‘La Arcadia del asesino 14.0’


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Entró en casa acompañada por uno de los dos agentes que la custodiarían policialmente las veinticuatro horas y de manera indefinida. Este escudriñó a fondo todas las estancias, aseguró puertas y ventanas, y antes de salir le dijo que intentara descansar, que se despreocupase y que si necesitaba cualquier cosa no dudara en comunicárselo. Estarían apostados fuera y a su disposición. Se mostró agradecida y se ofreció a prepararles café, a lo que el joven policía no se negó, pero con la condición de que primero se instalara tranquilamente y se acomodara en su hogar. Él pasaría más tarde.

– De acuerdo. – Aceptó Erika de buen gusto.

– Entonces, hasta luego. –

Miró a su alrededor y la embargó una sensación dicotómica: por una lado, esa pequeña invasión de su intimidad por parte de las fuerzas del orden, intimidad que tendría que sacrificar en pos de su seguridad, y aunque no le hacía mucha gracia, en el fondo comprendía que era lo mejor. Y por otra parte, una sensación de vulnerabilidad, una vulnerabilidad que comenzó con los recuerdos de aquella fatídica noche en el bar y que continuó con aquel callejón en el que sufrió la brutal agresión. Por suerte, pensó, intentando ver el vaso medio lleno, no fue asaltada en su casa, su pequeño y acogedor reducto, su santuario, el lugar donde hasta ese momento se sentía más cómoda y feliz…


G. Sayah


 

6 respuestas a «‘La Arcadia del asesino 14.0’»

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