relato_5.3


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– Buenos días Armando. Como va eso 

– Hola Mike. Va bien. Empezando la jornada como siempre, con ánimo y optimismo, esperando a que no venga nadie a joderte lo que puede ser un bonito día – Ironizó – ¿Lo de siempre? –

– Sí. Por favor –

Huevos revueltos con patatas a la plancha y un supercafé bien cargado que le diera la chispa que le faltaba para arrancar la suya, su jornada. Una necesidad imperante de cafeína, como casisiempre.

– Eso se soluciona rápido. Aquí tienes.

Armando le sirvió un gran vaso de café de la melita que transportaba en su mano izquierda y que no tardaba en vaciar constantemente entre su clientela habitual y ávida de ese brebaje negro de aroma característico.

Se tomó el primer vaso leyendo el periódico mientras esperaba el desayuno. 

Al mismo tiempo que comía y leía, pensaba que lo de tomarse el día libre iba a ser relativo. Se le ocurrió que se acercaría al despacho al terminar lo que armando le sirvió para indagar un poco en la desaparición de Alex. Consultaría la hemeroteca que ofrece ese inmenso portal al mundo llamado internet y haría también un par de llamadas, a ver que podía ir averiguando, antes de que el Sr. Smith le pasara su material sobre el caso.

– Todo exquisito amigo mío, como siempre. Te dejo. Que tengas un buen día –

– Igualmente Mike. Muchas gracias. No tardes en volver –

– No podría – dijo sonriendo.

Salió del local y volvió a coger el metro, esta vez para dirigirse a su lugar de trabajo, cuando no estaba pateando las calles, claro, que era la mayoría del tiempo que ocupaban sus investigaciones.

Una vez sentado en su mesa abrió el Mac y empezó una búsqueda tranquila pero exhaustiva de noticias relacionadas con el caso del hijo de David.

A la vez que navegaba por la red descolgó el teléfono para llamar a un viejo amigo que trabajaba en el FBI. Tras comentarle la historia que tenía entre manos le pidió por favor que se sumergiera en los archivos federales a ver si encontraba algún hilo del que tirar con respecto a la desaparición del chico acaecida hace unos dos años. El agente le comentó que estaba desbordado de trabajo y que le sería complicado, pero le prometió intentarlo cuando tuviese un momento libre.

– Con una condición Mike. Que me invites a cenar. Tú, yo y un buen vino para recordar viejos tiempos –

– Dalo por hecho amigo –

Cuando se vino a dar cuenta había caído la noche. Después de varias horas consiguió recopilar bastante información y noticias que probablemente le ayudarían a su socia y a él a empezar el nuevo encargo con el pie derecho.

Decidió marcharse a casa. Necesitaba descansar y había quedado temprano al día siguiente.

Una vez en el apartamento, encendió la televisión, jugaban los Knicks. Descorchó una botella de vino californiano y abrió una lata de anchoas del cantábrico. Sentado en su viejo pero cómodo sofá donde acostumbraba a comer, estaba a punto de dar buena cuenta de la delicatessen importada de España cuando llamaron a la puerta…


g_sayah


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