«Corrupción 1.0»

     Sentado plácidamente frente a la chimenea, Carlos leía la enésima novela negra que caía en sus manos, género del que disfrutaba con cada línea, a pesar de que muchos pasajes reflejaran a veces su complicada realidad.

     Como testigo protegido, el juez le sugirió, porque no pasó de ahí, que evitara durante una temporada seguir con su rutina habitual, así como los lugares que normalmente frecuentaba, y que si pudiera cogiera unos días libres en el trabajo.

     – Vaya mierda de sistema, – pensó Carlos cuando asistió a su última citación. No podía evitar una sensación de impotencia a la vez que indignación, por la forma en la que ente país se protege a los “testigos protegidos”.

    Era un caso de corrupción política flagrante, en el que la fiscalía disponía de cuantiosas pruebas, pero que no podría finalizar sin su declaración presencial en el juicio.

     Decidió entonces pasar un tiempo en su cabaña de la sierra, residencia poco habitual y que pocas personas conocían. Allí estaría tranquilo, sin televisión, ni cobertura telefónica, sólo un viejo transistor y varios libros en los que sumergirse.

     Cuando el protagonista del relato que leía, el detective privado Vázquez, un ex policía venido a menos, se disponía a desenfundar su arma, Carlos oyó un cercano crepitar, y no era precisamente el del fuego. El sonido venía del exterior y su cadencia podría compararse con unos pasos lentos y sigilosos.

     No pudo evitar que se le erizara el vello de su piel cuando percibió que el pomo de la puerta de su confortable morada se giraba lenta y silenciosamente…

«Nostalgia»

            Sin beso de buenas noches, pensaba Antonio inmerso en una soledad ya rutinaria en su día a día.

            Aún recordaba aquella mañana camino del colegio con su hija, ahora con quince años, cuando entonces tenía nueve y le soltó la mano. Aquello fue el principio del fin. El principio de un alejamiento forzado por una inminente pubertad, que continuaría con una inevitable adolescencia.

            La echaba de menos, -es que me da vergüenza papi- le dijo en ese momento. Sin embargo, todavía albergaba la esperanza de que con el tiempo, esa relación padre-hija volviera a converger en un punto de amor y cariño ahora casi perdidos.

(Microrrelato de menos de cien palabras para la Cadena Ser).

Hablemos de cine

Figuras ocultas

Nos encontramos aquí con una película que aunque no pasa de puntillas por la cartelera, dista de ser de las más comerciales y recaudadoras en taquilla.

Lejos de ser una crítica, mi atrevimiento para recomendarla viene dado por la historia en sí, su importancia, sus consecuencias, lo que significaron en su día los hechos valientemente llevados a cabo por sus protagonistas, que marcaron un momento e iniciaron un camino para un sector de la población norteamericana vejada y discriminada.

Emocionante y bien llevado por su joven director, el film es un relato biográfico, en el que tres mujeres de color intentan abrirse paso en la NASA, un territorio dominado por el sexo masculino y la raza blanca.

No ahondaré en su argumento, ni describiré situaciones, sólo transmitiros que es de las películas que no hay que dejar de ver. Con excelentes interpretaciones de un reparto importante, os emocionará sin llegar al drama, en ningún momento llegareis al aburrimiento, todo lo contrario, de principio a fin os irá dejando un sabor de boca dulce y sincero, con una banda sonora muy bien cuidada y escogida.

«Insomnio»

     Otra noche más sin poder dormir y por mucho que le pesara, se había convertido en una rutina que le golpeaba de manera constante e ineludible, por lo que decidió afrontarlo como algo normal y por qué no, aprovechable en cuanto al tiempo, y satisfactorio por los resultados.

   Eran las cuatro menos cuarto de la madrugada cuando puso la cafetera en funcionamiento, y mientras el café subía y su aroma envolvía el apartamento, se aferró a su cuaderno de relatos para continuar con la frase que su esposa le dejó escrita en un trozo de servilleta el día anterior.

     Un gesto este, que se había convertido en una costumbre imprescindible y que a Marco le servía de inspiración para iniciar sus escritos.

       Negro sobre blanco, plasmaba sus pensamientos, a la vez que soñaba con un futuro como escritor, – que iluso, como si fuera tan sencillo – se decía conforme deslizaba su bolígrafo, derramando letras, palabras, frases, párrafos… emanados de una primera idea ofrecida por el amor de su vida, musa de su modesta obra y fuente de su pasión por la literatura… Otra noche más sin poder dormir…

La noche en la ciudad

Gracias por estar ahí…

  Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero…

        Y es que no pasa un instante en que mis pensamientos no estén ocupados con ella, mi vida, mi musa, la rosa que reluce en este jardín de la vida. Vida que no deseo vivir si no es con ella, por eso, y con todo, muero porque no muero, si ella no está presente, si no me corresponde, ya que la vida que espero no tiene valor sin sus besos, caricias, abrazos… largos, cálidos, tiernos y sobretodo amorosos.

          Reflejos de un amor que comienza titubeante, pero que con el tiempo, el interés y la pasión se va fortaleciendo, uniendo dos almas nacidas para complementarse. Almas que se hunden como raíces que sustentan el tronco del árbol del cariño, cariño que se desprende de ese amor, sólido, inamovible, robusto, magno y bello cual corcel blanco de un caballero medieval, puro y sincero, sin resquicios ni temores. El temor sólo se presenta ante el pensamiento de una vida separados, la vida en un minuto si cabe. ¡Por favor, ni un minuto…!

                                                                                           G. Sayah

La literatura

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     La literatura, un mundo por explorar que nos rodea, nos invade y nos hace derramar sensaciones, propias de un arte como otro cualquiera. Objeto a nuestro alcance, que no es baladí el aprovecharlo para disfrutar y vivir experiencias inigualables, ora cerca de la realidad, ora lejos de esta.

«Bienvenida»

         – Me encanta viajar en tren, – pensaba Silvia mientras oía el típico traqueteo que hacían los boggies al contacto con el camino de hierro.

          Volvía de Israel, donde tuvo que realizar un trabajo bastante especial y arduo. No era la primera vez que iba al país hebreo, aunque siempre había sido por temas profesionales.

        Su jefe le había dado unos días libres, por lo que decidió hacer escala en París, donde intentó despejarse tras realizar la misión que se le encargó.

            En la estación de Chamartín cogió un taxi una vez abandonó el tren en el que viajó desde la capital francesa. El taxista la dejó a escasos metros del edificio de apartamentos donde residía temporalmente. Un apartamento reducido, pero acogedor, confortable y decorado con buen gusto.

            Extrajo las llaves del bolso y abrió la puerta. Lo que vio no le gustó nada, es más, llegó incluso a asustarla un poco. Todo estaba patas arriba. Alguien había estado allí en su ausencia y lo había revuelto todo.

          Tras un fugaz repaso visual, no percibió que se tratara de un robo, ya que no parecía que le faltara nada.

            – ¿Quién había estado allí y qué buscaba? -…

                                                                                                       G. Sayah

Microrrelato 10.0

“El Gran Cañón”.

    El crujir de las hojas les recuerda lo solos que están. Una soledad compartida, cómplice, impuesta por la vida, aunque esperada.

     Sus hijos partieron en busca de un futuro sin ellos. Un futuro paralelo, pero cuyo sentido rectilíneo transcurría lejano cual orillas opuestas del río Amazonas.

      La decisión estaba tomada. “Habían comprado los billetes,” pasaporte para ese último viaje de ida sin regreso, pero juntos, por siempre, marido y mujer, compañeros, amigos, eternos amantes… peregrinos vitales que conscientes de haber agotado su ciclo caminarían enlazados hacia un destino incierto y desconocido.

G. Sayah.

“El extraño caso del Sr. Smith”

     Era de los pocos detectives honrados que quedaban en la ciudad. Esa noche se propuso vigilar los pasos de una esposa infiel a la que le atraían los jovencitos. Su marido había contratado la semana antes sus servicios y aunque los casos de infidelidades matrimoniales no le motivaban demasiado, comer había que comer, y las facturas no se pagaban solas, por cierto, ese mes ya estaba la cuenta en números rojos.

       Se dio cuenta enseguida de que aquello sería fácil y rápido. Mary, la esposa infiel salió de casa sobre las once de la noche y en la misma esquina del edificio en el que vivía la infeliz pareja le esperaba un individuo en el interior de un Ford gris antracita.

      Terminé de tomarme un café que me sirvió una agradable camarera con rasgos asiáticos en la cafetería que había enfrente del Solita Soho Hotel. Estaba deseando de llegar a mi apartamento para dormir un rato y descansar la mañana y justo al subirme en mi desvencijado Golf del año 79 recibí un mensaje de Penny, mi socia,- te esperan en el despacho, tenemos un nuevo caso -…

G. Sayah

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