Reflexión 3.0


Aguantando la respiración, puños apretados con los brazos a lo largo del cuerpo, mirada furiosa a la vez que impotente, contemplaba a aquel ser inmundo y cruel, violador de menores,  enfermo mental sin solución, individuo no merecedor de vivir entre mortales, y premiado con una inútil reinserción social incompatible con cuantos le rodean, una reinserción que la justicia proclama y ampara.

Creadores de leyes ineficaces para con los buenos, yo les daba el sufrimiento de una madre, de un padre, de una familia, de unos amigos, de ‘una víctima’, sufriente de un delito pederasta que no merece ningún perdón.


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Todo, sentido en décimas de segundos, mientras ese monstruo tomaba café tranquila y plácidamente, apoyado en la barra de un bar en el que se refugiaba de todas las miradas furiosas e impotentes.


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Microrrelato 90.0


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Sufriendo lo indecible por amor, me debato en una interminable dicotomía, luces y sombras que acompañan mi existencia, una existencia que mis inclinaciones sexuales hacen que por lo general sea bastante tormentosa. Miro hacia delante con la esperanza de remontar un pretérito que sin escrúpulos oscurece mi presente. Buscaré un lugar donde pueda olvidar, empezar de nuevo, curar mis heridas, unas heridas que han hecho añicos mi corazón, un corazón que desea encontrar unos sentimientos perdidos durante una relación difícil, difícil sobre todo porque vivo en una sociedad que no la acepta…


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Microrrelato 89.0


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Antes de ver lo que Arturito, el repetidor, llevaba en su caja de compases, descubrió que aquello le daba una pasmosa seguridad, al igual que los auriculares silenciosos. Que paradoja, pero un efecto sinérgico era el resultado. No dejaba de ser un misterio, y de esa forma se abstraía del mundo exterior, del ruido, del qué dirán, de zafios comentarios sobre su vida y su comportamiento atípico, una visión envidiada por el mero hecho de que no se  dejaba influenciar por una sociedad aborregada, una sociedad que no le iba a marcar el camino a seguir, una sociedad mugrienta y contaminada a la que dio la espalda hace tiempo…


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Microrrelato 88.0


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Con su gato Mishi, que no participó aquella noche en lo que había pensado que era un buen plan, subía las escaleras que le llevaban a su apartamento, su ‘sancta sanctorum’, el lugar en el que encontraba un necesario refugio. Su comportamiento fue extraño desde el principio, no se encontraba cómodo, él tampoco, por lo que en el último momento decidió abortar. Esa percepción racional y su instinto animal hicieron que lo que iba a sufrir aquel desgraciado una vez drogado de manera subterfugia fuera pospuesto para otra ocasión – Otro día querido, otro día – le decía al felino mientras le acariciaba la peluda cabeza…


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Madrid 35.0


NYC


Le saltó el buzón de voz – Hola Robert. Soy Eric. Cuando puedas te pasas por mi despacho. Tengo novedades. Un abrazo – Su intención era decírselo por teléfono, pero no le agradaba la idea de dejar grabado ningún mensaje referente al asunto de su esposa, por lo que decidió en el último momento que sería mejor hablarlo cara a cara. 

– Señor Larsson, el señor Fox acaba de llegar –

– Dile que pase, por favor, y no me pases llamadas en media hora –

– Entendido señor Larsson –

– Gracias Mary –

Robert entró sentándose directamente si tan siquiera dar los buenos días. Estaba alterado, e impaciente por lo que Eric tendría que decirle. Éste servía un par de bourbones de espaldas a su viejo amigo.

– Tu mensaje decía que tenías algo –

– Hola Robert, yo también me alegro e verte. Te noto un tanto nervioso –

– Es que esto se está dilatando más de la cuenta. Esperaba que se solucionara rápido. Supongo que se me nota –

– Así es, y lo que tengo que decirte me temo que no te va a gustar –

Robert se bebió el bourbon de un trago dispuesto a digerir lo que Eric le contara.

– Mi hombre me dice que le ha perdido el rastro a tu mujer –

– ¿Cómo? Eso no es posible –

– Cuándo la viste por última vez –

– Ayer me dijo que iría a visitar a su hermana a Washington, y que estaría fuera un par de días, por lo que entiendo que seguro andará por aquí con ese amiguito suyo –

– Pues por lo visto ni aquí, ni en Washington… De todas formas, le he dicho que le dedique un par de días más al asunto, y creí que debías saber lo que tenemos por el momento –

El corazón de Robert empezó a latir más deprisa. Ni siquiera las ultimas palabras de Eric lo tranquilizaban. – ¿Se ha centrado tu hombre en los lugares que te dije que frecuentaba Rachel, además de los que mi detective descubrió? –

– En efecto. – Y nada, pero ya te digo, démosle unas horas a ver que puede hacer y con lo que sea damos el siguiente paso –

– ¡No me jodas Eric! ¡Sólo acepto una situación… que desaparezca de una vez por todas! –


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Relato 211.0


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Un despreciable ser acababa de comenzar su obra, así la llamaba. Un sociópata que con lo que le había hecho a Sarah alcanzó un nivel de éxtasis cercano al clímax. Lamentó no haber empezado antes aquellos actos que le habrían de reportar sensaciones inimaginables en el pasado, un pasado vacío, una vida superflua, un trabajo aburrido, una tormentosa relación maternal, ya que pasaba horas y horas cuidando de ella, postrada en la cama debido a una grave enfermedad. Todo conducía a una rutina tediosa, un día a día inapetente que le hacía encontrarse con frecuencia reflejado en el espejo a un ser cuya alma se deterioraba por momentos.

Aquella mañana decidió dar el paso y por fortuna todo salió bien, como lo había planeado. Lo sentía por la chica, pudo ser otra cualquiera pero así era la vida, le tocó a ella y lo que verdaderamente importaba era que él disfrutó de la experiencia, deleitándose como nunca, entrando en un estado de embriaguez mental que le hizo empezar a planear su siguiente acto macabro.

Saldría de caza esa noche, aunque antes, como buen depredador debía observar a su siguiente víctima. Acechar, analizar, meditar los pasos a dar, planear… todo, antes de consumar…


g-sayah


Microrrelato 81.0


 


 

‘¿Por qué no?’


 

– ¿Te apetece cenar algo? –

– ¿Me estás pidiendo una cita? –

Mark se sonrojó, David se percató, y decidió echarle un cable diciéndole que estaría encantado.

Ahora era David el que empezaba a sonrojarse. – Termino con la autopsia que tengo entre manos y salimos pitando, necesito una copa. –

– Estupendo, te espero fuera. – 

Juliette era un pequeño restaurante de Brooklyn, con un ambiente cálido e íntimo, y maravillosas vistas.

– A las siete, si para dos. Gracias. – Mark colgó el teléfono tras confirmar la reserva y empezó a sentir mariposas en el estómago…


 

g-saya


 

Madrid 34.0


Versión 2


Vincent salió del baño con el pelo húmedo aún y con la toalla liada entorno a la cintura.

– Bueno, qué es eso que te traes entre manos con tanto misterio. –

María había servido dos copas de vino, ofreciéndole una a Vinc. – Brindemos por nosotros, y porque lo pasemos bien hoy. – Dijo sonriendo irresistiblemente.

– Estoy contigo. –

– ¿Lo compartimos? –

Vincent observó que María le enseñaba un pitillo algo deforme para ser un Marlboro, y enseguida cayó en la cuenta a lo que se refería antes.

– ¿Es marihuana? –

– Exacto, ¿te animas? –

– Claro, por qué no. Hace años que no la pruebo y creo que un par de caladas no me vendrán mal. Podría haberme imaginado cualquier cosa menos esto. –

– Me alegra haberte sorprendido. No todas las sorpresas van a venir por tu parte… – Dijo María con un tono de sarcasmo. – Me hace romper con la rutina pero de manera diferente. Yo tampoco suelo fumar, y la verdad es que no se cómo se me ha ocurrido, pero en fin, aprovechemos el momento. –

Dieron, tumbados en la cama, buena cuenta de la botella y del canuto, charlando de cosas triviales y soltando carcajadas a costa de simpáticas anécdotas que María contaba de su vida…


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Microrrelato 82.0



No podía dejar de llorar. No podía apartarlo de la mente. No podía olvidar su rostro, un rostro que reflejaba una melancolía brutal, amargo espejismo de un alma atormentada y castigada por las inclemencias de un amor despiadado antes que frustrado, un amor por el que lo dio todo y que no pudo ser. No podía recordar, en qué momento dejó de amarlo. No podía evitar, estar sumido en aquel lúgubre pozo sentimental a pesar de que fue suya la elección. No podía esquivar, un dolor palpable y permanente que golpeaba duro al ritmo de los latidos de su corazón. No podía dejar de llorar…


g-sayah


Relato 206.0


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Estaba recogiendo sus pocas y míseras pertenencias cuando Nick llegó a su altura.

– ¿Te vas? –

– Hola inspector. Si. Hoy la mañana no da para mucho más –

– ¿Un mal día? –

– Como otro cualquiera. Ni bueno ni malo, según se mire. La gente no es muy solidaria con tipos como yo. Pero bueno, no me quejo. ¿Y tú cómo lo llevas? –

– Ni bien ni mal, para que quejarse – 

Caracortada sonrió. Después se cercioró de lo que Nick traía en las manos.

– Toma. Es para tí. Esperaba que compartiéramos un rato de charla mientras almuerzas algo, a no ser que tengas otros planes –

– A dónde voy no creo que me echen en falta –

Indigente e inspector se sentaron en un banco de un parque cercano. Este le contaba lo que había estado haciendo durante la mañana, sin entrar en muchos detalles, por supuesto. Aquel asentía con la boca llena dando buena cuenta del arroz con verduras entre sorbo y sorbo de café.

– Se te ha olvidado el pan… –


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