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Aquella mañana no era diferente a las demás. Se había despertado temprano, el sueño la abandonaba como casi siempre. Se sentía cansada pero con ganas de afrontar la rutina diaria.

– Qué coño, hoy voy a romper la rutina – Introdujo en la cafetera una buena dosis de café en vez de descafeinado. Para Esther no era habitual, y de esa forma tan trivial pretendía empezar a cambiar cosas en su vida. Esta no le sonreía últimamente. Tanto en lo personal como en lo profesional no había tenido muy buenas experiencias.

Separada de su marido desde hacía ya varios meses, le echaba de menos. Era el hombre de su vida, al menos eso creía ella. Desde que lo conoció en lo que era el curso de orientación universitaria, no había tenido ojos para nadie más. Él, por lo visto sí. Había conocido a otra, más joven y también más rica. Buen partido y buena opción para dejarla en la estacada.

Todavía no lo había asumido y albergaba la esperanza de un futuro juntos. Ella lo perdonaría, por supuesto, ya que el amor que sentía estaba por encima de cualquier elección que Carlos hiciera en su día. No le cabía la menor duda, aunque posiblemente él no sentía ni pensaría lo mismo.

Se tomó una taza del café que previamente había subido por la cafetera emitiendo ese sonido que tanto le agradaba, no menos que el aroma, que casi la alimentaba para medio día.

Una vez se vistió, salió a la calle en busca de su automóvil, uno de los pocos objetos que le había tocado en el reparto al separarse. Desgraciadamente no se podía permitir el lujo de cambiarlo, viejo y desvencijado, también le recordaba a él.

De camino al trabajo y escuchando la radio pensó – ¡ Joder que raro, me he vestido a la primera! – Normalmente se cambiaba varias veces antes de salir, una lucha permanente con su vestidor, ¿inseguridad?, hoy no, algo estaba cambiando…


g-sayah


Poema 11.0


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Ayer lo recordaba.

Un ayer que hoy nostálgico es.

Ayer lo recordaba.

Ayer pude sentirlo mientras lloraba.

 

Ayer lo recordaba, ¡ayer estaba!

Hoy dudo, ¿ayer estaba?

Tu amor que tanto necesito hoy,

ayer, estaba…


g-sayah


 

Relato 179.0


El statu quo del conflicto bélico era previsible. Tanto la igualdad en número de efectivos, como la inseguridad de las respectivas planas de mando, hacían que la tropa junto con sus oficiales y suboficiales se tomaran un respiro en aquella cruenta guerra. Como no podía ser de otra forma, cuál no lo es.


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Hacía un frío casi incompatible con la vida, del que se mete en los huesos calando hasta el tuétano. Pablo y Marco intentaban evadirse de la gélida realidad jugando a los dados en un rincón de su diminuta y enfangada trinchera.

Binomio inseparable desde hacía más de catorce años, aquella lucha armada no era ni más ni menos, que cualquier otra en la que habían estado a lo largo de su periplo militar.

Su amistad les llevaba a los mismos destinos, de manera voluntaria, por supuesto, con una complicidad obligada y una lealtad sobrenatural que utilizaban para cubrirse las espaldas mutuamente en cualquier ambiente, por muy hostil que fuera.

– ¿Un trabajo como otro cualquiera? – Es posible. Mercenarios del terror, así les llamaban. Cobraban por semana, lo pactado, cantidad generosa como para pagar la hipoteca, las facturas y mantener a sus familias. Lo que sobraba, para putas y alcohol.

Los trileros pensaban que su trabajo no era menos honrado que el llevado a cabo por los políticos contemporáneos, corruptos e ineficaces, aquellos que ni siquiera manejaban los hilos del poder, que jugaban a ser Dios e igual y a la vez disfrutaban con las sobras, más suculentas, para putas y alcohol. El verdadero Dios, miembro de un poder fáctico, estaba más arriba, cual titiritero manejándolos a su antojo.

Un disparo quebró el silencio, alcanzando a Marco en la cabeza. Un único disparo, a manos de un francotirador paciente que con ojos de águila atisbó que aquel no llevaba el casco puesto.

– No te quites el casco. – Le había dicho Pablo cinco minutos antes. Una señal inequívoca de la preocupación mutua que ambos profesaban. 

– Será sólo un momento, necesito que me de un poco el aire en la mollera. –

En estado de shock, impotente y abatido, y con el rostro salpicado de sangre y materia gris, a Pablo le empezaron a brotar unas lagrimas amargas y secas, a la vez que por su mente a modo de fotogramas, iban pasando todas y cada una de las vivencias que juntos habían tenido.

Las trincheras de la muerte, así denominaba la prensa internacional a aquel lugar cargado de mierda y desolación, aunque más que un medio donde refugiarse durante el combate, parecía más una fosa común, repleta de individuos anónimos de medio mundo, fallecidos en pos de una guerra sin sentido, que acababan olvidados de la memoria de los vivos.

Algunos de esos ‘vivos’ se frotarían las manos al ver como sus cuentas bancarias, situadas en paraísos fiscales, aumentan exponencialmente por cada bala disparada, por cada obus lanzado, por cada soldado caído. Dueños de empresas pantalla, miembros de lobbies armamentísticos, señores de la guerra, que de manera impune campan a sus anchas ante una legislación internacional redactada para ellos, pudiendo elevar sus beneficios económicos por encima del valor de la vida de un ser humano gracias a su criterio.

Vivos, también, que mientras almuerzan delante de las noticias que pasan por televisión, engullen ajenos a algo que está pasando, pero que les queda muy lejos y por suerte no les afecta. Vivos, ignorantes ante un mundo globalizado, borregos de una sociedad mediatizada que es arrastrada hacia una inevitable autodestrucción. Vivos que creen sentirse seguros en medio de un tablero de juego, donde la estrategia de los poderosos pasa por dominar mentes vacías y zafias.

Vivos que han perdido la memoria, la memoria de un pasado, la conciencia de un presente, un futuro encaminado hacia la autoaniquilación. Vivos que sostienen sobre sus hombros cabezas cuyo pabellón mental sólo retiene vanos y triviales pensamientos que convierten en problemas de fácil solución.

Hay que vivir el presente en ‘paz’, el pasado ya no está, pero no se puede construir un futuro si perdemos la memoria y no tomamos verdadera conciencia de dicho presente y de hacia donde queremos dirigirnos…


g-sayah


 

Microrrelato 55.0


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Para que luego digan que los monstruos somos nosotros. Fue el primer pensamiento que asaltó la mente de Mark, cuando un guardia le dijo que se había consumado la última ejecución.  No sabía si aquel desgraciado al que le habían aplicado la letal inyección fuese culpable, pero si estaba seguro de que él no lo era. Nadie creyó nunca en su inocencia, y el sistema se lo iba a llevar por delante. Fallos en el procedimiento, una defensa incapaz y la sociedad ávida de ‘justicia’, lo arrastrarían sin remedio a una habitación, donde la muerte daría  también buena cuenta de él. Siguiente reo que dejaría de pernoctar el corredor…


g-sayah


Madrid 26.0


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– Hola Rachel. Soy Eric –

– ¡Eric! ¡Cuánto tiempo!

– Si. La verdad es que hace mucho. Cómo estás –

– Bien. No me quejo. ¿Y Tú? ¿A qué debo tu llamada? –

– Bueno. Yo tampoco me quejo. Me preguntaba si tendrías un momento esta tarde, me gustaría hablar contigo –

– ¿De qué se trata? –

– Creo que sería mejor decírtelo en persona, y de paso nos vemos y nos ponemos al día –

– Joder… cuanto menos me sorprende –

– No te preocupes. No es algo que no puedas gestionar con facilidad –

– Está bien –

Se citaron en un céntrico café, pequeño, coqueto, donde los oriundos suecos residentes en Manhattan disfrutaban de su momento ‘Fika’.

Erik Larsson llegó pronto, cogió mesa y esperó a la mujer de Fox para pedir. Mientras, pensaba en cómo afrontaría la conversación para decirle a lo que se enfrentaba, por mor a su infidelidad. Una consecuencia que ella seguro que no esperaría jamás cuando decidió de divertirse un rato fuera del matrimonio, pensando en que su marido no se enteraría.

Rachel apenas si se retrasó. Entró en el local quitándose el abrigo y una vez lo hubo apoyado en el respaldo de la silla, le dio un fuerte abrazo a Eric antes de sentarse.

– Me alegro de verte. Estás guapísima. ¿Qué haces para mantenerte tan radiante? Parece que los años no pasan por ti –

– Tan adulador y cumplido como siempre. No has cambiado nada ¿verdad?. Muchas gracias. Yo también te veo muy bien –

– Gracias. Sabes que lo digo con sinceridad –

Rachel le dedicó una linda sonrisa, y con un ademán del brazo avisó al camarero…


g-sayah


Poeta en Nueva York 48.0


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Relato 153.0


Tarjeta en mano me planté delante de la hilera de escalones que jalonaban el imponente pórtico que presidía vetusto el edificio que aquel curioso personaje me había incitado a visitar.

Levanté con esfuerzo el gran aldabón que colgaba de la puerta a una altura que casi no alcanzaba y con solo dejarlo caer sonó como un trueno, seguido de un suave y misterioso eco. Esperé pacientemente antes de repetir la operación, pero no hizo falta, unos inconfundibles sonidos de cerrojos abriéndose se oían desde el otro lado. Se abrió una mirilla relativamente grande por la que se podía ver casi la mitad del rostro de la persona que con un solo ojo me empezó a estudiar detenidamente.

– Qué desea –

– Buenas tardes. Mi nombre es Javier, y un amigo mío me dio esta tarjeta diciéndome que con ella podía visitar este lugar. –

– ¿Le dijo algo más? –

– No, bueno sí, que no me arrepentiría y que fuera discreto –

– Está bien, pase. Espero no ser yo el que me arrepienta – dijo aquella media cara mientras cerraba la pequeña compuerta. El comentario, sonó un tanto áspero, pero lejos de tenerlo en cuenta, me lo tomé como otro signo más hacia donde me estaba llevando mi curiosidad…


g-sayah


Microrrelato 71.0


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Yo no la he escrito, y apuesto lo que sea que quien lo haya hecho carece de escrúpulos. No, no fui yo quien negro sobre blanco trazó los designios de mi futuro, de mi destino, un destino que desalmado con poder para controlar los actos de un mortal, se jacta de manejar a su antojo. Un mortal que tiene que malvender su vida a precio de saldo, quizás por cansancio, quizás por sus vanos esfuerzos en mejorar una situación inaguantable, o a lo mejor, por su mala cabeza… El caso es que yo no fui, y si hubiera sido, otro gallo cantaría.


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