Microrrelato 88.0


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Con su gato Mishi, que no participó aquella noche en lo que había pensado que era un buen plan, subía las escaleras que le llevaban a su apartamento, su ‘sancta sanctorum’, el lugar en el que encontraba un necesario refugio. Su comportamiento fue extraño desde el principio, no se encontraba cómodo, él tampoco, por lo que en el último momento decidió abortar. Esa percepción racional y su instinto animal hicieron que lo que iba a sufrir aquel desgraciado una vez drogado de manera subterfugia fuera pospuesto para otra ocasión – Otro día querido, otro día – le decía al felino mientras le acariciaba la peluda cabeza…


g-sayah


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