Poeta en Nueva York 37.0


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Relato 139.0


Hoy es un mal día. Cruzo el umbral de una oscura puerta y me adentro en un valle en el que el abismo denota una tónica general: depresión, característica aciaga de un relieve humano intrínseco al mío.

El cristal de la ventana,

refleja mi sombrío rostro.

El cristal de mi alma,

en otro tiempo opaco,

ahora la tristeza muestra.

Actúo como un bellaco,

lo sé, la vida voy desdeñando,

me arrepentiré, 

y por más que estoy luchando

creo que nunca lo conseguiré.

Quiero pero no puedo, me caigo y me levanto. Me vuelvo a caer y me vuelvo a levantar. Me desplomo, me incorporo, tropiezo, vuelvo a incorporarme… estoy cansado.


g-sayah


Poeta en Nueva York 36.0


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Relato 138.0


Hoy tengo un mal día. Cruzo el umbral de una oscura puerta y me adentro en un valle en el que el abismo denota una tónica general, depresión, característica aciaga de un relieve humano.

El cristal de la ventana

refleja mi sombrío rostro.

El cristal de mi alma

en otro tiempo opaco,

ahora la tristeza muestra.

Actúo como un bellaco,

lo sé, la vida voy desdeñando

y me arrepentiré,

más ahora no puedo evitarlo…

Me caigo y me levanto, me vuelvo a caer. Quiero pero no puedo. Estoy cansado…


G. Sayah


Poeta en Nueva York 35.0


Relato 137.0


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Paseador de perros, barredor en el metro, hacedor de hamburguesas en un puesto de comida callejera… cualquier trabajo era bueno si con él podía sobrevivir allí, en la ciudad de sus sueños, donde desde que era pequeño quiso estar. Aquel lugar gigantesco y afilado no le estaba dando de momento todo lo que en un principio esperaba, casi no llegaba a pagar el alquiler, apenas si tenía para comprar algún libro de vez en cuando, pero tendría paciencia.

Estaba seguro que el destino le tenía deparado algo mejor, nunca perdería la esperanza, seguiría luchando, ya que el paso más difícil lo había dado, dejarlo todo atrás, familia, amigos, lugar de nacimiento, un lugar por cierto que no echaba de menos en ningún aspecto, para nada, en absoluto.

– Tarde o temprano llegará mi oportunidad. – Se decía observando el metropolitano paisaje a través de la ventana de su minúsculo apartamento con la mirada perdida. 

Su ímpetu y su talento lo repartía en el poco tiempo libre que aquellos trabajos le dejaban, entregando en un sin fin de editoriales sus escritos, textos salidos desde su más profunda intimidad, creados con el alma, en lo que negro sobre blanco plasmaba sus sentimientos en relatos y poemas que esperaba algún día calaran en un público que seguro lo acogería con los brazos abiertos, compensando así la arriesgada apuesta en su vida y la pasión que ponía en sus modestas redacciones, repletas de palabras sinceras y sugerentes…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 34.0


Relato 136.0


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Como sacado de un cuadro surrealista, algo cercano a lo que mi mente no sería capaz de procesar en condiciones normales, en mis pesadillas conviven misteriosamente vivos y muertos, entes concretos que comparten un espacio por el que parece que el tiempo no transcurre. Es como si dicho tiempo no tuviera nada que decir y por más que se empeñara, sus intentos por hacer mella en estos eternos personajes de esta onírica obra que mi subconsciente monta por las noches fueran inútiles.


– ‘¿Cómo está coronel?’ –

– ‘Aquí. Esperando que pase mi entierro’ –

G.G.M.


Mi razón los ve tal cual los vieron mis ojos la última vez en vida, y me despierto sobresaltado, y siempre a la misma hora, a las cinco de la madrugada, cuando la mayoría de los protagonistas insisten en contarme sus experiencias de cuando moraban por el mundo de los vivos, sus malas experiencias claro, como si buscaran el perdón de algo o de alguien, en un intento por redimirse de sus posibles malos actos para con los demás, en tanto en cuanto estuvieron aquí, con nosotros, conmigo, como si yo tuviera la facultad de expiar los pecados que dicen que cometieron…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 33.0


Relato 135.0


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Mi mente deambula perdida. Creí haber encontrado lo que buscaba con ahínco, pero no, al menos de momento. Camino desorientado, alzo la mirada y me doy cuenta de que no sé donde estoy. Veo una boca de metro y bajo al subsuelo, ese mundo característico de La Isla, con su inconfundible olor, rebosante de gente, esperando a que la máquina asome por el oscuro túnel.

Creí haberlo encontrado.

De ti me enamoré

y creí haberlo encontrado.

El amor,

también la pasión, el frenesí,

me había ilusionado.

Después,

me dejaste y caí,

derrotado.

Creí haberlo encontrado…

Ya en la superficie, veo que el sol ataca feroz al cristal y al acero de los afilados rascacielos, inflamándolos, y estos a su vez se defienden arrojándolo hacia el tórrido asfalto, repartiendo agobio. Yo, recojo la parte que me toca y sigo caminando…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 32.0


Relato 134.0


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Busco pero no encuentro,

mas lo intento

pero no acierto,

por lo que lloro y lloro…

No acierto a encontrar un camino, una senda marcada que guíe mis pasos, porque perdido ando.

Anoche tuve un sueño, un sueño que me mostraba un lugar diferente, un lugar en el que la soledad se presentaba utópica, y la melancolía inalcanzable. Una Arcadia sugerente, acogedora con los foráneos que no añoran un pretérito imperfecto, lejos de gente vulgar y sin principios, donde se podría vivir con optimismo, sin esa ansiedad que me oprime aquí, en esta infame y podrida ciudad.

Anoche tuve ese sueño, lástima que solo fuera eso,  un sueño…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 31.0


Relato 133.0


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No puedo recordar por más que lo intente el día exacto en que decidiste alejarte de mí. Supongo que no fue una decisión repentina, que lo pensaste detenidamente, pero lo que si sé es que mi vida es otra desde que no te veo.

Esta melancólica epístola

delatora de recuerdos imborrables,

esta sincera carta

protectora de un pesar visible,

esta misiva llora

un amor ausente.

Mi corazón afligido,

no descarta la muerte.

Porque sin ti muero. Minuto a minuto, el tiempo presente me anuncia de manera constante de que no estás, y yo quiero tenerte. Maldita la hora y maldito el momento en que dejé de hacerlo. Mi vida sin ti carece de sentido, el reloj lento transcurre, mientras araña mi alma con sus afiladas y crueles manecillas. Tic, tac, tic, tac… Busco consuelo sin hallarlo, porque lo que en realidad quiero es que vuelvas…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 30.0


Relato 132.0


Manhattan III


Robert dobló la esquina sin mirar atrás, aunque tenía la certeza de que alguien lo estaba siguiendo. Pero por qué. A lo mejor era una paranoia suya. Por si acaso tomó precauciones y entró en el primer Deli que vio con la intención de salir por la puerta trasera. Dio a un estrecho y sucio callejón apenas iluminado, en el que las ratas se estaban dando un banquete con las sobras de comida que rebosaban de los cubos de basura. Aceleró el paso y desembocó en la Séptima. Se cercioró de que el semáforo estaba en verde para los peatones con la idea de cruzar para tomar el metro en la acera de enfrente y cuando la sensación de sentirse perseguido se le estaba pasando, de repente, un vehículo salió de la nada a gran velocidad y lo arrolló intencionadamente…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 29.0


Relato 131.0


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Comenzó a nevar, la leñosa ventana de su acogedor apartamento neoyorquino se lo dijo.

Su apreciado refugio, un valioso rincón en aquella fascinante isla, magna y superpoblada donde dejaba volar su imaginación, haciendo de los lunes una fiesta, inventado planes inimaginables, soñando con ser feliz, con una desbordante ilusión por empezar a vivir ‘su vida’. Además, aquel generoso habitáculo le ofrecía disfrutar de una paz interior hasta ahora inexistente. 

Leía y escribía, 

dormía y soñaba, 

pensaba y creaba,

sonreír podía…

… vivía.

Todo el tiempo anterior fue como si hubiese estado viviendo una vida que no era la suya, todo un tópico, pero no por eso menos cierto. Una vida condicionada por todo, lo material y lo metafísico, lo de aquí y lo de allá, pocas luces y muchas sombras, la sociedad que hedía, los otoños tristes, los amaneceres cansados, el aislamiento sufrido, una infancia perdida, una adolescencia sufrida, la incomprensión total en la madurez por parte de una sociedad intolerante…

Tenía la seguridad de que todo estaba cambiando, y eso le hacía ser optimista para con su futuro…

Un rayo de sol asoma,

vestigio de una esperanza,

que si antes perdida estaba,

ahora se muestra ladrona…


G. Sayah


 

 

Poeta en Nueva York 28.0


Relato 130.0


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Cristales rotos, oscuridad, restos putrefactos de comida esparcidos por el suelo, hedor, sombras, cubos de basura, más sombras, grises ratas dándose un festín, poca luz, llueve, más oscuridad… rincón apartado de miradas.

Con los ojos abiertos y la mirada perdida, su cuerpo maltratado yacía sin vida apoyado sobre un contenedor, intentando retener desesperadamente su anónima alma. Un esfuerzo inútil. Ésta abandonaría en breve aquel oscuro lugar de la ciudad, a la que había llegado buscando algo nuevo, anhelando un futuro prometedor, experiencias diferentes, trabajo, amigos… éxito.

Pero el destino es caprichoso, y mientras en la otra punta del país unos padres echaban de menos a su hijita contemplando una foto de los tres, ella, la soñadora siempre optimista, valiente y decidida, se cruzó con un arrebatador de sueños en aquel negro y tenebroso callejón.


G. Sayah