Relato 78.0

Pesadilla

El miedo la atenazaba. Sus músculos se contrajeron, en un acto reflejo imposible de controlar. En posición fetal sudaba en la cama cuando el reloj digital, vigilante y testigo desde la mesita de noche marcaba las cuatro y cuarto de la madrugada.

Intentó moverse y no podía, entre despierta y dormida, entre sueño y realidad, a medio camino de encontrarse con Hipnos, no recordaba la pesadilla, aunque si tenía la certeza de que había sido terrible y espantosa.

Cómo podría abrir los ojos y sin embargo no podía mover el resto del cuerpo. Volvió a intentarlo y nada. Una sensación de impotencia empezó a embargarla, sensación que se mezcló con aquel miedo, provocando un efecto sinérgico que hizo que su mente llegara a un clímax fatal.

De repente percibió sonidos provenientes de la cocina, en la planta baja, como si alguien hubiera abierto la puerta trasera de la casa que daba al jardín. Intentó gritar pero enseguida notó que el sonido se ahogaba en su interior. Pasaron segundos que le parecieron minutos cuando por fin su brazo izquierdo respondió a los estímulos de su asustado cerebro, alcanzó su iPhone y comenzó a marcar.

– 112 Madrid, ¿en qué puedo ayudarle?

– ¡Creo que alguien ha entrado en mi casa!

G. Sayah

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Tentacles 12.0


Serie 81.0


Café más cigarrillo


Andy pensaba que no había motivo para que el joven hacker se anduviera con tanto misterio, pero dando por seguro que había sido él quien había dejado el paquete en su puerta, respetaba su manera de proceder.

– Quizás la información que hay aquí dentro lo obliga a ello. – Se dijo mientras observaba el pen drive que venía en la anónima entrega.

Traje y zapatos negros, camisa blanca, con el dispositivo en un bolsillo, se colocó en el cinturón su inseparable revolver y agarró su imprescindible iPhone. Decidió que analizaría la información de la memoria portátil en un cibercafé, un lugar neutral – por si las moscas – se dijo. Su instinto le dictaba que era lo mejor y no sabría explicar por qué.

Apenas tardó diez minutos en llegar al ciber más cercano a su apartamento. Pidió un café doble y se sentó delante de uno de los jurásicos ordenadores.

No tardó ni un minuto en darse cuenta de la bomba de relojería que tenía delante. Paradoja, pero era realmente increíble. La información que la pantalla de aquel viejo PC le estaba mostrando no tenía desperdicio: cifras, nombres, pagos, ingresos en cuentas opacas, movimientos en paraísos fiscales, una agenda meticulosamente detallada de acciones, encargos, reuniones con sus correspondientes anotaciones sobre lo decidido en ellas… todo encaminado a un lucro descomunal y traspasando los límites que marcaba la ley en el más amplio sentido de la palabra.

Todo demostraba un comportamiento mafioso y delictivo por parte de V&B Enterprise. En el campo de la farmacología, manipulaban fórmulas medicinales, retenían lotes de vacunas a la espera de un brote que disparase la demanda, brote que ellos mismos provocaban.

En el terreno armamentístico, tenían la capacidad de influir en gobiernos para aumentar sus ventas, untando a políticos y altos cargos con suculentas comisiones. El conglomerado, según se deducía de los renglones que iba escrutando, era incluso capaz de originar conflictos bélicos en países casi desconocidos para el ciudadano de a pie. Países formados por multitud de grupos tribales a los que ellos mismos le suministraban las armas y la formación militar a través de empresas satélites, incrementando así unos beneficios que superaban fácilmente los ceros que Andy era capaz de imaginar.


Guerra africana


Después de más de una hora y un largo etcétera de ‘negocios’, que, supuestamente Lisa descubrió y por lo que habría sido asesinada, le dio un último sorbo a su ya frío café, se reclinó sobre el respaldo de la silla, respiró hondo, y con los ojos cerrados pensó…

– Y ahora, que coño hago. –


G. Sayah

‘La Arcadia del asesino 16.0’


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Pasaban las horas y no conseguía aclarar sus ideas. El temor a que la policía encontrara un hilo del que tirar, gracias a lo que pudiera decir Erika lo estaba torturando. Eso, y la imperiosa necesidad de calmar su sed depredadora. Era ya demasiado tiempo el que había transcurrido desde la última vez… disfrutar del sufrimiento provocado sobre alguna joven y guapa chica, inocente, vulnerable, expuestas a sus macabros juegos.

Sentado en una céntrica cafetería, hacía como que leía el periódico mientras acechaba a una futurible víctima de su sociopatía. Entre sorbo y sorbo de un café bien cargado, un café que le mantuviera alerta, ojo avizor, se preguntaba si a la vez que planeaba acabar con aquella testigo protegido, podría divertirse un poco con alguna de las que, cual mariposas de flor en flor se posaban, entraban y salían del local, pasando por delante suya, en una especie de acto que él, por supuesto, consideraba una auténtica provocación.

Apuró la taza, se levantó con parsimonia, soltó el periódico con desdén encima de la mesa y se colocó sus New Wayfarer…

– Decidido, esta noche saldré de caza. –


G. Sayah

Tentacles 11.0


Serie 81.0


Gabinete de crisis


Un ‘gabinete de crisis’. Así se le podría denominar. Hamsen informaba a los pesos pesados de la compañía de la incómoda y molesta visita del detective Anderson el día anterior. Estos se mostraron inquietos y recelosos, ya que era algo que en principio no habían previsto. El poderoso conglomerado extendía su control sobre jueces, fiscales, policías… pero a nadie se le ocurrió que un insignificante investigador privado pudiera suponer un problema, sobre todo si cupiese la posibilidad de que fuera Lisa Kudrow la que hubiese recurrido a él.

En ese momento saltaron las alarmas, desconocían el cómo, el cuándo, y lo más importante, con qué.

Dispuestos a resolver el inesperado contratiempo, elaboraron una improvisada estrategia, que no por ello dejaría de ser eficaz. Decidieron, que después del infructuoso registro del despacho del Sr. Anderson comprobarían su apartamento, iniciando también una vigilancia más exhaustiva de sus movimientos, incluyendo el pinchazo de sus comunicaciones.


G. Sayah