Microrrelato 56.0


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Nos comimos a unos cuantos vecinos para no defraudar. A la vez que se lo confesaba a su párroco, pensaba… No defraudar, ¿a quién?

Muchas eran las dudas, aunque pocos los remordimientos, pero allí estaba, de rodillas, intentando explicarle a la persona que estaba dentro del confesionario el por qué de sus actos. Este asentía con monosílabos, sin embargo, ella tenía la certeza de que no la entendía, un cero en empatía, seguro que no tenía ni puta idea de cómo se sentía. En fin, acataría la penitencia impuesta y posiblemente lo volvería a hacer…


G. Sayah


 

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