Madrid 39.0


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Sentada en una hamaca, diseñada para estar tumbada y que el entregarse a los brazos de Hypnos fuera muy fácil, debajo de un viejo y frondoso cocotero, Rachel se relajaba mirando el mar, mientras la brisa tahitiana le acariciaba su hermoso rostro.

Habían pasado varios días desde que abandonó La Gran Manzana y a pesar de lo radical del cambio: en su vida, en su día a día, el entorno, la gente… no le estaba siendo demasiado difícil el adaptarse, aunque era consciente que todavía estaba lejos de conseguirlo.. era demasiado pronto.

Pudo alquilar una pequeña casa, bastante coqueta y funcional, con lo básico para ir tirando, nada de lujos, ya lo era el que la mismísima entrada, estuviera a escasos cinco metros de la playa, o al menos eso pensaba ella.

A pesar de que llevaba poco tiempo en aquel paraíso, empezaba a preciar ciertas cosas que en la caótica Manhattan sería harto difícil.

Leía plácidamente una de las dos novelas que pudo guardar antes de salir pitando de su casa, con la amenaza de muerte pisándole los talones, en el exiguo y ligero equipaje en el que también metió lo que ahora eran sus únicas pertenencias. 

No obstante, a penas si podía concentrarse en la lectura, ya que cierta intranquilidad e inseguridad le podía. Había abandonado una lugar en el que se defendía bien, una rutina que más o menos le hacía sentirse cómoda… 


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Microrrelato 92.0


Revólver I


Le confesé a mi padre lo que había hecho con algo de temor, pero ni puta cuenta – hacerme con un arma – Estaba tan borracho que ni siquiera me escuchó. No estar sobrio era lo único que le importaba, eso y de vez en cuando sacudirle a mi madre. Yo hasta ahora me había librado, aunque cada vez que ella sufría la ira de aquel indeseable, era como si la paliza me la propinaran a mí. Craso error cometió al no atender mi confesión – La próxima vez que toques a mi madre te descerrajo un tiro… –


g-sayah


Microrrelato 59.0


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La fastidiosa mosquita con su lengua veloz hoy no tenía ganas de volar, había elegido caminar sobre aquel cable haciendo un alarde de equilibrio. Claro, así cualquiera, con tres pares de patas con propiedades adherentes. La querría ver yo paseando por ese hilo electrificado con unos pies como los míos, juanetes incluidos, seguro que caería al vacío. Pero bueno, supongo que cuando Dios empezó a repartir atributos, a ella le tocó este como le podía haber tocado otro cualquiera. ¿Le concedió también la particularidad de posarse en mi cara con una inigualable desfachatez después de estar pisoteando una mierda? Hija de puta…


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Madrid 38.0


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Después de sincerarse el uno con el otro, compartían sin saberlo la sensación de haberse quitado un peso de encima. Una liberación que daría paso a una situación normal,  si pudiéramos caracterizar así esta relación.

Vincent había pedido un gymtonic y María un blanco espumoso, que a modo de aperitivo tomaban en la terraza del restaurante en el que en su interior, le estaban preparando una mesa.

Otra vez, un plácido momento de silencio, disfrutando de cada trago, de cada calada de un cigarrillo que volvían a compartir, contemplando un cielo plagado de estrellas, sobre un fondo oscuro que no dejaba lugar a una luna que andaba desaparecida.

Un simpático camarero, amablemente les invitó a entrar comunicándole que la mesa estaba lista, y que él llevaría las bebidas.

– Muchas gracias. – Dijeron al unísono, lo que arrancó unas ligeras risas en los tres.

Una vez dentro, sentados, uno frente al otro, María alzó su copa y propuso un brindis – Por nosotros Vinc. Enterremos el pasado y ‘carpe diem’ –

– No podría estar más de acuerdo. Y ahora echémosle un vistazo a la carta, estoy hambriento –


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Relato 216.0


Revólver I


Levantó la vista al oír los pasos de su captor. Éste, al llegar la saludó irónicamente, y con una sonrisa maquiavélica introdujo su mano derecha en el interior de su cazadora semiabierta. Karen en ese momento se temió lo peor…


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Microrrelato 91.0


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Se me acumulan los garbanzos en la entrada del cerebro, y aunque todo el mundo las llama neuronas yo prefiero las legumbres, y las mías están hinchadas como cuando pones el cocido, hirviendo, y si esto no para se acabarán pegando. No quiero que me habléis, no quiero escucharos, nada de vosotros me interesa, quiero que me dejéis tranquilo, tengo todo el derecho a vivir mi vida y no permitir que nadie la viva por mí. A veces para que os enteréis, y rayo al decirlo la mala educación, estoy hasta los huevos. En fin, como diría aquella filósofa: si me queréis irse…


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Madrid 37.0


#bosquerojo#


Seguro que iría al infierno, pero por motivos de otra índole…

Tanto su pasado como su día a día estaban repletos de actos que traspasaban los límites impuestos por la ley.

Sobornos, corrupción urbanística, tráfico de influencias, prevaricación, estafa, blanqueo de capitales… un largo etcétera, pero nunca, bajo ninguna circunstancia, había incurrido en ningún delito en el que el derramamiento de sangre tuviera un atisbo de aparecer.

No hace tanto que tuvo la oportunidad de emprender un atractivo negocio relacionado con la compra-venta de armamento. Atractivo en lo económico, claro. Sencillo, sin complicaciones, poca inversión y suculentos beneficios, aunque la paupérrima parte de conciencia que le quedaba medio decente se lo impidió. Hubiese multiplicado su ya ingente fortuna, a buen recaudo en diferentes paraísos fiscales a lo largo y ancho de todo el mundo, pero decidió seguir con lo que tenía, que tampoco estaba nada mal.

Con respecto a Rachel, su plan estaba saliendo bien. El supuesto matón que en teoría había contratado para cumplir los deseos de Robert, le pasaría un hipotético informe en el que dejaría claro que de la señora Fox no había ni rastro, y no por su trabajo de sicario precisamente. Era la idea, idea que Eric esperaba que calara en la mente de Robert, de manera que este cambiara de actitud, cejara en su empeño y no siguiera adelante con aquella turbia historia, y así, su viaja amiga, disfrutara de su anónimo retiro, fuera de todo peligro.


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Microrrelato 15.0 #reload#

#laparca#


El sendero interminable, la vegetación escasa, el terreno enfangado por culpa de una lluvia que caía persistentemente. Sus piernas empezaban a no responderle. Sus músculos cercanos al agotamiento se resistían a llevar el ritmo que la mente intentaba marcar…

…Hacía frío…

…En su huída le dolía el pecho con cada bocanada de aire que inspiraba, al ritmo de un corazón alterado y temeroso…

…Miró hacia atrás, allí venía incansable. Sombra encapuchada que no cesaba en su empeño de cumplir con su trabajo. Herramienta en mano siniestra… la guadaña…

…El aumento en la cadencia de su carrera no esquivaría su destino…


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Madrid 36.0


Espacio exterior


– Pienso que deberíamos darnos una oportunidad –

María rompió los minutos de silencio que acompañaban a la pareja mientras fumaban plácidamente sendos cigarrillos. Le dijo a Vincent que no le importaba su pasado, que le era difícil entenderlo, y aunque no sabía si llegaría a hacerlo, de lo que si estaba segura era que el presente no tenía mala pinta, y en el fondo era lo que quería, seguir viviendo el presente. Junto a él se sentía bien, lo pasaba genial, le gustaba de verdad…  se estaba enamorando.

Vincent encajó aquello con sorpresa y una sensación de euforia lo invadió interiormente, ya que el sentía lo mismo y le hubiese jodido bastante otra reacción por parte de ella. Le prometió que haría todo lo posible por hacerla feliz y que su intención era permanecer a su lado para siempre.

El rostro de María se torno rojo, cual llama que arde en la morada de Lucifer, por culpa de la maldita ruborización sobrevenida, pero le daba igual. Le aumentaron las pulsaciones y empezó a sentir mariposas en el estómago…


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Microrrelato 10.0 – reload –


Cañón del colorado


#elgrancañón#


El crujir de las hojas les recuerda lo solos que están. Una soledad compartida, cómplice, impuesta por la vida, aunque esperada.

Sus hijos partieron en busca de un futuro sin ellos. Un futuro paralelo, pero cuyo sentido rectilíneo transcurría lejano cual orillas opuestas del río Amazonas.

La decisión estaba tomada. ‘Habían comprado los billetes,’ y tenían los pasaportes para ese último viaje de ida sin regreso, pero juntos, por siempre, marido y mujer, compañeros, amigos, eternos amantes… peregrinos vitales que conscientes de haber agotado su ciclo caminarían enlazados hacia un destino incierto y desconocido…


g-sayah


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