Relato 72.0

El nombre en clave de la operación era Zeus, pero ni el mismísimo padre de los dioses y hombres podía evitar en ese momento que la vejiga del inspector Deivid estuviera a punto de reventar.

Le habían asignado la vigilancia de un loft de la calle 23, donde se sospechaba que estaba operando la camorra, tema de drogas. Su compañero roncaba en el asiento trasero y tenía un mal despertar, así que decidió aguantar la necesidad imperiosa de mear, a soportar el agrio carácter de aquel.

Dirigió el objetivo de su cámara a los bajos del edificio, al tiempo que miró su reloj, ya daban las tres de la madrugada, cuando percibió movimiento. Cuatro individuos salían de un soportal cargando dos grandes bultos, dirigiéndose a la parte trasera de una furgoneta negra que permanecía aparcada allí hacía varias horas.

Aquello no tenía pinta de que fueran fardos con sustancias estupefacientes, más bien parecían bolsas para contener cadáveres…

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Relato 71.0

             El nombre en clave de la operación era Zeus, pocos lo sabían, y la información le llegaba con cuentagotas y cifrada, para evitar cualquier tipo de filtración.

            Su iPhone vibró, era un mensaje encriptado de su contacto: – Edificio de la ONU, mañana a las 10:00 horas. –

            Dónde y cuándo, eran los datos que llevaba una semana esperando. El quién ya lo sabía.

            Jack, francotirador experimentado, mercenario al servicio del mejor postor, esa vez recibió el encargo del gobierno, a cambio, una suma considerable, como para pensar en una posterior retirada del mercado de trabajo, aunque ridícula, si la comparaba con lo que una vez perpetrado el magnicidio, se desencadenaría a nivel mundial, en una economía global y elitista que manejaba los hilos del poder político en la era de la información.

Relato 70.0

             En lo más recóndito de su pensamiento encontró restos de aquel amor quinceañero, de sus primeros escarceos discotequeros con los colegas, esas caladas a escondidas de un cigarrillo compartido, aquella bicicleta, regalo de reyes, que a los siete años, empezó a acompañarlo al colegio, la EGB…

            Pantalones elásticos azules, camiseta negra de “Los Ramones”, el instituto, su primer walkman reproduciendo una y otra vez su primer cassette…

            Restos de recuerdos aferrados que si se lo proponía dejarían de aflorar, estarían viendo la luz constantemente. “La mili”, las partidas de futbolín en la peña, las colecciones de estampitas, sus primeros escarceos en el mundo laboral…

            Las imágenes se proyectaban sin orden cronológico, pero claras y emocionantes, rodeadas de una nostalgia positiva que invitaba a no dejar de soñar.

            Decidió apartarlo todo en un rincón de su autodenominado pabellón mental, para que este estuviera despejado, de manera que pudiera afrontar un presente, siempre ineludible y mejorable, con mayor claridad.

            Por supuesto que no olvidaría. La memoria no se puede dar por perdida, nos recuerda qué somos y de dónde venimos, nos enseña a ser mejor persona y a mirar a través de un prisma vital, dándonos la perspectiva correcta para afrontar el día a día.

Spin-off 17.0 Capítulo 22

Acabada la paciencia del abogado, los invitó a que se marcharan y que no volvieran, salvo que la visita viniera acompañada con una orden de registro.

De camino a comisaría, ya en el coche y sumidos en un silencio pensativo, ambos tenían la sensación, más que la certeza, de que lo anotado en el post-it tendría más relevancia para el caso que cualquier otro aspecto técnico.

El estómago de Mark rompió aquel silencio pidiendo a gritos algo que comer. Jones soltó una carcajada al oír el estruendo intestinal y le propuso comer algo en un pequeño restaurante italiano que regentaba un viejo amigo suyo. – Está bien, por mi perfecto. Me muero de hambre. – Dijo Mark riéndose de si mismo.

Situado en Little Italy, como no podía ser de otra forma, el local era pequeño pero acogedor. El cocinero, Anthony, salió a saludar a Jones de manera efusiva, y con un tono de confianza plena, le hizo saber que no podía pasar tanto tiempo entre visita y visita. Jones asintió con la cabeza dando a entender que su chef favorito tenía razón, a la vez que le agasajó con un par de piropos relacionados con las habilidades culinarias de este.

Nuestra experimentada pareja de inspectores cruzaban anécdotas pasadas de cuando aún no eran compañeros, compartiendo una ligera ensalada a la espera de que Anthony les pusiera por delante unos espaguetis con albóndigas, especialidad de la casa, que regarían con un buen tinto siciliano. No se trataba de un plato diferente, pensó Jones, pero nadie podía resistirse a todo un clásico de la cocina italiana, más aún, con el toque personal del cocinero calabrés.

La inspectora aprovecho los segundos de silencio que se produjeron cuando le sirvieron el vino para cambiar de tema, diciéndole a su compañero qué si le podía hacer una pregunta personal.

– No te puedo decir si o no, si no conozco el contenido de la cuestión, ¿no te parece? – Argumentó Mark a la propuesta de Jones, guiñándole un ojo. – Aún así voy a dejar que me preguntes lo que quieras. Anda de qué se trata. –

Relato 68.0

             Esa mañana se propuso no caer en la tentación. Ya se lo había propuesto en numerosas ocasiones, pero hasta el momento no lo había conseguido.

            La situación había llegado a un punto de no retorno definitivo, aunque en su fuero interno no las tenía todas consigo. La sensación de inseguridad le invadía, el temor a que se volviera a repetir una y otra vez no desaparecía.

            Dicha inseguridad, unida a una baja autoestima a la que había llegado tras años de una total falta de conciencia, estaba minando su forma de ser, había cambiado su estilo de vida, hacía que caminara cual alma en pena, perdida en un purgatorio destinado a los más desgraciados.

            Una maldición. Una insufrible adicción a la que recurrió en un momento que no sabría precisar. Maldita la hora, maldito el minuto, maldito el segundo en el que comenzó.

            Adicción enmascarada con ratos de placer y satisfacción. ¿Disfrutaba?, ¿se sentía bien?, ¿podría ser feliz inmerso en ese vicio?. Todo mentira.

            La ruina no sólo era económica. La ruina había torpedeado la línea de flotación de su unidad familiar, había acabado con su profesión, minado su bienestar, roto los lazos que le unían a sus amigos…

            Maldita adicción al juego…

Spin-off 17.0 Capítulo 21

Inmersos en un colosal atasco de tráfico, Jones tuvo la tentación de conectar las señales acústicas y luminosas de emergencia, cosa que no hizo al pensarlo detenidamente, a la vez que contaba hasta diez y respiraba hondo, ya que en el fondo le parecía moralmente reprobable e innecesario. En vez de eso, puso la radio y para su satisfacción estaba sonando Hotel California, de los Eagles, tema que le encantaba.

– ¡Joder, pedazo de tema! – Dijo Mark al tiempo que empezó a hacer los coros de la canción sin conseguir coger el ritmo. Jones sonreía por la torpeza musical de su compañero.

Al igual que hicieran con el Sr. Forrester, la idea era hacer unas preguntas en el entorno laboral de la Sra. Jacobs. Auto rescatados de la masa de coches que invadían el asfalto neoyorquino, subieron a la vigesimonovena planta de uno de los edificios más altos del downtown para entrevistarse con el inmediato superior de la segunda víctima.

Se trataba del presidente del consejo de administración de una gran empresa que formaba parte de un conglomerado gigantesco, con tentáculos que alcanzaban todos los sectores estratégicos del mercado económico mundial y que facturaba cifras muy lejos de la imaginación de los inspectores.

Márgaret formaba parte de dicho consejo, y la entrevista con su jefe no fue muy fructífera, más bien fría y de pocos resultados. Lo que sí sorprendió a nuestros investigadores fue que diera su consentimiento para ojear el despacho de la víctima, lo que no impidió que estuviera presente el abogado de turno que no quitaba ojo a los movimiento de Mark y Jones, que buscaban algo, aunque no sabían qué.

Llamó la atención del inspector un post-it rosa que había pegado en la pantalla del iMac que presidía la barroca mesa de la Sra. Jacobs. – S.F. esquina de Lexington con la 34th st. 12:30 h. –

De repente le saltaron las alarmas. – ¿Ese punto efe? ¿Steve Forrester?… –

Fragmento.-

‘Dança general de la muerte’

Siglo XV

Anónimo

                                                                                                                                                                                                                                       IMG_E2071

Relato 67.0

Intentó zafarse de las esposas, el arte de burlar cerraduras, afición que su padre le inculcó desde muy pequeño, aunque ese era el menor de sus problemas.

Lo último que recordaba era haber sido atacado por la espalda con un aturdidor eléctrico.

A pesar de que tenía los ojos bien abiertos, la oscuridad era absoluta, lo que unido a lo reducido del espacio donde se encontraba, le llevó a pensar que podría tratarse del maletero de un vehículo.

La obligada posición fetal dificultó sobremanera la liberación de sus muñecas, sin embargo, tras varios intentos lo consiguió, rompiendo a sudar y elevando su ritmo cardiaco. Hacía calor y empezó a experimentar una terrible sensación de fatiga.

Comenzó a palpar como pudo lo que tenía a su alcance, buscando otra posible cerradura que forzar y así intentar salir de aquel claustrofóbico lugar. No tuvo éxito, y optó por quedarse quieto para recuperar algo de energía y tranquilizar su alterada respiración, cuando sus sospechas se materializaron. El automóvil arrancó e inició la marcha…

G. Sayah