«El corredor de la muerte»

            Allí estaba, justo en frente, detrás de la blindada mampara, después de enésimas misivas y otras tantas llamadas telefónicas había accedido a entrevistarme con él, un persistente periodista que durante meses mostró tener una increíble paciencia.

            Yo, un reo esperando mi muerte. Mi destino estaba escrito hacía tiempo ya. La inyección letal me esperaba a la vuelta de la esquina, y el caso es que no me preocupaba demasiado, todo lo contrario, era algo lógico después de mi trayectoria criminal. Veintitrés atroces asesinatos, y porque aquellos dos incansables detectives que durante dos años me fueron pisando los talones hasta que me detuvieron, consiguiendo así detener mis terribles actos. Terribles a ojos de la sociedad claro, desde mi punto de vista mis actos estaban justificados, en contraposición a dicha sociedad hipócrita y corrupta.

            Mi conducta delictiva, reprobable, pues sí, aunque no me arrepiento en absoluto, ya que la mayoría se lo merecían, el resto, una minoría acuñada en la recurrente frase de aquellos que practican terrorismo de estado, daños colaterales. Lástima, pero estaban en el lugar equivocado y en un momento poco propicio para con sus vidas.

            La verdad es que no, que no me arrepiento de haberlo hecho. Creo que si volviera atrás en el tiempo, lo haría de nuevo, quizás de otra forma, pero sí, buscando el mismo fin, acabar con aquellos indeseables que no merecen vivir.

            ¿Qué sentía cuando lo hacía? Fue una de las preguntas del curioso periodista que pretendía escribir una biografía sobre mi vida. Pues no sé, una especie de satisfacción del deber cumplido, una sensación de haber hecho algo bueno, de haber contribuido positivamente en conseguir tener un mundo mejor en el que vivir, nada de placer tipo sádico ni nada por el estilo, que gracia.

            El fin de mis días. Es posible que aquel reportero y sus lectores queden algo decepcionados, ya que no tenía la intención de dar muchos detalles, estos me los llevaría conmigo al infierno.

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