Fragmento 8.0 – reload –


‘Dança general de la muerte’


Siglo XV


Anónimo


                                                                                                                                                                                                                                       IMG_E2071


G. Sayah


Poeta en Nueva York 33.0


Relato 135.0


A80C6ECB-4857-4DD6-9A54-B99FC7ACC7C5_4_5005_c


Mi mente deambula perdida. Creí haber encontrado lo que buscaba con ahínco, pero no, al menos de momento. Camino desorientado, alzo la mirada y me doy cuenta de que no sé donde estoy. Veo una boca de metro y bajo al subsuelo, ese mundo característico de La Isla, con su inconfundible olor, rebosante de gente, esperando a que la máquina asome por el oscuro túnel.

Creí haberlo encontrado.

De ti me enamoré

y creí haberlo encontrado.

El amor,

también la pasión, el frenesí,

me había ilusionado.

Después,

me dejaste y caí,

derrotado.

Creí haberlo encontrado…

Ya en la superficie, veo que el sol ataca feroz al cristal y al acero de los afilados rascacielos, inflamándolos, y estos a su vez se defienden arrojándolo hacia el tórrido asfalto, repartiendo agobio. Yo, recojo la parte que me toca y sigo caminando…


G. Sayah


 

Microrrelato 39.0 – reload –


11S


Bombero abatido


Pesaban muy poco pero aplastaban sueños, figuras como salidas de un cuadro de Dalí, imágenes alegóricas agolpadas en su mente, mente repleta de imágenes incapaz de gestionar aquella situación. Un sistema neurológico colapsado por lo real, por lo sobrevenido, una realidad presente y palpable alejada de lo onírico, que destruía cualquier atisbo de razón, la razón necesaria que no podría abrirse paso en ese preciso momento donde un gran amasijo de hierro y acero se mostraba cruelmente adornado de sangre y dolor…


G. Sayah


Relato 96.0


No era la primera vez que lo sentía, una presencia invisible que la observaba, hacía días, estaba segura. La sensación era fuerte, sobre todo cuando andaba por la calle, a pesar de las miles de almas que deambulaban por las calles de Manhattan, esa sombra estaba cerca y no tenía ni puta idea del por qué.


People walk along a pedestrian street in downtown Shanghai


Últimamente había tomado precauciones, no salía sola por la noche, intentaba llegar temprano a casa después del trabajo y normalmente le pedía a algún compañero que la acompañara, aunque sin decir el motivo real, aducía que no se encontraba bien, que se sentía algo mareada, excusa que hacía siempre que alguien se ofreciera.

Sentada en la mesa de la cocina, daba buena cuenta de unos tortellinis rellenos de parmesano con una buena copa de tinto, mientras pensaba que mañana llamaría a un cerrajero para cambiar la cerradura de su apartamento, es más, pondría dos. También aseguraría las ventanas, aunque vivía en una octaba planta, así se quedaría más tranquila. Igual, hasta instalaría una alarma.

Se levantó para coger la Moleskine de su mochila y anotarlo todo para que no se le olvidara nada, cuando de repente un extraño ruido la acojonó un poco. Dirigió su mirada al pomo de la puerta y notó que estaba girando lentamente, y no pudo evitar que el grito que quiso dar se le ahogara en su interior a la vez que se le erizaban todos los bellos de su tembloroso cuerpo…


G. Sayah


Microrrelatoser 57.0


fullsizeoutput_11d5


– Intuyo que los científicos irán desapareciendo. – 

– Y yo espero que tu intuición no se materialice. –

La conversación entre ambos investigadores se tornaba grave y pesimista. A pesar de los inconvenientes económicos y la escasez de recursos, el progreso era inevitable, aunque los últimos rumores hacían temer lo peor. La iglesia, con el apoyo de las diferentes monarquías europeas, había emprendido una cruzada contra aquellos que osaban poner en duda la ‘obra de Dios’, y aunque no tenían la certeza, se decía que habían quemado a varios de sus colegas en Francia, y que las mazmorras italianas estaban repletas de ellos…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 32.0


Relato 134.0


E1B5B694-DBB2-45C4-A0A2-C6C1EBD20D2B_1_201_a


Busco pero no encuentro,

mas lo intento

pero no acierto,

por lo que lloro y lloro…

No acierto a encontrar un camino, una senda marcada que guíe mis pasos, porque perdido ando.

Anoche tuve un sueño, un sueño que me mostraba un lugar diferente, un lugar en el que la soledad se presentaba utópica, y la melancolía inalcanzable. Una Arcadia sugerente, acogedora con los foráneos que no añoran un pretérito imperfecto, lejos de gente vulgar y sin principios, donde se podría vivir con optimismo, sin esa ansiedad que me oprime aquí, en esta infame y podrida ciudad.

Anoche tuve ese sueño, lástima que solo fuera eso,  un sueño…


G. Sayah


 

Poeta en Nueva York 31.0


Relato 133.0


4E2667F1-A813-4B2B-A2F8-CFB3DC113B34_4_5005_c


No puedo recordar por más que lo intente el día exacto en que decidiste alejarte de mí. Supongo que no fue una decisión repentina, que lo pensaste detenidamente, pero lo que si sé es que mi vida es otra desde que no te veo.

Esta melancólica epístola

delatora de recuerdos imborrables,

esta sincera carta

protectora de un pesar visible,

esta misiva llora

un amor ausente.

Mi corazón afligido,

no descarta la muerte.

Porque sin ti muero. Minuto a minuto, el tiempo presente me anuncia de manera constante de que no estás, y yo quiero tenerte. Maldita la hora y maldito el momento en que dejé de hacerlo. Mi vida sin ti carece de sentido, el reloj lento transcurre, mientras araña mi alma con sus afiladas y crueles manecillas. Tic, tac, tic, tac… Busco consuelo sin hallarlo, porque lo que en realidad quiero es que vuelvas…


G. Sayah


 

Poema 12.0


3F02BFB4-0D9D-41DA-BD7F-565BCDE627FE_4_5005_c


Disperso,

me siento disperso.

Mi mente, mi cuerpo,

mi alma, todo yo

quizás perdido.

Al perder tu amor

voy sin rumbo fijo.

Quizás perdido.

Lo nuestro se disipó,

y con profunda aflicción

ahora, disperso y perdido

lloro tu desamor…


G. Sayah


 

Microrrelato 56.0


fullsizeoutput_11c2


Nos comimos a unos cuantos vecinos para no defraudar. A la vez que se lo confesaba a su párroco, pensaba… No defraudar, ¿a quién?

Muchas eran las dudas, aunque pocos los remordimientos, pero allí estaba, de rodillas, intentando explicarle a la persona que estaba dentro del confesionario el por qué de sus actos. Este asentía con monosílabos, sin embargo, ella tenía la certeza de que no la entendía, un cero en empatía, seguro que no tenía ni puta idea de cómo se sentía. En fin, acataría la penitencia impuesta y posiblemente lo volvería a hacer…


G. Sayah