‘La Arcadia del asesino 5.0’

CSI Miami II

Los de la científica realizaron un segundo análisis toxicológico, pero la supuesta sustancia que dejaba a las víctimas a merced del cruel homicida  seguía sin aparecer en los resultados. Supuesta, porque trabajaban sobre la hipótesis de que el uso de dicha sustancia, sería la única manera de explicar que las chicas fueran secuestradas e inmovilizadas de la forma en la que aparecían, para luego ser ejecutadas. No presentaban signos de haberse defendido, y además estaban convencidos de que algunas eran captadas en lugares públicos. Seguirían trabajando en esa línea hasta tener otro hilo del que tirar.

Minna y Erik empezaban a mostrarse algo escépticos, pero tampoco el asesino había dado un paso en falso hasta el momento, por lo que el campo sobre el que desarrollar sus pesquisas era harto reducido. Pocos rastros, nada de huellas, cero en fluidos, ningún testigo… La investigación estaba un poco empantanada y estaba resultando un poco complicado el avanzar de manera fehaciente.

– Erik acaban de llegar las cintas de una cámara de seguridad de un cajero cercano a la casa de la última víctima. Que te parece si nos servimos un par de cafés bien cargados y le dedicamos lo que queda del día a visionarlas. –

– Me parece bien, a ver si tenemos suerte. –

G. Sayah

‘No uno cualquiera 6.0’

CSI

– Jeanne Marie mira esto – Dijo Mike.

El detective, en cuclillas acariciaba con los dedos unos restos de oscura tierra que la científica seguro no habría pasado por alto.

J.M. pensaba que no era tan importante el qué, sino el dónde, ya que ese tipo de material quedaba completamente fuera de lugar en aquel entorno urbano.

Acudieron a la comisaría tras recibir la llamada del capitán, aunque antes pasarían a hacerle una visita a Ethan en la morgue.

– ¿Quería vernos capitán? –

– Así es. Cierren la puerta y siéntense. Imagino que ya saben quien es el último desgraciado que ha entrado en la morgue. – Dijo el capitán.

– Si señor, venimos de hablar con Ethan. – Apostilló Mike.

– Bueno, pues sólo os voy a decir una cosa: esto huele a podrido y me da en la nariz que gente muy gorda está detrás de todo esto, así que sed muy discretos y actuad con la máxima celeridad. –

– Entendido capitán ¿no Mike? – Contestó J.M.

El inspector no contestó, cuando ya salía del despacho con aires de cabreo a la vez que el capitán y la inspectora se miraban con caras sorprendidas…

G. Sayah

‘No uno cualquiera 5.0’

Sala de autopsias

El forense se ajustó los guantes de vinilo negro, dispuesto a continuar con la autopsia que interrumpió para salir a desayunar al Starbucks de la acera de enfrente de comisaría. Un sándwich de pavo, acompañado de un largo e intenso café aderezado con un toque de nuez moscada y vainilla.

A simple vista la cosa estaba bastante clara, aunque se obligó a seguir el procedimiento. El disparo en la cabeza anticipaba el posible motivo de la muerte, pero su labor podría ser crucial para la investigación, así que se esmeró en recoger muestras, analizar contenidos estomacales, restos de sustancias estupefacientes en el organismo, calibre de la bala alojada en el cerebro…

Casi había terminado cuando el detective Mike y su compañera J.M. aparecieron con sendos cafés en las manos. -¿Cómo va eso doctor?- Preguntó ella.

La identidad del inerte cadáver la mostraba la documentación que llevaba encima en el momento del fatídico suceso. Se trataba de Carlos García de la Vega, soltero, de cuarenta y dos años de edad y residente desde hacía treinta y tres en la ciudad.

– Estaba a punto de llamaros. Me temo que al señor García le dieron pocas opciones.-

– Llevo tiempo dándole vueltas a la cabeza y la verdad es que me suena la cara de este tipo.- Comentó J.M.

– Es cierto, ahora caigo.- Dijo Mike.- ¿Puede ser el fulano ese que es testigo de la acusación en el juicio de corrupción política del que ahora todo el mundo habla? –

– Pues si es así, poco va o poder decir ya.- Sentenció el forense…

G. Sayah

‘La Arcadia del asesino 4.0’

The fall

Examinaban con lupa todas las fotografías de las víctimas y de los escenarios que hasta ese momento tenían de los homicidios pertrechados por el mismo asesino. Todas, extendidas en una gran mesa que presidía una sala bastante amplia que habían habilitado especialmente para la investigación del energúmeno que se estaba dedicando a sembrar cadáveres y provocar el terror en la tranquila villa de Fjallbacka.

Era como si en una partida de póker, los jugadores hubieran puesto los naipes sobre la mesa en un descarte, a la espera de recibir nuevas cartas y poder hilvanar una buena mano.

La policía necesitaba eso, una buena mano. Minna y Erik se estrujaban el cerebro a ver si su particular y sanguinario asesino hubiese cometido algún error, cosa que hasta ese momento no había sucedido. o por lo menos ellos no se percataron.

Las víctimas, eran mujeres entre 25 y 30 años, rubias, guapas, independientes, con trabajos bastante solventes y elevado poder adquisitivo, lo que les permitía vivir solas, y lo que a su vez las convertían en presa fácil para un depredador como aquel.

En sus crímenes, el agresor no las violaba, por lo que no había presencia de fluidos, tampoco de huellas, ya que usaba guantes en todo momento, eso si, las sometía a todo tipo de vejaciones y torturas inimaginables hasta que las ejecutaba.

El forense teorizaba, cosa que no era frecuente en él, por ser un profesional riguroso y que se ceñía a las pruebas fehacientes, que el asesino tendría que utilizar algún tipo de sustancia que hiciera que las chicas se volvieran dóciles o incluso que llegaran al sueño, para una vez pasado el aturdimiento inicial verse atadas e indefensas, para su sorpresa y desgracia, en manos de su verdugo.

Los inspectores creían que las inocentes víctimas eran abordadas en algún bar, por la noche, aunque tenían la certeza que alguna fue asaltada en su propia casa. El caso es que todas aparecían en su dormitorio.

G. Sayah

‘La Arcadia del asesino 3.0’

El Perfume

Erik y Minna se dirigieron a comisaría. De camino se iban mofando del fiscal, que una vez más tuvo que abandonar la habitación donde se había cometido el crimen con el estómago revuelto, vomitando y con la cara bastante pálida, casi más que la propia víctima. No era normal su presencia en las investigaciones, pero dado el cariz de los acontecimientos comenzó a personarse in situ.

El forense aún no había llegado con el cadáver de Alexandra Nilsson, por lo que decidieron hacer un briefing, recomponiendo todo el material que hasta ese momento tenían, repasando el modus operandi del asesino, préstamos y coincidencias entre todos los casos que hasta el momento tenían en lo alto de la mesa, a ver si encontraban un hilo del que poder tirar a lo largo de ese día.

G. Sayah

‘La Arcadia del asesino 2.0’

d44cb3c7-29f2-47d1-86ab-b24ea1e04952

Era Minna, su compañera. Tras darle los buenos días, le dijo que el jefe la había llamado para que se dirigieran los dos al lugar donde se había cometido el último asesinato.

Ya se había filtrado a los medios que un asesino en serie andaba suelto por las idílicas y hasta hace poco pacíficas calles de Fjälbacka.

Erik terminó de tomarse el café y se quitó su confortable e inseparable pijama, para ponerse su habitual indumentaria de trabajo: traje negro, zapatos negros, camisa blanca y corbata también negra. Semiautomática Parabellum y esposas en el cinturón, su imprescindible iPhone, llaves de su Volkswagen y listo para afrontar su ineludible cita.

Encendió un cigarrillo con la intención de fumárselo antes de montarse en el vehículo, a la vez que pensaba que coño estaba pasando en hasta ahora su tranquilo pueblo. En comisaría estaban desbordados, y al forense, se le acumulaban los cadáveres en la morgue, y ya no por la cantidad, si no por lo complicado de sus autopsias.

Cuando llegó al lugar del crimen, la inspectora Minna lo esperaba con un par de cafés en las manos, cosa que agradeció enormemente a pesar de haber tomado ya uno en casa.

– Buenos días Erik. –

– Hola Minna, que tenemos. –

Su compañera, entre sorbo y sorbo de aquel sabroso y negro brebaje lo puso en antecedentes de camino a la habitación de la casa en la que se encontraba la víctima, anticipándole que la escena era brutal.

El escenario ofrecía una imagen dantesca. El occiso individuo, un hombre de mediana edad, estaba colocado en posición fetal, desnudo, con los pies y las manos atados juntos con una especie de alambre espinado, orejas y nariz cortadas, ojos abiertos de par en par gracias al pegamento que aquel cruel y sangriento torturador le había aplicado en las órbitas, como si este no quisiera que su presa se perdiera ni un instante de lo que le estaba ocurriendo hasta el último momento, que llegaba con un tiro a bocajarro entre ceja y ceja.

Nada o casi nada que no hubieran padecido las víctimas anteriores. Un patrón de conducta idéntico, un sello que marcaba una violencia extrema, una forma de proceder que hacía que todos los presentes se preguntasen cómo alguien podría hacer algo así, por qué motivo. Qué podría tener una persona en lo más profundo de su mente para actuar con tanta furia y ensañamiento…

G. Sayah

‘No uno cualquiera 4.0’

Keanu Reeves

No pudo evitar que se le erizara el vello de su piel cuando percibió que el pomo de la puerta de su confortable morada se giraba lenta y silenciosamente…

Raudo, Carlos saltó a correr una cadena de seguridad que aquella tenía, al igual que hizo con un pestillo de una ventana próxima.

Quién quiera que fuese, no traería buenas intenciones, pensó Carlos con el pulso ya por las nubes.

Seguidamente, se le ocurrió hablar en voz alta simulando estar acompañado, al mismo tiempo que cargaba una repetidora que utilizaba esporádicamente para la caza de ciervos, afición heredada de su padre.

Tras un par de intentos, el supuesto individuo se retiró, Carlos consiguió oír como se alejaban unos pasos rápidos y largos, por lo que respiró más tranquilo, aguardando un buen rato para echar un vistazo fuera con el arma repleta de cartuchos, por supuesto, a la vez que su corazón paulatinamente volvía a latir con normalidad.

Carlos desconocía que aquella no sería la última vez que recibiría la visita de aquel intruso. Había sido una toma de contacto que formaba parte del procedimiento que este seguía cuando le encargaban neutralizar un objetivo.

G. Sayah

‘La Arcadia del asesino 1.0’

fjallbacka.jpg

El invierno era duro en Fjällbacka. Erik, oriundo de esta ciudad costera, acababa de levantarse, y se tomaba un café bien caliente mientras ojeaba el periódico, sentado en su confortable sillón de lectura frente a la chimenea, que empezaba a crujir y a desprender ese característico olor a madera quemada.

Estaba dispuesto a disfrutar de su primer día libre después de semanas sin parar de trabajar, y es que últimamente y de manera anormal, el número de homicidios que habían acaecido aumentaron terriblemente, máxime si se tenía en cuenta que la población apenas si superaba los mil habitantes. Con los datos en la mano, la proporción era elevadísima.

Como inspector de policía le preocupaba enormemente, aunque albergaba la esperanza de que el asesino en serie que estaba actuando en tan breves intervalos de tiempo cometiera algún error que propiciara su captura, ya que los habitantes de este acogedor lugar de veraneo sueco comenzaban a sentirse un tanto atemorizados.

– Esto parece Cabot Cove, y yo, Jessica Fletcher,-  se decía mientras ojeaba la portada del diario, en el que aparecía la noticia del enésimo asesinato ocurrido, al tiempo que su teléfono comenzó a sonar…

G. Sayah

‘No uno cualquiera 3.0’

Negra y criminal III

…Tendrían de un hilo del que tirar para con su enésimo caso de homicidio, o al menos eso creía Mike.

J.M., su compañera de fatigas, se estrujaba el cerebro pensando en cómo narices había acabado aquel pobre desgraciado entre los cubos de basura con un disparo ejecutor.

Era evidente por la escasa sangre presente en el escenario, que el asesinato fue cometido en otro lugar, a lo que había que añadir lo indiscreto e inseguro que era este para el sicario, por el trasiego de gente que pasaría por allí a la hora de la muerte, que el forense estimaba sobre las seis de la tarde.

La pareja de detectives decidió volver a la calle 41, para repasar in situ los pocos datos de que disponían y por si habían pasado algo por alto.

Los técnicos estaban recogiendo las últimas muestras y disparaban las últimas fotografías antes de desprecintar el lugar. – Jeanne Marie, ¿qué te parece que puede ser esto? – preguntó Mike.

J.M. se acercó a su compañero con curiosidad, ya que cuando éste se dirigía a ella por su nombre completo, vocalizándolo con un ligero acento francés, el tono albergaba cierto grado de seriedad y preocupación.

G. Sayah

‘No uno cualquiera 2.0’

Gothan

…no está el panorama como para perder el tiempo, y al forense se le acumulaban los cadáveres de manera inusual.

La noche en la metrópolis se había convertido en refugio de criminales y víctimas al mismo tiempo. Metrópolis testigo de una lucha mortal por el control de sus calles. Drogas, prostitución, apuestas ilegales, extorsión, tráfico de armas… cualquier argumento lejos de ser ficción, relacionado con la delincuencia más extrema, era válido para aquellos hampones que incluso llegaban a manipular y dominar parte del sistema que en teoría debía vigilar que se cumpliera la ley. Jueces, fiscales, policías, políticos, una largo etcétera que engrosaba la nómina de grupos organizados y mafiosos.

El detective Mike y su compañera bajaron al sótano de la comisaría 23, donde aquel forense se afanaba en su trabajo, a ver si con su informe preliminar tendrían de un hilo del que tirar para con su enésimo caso de asesinato…

G. Sayah