Relato 74.0

Fotografía 74.0

Una nota de suicidio…¿Y por qué?

Ella no había hecho nada, no era culpable de nada, ella era la víctima. Víctima olvidada por un entorno social, ignorada por una justicia inexistente. Protagonista de un atroz y vil acto contra su persona.

Recuperada físicamente, no pudo superar la tremenda crisis psicológica en la que se había sumido desde entonces. Si, se suicidaría, estaba decidido, no sin antes dejar atado el último cabo.

Entró en el bar y escrutó con la mirada a todos y a todas. Gente que tomaba el primer café de la mañana. Allí estaba él, de espaldas a ella, apoyado en la barra, leyendo el periódico con pasmosa tranquilidad, libre después de apenas tres años de cárcel, como si tal cosa, después de haber perpetrado su violación.

Sacó de su bolso un pequeño revólver adquirido semanas antes en el mercado negro, se acercó a un metro escaso y le apuntó directamente a la cabeza…

 

G. Sayah

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Spin-off 17.0 Capítulo 24

Little Italy

-Tu relación con el forense va más allá de lo profesional, ¿verdad? – Le preguntó Jones a su compañero de manera timorata.

A Mark no le sorprendió la pregunta. Tarde o temprano saldría a la luz, se conocían muy bien desde hacía varios años y este trabajo los obligaba a pasar bastante tiempo juntos, por lo que tapar una relación personal era complicado, y además aquel no tenía intención de esconderse de su inseparable compañera y tenía pensado contarle la historia cuando encontrase el momento oportuno.

– Llevamos saliendo varias semanas, y desde hace un par de días vivimos juntos. –

– ¡Joder! Pues si que te ha pegado fuerte inspector. No habéis perdido el tiempo. –

– La verdad es que si. Desde que lo trasladaron a nuestra comisaría y empecé a tratarlo, le puse los puntos y poco a poco me fui enamorando de él, hasta que tuvimos un par de citas y nos dimos cuenta que el sentimiento era mutuo.

– Me alegra mucho que sea así. –

A pesar de que las normas del departamento no eran explícitas en cuanto a las relaciones sentimentales entre agentes, creían y estaban convencidos que lo mejor sería que no se supiera y llevar la suya discretamente, le explicó Mark a su compañera, máxime tratándose de una relación homosexual, pues era un hecho que aisladamente tampoco habían aireado en el entorno profesional. Ambos preferían que de momento fuera así, en esto coincidían, aunque no descartaban la idea de anunciarlo en un futuro no muy lejano, rompiendo de paso algunos tabúes.

– Por mi parte puedes estar tranquilo, seré discreta. –

Te lo agradeceríamos enormemente. Espero compensarte más adelante pudiéndote invitar a la boda.- Soltó Mark con una sonrisa tonta que abarcaba todo su rostro.

Brindaron por la relación mientras esperaban a que Anthony les sirviera el postre, un tiramisú para compartir, que les endulzara el paladar, antes de darle a los padres de William García la mala noticia.

G. Sayah

Relato 1.0

Fotografía 1.0

Aquella mañana no era diferente a las demás. Se había despertado temprano, el sueño la abandonaba como casi siempre. Se sentía cansada pero con ganas de afrontar la rutina diaria.

– Que coño, hoy voy a romper la rutina – Introdujo en la cafetera una buena dosis de café en vez de descafeinado. Para Esther no era habitual, y de esa forma tan trivial pretendía empezar a cambiar cosas en su vida. Esta no le sonreía últimamente. Tanto en lo personal, profesional y sentimental no había tenido muy buenas experiencias.

Separada de su marido desde hacía ya varios meses, le echaba de menos. Era el hombre de su vida, al menos eso creía ella. Desde que lo conoció en el anticuado curso de orientación universitaria, no había tenido ojos para nadie más. Él por lo visto si. Había conocido a otra, más joven y también más rica. Buen partido y buena opción para dejarla en la estacada.

Todavía no lo había asumido y albergaba la esperanza de un futuro juntos. Ella lo perdonaría, por supuesto, ya que el amor que sentía estaba por encima de cualquier elección que Carlos hiciera en su día. No le cabía la menor duda, aunque posiblemente él no sentía ni pensaría lo mismo.

Se tomó una taza del café que previamente había subido por la cafetera emitiendo ese sonido que tanto le agradaba, no menos que el aroma, que casi la alimentaba para medio día.

Una vez se vistió, salió a la calle en busca de su automóvil, uno de los pocos objetos que le había tocado en el reparto al separarse. Desgraciadamente no se podía permitir el lujo de cambiarlo, viejo y desvencijado, también le recordaba a él.

De camino al trabajo y escuchando la radio pensó – ¡ Joder que raro, me he vestido a la primera! – Normalmente se cambiaba varias veces antes de salir, una lucha permanente con su vestidor, ¿inseguridad?, hoy no, algo estaba cambiando.

G. Sayah

Spin-off 17.0 Capítulo 23

Queensboro

Localizaron a los padres de W. García, no estaba casado ni tenía hijos, por lo que esa tarde completarían la jornada comunicándole a sus familiares la mala noticia, y de paso, con mucho tacto, hurgar un poco en la vida de aquel, la tercera víctima hasta ahora.

Comentaba entre lágrimas la madre que García trabajaba en un Wallgreens situado en Queens, que era buena persona y que todo el mundo en el trabajo lo tenía en buena estima.

Resultaba extraño a bote pronto, que lo que conectaba profesionalmente a las dos primeras víctimas, la seguridad privada, no lo hiciera con esta. García presentaba un perfil económico y profesional más modesto, con una vida social de andar por casa y costumbres muy corrientes.

La visita a sus padres no aportó mucho más. Estos vivían humildemente con la pensión del marido del matrimonio octogenario. Mantenían, hasta ese momento, una relación con su único hijo bastante unida, al que veían casi a diario y del que se enorgullecían por su siempre actitud bondadosa. La noticia de su muerte, como no podía ser de otra forma, cayó como una jarro de agua fría, y en este caso, el hecho de haber sido asesinado, sumaba un desconcierto infinito en lo más profundo de los sentimientos parentales.

La situación por tanto, no era muy proclive para hacer muchas preguntas, por lo que Mark y Jones optaron por despedirse, reiterando su más sentido pésame, y emplazándolos otro día para charlar un poco más tranquilos. Querían saber algo más, si García tenía enemigos o alguien que quisiera hacerle daño, alguien a lo mejor fuera del trabajo. Quizás el Sr. García tuviera alguna actividad a parte de su ocupación laboral que siguiera la línea de investigación que hasta ese momento estaba marcada por las víctimas anteriores.

– Es posible que lo que hiciera lo llevara en secreto, sin contárselo a sus padres. A lo mejor los técnicos encuentran algo en el portátil que había en su apartamento. – Comentó Jones de camino al coche.

– Es posible, es más, si te digo, no me cabe la menor duda. Apostaría lo que fuera a que sus movimientos bancarios o el listado de sus llamadas nos dicen algo. Por cierto seguramente ya los tendremos en comisaría. –

G. Sayah

Relato 81.1

Fotografía 81.1

…Se encontró la puerta del apartamento entreabierta y su mal presentimiento se plasmó en realidad. Inmóvil, en decúbito supino, el cuerpo de Lisa yacía en el suelo junto a un gran charco de sangre. Los ojos abiertos de par en par buscaban en el techo el desenlace sorprendente de lo que sin duda no se esperaba: su final.

A la vez que marcaba el 911, el detective Anderson se inclinó para observar más de cerca el estado de la mujer que días antes lo contratara para averiguar quién estaba detrás del acoso que creía estar sufriendo.

Presentaba un único golpe en la cabeza, pero lo bastante certero para provocar su muerte casi de manera instantánea…

G. Sayah

Relato 81.0

Novela negra

– Y eso es todo doctor. Este es el resumen de lo que me ha pasado desde la última vez que nos vimos. – Le dijo a su psicólogo.

– No es poco Sr. Anderson. Tan sólo con lo del día de ayer tendría usted suficiente para escribir un buen relato. –

– Me temo que ese es mi día a día. –

Anderson era detective privado, y hace dos días recibió una llamada de su actual cliente a la que notó un tanto preocupada, por lo que decidió ir a verla. Quedó en su apartamento para el día siguiente sobre las cinco de la tarde, llevaría unos cafés y de paso la pondría al tanto sobre las últimas pesquisas que sobre el trabajo que le encargó había reunido.

Obligado a subir las escaleras del céntrico edificio donde residía su pagadora, una vigésimo primera planta, debido a una claustrofobia diagnosticada que le impedía coger el ascensor, empezó a notar una extraña sensación. Un mal presentimiento, no sabía por qué, pero sus años de experiencia le habían hecho desarrollar ese sexto sentido…

Microrrelatoser 23.0

Y se ríe cuando piensa que dijo no en un primer momento. No solía aceptar esos casos, la investigación de una infidelidad le aburría, pero como detective pasaba momentos de penuria económica.

Un primer registro al nidito de amor. Subió las escaleras hasta la habitación doscientos veintiuno, forzó la puerta, apenas si le dio tiempo a encender la linterna cuando tropezó en el recibidor.

Ojos abiertos pero sin vida, poca sangre, signos de estrangulamiento, olor a nuez moscada, ropa sado…

– ¿Se les habría ido de las manos la historia a los tortolitos? Este caso va más allá de una simple infidelidad. –

Relato 73.0

Café de la prensa, que poco original, pensaba el inspector Elliot mientras subía una par de escalones que daban directamente a la barra del bar desde la calle.

Esa mañana, no sabía muy bien por qué, estaba algo malhumorado, quizá por la llamada de su jefe a las cinco de la madrugada. Necesitaba un café.

Entorno a las once de la noche, oía decir al forense con respecto a la hora de la muerte. Unas veinte puñaladas y varios golpes con lo que podría ser un bate de béisbol.

Era el encargado de hacer caja y cerrar, le comentó el agente que llegó primero al escenario del crimen. No hay testigos.

Sangre por doquier, vasos rotos, recaudación intacta, cerradura no forzada, un cadáver destrozado y humillado mediante un ensañamiento atroz.

El inspector se preguntaba quién podría hacer algo así. Pese a su experiencia no dejaba de sorprenderse de lo vil y cruel que podría llegar a ser el hombre, dueño de una mente maquiavélica capaz de lo peor.

– Este mundo se encamina hacia la autoaniquilación… –

Relato 72.0

El nombre en clave de la operación era Zeus, pero ni el mismísimo padre de los dioses y hombres podía evitar en ese momento que la vejiga del inspector Deivid estuviera a punto de reventar.

Le habían asignado la vigilancia de un loft de la calle 23, donde se sospechaba que estaba operando la camorra, tema de drogas. Su compañero roncaba en el asiento trasero y tenía un mal despertar, así que decidió aguantar la necesidad imperiosa de mear, a soportar el agrio carácter de aquel.

Dirigió el objetivo de su cámara a los bajos del edificio, al tiempo que miró su reloj, ya daban las tres de la madrugada, cuando percibió movimiento. Cuatro individuos salían de un soportal cargando dos grandes bultos, dirigiéndose a la parte trasera de una furgoneta negra que permanecía aparcada allí hacía varias horas.

Aquello no tenía pinta de que fueran fardos con sustancias estupefacientes, más bien parecían bolsas para contener cadáveres…