Reflexión 4.0


Copenhagen


‘Un lugar como otro cualquiera…’

Generalmente vivimos adaptándonos a un entorno: un trabajo, el barrio en el que residimos, la familia, grupos de amigos si eres afortunado, una rutina que nos hace compañía, y en la que más o menos nos encontramos cómodo.

Entonces, de vez en cuando nos asalta una sensación de agobio, puede que aparezca ese mal que llamamos ‘estrés’, por lo que necesitamos un cambio, posiblemente unas vacaciones, una escapada de fin de semana, o por qué no, que nos toque la lotería…

Si ampliamos nuestra perspectiva y somos capaces de salir de ese círculo vicioso en el que el día a día nos tiene atrapado sin que nos demos cuenta, seguro que somos capaces de ver que nos pueden venir bien algunos cambios, incluso, podemos apreciar que en muchísimas ocasiones estamos viviendo una vida que no es la que un día soñamos con tener, como si dicha vida no fuera la nuestra.

Ante todo esto, podríamos plantearnos crear parte de ese todo que nos rodea, el mencionado entorno en el que nos movemos, que sea el espacio por el que transitamos el que se vea obligado a moldearse, obligado por nuestros movimientos, por nuestros gestos.

Nadie dice que sea fácil, pero es un riesgo que si nos atrevemos a correr, puede reportarnos calidad, puede hacer que la realidad se distorsione en pos de una felicidad individual, que por ende, revertirá en todas aquellas personas que nos rodean, sucediendo inevitablemente lo mismo de manera recíproca.

Leer un libro, descubrir nuevas recetas, nutrirse de personas que apuesten por ‘vivir’, oír, recuperar olores que alguna vez nos cautivaron, amar, abrir los ojos ante un nuevo día…

Ampliar nuestra ‘zona de confort’, que sin darnos cuenta poco a poco se reduce, nos atenaza, se muestra inalterable… Experimentar, arriesgar…


G. Sayah

Poeta en Nueva York 22.0


Relato 124.0


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A veces es inútil el esfuerzo. Por mucho que me empeñe no lo consigo, y lo peor de todo, creo que nunca lo conseguiré.

Esta sensación de asfixia está inevitablemente conectada con mi forma de ser. No puedo respirar este rancio y viciado aire, y el poco que consigo inspirar se me antoja insuficiente y a la vez dañino.

Ignoro a partir de que día decidí que no encajaba en este lugar, un lugar que se ha convertido en una especie de ente que poco a poco me oprime, invade mi alma de manera perniciosa, y desde lo más profundo, aflora desde mi interior un sentimiento de cansancio que progresa rápidamente de manera ominosa.

Abro los ojos pero no veo.

Acaricio tu cuerpo,

no lo siento.

¡Qué ocurre!

Asustado, 

miro a mi alrededor

pensando, pero no infiero.

El diablo es testigo de que lo intento…

Posiblemente, querer encontrar una Arcadia donde evolucionar, experimentar, descubrir, arriesgar… sea una utopía, pero prometo no rendirme.


G. Sayah


 

Microrrelatoser 51.0


Eventos - 2108


Comienzan a acumularse en la superficie del planeta ideas malavenidas para con la solidaridad… Un náufrago, cuerpo inerte en la orilla de una playa cualquiera, clama en silencio por una vida mejor, que aquella acumulación de xenofobia ‘primermundista’, por cierto, lucha por impedírsela.

Turba hipócrita que, dándose golpes en el pecho y con cinismo argumenta la igualdad de cara a la galería, pero por detrás, con nocturnidad y alevosía, levanta muros en todas las fronteras.

Por cierto, qué es una frontera, quién las inventó, para qué sirven…


G. Sayah


 

Relato 100.0


Prisión


¿Justicia…?


De soslayo observaba a aquella pareja. Parecían estar bastante enamorados. Miradas, sonrisas, caricias, complicidad. Saltaba a la vista, y le hacía recordar un tiempo pasado en el que ella también lo estuvo, un pretérito sentimental perfecto, con el que fue su marido y padre de su hija, un ser humano encantador que supo cautivarla desde el primer encuentro, que la quiso, al menos eso creía ella y que supuestamente la cuidó. Ahora, un presente con dudas inundaba su mente, aunque posiblemente llegaría a la conclusión de que fuera casi una certidumbre.

Un amor marchito, un espejismo propio del desierto en el que un oasis ante nuestros ojos de repente desaparece, mostrándonos la cruda realidad.

Hoy desde prisión, se pregunta en qué preciso instante aquel hombre que deseó de manera incondicional e infinita se convirtió en una máquina de maltratar, por qué y cómo. No encontraba respuestas, pero lo que si tenía claro es que era la vida de él o la suya…


G. Sayah


 

Madrid 4.0


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Sentados en la terraza de un bar en los alrededores de la plaza de Oriente, disfrutaban de una agradable brisa y unos vinos.

Desde que salieron del Reina Sofía y después de la reflexión expresada por Vincent en voz alta con respecto a su trabajo, apenas si habían cruzado un par de frases.

– No sé a lo que te dedicas, tampoco me importa, aunque siento cierta curiosidad, sobretodo al pensar lo que harás a partir de ahora. Sea lo que sea, cuenta conmigo… –


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 21.0


Relato 123.0


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Ignacio, ahora Nacho, había cambiado, era otra persona, diferente, que supo hace tiempo tomar una decisión.

Asfixiado e incomprendido, estaba sumido en un estado de melancolía permanente. Su pueblo natal no supo aceptarlo en ningún momento tal como era, tal y como se merecía, ni más ni menos. Era diferente, no encajaba.

En Nueva York halló lo que buscaba. Libertad de movimiento, lejos de miradas inquisidoras, encontró aire, un aire que le permitía respirar para combatir aquella asfixia metafísica que provocan los lugares encapsulados en el tiempo, donde las modas y el progreso llegan con un retraso de medio siglo, la gente se entretiene con la vida de los demás y un pensamiento distinto altera la paz atávica y zafia de la comunidad.

También encontró el amor, un amor que en aquel pueblo era cuanto menos reprobable, rozando lo prohibitivo. Sus padres nunca lo entendieron, lo que no evitó que el hecho de que no le gustaran las chicas, no supusiera que la familia cayera en desgracia social. Una desgracia que bien podía habérsela apropiado él por completo, pero el ser humano es cruel, y se ensaña con cualquiera y por cualquier motivo, y esta vez le tocó a su gente, lo que agravó su malestar y tristeza.

Todo, precipitó su huída, suponiendo que de esa forma solucionaría algunos de aquellos problemas, y que la situación se relajaría notablemente, pero hasta ahora, la comunicación epistolar con sus ascendientes no era muy halagüeña. 

Pues sí, encontró el amor, y eso le hacía feliz. ¿No era eso lo que todo el mundo buscaba? ¿Felicidad? La balanza se decantaba, y la decisión en su día de abandonar su arcaica villa fue difícil pero acertada…

Otros derroteros.

Ciudad granítica y adusta, 

me viste llegar,

me ofreces soñar.

Sueños anhelados

en lugares imposibles…


G. Sayah


 

Reflexión 10.0


‘Un muro’


La familia es lo primero, frase recurrente en películas de mafiosos. Qué gracia, incluso a veces, te emocionas al oírla. Pues a mí, casi que no. Difícilmente estaría de acuerdo con aquella afirmación, es más, me toca lo huevos, y no es que no tenga de eso, familia, la tengo, pero como si no la tuviera, aunque en mi descarga, tengo que decir que no he sido yo el que ha elegido llegar a tal situación, en absoluto. Dios, si existe, es testigo de que durante toda mi vida no he cejado en el empeño de transmitir mi amor y mi cariño a todos lo que me rodean, pero creo que me he rendido.


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Los que de verdad me querían, madre y padre, no están, y los que están, intuyo que me quieren muy poco…


G. Sayah


 

Madrid 3.0


El Guernica


Decidieron dar un largo paseo hasta el Reina Sofía. Vincent se moría de ganas por volver a ver el ‘Guernica’, y de paso bajarían un poco el suculento desayuno.

– Una mezcla de alimentos tan sencilla y lo increíblemente deliciosa que sale una vez terminas de elaborarla. Patatas, sal, huevos y por supuesto aceite de oliva, me parece algo mágico. –

– Mañana si quieres repetimos. – Dijo María sin poder evitar una sonrisa.

– Creo que es una buenísima idea. –

Allí estaba, delante de él, por fin. En todo su esplendor, esa obra maestra creada por un genio en tiempos difíciles. No se cansaba de admirarlo, con los ojos como platos, atónito y con los cinco sentidos puestos en aquel mural, como esperando que de un momento a otro salieran sonidos y olores de una guerra pasada, un conflicto que había abierto heridas que incluso hoy en día permanecían abiertas.

– Es impresionante ¿verdad? – Susurró ella.

Absorto, Vincent, consiguió asentir con la cabeza al tiempo que sentenciaba… – María, voy a dejar mi actual trabajo. –


G. Sayah