Poeta en Nueva York 47.0


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Relato 152.0


Un amigo de un amigo con el que coincidí en una de esas esporádicas tertulias literarias que teníamos en una agradable cafetería del SOHO me la había pasado. Mi curiosidad era doble. Por un lado, descubrir el lugar, me dijo que no vería algo parecido nunca, y por otro, la sibilina y silenciosa forma en la que me la dio. 

Un encuentro extraño, acababa de conocerlo, y una vez visitado aquel impresionante lugar, todavía me sigo preguntando por qué me eligió a mí.

Guardé la tarjeta en la que solo figuraba el nombre de la avenida junto con una especie de símbolo bastante enigmático, prometiéndole que no terminaría la semana sin que fuera a visitar aquel sitio que con tanto misterio y discreción me hablaba este peculiar personaje.

Pues bien, no dejé pasar ni un solo día, la curiosidad me venció como mató al gato, y la tarde siguiente al encuentro, una vez hube terminado el café que plácidamente tomaba en la terraza de un Starbucks de Broadway, apuré el cigarrillo y me aventuré.

– No me cabe la menor duda de que hará un buen uso de ella. – Me dijo guiñándome un ojo. – Tengo la sensación de que es usted un hombre de fiar. – Concluyó en su despedida aquella literaria tarde…


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Poeta en Nueva York 46.0


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Relato 151.0


En Aquellos días de primavera hallé en la escritura una forma bastante placentera de evadirme de la realidad circundante. Escapar de mi tormentoso pasado no estaba siendo tarea fácil. Había puesto de por medio cientos de kilómetros con un gran océano incluido, pero hay ciertas cosas, pensamientos recuerdos… que te persiguen y que la distancia es incapaz de solucionar.

Intentar construir un presente sobre unos cimientos castigados no me estaba resultando sencillo, mi pretérita vida no era el material correcto, así que opté por empezar de nuevo, y no me cabe la menor duda que había elegido el camino adecuado. Un senda que me llevara al olvido, enterrar parte de la memoria, vivencias y recuerdos ingratos, gente que no me quiso nunca, aunque dijeran lo contrario.

Otro país, otra cultura, otro idioma, otra perspectiva, una ingente cantidad de hormigón y acero que rezuma caos pero que a la vez me sumerge en una reconfortante anonimia, necesaria para mí y para el destino que el diablo me tenga deparado…


g-sayah


Poeta en Nueva York 45.0


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Relato 150.0


Como cualquiera de por aquí vago alienado aunque someramente consciente de que aún existe una salida, un pequeño recoveco por el que huir de esta insoportable existencia.

Mirar en mi interior y preguntarme qué quiero ayudaría a tomar una decisión que me obligue a salir de este círculo de uróboros en el que me veo dando vueltas desde hace bastante.

Luces y sombras,

alba, crepúsculo.

Lentos pasan los días

sin saber que quería..

La perspectiva de una frustración enraizada me atormenta, y la esperanza de una ‘no alienación’ poco a poco se va desvaneciendo pensando en que el destino me tiene deparado algo trágico, aunque espero y deseo lo contrario.  Mientras, aguardando una señal a la que aferrarme, mi triste vida, día a día se va consumiendo…


g-sayah


Poeta en Nueva York 44.0


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Relato 149.0


Frío, hace frío. Un frío que te llega a lo más profundo, física y mentalmente. Un frío que te hiela la sangre y te bloquea el pensamiento. hace frío, tengo frío…

El frío es capaz de paralizar sensaciones, inmovilizar articulaciones, adormecer extremidades corporales, anestesiar ideas… frío que arrastra una ventisca que corta el aire que respiro, y que araña mis pulmones cual afilada navaja barbera. Un frío implacable que sin pedir permiso y poco a poco ha  congelado mi – en otro tiempo – ardiente corazón…


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Poeta en Nueva York 42.0


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Relato 146.0


Giré la cabeza creyendo haberla visto pasar en medio de aquella vorágine de almas autómatas que iban camino de sus respectivos puestos de trabajo. 

Hora punta, bullicio, ruido, carreras, silbidos pidiendo un taxi, bajar escaleras para coger el metro, cafés ‘take away’, llamadas perdidas en el smartphone, un portafolios que se cae y el aire se encarga de repartir una elaborada presentación por el acerado, subir escaleras al soltar el metro, una discusión, una disculpa, ‘sorry’, otra discusión, otro taxi, ahora llamado gritos, más llamadas telefónicas esta vez atendidas con auriculares de última generación, más disculpas, obreros fumando un pitillo en la esquina de un futuro rascacielos a la hora del pitillo mirando sorprendidos el ritmo de aquellas máquinas de carne y hueso, bicicletas sorteando coches, coches intentando sortear el caos, un agente del PDNY que grita… ¡STOP!


g-sayah


Poeta en Nueva York 41.0


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Relato 144.0


Sentado en mi carcomido banco…

Por la regularidad con la que lo visito podría tomarme la licencia de apropiármelo, figuradamente al menos. Son cuantiosos los ratos desde que llegué los que paso sentado en él y con quien comparto sueños y reflexiones, también dudas, dudas sobre quién soy, que estoy haciendo aquí y qué me tiene deparado el destino.

Miradas anónimas,

almas vacías e impías.

Noches calladas y sombrías

huérfanas, derraman lágrimas,

aguardando la luz del día.

Tengo un nuevo amanecer,

tesoro al que no renunciaré.

No sé cómo pero lo conseguiré…

Echando la vista atrás, no me cabe la menor duda de que el abandono de mi antigua zona de confort fue un acierto. En mi particular huída hacia un territorio más arriesgado, la experiencia me hizo soltar bastante lastre, superando multitud de prejuicios al instante, venciendo tabúes, saliendo por fin del maldito armario, y ahora, sentado en mi carcomido banco, navego en un mar de incertidumbre…


g-sayah


Poeta en Nueva York 40.0


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Relato 143.0


Esta dualidad que me invade, a veces me castiga fuertemente el alma, y no sé por qué. Puesto a razonarlo, podría tener sentido una injustificable cobardía por el miedo al que dirán, o una probable aprensión al fracaso amoroso. Debería creer más en mí mismo, intentar ser feliz, vivir la vida… pero en el fondo hay algo que me lo impide, un motivo invisible que cobra forma de monstruo, algo que complica mi desarrollo pleno y anula mis deseos.

Una dicotomía sexual que me inunda,

una atracción fatal que es derramada,

una inevitable sensación que vine dada,

ora él, ora ella, decisión complicada.

Quizás deba escuchar más lo que me dicta el corazón y no tener en cuenta lo que el cerebro me recuerda constantemente. Debería olvidar aquellos años traumáticos de juventud, dejar atrás infaustos recuerdos, pasar página y lanzarme a un vacío en el que temores y prejuicios no me hostiguen de manera persistente. Entre otras cosas, para eso vine a la gran ciudad…


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Poeta en Nueva York 39.0


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Relato 142.0


Caracortada siempre está en la esquina próxima a la tienda de conveniencia en la que suelo pedir un café para llevar todas las mañanas. Me caía bien, y con el paso del tiempo hasta le había cogido cariño. Siempre que podía intentaba pagar en metálico, y así repartir lo que me sobraba entre la dependienta y aquel, lo que ambos agradecían, sobre todo él, que no tardaba ni un segundo después de darme la vuelta en entrar a por un café bien caliente, para combatir las frías secuelas sufridas por haber dormido a la intemperie.

Puede ser cruel y despiadada,

con un ejército perdido.

Puede ser dura y desalmada

con unos seres ignorados.

Unos seres sin nombre, cuanto más con pertenencias materiales, pero que tienen una vida, una vida que les pertenece. Personas con un pasado, un pasado que desconocemos y que con demasiada frecuencia juzgamos sumidos en la más completa ignorancia. Individuos todos engullidos por una sociedad ciega e implacable, y que merecen una oportunidad.

En ocasiones, cuando no llevo efectivo y me veo obligado a pagar electrónicamente, le dejo pagado el café y un bollo, y es que como ya he dicho antes, me cae bien…


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Poeta en Nueva York 38.0


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Relato 141.0


Regresé a Manhattan en el ferry. En mi rutinario deambular había incorporado esporádicas visitas a otros barrios, buscando no sé qué. En Staten Island tampoco lo encontré aquel día. Compañía, soledad. En realidad no estoy muy seguro de lo que quiero. Cuando vivía en el pueblo si tenía claro que lo que ansiaba con todas mis fuerzas era huir, salir de aquel apestado lugar, y ahora las dudas son dueñas de mi ser. Espero que sea cuestión de tiempo que mi mente se aclare y así transitar por una senda menos sombría.

Es efímero, no lo percibimos

pero lo es.

Transcurre inexorable,

marcando con arrugas

nuestro rostro,

líneas de una vida

imperfecta y pretérita,

trazos de un destino incierto,

Quizás sea un canalla por intentar ser feliz, alcanzar un estado de bienestar interior que supongo merecer y que vaya apaciguando los deseos de no querer vivir…


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Poeta en Nueva York 37.0


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Relato 139.0


Hoy es un mal día. Cruzo el umbral de una oscura puerta y me adentro en un valle en el que el abismo denota una tónica general: depresión, característica aciaga de un relieve humano intrínseco al mío.

El cristal de la ventana,

refleja mi sombrío rostro.

El cristal de mi alma,

en otro tiempo opaco,

ahora la tristeza muestra.

Actúo como un bellaco,

lo sé, la vida voy desdeñando,

me arrepentiré, 

y por más que estoy luchando

creo que nunca lo conseguiré.

Quiero pero no puedo, me caigo y me levanto. Me vuelvo a caer y me vuelvo a levantar. Me desplomo, me incorporo, tropiezo, vuelvo a incorporarme… estoy cansado.


g-sayah