Artículo 1.0


ACNUR


“…En busca de un mundo mejor…”

¿Refugiados? ¿Desplazados? ¿Exiliados? Eufemismos acuñados por burócratas sin escrúpulos. Más bien desgraciados, ignorados, olvidados, repudiados, víctimas en una sociedad ajena a noticias y acontecimientos que le quedan lejos, noticias que llegan a sus oídos  impermeables.

Pues sí, son personas, de carne y hueso. Hombres, mujeres, niños, ancianos… Obligados a abandonar sus hogares debido a unos conflictos que no les atañen en origen, pero que si les toca soportar sus consecuencias.

Conflictos creados por señores de la guerra, gente de personalidad malvada, cruel y despiadada que sólo buscan un fin económico. El dinero, no puede ser otra cosa, no existe otra explicación, que invento más vil y ponzoñoso para la humanidad.

“…En busca de un mundo mejor…”


G. Sayah

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Poeta en Nueva York 13.0


Relato 115.0


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Pero la culpa no era suya. Ella, la gran urbe, te adopta, acogiéndote en sus brazos de acero y cemento, te amamanta sin cesar para que tus ritmos sensoriales no desaparezcan después de cualquier frustración. Para que tus humores fluyan con total normalidad. Te enseña a que puedas confiar en algo tangible y te muestra oportunidades reales, próximas, factibles…

De un profundo pozo,

oscuro y deshumanizado

conseguiré salir pronto,

buscando un destino

visible y claro…

Amanece. Dejaré de ser el sicario de la noche, la bala perdida, el alma descarriada que deambula. Huiré de la depravación en la que estoy inmerso, envilecido a causa de mis fracasos.

Encontraré el destello que me guíe hacia la salida, y aunque desorientado, abandonaré el inmundo cieno que me cubre y ahoga, para aferrarme a la vida con fuerza, fijándome a su parte más real y superando el hado al que estoy sometido…


G. Sayah


 

Acróstico 32.0


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Miradas anónimas,

almas vacías e impías.

Noches calladas y sombrías

huérfanas, derraman lágrimas

aguardando la luz del día.

Tengo un nuevo amanecer,

tesoro al que no renunciaré.

No sé cómo, pero lo conseguiré…


G. Sayah


 

Relato 80.0


Sherlock Holmes


Fumaba en pipa, como aquel que residía en el 221 de Baker Street. Lo hacía por placer. A sabiendas de que no era un hábito saludable. De todas formas moriremos, tarde o temprano, de una forma u otra, pensaba cada vez que su hija le recordaba su nociva costumbre.

Es algo a lo que se atenía. Un destino escrito en letras mayúsculas que ningún ser humano podría alterar, pese a los ingentes esfuerzos que muchos realizaban combatiendo una realidad ineludible, el paso inexorable del tiempo. Cremas rejuvenecedoras, cirugía estética, procedimientos de criogenización, tratamientos anticaída de cabello…

La vejez llega, y con ella el paso de ese tiempo que no vuelve, salvo por los recuerdos que han quedado impregnando nuestra retina. Pero recuerdos que son sólo eso, recuerdos, vagas escenas nostálgicas, tristes, alegres otras, imágenes que seguramente puedan repetirse de manera parecida, pero nunca idénticas.

Y es que de aquellas escenas faltan protagonistas que ya no están entre nosotros, padres, madres, amigos… personajes de una obra de teatro vital que sucumbieron a ese paso temporal que se te escapa de entre las manos.

‘Carpe diem’, dicen algunos, y no les falta razón.


G. Sayah


 

 

Poeta en Nueva York 12.0


Relato 114.0


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Auténticos personajes de guiñol, aunque sin ser conscientes de ello. Pura poética empresarial que hipnotiza a todos de manera subliminal, haciendo que el río de la vida fluya automáticamente sin el menor atisbo de cambio.

Un cambio, por otro lado, que propiciaría un acercamiento a la libertad, a una emancipación mental de la que solemos carecer por la dominación social y los prejuicios intrínsecos que albergamos, y que nos mantienen encerrados en nuestra ‘zona de confort’.

Maldita franja obligada,

efímero abandono.

¡Regreso rápido

y experiencia frustrada!

La ciudad me ofrece correr el riesgo, la posibilidad de alcanzar un mágico objetivo… la felicidad, pero esta se encuentra por debajo del umbral de mi conciencia. Mi cerebro carece de estímulos necesarios para tan sencilla experiencia, ignorante de lo que puede conseguir, despreciando lo breve de la realidad, mientras el reloj de arena no ceja en su empeño de agotar un tiempo que nunca regresará, un tiempo pretérito reducido a unos cuantos recuerdos perdidos en la memoria…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 11.0


Relato 113.0


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Día y noche, blanco y negro, calor… frío, hetero-homo, tempestad y calma… ambigua, turbia, mezcla soluble en la que la ciudad se mantiene sumergida, rebosante de conceptos antagónicos a jornada completa. Amanecer, crepúsculo…

Un resultado incierto de la vorágine acumulada durante décadas. Un vórtice de individuos adictos a la polución, yonquis del trabajo sin descanso, con mentes antisociales obligadas y autómatas.

Me acoge y me destierra,

me ama y me odia,

me miente y se sincera,

me ilumina, para mas tarde,

mostrarse sombría.

Sin embargo me atrapa de manera seductora, con una erótica urbana que solo ‘La Metrópolis’ es capaz lograr, que me hace ser incondicional de sus formas rectas y afiladas, dueña de una personalidad oscura pero irresistible…


G. Sayah


 

Relato 89.0


Zahara de los Atunes


La realidad supera a la ficción…

Inmerso en la lectura, Alex decidió ese verano que las vacaciones serían diferentes a las de otros años. Por lo general aprovechaba el descanso estival, cuando su estresante trabajo se lo permitía, para viajar a grandes y cosmopolitas ciudades. Le apasionaba mimetizarse con los oriundos urbanitas, como uno más, zambullirse en cualquier capital mundial, sumergirse en su arquitectura, disfrutar de la gastronomía, patear sus barrios… por muy poco convencional que pareciera.

La agradable brisa marina acariciaba su rostro, aguas transparentes dejaban que el sol penetrase hasta un fondo coralino de una belleza espectacular, largas e inclinadas palmeras intentaban alcanzar la orilla de la playa con la intención de darse un baño, y desde el porche de aquella lejana y solitaria choza, en una cala perdida de una isla semi desierta, disfrutaba de una paz y una tranquilidad, cuanto menos extraña para lo que estaba acostumbrado.

Después de dejar a David con un tiro en el hombro, protagonista de la novela que en ese momento tenía entre manos, cerró el libro no sin antes colocar su fetiche e imprescindible marca páginas adquirido en el sueco Fotografiska Museet.

Levantó la vista, apreciando lo que bien podría ser el paraíso si este existiera, respiró hondo, – aire puro – se dijo, cuando de repente le pareció ver algo sobre la arena, próximo al agua, a unos cien metros a la izquierda de su morada veraniega.

Incrédulo, sorprendido, aunque a diario lo viera en las noticias, ahora lo tenía delante, boca arriba, con los ojos mirando hacia el cielo azul, sin vida, el cuerpo de una persona que seguro la marea había arrastrado hasta allí, a sus pies. Una víctima más de unos desplazamientos forzosos en busca de una vida mejor, alma desesperada que huye del horror que vive en su país de origen, y que se topó con todo lo contrario, con una temprana y desgraciada muerte, en el mar, en un mar que posiblemente habría engullido y truncado más de un sueño como el de aquel joven.

Si, joven. Alex pensaba que apenas tendría veinte años, mientras, en sus ojos afloraban unas lágrimas de pena e impotencia… la realidad superaba a lo que creemos ficción.


G. Sayah

Acróstico 3.0


Eventos - 2108


‘Nuestro mundo’

Podríamos echar

lazos salvajes, unidos.

Andando, sobre las aguas de un mar

nudos irrompibles formaríamos.

Explorándonos,

taxonomía amorosa viviríamos.

Amantes infinitos…


G. Sayah

 

Reflexión 11.0


carlosruizzafon


La meritocracia y el clima mediterráneo son incompatibles por necesidad. Es el precio que pagamos por tener el mejor aceite de oliva del mundo, imagino. Que un bibliotecario experimentado llegara a dirigir la Biblioteca Nacional de España, aunque solo fuese durante catorce meses, ha sido un accidente no premeditado… más cuando hay un sinfín de amiguitos y parientes con que cubrir el puesto.


El laberinto de los espíritus.

Carlos Ruiz Zafón.


G. Sayah


 

‘Poeta en Nueva York 10.0’


Relato 112.0


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Una vida cualquiera. Menos la mía, cualquiera. Si, cualquiera que se preste vive su vida, pero la mía la están viviendo otros. Dueño de mi vida fui, en algún pretérito momento, mas ahora la tuve que malvender a precio de saldo, quizás por mi mala cabeza, quizás por mis vanos esfuerzos. Ora envidio al que controla el curso de sus acontecimientos vitales, ora lamento no poder yo hacerlo.

Vivo sin vivir en mi

vacío de sabia añoro,

haber vivido momentos

que a día de hoy, lloro.

Perseguiré en la urbe aquel pasado para intentar comprender el presente. Buscaré en la memoria en que he fallado para ordenar ese ahora anhelado. Intentaré explorar el futuro bajo una urgente y precisa anonimia. Y que no me señalen con un dedo acusador por querer recuperar un tiempo que a todas luces se presume inconquistable…


G. Sayah