna…


g-sayah


Fragmento 1.0


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Leer nos enriquece la vida. Con el libro volamos a otras épocas y otros paisajes; aprendemos el mundo, vivimos la pasión o la melancolía. La palabra fomenta nuestra imaginación: leyendo inventamos lo que no vemos, nos hacemos creadores.

Ahora nos gritan que vale más la imagen y con la televisión, la primera escuela, se inculcan a los niños, antes que hablen, los dos desafueros del sistema: la violencia y el consumo. Con esas cadenas el poder político y el económico nos educan para ciudadanos pasivos, sin imaginación porque siempre es peligrosa para los poderes establecidos. Y ante esas imágenes carecemos de voz: no tenemos medios para televisar contrariamente mensajes de tolerancia y de sensatez. 

Hace cinco siglo la imprenta nos libró de la ignorancia llevando a todos el saber y las ideas. El alfabeto fomentó el pensamiento libre y la imaginación: por eso ahora nos quieren analfabetos. Frente a las imágenes impuestas necesitamos más que nunca el ejercicio de la palabra, siempre a nuestro alcance. El libro, que enseña y conmueve, es además ahora el mensajero de nuestra voz y la defensa para pensar con libertad.


José Luis Sampedro

El valor de la palabra


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Sniper 3.0


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Relato 155.0


Nadie creía en ella salvo su instructor, su mentor, él estaba completamente seguro de que lo conseguiría.

Decidió que su futuro sería ingresar en el ejército, deseaba que su destino la llevara a la élite militar y nunca encontró el apoyo que esperaba. Ni siquiera sus padres – es una temeridad – le decía su pareja de entonces con un tono algo machista. A María no le importaba lo que los demás pensaran, aunque anhelaba que las personas de su entorno la respaldaran, era consciente de que se dirigía hacia una vida profesional dominada por hombres, pero no iba a achantarse, y no permitiría que nada ni nadie se interpusiera entre ella y su sueño.

Quizás su exnovio tuviera razón y fuese una mala idea, pero era su decisión y asumiría de buen grado las consecuencias. Aquel día en el que le asaltaban esos pensamientos, afrontaba dichas consecuencias apostada en lo alto de un campanario, expuesta a ser alcanzada por la aviación enemiga, mientras pacientemente esperaba a que alguien asomara la cabeza para desde su dominante posición poder realizar su trabajo…


G. Sayah


Microrrelato 46.0


Carabelas


Prefiero las ratas. Seguro que el tratamiento con semejantes alimañas, es más grato que con la mayoría de las personas que se hacen llamar políticos. Imagino que para ellos, el hacer política es llenarse los bolsillos cual corsario que gobierna una calavera en pos de un abordaje, para arrasar con lo puesto del primer marinerito que pase por allí. Aquellos malditos roedores serían capaces de pilotar esta nao que tenemos como país, con más dignidad y eficacia que los que nos gobiernan, no me cabe la menor duda. Cuadrúpedas con rabo son, más decentes que estos piratas yonquis de lo ajeno…


g-sayah


Poeta en Nueva York 36.0


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Relato 138.0


Hoy tengo un mal día. Cruzo el umbral de una oscura puerta y me adentro en un valle en el que el abismo denota una tónica general, depresión, característica aciaga de un relieve humano.

El cristal de la ventana

refleja mi sombrío rostro.

El cristal de mi alma

en otro tiempo opaco,

ahora la tristeza muestra.

Actúo como un bellaco,

lo sé, la vida voy desdeñando

y me arrepentiré,

más ahora no puedo evitarlo…

Me caigo y me levanto, me vuelvo a caer. Quiero pero no puedo. Estoy cansado…


G. Sayah


Madrid 14.0


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De pie, con la mirada fija y perdida a través del gran ventanal por el que se divisaba parte del downtown neoyorkino, Robert Fox se devanaba los sesos intentando poner en claro qué podría hacer ante lo que acababan de confirmarle.

Un detective privado, amigo de un amigo, eficaz y discreto según este, parco en palabras, abandonó su despacho dejándole un sobre con el material concerniente al encargo que le pidió que hiciera unos días antes. 

Algunas fotografías y un escueto informe. Las imágenes hablaban por sí solas y no dejaban lugar a dudas…


G. Sayah